jueves, 15 de enero de 2015

¿Cómo ser un crítico de arquitectura? III (A. Lange)

Parte II

Marine Midland Building
(upload.wikimedia.org)
"'Sometimes We Do It Right' [Ada Louise Huxtable, New York Times, 31 de marzo de 1968] incluye una serie de atributos que yo exhorto [...] a utilizar al escribir. Uno, descripción: ella establece el escenario y su tema, a través de párrafos de apertura que vívidamente traen la ciudad a la mente. Dos, historia: ella demuestra que el rascacielos no es algo nuevo (a través del tour que realiza en el vecindario) y que Marine Midland es parte de un linaje (a través de su discusión del muro cortina). Estas referencias establecen su expertise (ella sabe más del tema que la mayoría) y logran sobrepasar un problema común: el ciego asombro ante el último y más grande ejemplo de la serie. Tres, drama: muchas personas consideran que la arquitectura es aburrida. La primera línea en defensa contra estos cargos es hacer, para el lector, la conexión entre cómo se ve la arquitectura y cómo ésta nos hace sentir. No es sólo un edificio, sino un artefacto que nos habla. Finalmente, el Punto: Huxtable tiene 1200 palabras para llegar al punto. Cuando lees su reseña, sientes en todo momento que ella sabe exactamente hacia dónde está yendo. Ha escogido las tres áreas que quiere subrayar - los alrededores, la plaza, la piel del edificio - y los presenta con deliberada velocidad. (Si has seleccionado un tema y un modo de organización y si sabes cuál es tu aproximación crítica, no debería ser difícil tener un punto [...]).

El llamado modesto, cuidadosamente articulado de Huxtable es dejado para el final: 'El espacio no tiene significado sin escala, contención, límites y dirección... Esto es planeamiento. Es lo opuesto de no planificado o los patrones normales del desarrollo de Nueva York. Míralo y saboréalo ahora, antes que sea descuidadamente eliminado.' Su método se basa en el desarrollo, al guiar al lector a estar de acuerdo, en lugar de decirle qué es lo que van a aprender . [...] Huxtable te pude que mires a lo que está alrededor de la arquitectura tanto como al edificio en cuestión, llamando tu atención sobre lo que verdaderamente es importante hacer bien.

Cuanto más las personas vean y saboreen el entorno construido, más actuarán como críticos de arquitectura, podrán reconocer mejor un buen planeamiento y se volverán abogados de este."

Lange, Alexandra (2012) Writing about Architecture. New York: Princeton Architectural Press. pp. 16-19.

jueves, 1 de enero de 2015

Tres experiencias a seis manos

Vivimos entre objetos, nos movemos por espacios construidos, el mundo se manifiesta a través de ellos y erigimos nuestra realidad por una suerte de recomposición de fragmentos de la información percibida e interpretada. La arquitectura no es pues solo cobijo para nuestro cuerpo, es muchas veces tamiz a través del cual el orden que rige el universo se hace presente. Orden que es percibido, luego relacionado y finalmente transformado en significados individuales y colectivos. Siempre fue así y así estuvo bien.

Habituados hoy en día a  permanecer cada vez más en espacios virtuales, satisfechos con imágenes fáciles, presurosos en distinguir nuestras preferencias con un “like it”, reconocemos cada vez menos la función reveladora de la arquitectura, o en todo caso seleccionamos la información más superficial y útil en la medida que nos permita permanecer en espacios supuestamente confortables, haciendo todo ello caldo de cultivo para que germine una arquitectura mediática que esconde tras epidérmicos alardes formales la monotonía de la producción estandarizada y la falta de atención a lo que el contexto le demanda. 

Tres arquitectos que comparten estas preocupaciones se reúnen en un café arequipeño y acuerdan hacer un post a seis manos (utilizando el teclado del ordenador, claro está) Cada uno con blog propio se reconocen también  habitués de espacios virtuales, sin embargo se animan a echar un cable a tierra y anclar en experiencias vividas en que la arquitectura trascendió lo cotidiano y que de alguna u otra manera influyó en su manera de percibir el mundo o tal vez de reconocerse a sí mismos. Saben del peligro de su empresa, pues es probable que en el intento de descodificación parte de la magia que habita en su memoria sea alterada al reconocer la lógica del mecanismo, pero asumen el riesgo. Tienen la esperanza que a través de estas experiencias animen a más gente a contar las suyas y así colaborar, aunque sea en algo a poner la arquitectura en el lugar que le corresponde.

                 Cristina Dreifuss                                                        Gonzalo Ríos                          Carlos Zeballos






Experiencia 1.0
Casa Hundertwasser: La intensidad del primer amor.
Enero 1998
Cristina Dreifuss, Lo Huachafo en la Arquitectura Limena

Los arquitectos, con mucha frecuencia, dividimos nuestra vida en antes y después de nuestro paso por la facultad. Imagino que lo mismo debe pasar con otras profesiones; la formación profesional no sólo nos da habilidades y conocimientos, sino que nos enseña a ver con otros ojos. Es por eso que hablar de una experiencia trascendente de la arquitectura en términos pre-arquitectónicos se vuelve un reto.

Conocí la “casa Hundertwasser” un año antes de entrar a la facultad, en ese período en el que uno anda madurando y preguntándose una serie de cosas, trascendentales en sí mismas. En medio de un recorrido turístico lleno de dorados y barroco vienés, terminamos en esa  esquina de Kegelgasse donde parecería que alguien dejó libre acción a un lunático.



El edificio, un multifamiliar, es un manifiesto. No hay una sola línea recta (“la línea recta conduce a la perdición”, diría su autor, el pintor F. Hundertwasser). Cada unidad de habitación es de un color distinto, con lo que la imagen final es la de una especie de colcha de parches, salpicada de ventanas desordenadas. El primer piso se apoya en columnas distintas, algunas chuecas, forradas con materiales de reciclaje, cuyo brillo contrastaba con el cielo.
La rápida visita exterior – porque nunca llegué a entrar a una de estas viviendas – me enseñó sobre la libertad de expresión, sobre la economía de recursos, sobre la creatividad y el uso libre de colores y formas, sobre el cuestionamiento de estereotipos establecidos, y sobre todo, que la arquitectura es una profesión al servicio de las personas y que su objetivo es la felicidad. Fue ahí que decidí que eso es lo que quería hacer.




Años después, luego de sustentar mi tesis de grado, volví al sitio. En el fondo, quería comprobar si efectivamente la magia seguía ahí. El edificio fue tan impresionante como la primera vez y, de algún modo, era como si algún tío mayor y buena gente me guiñara el ojo y me asegurara que no me estaba equivocando. 







Experiencia 2.0
Habitando un relicario:
La Sainte Chapelle de Paris,  Febrero de 2014, 
Gonzalo Ríos, Trampantojo

Resultaba poco menos que iluso aspirar a tener una experiencia de mediana trascendencia en un ambiente en donde todo confluía para no conseguirla.  La preciosa capilla gótica en donde Luis IX de Francia, el santo,  pasó gran parte de su vida contemplando las reliquias que adquirió de la pasión de Cristo, era poco menos que profanada por una horda de turistas en busca del espectáculo banal que probablemente el día anterior lo vivieron  en Euro Disney y estaban ansiosos de replicarlo. Los guías atentos y acomedidos con su público se transformaban en bufones solazándose  en la anécdota histriónica para conseguir la risa fácil que seguramente se vería recompensada con un reconocimiento monetario final.

Vistas exteriores de la Sainte Chapelle. La masividad del nivel de acceso contrasta la ligereza del nivel superior en donde prima la transparencia de los vitrales 
Fotos: Eric Rougier

Nada de góticos radiantes, nada de explicar cómo es que se logró desmaterializar los muros opacos casi en su totalidad, reduciéndolos a estilizados haces de baquetones que se separaban hasta convertirse en la frágil estructura de una bóveda azul que parece levitar sobre vitrales pareados. No eso no era importante. Tampoco lo era la historia del pobre Luis IX, tan criticado por gastarse media fortuna en comprar a Bolduino II de Constantinopla  la corona de espinas, un pedazo de la cruz, el hierro de la lanza y la esponja del martirio de Cristo y la otra media en la construcción de esa capilla cuyo destino era convertirse en un enorme relicario en donde el monarca pasaría en estado de contemplación días enteros descuidando seguramente las funciones propias de su cargo. No, de eso nada. El espacio era de una belleza suprema y estaba agradecido, sin embargo el entorno hostil era superior a mis ganas de intentar una reflexión más profunda sobre la estética o la historia.

Vistas Interiores del actual nivel de acceso, en donde se anclan las estructuras que hacen posible la levedad del nivel superior.

Fotos: Eric Rougier


Dispuesto ya a abandonar la capilla el nublado clima invernal parisino disipó por unos instantes sus nubes y dio paso a un rayo de luz que penetro al ambiente atravesando los coloridos vitrales, convirtiendo esta inicial luz blanca en una emulsión de rojos y azules que inundándolo todo propiciaron una atmósfera en donde cualquier hecho físico, inanimado o vivo, pareció inmaterial y perteneciente a una misma substancia. Por unos breves segundos todo pareció detenerse, paralizarse; el silencio del entorno hostil superficialmente conmovido, al menos por el breve instante que duró el fenómeno, intensificó la impresión de cohesión.

Vistas Interiores del nivel superior, máximo exponente del gótico radiante francés con la desmaterialización casi total de los muros en favor de los vitrales.
Fotos: Eric Rougier


Este espacio místico, banalizado por el uso,  lo había vuelto a lograr. Pese a lo efímero del fenómeno, o tal vez por ello, se me revelaron estructuras normalmente no visibles del mundo, poniéndome en sintonía con el orden profundo de las cosas a la que todos estamos sujetos, y también en sincronía con mis eventuales acompañantes y hasta con el mismo Luis IX, él desde el siglo XIII y yo desde el XXI  entendiendo y dando significado a un fenómeno revelador propiciado por la arquitectura.


Una panorámica a 360° del espacio en mención puede verse en el siguiente enlace: 
http://www.fromparis.com/panoramas_quicktime_vr/sainte_chapelle_01/



Experiencia 3.0
Hipérbole simbólica:
Asamblea legislativa de Chandigarh, India,  Mayo de 2007, 
Carlos Zeballos, Mi Moleskine Arquitectónico


Monumental. Así me pareció la escala del Capitolio de Chandigarh. Aquel lugar transmitía una sensación de poder magno, casi megalómano. Estaba hecho para impresionar, aunque parecía no haberse preocupado en dar cabida al ser humano. En aquella calurosa mañana de primavera india, hubiera sido muy acogedor sentarse bajo un árbol pero aquella banalidad hubiera interferido con la colosal perspectiva del espacio, algo con lo que el arquitecto suizo no estaba dispuesto a transigir.


Salvo indicación, todas las fotografías pertenecen a Carlos Zeballos Velarde


Aún así, me sentía agradecido por estar parado por primera vez frente a una obra del gran maestro Le Corbusier y de poder disfrutarla enmarcada por los Himalayas que se perfilan como telón de fondo hacia el este. Antes sólo había visto reproducciones en blanco y negro así que era una experiencia estar parado ahí apreciando la monumentalidad del Capitolio, la solidez de sus volúmenes, la aspereza y plasticidad del concreto armado y respirar la pasión por el diseño que el maestro suizo supo traducir en esta obra, desde su trazo urbano hasta la concepción de sus murales y alfombras.

Había llegado allí con un pariente de un amigo al que conocí por internet , y que luego de mostrarme de lejos el complejo, se dispuso a regresar al centro de la ciudad. Cuando le insistí en aproximarnos, me dijo nerviosamente que era complicado, y que había que pedir un permiso especial que duraba un día conseguirlo. Pude entender su turbación, ya que Chandigarh se encuentra cerca de la frontera con Pakistán, en una zona muy tensa y donde no se escatiman las medidas de seguridad.




Pero no iba a rendirme así no más. Fui a obtener el permiso a un par de oficinas y la reticencia inicial de los oficiales se convirtió poco a poco en eficaz colaboración. “Soy un arquitecto, vengo de Perú, un país pacífico” le dije, convincente (aunque hubiera sido más exacto decir “un país en el Pacífico”). “Sí, lo sabemos”, replicaron con severidad, y en ese momento comprendí que ellos no tenían la más mínima idea de dónde quedaba Perú. Sin embargo, halagados ante la presencia de un visitante tan exótico, no dudaron en otorgarme el permiso además de muchos souvenirs e información sobre la ciudad.

Al día siguiente me encontraba de nuevo en el Capitolio, con sus tres simbólicas construcciones: la secretaría, el Palacio de la Asamblea Legislativa y la Corte Superior de Justicia. De todos los elementos del conjunto, fue el Palais de l’Asambleé el edificio que más llamó mi atención, por su matemática grilla de brise-soleil, imprescindible en aquel tórrido clima y su fotogénica fachada sur reflejándose en un espejo de agua.




La grilla aligeraba la fachada de esa caja rectangular, sobre el cual asomaba principalmente el gran volumen de una cáscara hiperbólica truncada, una figura escultórica cuya inspiración proviene de chimeneas industriales.
Habría de recorrerlo custodiado por un soldado armado con un fusil automático y la seguridad era particularmente estricta.
Ingresamos al edificio, adornado con murales diseñados por el propio Le Corbusier, que no había descuidado detalles en el momento de su gran obra.


Al interior, la luz se filtraba indirectamente por los brise-soleil y daba un efecto de profundidad a aquella sala hipóstila, reminiscente de los templos clásicos que el maestro había admirado en su viaje de descubrimiento por Grecia.

En medio de aquella trama de columnas emergía, como un volcán impetuoso, el volumen de la asamblea.

Izquierda y centro, Fotos cortesía de Fondation Le Corbusier. Derecha, foto Carlos Zeballos

Entonces, nos acercamos a la cámara legislativa, que por suerte se hallaba en receso y podía ser visitada. Ni los libros sobre el maestro suizo ni los tratados sobre arquitectura moderna, nada podría haberme preparado para aquella impresión. El espacio, moldeado en aquella cáscara de apenas 15 cm de espesor, se alzaba monumental sobre los asientos tapizados de los legisladores. La sección truncada con la que culminaba la hipérbole acentuaba su direccionalidad y su geometría favorecía la acústica. La estatura del espacio obedecía también a fines climáticos, ya que permite la circulación de aire por conducción.

Pero aquél no parecía un espacio cívico, sino uno sacro. La luz filtrándose indirectamente producía un efecto espiritual que volvería a encontrar algunos años después en la capilla hechapor Le Corbusier en Ronchamp. Sin embargo, a diferencia de las paredes blancas de aquella, la epidermis de concreto de la sala se hallaba cubierta por coloridas láminas de aluminio, que como una infección reptaban produciendo manchas de color.

Fotos cortesía de The Tribune

Era un momento sublime, que no parecía ser compartido por el cancerbero que me acompañaba, quien insistía en que las fotografías estaban estrictamente prohibidas. Traté de impregnar en mi memoria cada detalle de aquel momento sabiendo que probablemente esta experiencia no se repetiría. Traté de respirar al máximo ese espacio bello, magno, dramático. Pero en aquel momento, un gesto poco amigable del soldado me indicó que la visita había acabado.



sábado, 6 de diciembre de 2014

Sobre la (dolorosa falta de) difusión o ¿gané? ¿en serio?

Divagaciones desde la Bienal, parte II

En un muy reciente artículo en La Chimenea, Israel Romero plantea preguntas que he escuchado - al pasar o porque me las han planteado directamente - desde que se dio a conocer la lista de nominados y de miembros del jurado de la Bienal de Arquitectura Peruana XVI. 

De entre los muchos reclamos que el artículo plantea al CAP, voy a centrarme, por el momento, en el aspecto que me han indignado más recientemente: la inexplicable falta de difusión en torno al evento.

Por un lado, es indignante que los resultados - hasta el momento y pasada una semana desde el fallo del jurado - no hayan sido publicados por un canal oficial. ¡Sé de personas que se han enterado de haber ganado u obtenido una mención a raíz de un post publicado de manera informal en este mismo sitio! Entendamos la gravedad de ese hecho puntual: el proyecto ha tenido una mención (que, en algunos casos, es como decir un segundo puesto) y la institución respectiva ¡ni siquiera ha podido llamar por teléfono al interesado/a a comunicarle este hecho! 

Pero incluso antes de esto, ¿quiénes se habían enterado de la bienal en sí? ¿En qué momento y a través de qué soporte? ¿Dónde se hicieron públicas las bases? ¿Con cuánto tiempo de anticipación?

Los que están atentos a la situación sabían que este año era año de bienal, y si le han hecho algún seguimiento a las bienales pasadas, sabían que estas ocurren al rededor de fin de año. De ahí que se ponen a buscar en la página web del CAP, pacientemente, hasta que algo aparece. Pero no debería ser así en absoluto. Se trata de la Bienal de Arquitectura Peruana que, como bien dice I.R., debería ser el equivalente arquitectónico a Mistura o a la Feria del Libro.  Deberíamos estar sobre-saturados de información, conocer claramente los procedimientos para participar, saber de antemano quiénes son los jurados y en base a qué criterios las obras van a ser premiadas. 

El problema es que, entre la avalancha innecesaria de correos electrónicos que el CAP envía todos los días (y que, estoy segura, muchísimos de nosotros enviamos directamente a la carpeta de "no deseados") el humilde enlace hacia la convocatoria y bases pasó desapercibido. No es lo mismo un curso de capacitación o una campaña de afiliación a un seguro que la convocatoria al premio nacional de arquitectura. 

Creo que, para futuras ediciones, esta es una de las primeras cosas que, como gremio, deberíamos exigir: un sistema válido y sistemático de transmisión de la información concerniente a la bienal. Esto implicaría que se lance la convocatoria con suficiente tiempo como para que arquitectos y estudiantes de arquitectura puedan preparar cuidadosamente el material a enviar; que las bases sean de conocimiento público y puedan ser sujetas a debate y reflexión con anticipación; que una vez conocidos los proyectos finalistas, estos se hagan públicos con el fin de generar debate y opinión por parte no sólo de los agremiados, sino de todos los que, de alguna manera, somos usuarios de la arquitectura (es decir, todos). Y por último, una llamadita a los ganadores creo que no es tan complicada.

Brevísima nota aclaratoria: me siento agradecida y honrada de haber sido parte del jurado de esta Bienal. Ha sido una experiencia enriquecedora sobre la que seguiré hablando por un rato más. Sin embargo, esto no debería impedirme criticar los aspectos negativos de la situación. Por el contrario: con todas las ganas que tengo de que la bienal sea cada vez mejor, y con una privilegiada visión "desde adentro", la crítica acá es con espíritu constructivo. 

martes, 2 de diciembre de 2014

XVI Bienal de Arquitectura Peruana 2014 - Los ganadores

Por alguna razón el CAP aún no hace públicos los resultados oficiales de la Bienal. Estos no son ningún secreto: fueron leídos en público el pasado sábado 29. Por eso, me limito a re-transmitirlos, para quien sienta curiosidad.


Categoría 1: Arquitectura

Hexágono de oro - Arq. Fernando Belaunde Terry: 
Lugar de la memoria, la tolerancia y la inclusión social - Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse
"Tema importante, de fuerte significación simbólica y de relevancia para la sociedad. El volumen completa el paisaje del acantilado. Es una obra que responde a las exigencias de un contexto difícil y lo transforma en la fuerza misma del proyecto".

Menciones:
Casa La Quipa - Ruth Alvarado Pflucker
Colegio Lima Villa - Hector Loli, Moris Fleishman, Jorge Sánchez, Diego Franco y Patricio Bryce
Edificio Verdea - Susana Biondi, Renee Poggione


Categoría 2: Arquitectura, patrimonio y compromiso ambiental

Hexágono de plata - Arq. Juan Torres Higueras:
Hotel B - David Mutal
"Intervención mixta que respeta mucho la calidad de la edificación y que mantiene la importancia urbana determinante. Incorpora elementos modernos que armonizan con lo existente, tanto al interio como al exterior".

Mención:
Restauración, remodelación y ampliación del colegio Nuestra Señora de Guadalupe - Aldo Lértora


Categoría 3: Planeamiento urbano y urbanismo

Hexágono de cobre - Arq. Luis Miro Quesada Garland
Desierto

Mención: 
Kaia Beach Houses & Lofts - Josip Vinko Vuskovic Perez


Categoría 4: Innovación arquitectónica

Hexágono de acero - Arq. Enrique Seoane Ros: Categoría desierta


Categoría 5: Investigación, teoría y crítica

Premio Arq. Héctor Velarde Bergman:
Tradición y modernidad en la arquitectura del Mantaro - Jorge Burga, César Moncloa et. al.
"Investigación exhaustiva con muy alto nivel de desarrollo y excelente presentación. Comprende un gran nivel de profundización en la información desde una perspectiva interdisciplinaria y sobre una problemática local. Es un ejemplo a seguir en otros paisajes culturales".

Mención:
"Centros Históricos. Análisis de las intervenciones del tipo remodelación y obra nueva en el centro histórico de Lima (2000-2010). Caso Real Plaza" - Fánel Regina Contreras Guevara


Categoría 6: Proyectos no ejecutados

Premio Arq. José de Col Zanatti:
Desierto

Mención: Hacienda de la Juventud - Roque Marino Munguia Silvera


Categoría 7: Proyectos estudiantiles
Esta categoría fue elegida sólo por los dos miembros del jurado extranjeros. Los jurados locales se abstuvieron de participar.

Premio Juan Tokeshi:
Residencia de estudiantes + supermercado - Fernanda Armas Pereira (UPC)
"Proyecto con adecuada inserción en el lugar y con el tejido del centro histórico. Arquitectura correcta que ofrece un espacio público que se integra al contexto".

Mención:
Wawa Pukllay - 236 participantes, 
“Comité organizador, tutores y participantes del X Taller Social Latinoamericano 2013” - Institución: CLEA y Universidad Católica de Santa María, Arequipa”

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Cómo ser un crítico de arquitectura? II (A. Lange)

www.archdaily.com
Parte I

"Otro modo en el que los críticos definen su agenda es seleccionando una aproximación. [...] La primera es la aproximación formal. Lo formal, en la terminología histórica del arte, no significa servilletas de damasco y plata, sino un énfasis primario en lo visual - la forma del edificio o del objeto. Tanto Huxtable como Mumford llegan a sus juicios de valor a través de la mirada intensa. Escriben sobre lo que ven desde la calle - la organización del edificio, sus materiales, sus conexiones. Literalmente te conducen a través del edificio, al describir y criticarlo a medida que avanzan, sugiriendo mejoras. Esta aproximación ofrece uno de los métodos más sencillos de organización: el paseo a través (walk-through) [...] La organización es la estructura de la reseña: ¿Se trata de un argumento e tres partes? ¿Un paseo por el parque? ¿Un análisis visual desde los peldaños hasta el capitel? Dado que estamos escribiendo sobre un arte visual, hay frecuentemente un paralelo entre la organización literaria y arquitectónica.

La segunda aproximación es experimental, tal y como es definida por Muschamp, el desaparecido crítico de New York Times. Muschamp también es descriptivo al escribir, pero él expresa la manera cómo el edificio lo hace sentir (y por extensión, también al lector). Sus reseñas pueden empezar en cualquier parte del edificio, o incluso en el aeropuerto de la ciudad en la que se sitúa el edificio [...] y frecuentemente se mezcla con otros medios - películas, arte, libros, poesía - con el fin de hacer la conexión emocional entre arquitectura y lector.

La tercera aproximación es histórica, y se identifica, en primer lugar, en el trabajo actual del crítico de arquitectura del New Yorker Paul Goldberger. Se interesa en la carrera del arquitecto y en hacer calzar los edificios al interior de ese (limitado) marco. Una reseña de Goldberger puede ser tanto sobre la personalidad y presencia en el escenario del mundo como sobre el edificio en sí, pero ofrece también un sentido de contexto que se pierde en el trabajo de otros críticos. Uno queda con una sensación de completud, de tener un estudio completo.

La aproximación final a la crítica, vista en la obra de Sorkin y más ampliamente en la carrera de Jacobs es la del activista. Sus primeras preguntas no son visuales o experimentales: ¿Quién pierde? ¿Quién gana? Estos críticos sienten que son los defensores de la ciudad y de las personas, y analizan proyectos primeramente según sus beneficios económicos y sociales. Sorkin, particularmente, conoce el valor de un kicker: una línea final que te hace reír, aún si amargamente."

Parte III

Lange, Alexandra (2012) Writing about Architecture. New York: Princeton Architectural Press. pp. 10-11.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Los tres enfoques de la crítica

Divagaciones desde la Bienal, parte I


El primero consiste en criticar la obra arquitectónica en sí, el objeto. Inicia por describir y analizar, y debe terminar en calificar o dar juicios de valor. El objetivo puede ser resaltar ciertos puntos de la obra, hacer más comprensibles otros o, de un modo más directo, señalar de qué manera no estamos conformes con la forma cómo se resolvió el proyecto.

- El segundo se centra en los procesos y dinámicas de los que surge esa obra, el proceso. Se enfoca en la gestación del proyecto, los mecanismos de gestión y administración, la historia de su construcción y/o su inserción en la ciudad como un elemento cultural. Su objeto de estudio es la práctica de la arquitectura como profesión y su relación con otros aspectos. Muestra de qué manera los proyectos se vuelven realidades y cómo funcionan los procesos de hacer arquitectura, pero también puede denunciar malas prácticas, adjudicaciones dudosas o procesos poco correctos. 

- El tercero es la crítica al arquitecto, al autor (o autores) de la obra, el creador. De las tres, esta es, posiblemente, la crítica arquitectónica más inútil y peligrosa. El único caso en el que, creo, esta crítica podría justificarse, es cuando busca regresar al llano a algún personaje del gremio cuyo ego parece haberlo subido a un pedestal. La arquitectura no tiene profetas ni semidioses y evitar que esto suceda es importante. Fuera de esto, sin embargo, el propósito de la crítica al arquitecto como persona no es claro - más allá del generar risa fácil y uno que otro apodo - y parece no aportar a la profesión en sí. Cae en lo bajo y, lo que es mucho peor, ensucia lo que debería ser parte esencial de nuestra profesión: la crítica.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿Cómo ser un crítico de arquitectura? I (A. Lange)

"Los edificios están en todas partes, grandes y pequeños, feos y hermosos, ambiciosos y tontos. Caminamos entre ellos y vivimos dentro de ellos, pero somos generalmente habitantes pasivos en ciudades de torres, casas, espacios abiertos y tiendas, de cuya creación no hemos participado. Pero somos su mejor audiencia. Propietarios, clientes y residentes vienen y van, pero la arquitectura continúa viviendo, jugando un papel en la vida de la ciudad y sus ciudadanos aún después que los actores originales se han ido. Los críticos de arquitectura pueden elogiar y criticar diseños nuevos, pero su grupo de lectores se ha vuelto últimamente demasiado limitado. Hablamos (en persona, o en blogs) sobre casas e inversiones, construcciones como oportunidades, condominios que no se venden como ejemplos de desastre económico, pero toda esta charla inmobiliaria deja de lado la realidad física de los proyectos construidos y no construidos. En lugar de sólo hablar de dinero, deberíamos también estar hablando de altura y volumen, estilo y sostenibilidad, apertura de la arquitectura y proceso. El diseño no es la cereza del pastel, sino lo que hace que queramos vivir, comer y comprar en edificios, en lugar de evitarlos. En lugar de hablar menos, lo que necesitamos es más críticos - críticos ciudadanos - equipados con el deseo y el vocabulario para rehacer la ciudad.

[...] El ensayo crítico es, por lo general, breve (en un periódico, aproximadamente 1200 palabras), así es que uno debe limitar las preguntas planteadas y respondidas. Citas de otras personas discutiendo el mismo tipo o, incluso, el mismo edificio, ilustran la vasta gama de posibles temas disponibles al crítico. El tema es la línea narrativa en cualquier pieza de crítica, una idea sobre la arquitectura o el arquitecto presentada al inicio del ensayo, reforzada por evidencia en el cuerpo del texto, y a la que se regresa al final. Da forma a la crítica y permite al crítico imponer su personalidad al proyecto en cuestión. 

Tres críticos, parados uno al lado del otro, mirando el mismo muro, pueden tener cosas completamente distintas que decir sobre ese muro sin siquiera estar en desacuerdo. Uno podría considerar el material del muro, comprándolo con otras estructuras que usan mármol, cristal o metal en maneras similares. El otro podría ignorar su aspecto físico y discutir, en vez, cómo éste separa el edificio de la calle, la circulación de las oficinas, lo público de lo privado. Y el tercero podría imaginar el muro como el telón de fondo del drama interpresonal. Cuando enseño me es frecuentemente difícil reprimir mis propias opiniones sobre un edificio o plan, pero siempre trato de dejarlo claro: no hay una respuesta correcta sobre si un edifico es bueno o malo, hermoso o feo, accesible o impositivo. El crítico necesita definir términos, escoger un tema, luego evaluar la arquitectura dentro de esos lineamientos. Conocer algo acerca de la historia más amplia del tipo será esencial para escoger parámetros apropiados."


Lange, Alexandra (2012) Writing about Architecture. New York: Princeton Architectural Press. pp. 8-10.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Hablar es una forma de actuar (y escribir también)

No sé si es porque uno está especialmente sintonizado a un tema, o simple casualidad, pero hoy mi facebook parece estar lleno de gente que critica a quienes "no hacen nada, sólo escriben". 

Por alguna razón, queremos ver cosas hechas. Verlas, tocarlas, chocarnos con ellas. No leerlas. Cualquiera puede tener un blog. Cualquiera puede comentar una foto. Cualquier puede criticar. Pero a ver, pues, construye algo. Diseña un casita. Publícate un librito, aunque sea. Así sí demostrarás que sabes hacer. Así sí harás algo más que estar sentado detrás de tu pantalla, sangrando por las teclas la pica que te da no haber construido nada en tu vida y no ser conocido ni salir en las revistas como esos a los que criticas tanto.

Esto viene de una suerte de "afán práctico", común a todas las profesiones pero, aparentemente, más fuerte en la arquitectura. Queremos encontrarle la utilidad a las cosas. En un país con vivienda precaria, pobreza, problemas de tránsito y edificios emblemáticos que se incendian, en lugar de "perder el tiempo" haciendo crítica, ¿no sería mejor que arrimemos el hombro para algo útil?

No. No sería mejor.

Es una alternativa, por supuesto. Es más, la mayoría de arquitectos se dedican a esa parte tangible de nuestra profesión. Pero también hay este otro lado, el intangible, en el que, desde que el mundo es mundo, un grupo de arquitectos se desenvuelve. Queremos explicar cosas - para otros o para nosotros mismos -, señalar errores, proponer mundos posibles, predecir futuros y llorar pasados, exorcizar demonios; en una palabra: reflexionar. 

(http://www.amoeba.com/)
La reflexión ha sido compañera indispensable del hacer físico. Va más allá de las limitaciones de la forma y de la gravedad, permite estar en muchos lugares al mismo tiempo y abarcar muchos temas tratando de hacer pensar. Apunta a un hacer físico más responsable y coherente. Se aparta de lo caliente de las situaciones para dar un paso atrás y evaluarlas. Busca que las personas piensen un poco más allá de la forma y se pregunten las razones y las implicancias. Y, por qué no, busca tirar de su pedestal a figurines y tótems injustamente endiosados.

En ese sentido, la necesidad de tener "loquillos cibernautas que se quejan detrás de un monitor" es grande. Estos personajes son (somos) un eslabón más de la cadena que empieza en libros sesudos y cuidadosamente editados, pasa por journals, revistas de difusión y tesis, y en algún momento se desvía a tertulias de bar alrededor de una cerveza o un chifa. El objetivo es el mismo. Pensar. Hacer pensar. 

Y, de ser posible, mejorar la arquitectura.

--

(El título de este post es tomado prestado de un comentario de Javier Vera Cubas a este post de La Chimenea, que recomiendo)

Bonus track: un texto inutil, que "no hace nada", riquísimo. Lebbeus Woods, "Arquitectura es guerra".
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