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sábado, 15 de octubre de 2022

Las facultades no son equipos de futbol

Hace muchos años me contaron sobre una conversación en la que un profesor a medio tiempo le contaba al director de carrera de su universidad que iba a empezar a dictar, también medio tiempo, en otra universidad. La respuesta del director fue algo así: "Las diferentes facultades son como equipos. No está bien que un jugador de Alianza juegue también para la U."

Hay muchos argumentos a favor de esta idea. Las universidades buscan profesores a tiempo completo, que les dediquen no sólo horas, sino también energía y proyectos, a una causa compartida. Quieren en su equipo a gente que "se ponga la camiseta". Estos profesores, a la par que construyen sus carreras, construyen también a las facultades que los alojan.

Por otro lado, los fondos de investigación que son adjudicados muchas veces requieren afiliaciones con niveles altosd e compromiso. Tiene todo el sentido del mundo: cuando hay dinero de por medio, se necesitan ciertas garantías.

Sin embrago, el enseñar en más de una facultad, en más de una unversidad, tiene una importante ventaja y es, curiosamente, pedagógica.

Los estudiantes son distintos. No importa cuán amplio sea el rango tarifario o la cantidad de sedes que una universidad tenga, los profesores siempre nos vamos a encontrar con grupos con características muy distintas. Vienen de diferentes lugares, tienen distintas historias, están ahí por motivos muy variados, y todo eso afecta sus maneras de aprender. 

Es aquí donde los profesores ganamos. 

El enseñar a grupos distintos nos obliga a poner en práctica recursos pensados especialmente en las necesidades y fortalezas de los grupos. El feedback que recibimos enriquece nuestras maneras de enseñar, y nos hace aprender sobre las inifinitas posibilidades que pueden darse en un salón de clases. Finalmente, las diferencias entre los grupos nos ayuda a evitar el efecto de cámara de eco que puede producirse cuando nos limitamos a una sola facultad. Nos permite darnos cuenta de la enorme variedad de opiniones, sobre todo en un país tan diverso como el nuestro.

¿Cómo reconciliar entonces la deseada lealtad con la riqueza de la experiencia en muchas escuelas?

Creo que en un contexto en el que las universidades son empresa y los estudiantes, clientes, la solución es aún lejana. Pero no por eso no deseable. Esquemas en otras partes del mundo exhortan el tener profesores visitantes; programas como Erasmus+ y su intercambio docente ofrecen espacios de intercambio y enseñanza-aprendizaje. Vale la pena pensar en otras alternativas.

Y también vale la pena dar el voto de confianza y creer que, si "mi" profesor enseña en "esa otra" universidad, no está robando secretos de estado ni intercambiando información confidencial: ese profesor está aprendiendo y se está haciendo mejor y aún más valioso.

viernes, 16 de septiembre de 2022

¿Por qué se jubilan los críticos?

 De vez en cuando alguien hace la pregunta. 

¿Qué fue de Fulano Que Criticaba Arquitectura? ¿Por qué ya no publica nada? ¿Qué pasó con la página Tal? ¿Ya no la actualizan?

Y es así. Las páginas dedicadas a la crítica de arquitectura, ya sea a través de blogs, Facebook, IG o la plataforma de turno, tienen un ciclo vital. Empiezan con timidez, se van haciendo conocidas, llegan a un punto de frenesí de posts y luego, poco a poco, van muriendo.

¿Por qué?

Lo mejor sería preguntarle al Fulano en cuestión, pero creo que puedo soltar algunas hipótesis.

La razón más simple de identificar, cuando el crítico o la página desaparecen de improviso, es que fueron censurados. Poca gente querrá admitir la existencia de censura en un momento histórico en el que nos preciamos de libertad de expresión, pero lo cierto es que existe. Si no fuera así, ¿por qué muchos críticos escriben (¿escribimos?) bajo pseudónimos?

A veces la censura es directa. Una persona en una cierta posición de poder le pide al crítico, con o sin amabilidad, que deje de publicar lo que está publicando. Porque, si no deja de publicar... [inserte aquí una consecuencia funesta]. A veces es sutil. Alguna conversación aparentemente casual, la no consideración del Fulano para algún puesto o trabajo, la pérdida de auspiciadores, amigos, clientes.

Una siguiente razón es que los temas se agotan. Sobre ciertos aspectos de la arquitectura sólo se puede hablar hasta cierto punto sin caer en el riesgo de repetir y aburrir. Las ideas se vuelven masticados de sí mismas, los memes ya no dan tanta risa, y de pronto alguien dice "oye, eso ya lo publicaste el otro día".

Otra razón es la falta de tiempo. Muchos críticos que lo fueron de jóvenes, en la universidad o recién egresados, dejan de serlo cuando las cuentas, la familia, el trabajo, la vida misma ya no les dejan tiempo libre para prestarle a la crítica (y al contexto que la pide) la atención que requiere. Fulano regresa cansado del trabajo, sabe que tiene que poner dos cargas de lavadora y revisar la tarea del hijo, y al día siguiente despertarse temprano y volver a empezar. El tiempo libre, con un poco de suerte, le da para ver medio capítulo de serie de Netflix y ahí se acabó el día, la semana, el mes.

A veces el (ex) crítico se vuelve un poco tímido frente a las presiones y realidades del oficio que solía críticar. Lo que antes le parecía inconcebible se ha vuelto parte de su día a día. El "no puedo creer que los arquitectos hagan esto y aquello" desapareció, porque Fulano se ha vuelto el arquitecto que hace esto y aquello. ¿Con qué doble moral va a criticar ahora, sí ha se ha convertido en eso que alguna vez juró destruir?

Pero, finalmente, creo que la razón por la que el crítico se jubila, la más triste y dolorosa, es que se cansa. Más allá de unos cuantos likes y algún momento en el que su post se volvió viral, las cosas no cambiaron. Eso que criticó, y que produjo que la gente se indignara, sigue sucediendo. El archistar continúa impune, el proyecto sigue siendo mediocre, el premio sigue pareciendo vendido.

Y Fulano se cansó de predicar en el desierto. Mejor invertir las energías en otra cosa.

jueves, 28 de julio de 2022

¿Por qué debemos ceder el paso a las combis, siempre?

Andina
[Desde la ética moral, o una muy libre interpretación de la misma]

Hay muchas maneras de intentar hablar de ética, ordenar las ideas al respecto y, sobre todo, intentar demostar de qué manera los seres humanos podemos comportarnos mejor unos con otros. Todas estas maneras presentan errores, y ninguna, en sí misma es capaz de responder todos los dilemas éticos del universo. 

Pero eso no significa que debamos dejar de plantearnos estos dilemas, una y otra vez, e intentar responderlos de la mejor manera posible, aún sabiendo que puede que fallemos.

Entonces, ¿por qué debemos ceder el paso a las combis, siempre?

Desde una perspectiva kantiana, nuestros actos deberían guiarse por leyes universales, demostradas, que producirán el mayor bien. Por ejemplo "nunca debemos mentir" (eso es utópico, complicado, y haría de nosotros seres bastante odiosos, pero Kant no lo creía así). Si planteamos como ley universal "nunca debemos ceder el paso a nadie" el mundo se acabaría en aproximadamente 20 minutos. 5 si estamos en Lima. Lo contrario, "siempre deberíamos ceder el paso", puede que nos haga llegar tarde a algunos sitios hasta que nos acostumbremos pero, definitivamente, reduciría significativamente las muertes en carretera.

De todos modos, esto suena muy exagerado, muy dognático, y poco realizable.

Vamos a lo siguiente: Aristóteles diría que existen virtudes humanas que debemos ir cultivando en una justa medida. Ni mucho, ni poco. ¿Debemos ser generosos y ceder el paso a la combi? Sí. Pero llega un momento en el que nosotros también tenemos que pasar. Y el justo medio estaría en descubrir cuántas combis deberían pasar antes que nosotros.

Ahora, como las combis no son infinitas, eventualmente dejarán de venir, podremos pasar, y llegaremos todos a donde queremos llegar.

Pero para esta pregunta en cuestión, creo que es mejor pensar en términos utilitarios. Básicamente la idea del utilitarismo es lograr como resultado final de nuestras acciones la mayor felicidad, para la mayor cantidad de personas, lo más rápido posible, y por una mayor duración.

Si yo paso primero, en mi carro particular, en el que máximo estoy llevando a otras 4 personas, lograremos 5 seres felices. Si la combi pasa primero, con sus 12, 20 o 45 pasajeros, tendremos a muchas más personas felices.

Es, matemáticamente, mejor.

Sin contar con efectos secundarios imprevistos, como que el chofer de dicha combi podría sentirse gratamente sorprendido, ligeramente menos tenso, mínimamente menos vengativo contra una ciudad que no le es amigable, y eso podría hacer que maneje mejor, a su vez cierre a menos carros particulares e, incluso, evite atropellar a alguien 5 cuadras más adelante.

¿Por qué debemos ceder el paso a las combis, siempre? 

Porque nuestro pobre país requiere de personas más generosas, empáticas, éticas y correctas.

O, si te da flojera todo esto, por simple matemática.

¡Feliz 28 de julio!

viernes, 4 de febrero de 2022

Debemos dejar de (enseñar a) construir

Hay una constante en gran parte de los proyectos que se desarrollan en los talleres de diseño.

Los estudiantes reciben un lugar, un terreno vacío (vacío en la realidad, o en la imaginación del taller). Y reciben, al mismo tiempo, el encargo de ocupar ese terreno. De construir en él. 

La ciudad imaginaria de la enseñanza de la arquitectura se puebla de obra nueva. Construcciones más o menos creativas, más o menos creables, presentadas en pliegos de papel, representadas en 3D y construidas con cartón.

Si fueran a hacerse realidad estaríamos hablando de miles de toneladas de materiales constructivos. Muy probablemente cemento. Tal vez ladrillo. En algunos casos puntuales madera o adobe. 

Al ser formados con estas premisas, naturalmente, los arquitectos entramos a nuestra vida laboral convencidos que esta es la ruta: debemos construir. Para eso nos formaron, y pocas cosas son más emocionantes en la vida de un joven profesional que recibir un primer proyecto. Que ver construidas, en carne y hueso (brick and mortar) ideas que algún momento fueron producidas por su imaginación.

Creo que estamos equivocados.

En favor a la construcción de obra nueva se podría argumentar el déficit de vivienda y de infraestructura. Según una publicación del Congreso en 2021, "Actualmente en el Perú existe un déficit habitacional de un millón 100 mil viviendas y más de mil 300 ciudades del país no cuentan con un plan de desarrollo urbano". La falta de adecuada infraestructura urbana, hospitalaria y educativa es, del mismo modo, evidente.

Sin embargo, el énfasis en la construcción de obra nueva nos impide ver dos realidades en simultáneo.

Por un lado, la existencia de edificios ya construidos que por razones legales, económicas o administrativas han quedado desocupados. Con intervenciones puntuales, estos cadáveres urbanos podrían tener una vida útil que, ciertamente, no solucionará el déficit, pero si contribuiría a disminuirlo.

Las intervenciones puntuales sobre lo ya construido, muchas veces de bajos recursos, han demostrado tener impacto positivo, tanto a escala barrial como al interior de los edificios. Significan ahorro. Inyectan vitalidad a zonas de la ciudad que dábamos por perdidos.

La segunda realidad tiene que ver con la crisis climática. Según un informe de Architecture 2030, la industria de la construcción es responsable del 28% de las emisiones de CO2 globales; la creación de nuevos materiales representa un 11% adicional. En pocas palabras, al hacer obra nueva, los arquitectos, ingenieros, y profesionales del sector construcción, somos responsables de casi 40% de las emisiones del CO2 mundiales. En palabras de Marina Tabassum "consumimos más cemento que comida, y esa es la realidad".

Con esas cifras, de poco sirve ser vegetariano y no usar cañitas de plástico.

Regresemos a la enseñanza de la arquitectura. 

¿Es ético enfocar la formación de futuros profesionales hacia acciones que tienen un impacto tan nocivo para nuestro planeta?

Por supuesto, no toda la formación en arquitectura se dirige a obra nueva. Son notables los ejemplos de adecuaciones a nuevos usos, y los proyectos de fin de carrera que permiten evaluar la creatividad de los estudiantes. Una de las lecciones que nos ha dejado la pandemia es que se puede desarrollar un taller de diseño sin necesidad de imprimir decenas de planos o de invertir dinero en cartón que, básicamente, será desechado luego de la entrega final.

¿Qué tipo de arquitecto formaríamos, qué tipo de arquitectura se produciría, si estos ejemplos fueran la norma y no la excepción?

domingo, 4 de abril de 2021

¿Qué celebramos en Pascua?

Imaginemos la siguiente escena. Una caverna. Un gran fuego encendido en el centro: espacio social. Al exterior, el viento sopla, como no ha dejado de hacerlo por más de tres meses, levantando la nieve y el granizo sobre las personas que se aventuran a salir. Las raciones, cuidadosamente acumuladas durante el otoño, empiezan a escasear. Ya no hay variedad y casi no hay sabor en lo que queda. Es entonces que un explorador regresa y se sienta al lado del fuego. Deja a un lado la piel mojada que lo protegió y se frota las manos para calentarlas. El resto del grupo lo mira, expectante. El explorador disfruta generar un poco de tensión, y finalmente sonríe. Escarba en sus bolsillos y muestra un brote de hierba fresca. Un suspiro colectivo hace tambalear las llamas del fuego. Un invierno más que termina: el día volverá a ser más largo que la noche, el sol volverá a nacer y, con él, la vida. 

¿No es acaso razón de sobra para celebrar?

Celebraciones ligadas al equinoccio, o a la llegada de la primavera, pueden encontrarse en casi todas las civilizaciones de la antigüedad. Como señala una excelente nota de Heather McDougall (2010), dentro de las celebraciones de renacimiento o resurrección, documentadas a lo largo de la historia que suceden en esta época del año, podemos encontrar a Ishtar en Mesopotamia, Horus en Egipto, el mito de Perséfone y el de Dionisio y muchos otros. De hecho las palabra alemana Ostern, que significa Pascua, viene del nombre de la diosa pagana Ostara.

La Pascua Judía (Pesaj), como la gran fiesta que reconoce la liberación y y la libertad del pueblo Judío (18doors.org), rescata ese simbolismo. Los israelitas de algún modo vuelven a nacer en una nueva vida en libertad. 

En la tradición Cristiana, la última cena no es otra cosa que la celebración del Pesaj de Jesús y sus amigos. Pero la superposición de celebraciones tiene raíces profundas. Como cuenta Carole Cusack, durante los primeros dos siglos luego de la vida de Jesús, las festividades de la nueva iglesia Cristiana estaban ligadas a viejas tradiciones paganas (Travis, 2017). La primavera y el renacer de la vida funcionan como excelente símil de la resurrección. Cuando se establece la fiesta oficial de Pascua Cristiana en el concilio de Nicea (325 d.C.), se determina que ésta debe ser durante la primera luna llena luego del equinoccio de primavera. ¡Qué hermosa manera de regresar a nuestras raíces vitales!

Los huevos fueron símbolo de la vida siempre; probablemente desde las primeras celebraciones alrededor del fuego. Durante la Edad Media las personas los decoraban y regalaban a la familia y amigos para comer después de la Misa de Pascua, luego de los ayunos de Cuaresma (esto además es muy sensato, dado lo nutritivo que es un huevo). En la actualidad son parte de la mesa de Seder, en una tradición que parte de la apreciación de la primavera.

images.newscientist.com
Todo lleva a pensar que los seres humanos, a lo largo de nuestra rica historia, hemos querido celebrar la vida y, a través de ella, celebrarnos a nosotros mismos, nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestra fantasía y nuestra capacidad de superar nuestros problemas.

¿Y nosotros, ahora?

En el hemisferio sur inicia el otoño, pero nuestras herencias festivas han sido tomadas de nuestros hermanos del norte. Olvidada la siembra, la cosecha, el frío invierno y las angustias, todos nos unimos en celebración. 

En un contexto en el que la muerte parece acercarse, desconocida y amenazante pero tan real, es difícil encontrarnos con esta idea. Tal vez el gran consuelo es saber que, a lo largo de la historia, la vida se impone. Que los seres humanos hemos contado historias y nos hemos apoyado en éstas para ir construyendo nuestra propia identidad vital. Que somos una suma, y mucho más que eso. Que nos debemos al pasado, que no hace otra cosa que pensar en el futuro.

¡Feliz Pascua!
Jag Pesaj Sameaj!

viernes, 1 de mayo de 2020

La ciudad post-COVID: una fantasía compartida

Lo entiendo, estamos un poco aburridos.

Y angustiados. Bastante angustiados.

Y necesitados de un mundo mejor. Aunque sea imaginario.

Y si lo imaginamos en grupo, puede que sea más divertido. Como cuando un niño y sus amigos empiezan a construir un planeta en el espacio, con dinosaurios, dragones, Iron Man, mantas y carritos.

Necesitamos creer que estamos en control de la situación, o que lo estaremos cuando se dé esa esperada, mítica y dilatada fecha: cuando acabe la cuarentena.

Es así que muchos arquitectos se subieron a la combi post-COVID.

¿Cómo será el mundo post-COVID? ¿Cómo será la vivienda del mañana? ¿La ciudad? ¿La movilidad? ¿Las relaciones sociales?

Todas son preguntas importantes, loables, y, en muchos casos, la presión de la prensa nos fuerza a tratar de responderlas. 

Pero ya basta.

No estamos listos para responder las preguntas porque la única respuesta real, en un mundo completamente carente de certezas es "no lo sé".

O, me corrijo, las posibles hipótesis que apunten a respuestas reales podrían partir - como lo han hecho algunos artículos recientemente publicados - de una evaluación de nuestra historia y de lo que ya conocemos. Epidemias pasadas, propias y ajenas; errores de planificación o de ejecución; diseños de espacios en la historia; manías recurrentes de nuestra sociedad. 

Las posibles respuestas podrían estar en volver a recorrer los caminos que nos trajeron hasta aquí y tratar de encontrar los puntos débiles. Tal vez de observar, con atención científica (es decir, sin opiniones ni conclusiones apresuradas) lo que está sucediendo hoy. No mañana. Mañana no existe.

¿Pero qué tiene de malo imaginarnos un post-COVID? ¿Por qué no hacerlo? ¿No sería una adecuada preparación?

Si el imaginarlo nos calma las angustias, no no tiene nada de malo. Si nos prepara para posibles escenarios futuros, por supuesto, es necesario.

Lo que me preocupa es que son muy pocas las reflexiones de ese tipo. 

Asistimos a webinars, conversatorios via zoom, videos, textos, con arquitectos que, desde su sala, o mejor aún, desde su biblioteca, repiten frases trilladas, perogrulladas. Ganamos likes y 5 minutos de fama.

Pero el problema es que hay gente que se lo cree; que va a pensar que, desde la comodidad de mi hogar y a través de la libre asociación de ideas, estoy en grado de dar soluciones respetables a problemas tan complejos. Problemas que, además, vienen incubándose desde hace décadas, si no siglos. 

Es una actitud irresponsable, que socava los pocos logros de la investigación científica en arquitectura y otras disciplinas afines. En el marco del figuretismo, las verdaderas reflexiones que podrían conducirnos a posibles respuestas realistas, se pierden. 

Así como la sobre información nos empieza a anestesiar hasta la indiferencia frente a lo que verdaderamente debería llamarnos la atención, el exceso de opinólogos nos está saturando, y eventualmente puede suceder que las soluciones facilistas reemplacen la investigación futura.

Fuente: https://www.clipart.email/clipart/
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Conversemos y tratemos de calmarnos juntos. Démonos abrazos virtuales a través de una pantalla y juguemos a ser colonizadores de un nuevo planeta, con dinosaurios y dragones. Pero seamos conscientes de que no pasa de ser eso. Lo que ofrecemos no son verdades, sino una fantasía compartida.

Un juego.

lunes, 1 de abril de 2019

9 cosas que aprendí sobre cómo sobrevivir en academia (M. R. Holman)

"¡Hoy es el 9no aniversario de mi sustentación! Para honrar ese gran día / malísimo documento, aquí presento las 9 cosas que he aprendido sobre cómo sobrevivir en academia desde entonces:

1. Sé caritativo contigo mismo y con los otros.
Se amable contigo mismo. Cree en lo mejor de las personas. Perdona errores, incluyendo los tuyos.

2. ¡Estúdiate! ¡Somos académicos! Tenemos las herramientas para entender el comportamiento de otros, podemos aplicarlas a nuestro propio comportamiento.
Averigua qué te hace trabajar... y qué te desmoraliza.

3. Tenemos opciones respecto a cómo pasamos el tiempo.
Pasa tu tiempo haciendo cosas que no odias. Minimiza el tiempo que pasas haciendo cosas que odias.

4. Un objetivo sin un plan es sólo un cuento de hadas.
¿Quieres presentar un artículo este mes? ¡Averigua CÓMO vas a hacerlo y lleva ese plan a la acción!

5. Las comparaciones son ladronas de la dicha.
No mires a alguien más en academia y pienses: mi trayectoria nunca va a ser eso. ¡No lo será! Porque somos todos únicos, fantásticos académicos que producimos nuestras propias cosas en nuestro propio modo.

6. No puedes devolver los favores que te han hecho, pero puedes retribuirlos.
Trabaja activamente para hacer de la academia eso que tu quieres. Apoya a otros. Recuerda cuando la gente fue gratuitamente generosa o amable y extiende eso a alguien que lo necesite.

7. Sé amable.
Nunca me he arrepentido de haber sido amable con alguien. Definitivamente me he arrepentido de ser antipática. No seas antipático.

8. Llena tu círculo de personas hábiles y capaces (badasses) y luego convierte ese círculo en herradura.
Encuentra a tu gente en academia y luego encuentra a más de esa gente y dales la bienvenida, y haz espacio para más y más hasta que tu gente esté en todos lados.

9. Sé tú. Haz tus propias cosas. Sé tu prioridad.
No te escondas. Haz eso que te hace estar vivo. ¡Y coloca primero a ti mismo, a tu salud, a tu felicidad, a tu magia y a tus proyectos!"

Holman (2019, March 25) "Today is the 9th anniversary of my dissertation defense!" [Twitter thread]. Retrieved from https://twitter.com/prof_mirya/status/1110179135228383232?s=19

martes, 9 de octubre de 2018

10 razones para enamorarse de Roma (una y otra vez)

Ministero della Pubblica Istruzione
1. La luz. Visto en restrospectiva, creo que la mayoría de mis momentos de disfrute han tenido que ver con la luz. Pioggia e schiarite, el amanecer, el tramonto, el sol golpeando la parte alta de los edificios, las nubes coloreadas. Se me ocurre que es la luz la principal razón que, desde siempre atrajo e inspiró a artistas y arquitectos. Es un privilegio elaborar bajo la luz romana.

2. El transporte público. Lo sé. Actualmente los romanos no tienen muchas cosas positivas que decir de su transporte público. Y si uno ha tenido que esperar 45 minutos por un tranvía bajo el sol, lo entiende. Alguna vez yo escribí pestes sobre el tema. Pero para quien viene de la ciudad combi, poder sentarse cómodamente por media hora a leer, o ver el paisaje, o simplemente cabecear, el poderse transportar como en Roma es un lujo. De hecho, escribo esto mientras voy en tranvía por la línea 8, con una vista privilegiada de la Isola Tiberina.

3. La comida. Pasta Barilla con pesto genovese por 3 euros. 2 más si le agregamos un buen trozo de parmesano de verdad. No tengo nada más que decir.

4. La amabilidad inesperada. Será que estoy poniéndome vieja, será que ya me acostumbré, pero de pronto resulta que los romanos son amables, a su modo. Y ese modo es extraño, inesperado, ruidoso y, creo, de fuera se ve un poco agresivo. De todos modos, que la cuenta de la librería sea rebajada de 90 a 65 euros por pura amabilidad es notable. 

5. Las hojas de los árboles (y su olor) en otoño. Para quienes venimos de un mundo de dos estaciones (y una sutilísima primavera de una semana de duración), el otoño es un espectáculo. Las hojas crujientes en la vereda, el color entre verde y rojo, pasando por el dorado, el olor... el otoño es mi estación favorita y Roma sabe cómo hacerlo glorioso.

6. El tropezarse con edificios salidos de la clase de historia. Esta es la típica razón de los turistas aficionados a Roma, que van a propósito a ver los lugares más importantes. Pero el pasar casualmente al lado del coliseo cuando se toma el tranvía 3 es una sensación completamente distinta. No sé si los romanos se llegan a anestesiar y pierden la capacidad de asombrarse. Me costaría trabajo creer que es así.

7. El grito de "arrivedercigraziebuonagriornata" después del primer café en el bar. Ese café casi sólido, que se toma de un trago en la barra y resucita muertos. Y ese grito, porque si no es grito no tiene sentido, que es respondido del mismo modo. Educación matutina alla romana.

8. El lungotevere. Las hojas de los árboles casi tocando el río, el túnel sobre la vereda, el paisaje acompañando al agua, acompañando a la ciudad, acompañando al peatón. El lungotevere es divertido en carro, mágico a pie, intenso en bicicleta. Vale la pena caminar uno que otro kilómetro adicional si es que el camino que se toma es el del lungotevere.

9. Escuchar más de 5 idiomas en un mismo día... o en un mismo viaje en bus. Todos los caminos conducen a Roma: un ama de casa rusa hablando por teléfono, un par de monjas filipinas casi susurrando, dos niños discutiendo futbol en árabe, un turista francés que se equivocó de camino y el conductor romano que grita al colega algo que no entiende ni su madre. Eso, para empezar.

10. Los carteles antiguos de las tiendas. Esos que parecen salidos de una película de Fellini, con letras mayúsculas, nombres de mafioso y mala iluminación. Son parte del paisaje urbano de Roma y me alegro que la necesidad constante de renovar que muchas marcas del mundo parecen tener, haya evadido esta ciudad casi por completo. Si no, Castroni no sería Castroni.

viernes, 6 de julio de 2018

Que siempre haya uno (unito, aunque sea)

El cansancio de fin de ciclo nos coge a todos, alumnos y profesores por igual. La carga de trabajo nos aumenta a todos, también. Más entregas, más exigencia, más trabajos que corregir. Y, desde el punto de vista de los profes, esto parece venir acompañado de una mayor concentración de "esos" alumnos.

Esos que llegan al salón, se sientan en la última fila, y miran su celular durante toda la clase. Algunos, ni siquiera se toman la molestia de quitarse los audífonos.

Esos que, claramente, están avanzando trabajos de otros cursos.

Esos que se duermen. No una vez, porque ya no dan más (que tire la primera piedra quien nunca ha cabeceado cuando no debía), sino los que tienen narcolepsia crónica y usan la clase para recuperar horas de sueño, sistemáticamente.

Esos que reclaman. Porque la clase no empieza a tiempo, porque la clase empieza a tiempo, porque tienen demasiados trabajos que hacer, porque los calificamos muy bajo, porque no les ponemos presente cuando llegan media hora tarde, porque Fulanito sacó mejor nota que yo, porque no quiero dejarlos volver a entregar un trabajo jalado, porque hace sol, porque llueve, porque perdió Uruguay.

Esos que, a 13 semanas de empezado el ciclo, creen que no nos vamos a dar cuenta cuando hacen un "copy-paste".

Esos que reclaman indignados cuando los acosamos de plagio, aún cuando la evidencia está ahí, delante de sus narices.

Esos que publican en Facebook, con nombre y apellido, que están dispuestos a pagar porque alguien les haga el trabajo final de un curso.

Esos que ofrecen sus servicios para "ayudar", sabiendo que ayudar, en este caso, es sinónimo de hacer. Y sabiendo, también, que eso es un delito. 

Pero siempre hay uno, y si se es afortunado, dos o tres. Un estudiante que levanta la mano, espontáneamente, para hacer una pregunta interesante. Ese que, al final del ciclo, te agradece porque algo le gusto, o algo entendió, o algo "se le quedó". Ese que, tal vez, nunca abrió la boca durante el ciclo, pero siempre se interesó. Ese que, dos ciclos después, aún te saluda cuando te lo cruzas en el pasillo. Ese que, cinco años después, se acuerda de ti y te manda un meme.

Que siempre haya uno. O dos, o tres. Pero unito aunque sea. 

lunes, 10 de julio de 2017

10 cosas que me motivan como profesora

1. Café. Más café. Una cafetera. Chocolate caliente también puede ser.

2. Visitas de exalumnos. [Si vienen con comida, mejor].

3. Cursos de los buenos, presenciales y online. [Y no me refiero a ese de "cómo hacer tu Power Point" que a veces nos vemos forzados a llevar porque tenemos que cumplir con una cuota].

4. Conversaciones inteligentes con los colegas. [Tener tiempo para conversar con los colegas].

5. Siestas. Hay estudios aquí, aquí y aquí que demuestran que funcionamos mejor con una de esas.

6. Grupos de investigación. Y si están formados por alumnos motivados, mejor.

7. Preguntas inteligentes a mitad de la clase. Preguntas disruptivas, de esas que me hacen tener que buscar información que no conozco. 

8. Viajes de estudio. Sola, acompañada. Con alumnos, sin alumnos.

9. Libros. Librerías. Descuentos en librerías por ser profesora. Libros gratis. Libros buenos.

10. Bitácoras moleskine en blanco, por estrenar.

Y la yapa: Reuniones que se cancelan, a veces. [Lo siento, es la verdad].

domingo, 30 de abril de 2017

Investigar en arquitectura en el Perú u 8 razones para abrazar a un académico estresado

Columbia University -
Woman carrying a large stack of books down stairs.
Stanley Kubrick
Investigar es duro. Un trabajo difícil que se vuelve apostolado. Pero apuesto a que al leer la palabra "investigar" lo primero que se viene a la mente es la imagen de científicos en batas blancas, observando líquidos de colores en tubos de ensayo, en un laboratorio mezcla de película de superhéroes con el del colegio.

Y ahí empieza todo el problema.

Por eso, creo necesario plantear 8 razones por las que investigar en arquitectura en el Perú es heroico.

1. Muy poca gente entiende que en arquitectura también se investiga. Por un lado tenemos al completamente lego, que cree que arquitectura es sólo dibujar bonito y hacer casitas. Ocupando otro escaño de la escala, tenemos a quien cree que el diseñar es la única manera de ser arquitecto. Un poco más allá, aquel que admite que sí, en arquitectura se investiga, pero que cree que dicha investigación es el proyecto y suficiente. Y luego, quien confunde investigación en arquitectura con estudios de mercado, focus groups y bienes raíces. 

Bueno, no. Los campos de investigación en arquitectura son amplísimos, empezando porque se trata de una disciplina con aspectos de ciencias exactas y de ciencias sociales. Entonces podemos tener investigaciones de resistencia de materiales, situaciones intermedias como optimización de áreas, e investigaciones puramente cualitativas, como los estudios de environmental behaviour, sólo por mencionar algunos pocos ejemplos (para más ejemplos, recomiendo este libro). 

2. Asumido ya que en arquitectura se investiga, muy poca gente entiende la utilidad de dicha investigación (y demasiada gente opina que es indispensable que una investigación no sólo sea útil, sino que interese a grandes grupos de personas). Esto se hace más evidente cuando se trata de investigaciones cualitativas. Nadie dudará de la importancia de comprobar la resistencia del concreto armado ante los sismos, pero, ¿es en verdad necesario conocer el nivel de satisfacción de los habitantes de un conjunto multifamiliar? ¿por qué perder tiempo (y dinero) en la historia reciente de la arquitectura? ¿a quién le sirve saber cuál es el paisaje preferido por los habitantes de un distrito en especial?

3. La falta de financiamiento (1). En parte porque somos un país que invierte poquísimo en educación, y en parte por las dos razones anteriores, es un hecho muy singular que algún arquitecto investigador se encuentre con el financiamiento de alguna institución, es decir, con dinero contante y sonante, para hacer lo suyo. Sucede. Por supuesto que sí, pero es excepcional. La gran mayoría de investigaciones en arquitectura se realizan con recursos propios. O sea, con la plata del investigador, que gasta en libros, luz, agua, teléfono, pasajes, viáticos, impresiones y suela de zapatos, entre muchos otros rubros. 

4. La falta de financiamiento (2). Toda investigación debe ser discutida entre pares para que pueda progresar. Pares no son ni tus amigos del barrio, ni tu pareja, ni tu tía abuela, sino otros investigadores (arquitectos o de otras disciplinas) que estén desarrollando temas similares. Esto puede realizarse por plataformas digitales, por supuesto, pero también es necesario publicar e ir a eventos académicos (congresos, simposios, etc). Cuando hay que pagar por publicar, es generalmente el investigador quien pone de la suya. Y si hay que viajar a presentar el trabajo en un congreso internacional - porque en nuestro medio casi no hay eventos de ese tipo - también. Nuevamente, hay algunas contadas excepciones de financiamiento. Pero pocas.

5. La falta de eventos académicos o de posibilidades de intercambio. Al no haber investigación, no hay producción significativa. Al no haber producción significativa, no se da la necesidad de organizar eventos académicos, y si estos suceden, suelen tener poca asistencia. Los cuatro gatos trabajando en un tema, ya nos conocemos por dentro y por fuera. El intercambio no es tal. A esto hay que añadir la competencia por esos escasos financiamientos, lo que produce que en vez de compartir, queramos ocultar, no sea que el colega de la otra universidad se robe mi beca con exactamente el mismo tema que yo. Esto, por supuesto, estanca las investigaciones, y nos vuelve a quienes las hacemos seres ensimismados en nosotros mismos, que oscilamos entre el auto-desprecio y el mega-narcisismo, según como estén alineados los planetas ese día.

6. La falta de recursos académicos. Una vez, en el campus de una universidad de EEUU, tuve el password de una estudiante. Y entré a la página web de la biblioteca. La avalancha de artículos, recursos, bases de datos, journals, repositorios, material gráfico y escrito a mi disposición, a sólo unos clicks de distancia, fue apabullante. Hacer investigación con esas condiciones es un lujo. Un placer. Un goce. Uno busca los términos y encuentra los artículos. Profundiza en la bibliografía y encuentra aún más. Va por el libro extraño de la década del 70 y ahí está, en su estantería, esperando a ser consultado. 

En estas latitudes, algunas universidades han comprado algunos repositorios (ver puntos 3 y 4), pero no todos. Es posible que uno encuentre dos o tres artículos, un cuarto quizás, hasta que uno se tope con ese artículo, que uno necesita desesperadamente, pero que la universidad no tiene y por el que hay que pagar US$ 39.99. Que, como ya vimos, deben salir del bolsillo del investigador. Es así que nos hacemos amiguitos en el extranjero, o recurrimos a páginas pirata para conseguir lo que buscamos. Todo esto toma tiempo, mucho tiempo, que podría utilizarse investigando. O es ilegal.

7. La escasa formación en investigación a lo largo de la carrera. A los arquitectos se nos forma, en primer lugar, como diseñadores. Y luego como gestores, historiadores, promotores, diseñadores de interiores, calculistas estructurales y en algunos casos, un poquito como investigadores. Últimamente esto está cambiando, pero es aún una rareza, y hay universidades que, con enfoques muy pragmáticos enfocados al oficio, prácticamente han desaparecido la investigación formal de la currícula. Es así que quien tiene interés por investigar, se encuentra invirtiendo mucho tiempo en aprender las reglas de juego: dónde encontrar la información, cómo discernir si una fuente es buena o no, cómo navegar las turbulentas aguas del APA, qué métodos de investigación hay y cómo se ponen en práctica e, incluso, cómo redactar. 

8. La sumatoria de varios de los puntos mencionados, pero sobre todo la sensación de que la investigación no es fundamental, hace que quienes enseñamos tengamos muchas veces otras tareas que monopolizan nuestro tiempo. Para llegar a fin de mes, muchos enseñan muchas horas de clase. Es cierto que al enseñar aparecen nuevas ideas y se dan oportunidades de desarrollo de líneas de investigación, pero esto es un plus y no lo que ocupa la mayor cantidad del tiempo del investigador. Otros tienen trabajos que, si bien están dentro de la universidad, son más administrativos que académicos. Es así que el tiempo dedicado a investigar, sólido, sin interrupciones y con recursos a disposición es un bien extraño, preciadísimo. O debe ocupar nuestros sábados y domingos. Otros simplemente se dedican a otra cosa y dejan a la investigación completamente de lado.

Sí, esta es una queja larga, que se sustenta en anécdotas propias y de colegas. El investigador en arquitectura en el Perú tiene que esforzarse muchísimo. El producto, como ya lo dije, es casi un hecho heroico.

Pero es divertido investigar. Vale la pena. Es muy necesario.

Ahora quiero mi abrazo.

lunes, 2 de enero de 2017

Cámara de eco, arquitectura y nuestra burbuja

Cuando D. Trump salió elegido presidente de EEUU hace algunos meses, muchos intentaron entender por qué. Un artículo de The Guardian, analizando la situación, propone una teoría interesante: redes sociales como Facebook, al no editar o siquiera comprobar la validez de lo publicado, y al impulsar noticias con el único criterio de la cantidad de "likes" que reciben, distorsionan la información al punto de llegar a balancear los resultados de una elección presidencial.
"La verdad de un pedazo de contenido es menos importante que si éste es compartido, "gustado" (liked) o monetizado." (Solon, 2016).
¿Qué tiene que ver esto con la arquitectura y la ciudad?

Dentro de los pocos medios de comunicación impresos que hablan de arquitectura, nos encontramos una oferta que puede ser costosa, insuficiente o incompleta. Recurrimos entonces a Internet. Nos afiliamos a Architectural Review, seguimos a Plataforma Arquitectura y es así que redes sociales como Facebook y Twitter terminan siendo nuestra principal fuente de información sobre las cosas que competen a nuestro quehacer. 

Nos enteramos del último Pritzker pocos segundos después de su nombramiento... y lo seguimos viendo una y otra vez durante la siguiente semana, a medida que nuestros contactos - amigos o profesionales - van dando like o comparten una noticia u otra. Nos indignamos al unísono por el reciente incendio en la Plaza dos de Mayo, y concordamos en la necesidad de tomar medidas serias para preservar nuestro patrimonio. Alzamos una ceja con ironía o fascinación (no faltan los escandalizados) frente a las fotos compartidas sobre el uso de una fuente pública como piscina en Chorrillos. Protestamos sobre la basura en las playas, mostrada en unas fotos publicadas por Sofía Mulanovich que nos apresuramos en compartir. Hace unos meses, del mismo modo, nos unimos en la indignación del by-pass de 28 de Julio, protestamos más de una vez, y no perdimos tiempo en compartir, tiempo después, las noticias que demuestran cómo éste resultó ser un fracaso (nosotros lo advertimos, ¿no?)

¿Y qué tiene de malo?

El efecto de cámara de eco sucede cuando una noticia es repetida (rebota como el eco), tergiversada, aumentada, hasta que se vuelve verdad indiscutible. En las redes sociales, donde no sólo la cantidad de likes decide qué nos muestra nuestro muro, sino que además podemos esconder las noticias que no nos interesan o nos molestan, esto aumenta mucho más. Es poco probable que se publique algo que no nos interesa, o la opinión de alguien completamente contraria a la nuestra. El algoritmo que regula lo que las redes nos envían lo impedirá. Después de todo, esperamos que Facebook nos entretenga. 

El problema es que las redes también nos informan, puesto que recurrimos a ellas para enterarnos, para dialogar y para protestar. 

Pero, como en la cámara de eco, las noticias son las mismas, las opiniones similares, y terminamos sorprendidos cuando asomamos la cabeza afuera y encontramos que la aprobación del alcalde sigue alta y que la gente quiere más by-passes. "¿Cómo? ¡Pero si es obvio que eso está mal!", nos indignamos.

https://pdemented.files.wordpress.com/2016/10/confirmation.png

Las redes sociales nos informan, pero parece que al mismo tiempo contribuyen en encerrarnos más en nuestra burbuja. Discutimos, sí, pero con gente cuya opinión no difiere tanto de la nuestra. Buscamos diversas opiniones, también, pero dentro de un menú que ya está hecho a la medida de nuestros "likes" previos. En añadidura, los contenidos de Internet están diseñados para ser de fácil consumo, con contenidos que podemos consumir durante un semáforo en rojo o en una breve pausa en la chamba. 
"Las historias online son a la curiosidad intelectual lo que el fast-food es al hambre." (Chamorro-Premuzic, 2014)
Como arquitectos tenemos la misión de acercarnos a la gente, de dialogar y construir lazos con la cotidianidad, si es que pretendemos tener un impacto positivo en nuestras ciudades. Esta sobremediatización, sin embargo, nos obliga a escoger, y al hacerlo, nos estamos aislando, alejando, al ignorar la opinión incómoda o al no buscar más allá de nuestro muro las noticias que puede que no nos gusten, pero que están definitivamente ahí. 

Los arquitectos no podemos permitirnos este lujo.


Artículos citados:

Solon, O. (2016) "Facebook’s failure: did fake news and polarized politics get Trump elected?" En: https://www.theguardian.com/technology/2016/nov/10/facebook-fake-news-election-conspiracy-theories.

Chamorro-Premuzic, T. (2014) "How the web distorts reality and impairs our judgement skills" En: https://www.theguardian.com/media-network/media-network-blog/2014/may/13/internet-confirmation-bias

martes, 19 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) IV


Para el cuarto mito, nuevamente usamos un comentario que tiene más de una idea.

La primera es evidente... e incorrecta. Es tal vez el mito más generalizado sobre la crítica: que esta es negativa. Es decir, que criticar es sinónimo de maletear, hablar mal de algo o alguien, buscar las faltas, denigrar, disminuir y un largo etcétera de sinónimos.

O si no pregunten a cualquier alumno de primer ciclo de arquitectura, cuando le cuenta a su madre que le "criticaron la maqueta". "¡¿Que te hicieron quééé?! ¡¿Y ese qué se cree para venir a criticar a MI hijito/a?!"

Seamos honestos. Muchas veces la crítica es así: centrada en los aspectos negativos, casi regodeándose en ellos, y dando la impresión final que no queda nada positivo por decir. Esto es especialmente dañino cuando hablamos de críticas de taller, cuando a un alumno le es tan necesario escuchar las cosas malas como las cosas buenas de su proyecto. 

Pero luego de algunas semanas aprendemos rápidamente que la crítica no debe ser sólo negativa y que, aún si la es, esta apunta a mejorar el proyecto. O sea que aún si se centra en los aspectos menos rescatables de este, al final todo redundará en mejoras. ¿Por qué al salir olvidamos esto con tanta facilidad? ¿Por qué nos volvemos picones y reaccionamos de mala manera cuando una crítica es negativa? Y los que critican, ¿por qué sólo mencionar esto y rara vez enfatizar en los aspectos positivos? Tal vez porque nos gusta el morbo, el chisme y el raje; tal vez porque nos sentimos interesantes, más capaces (¿superiores?) al señalar los puntos flacos de un proyecto; tal vez porque somos antipáticos.

La segunda idea es y no es un mito. Si te maleteo no me vas a auspiciar. Los únicos que tienen algo que perder de la crítica arquitectónica son aquellos que lucran con el producto criticado: proveedores, vendedores de revistas y, eventualmente, el arquitecto, si es que la crítica es especialmente mezquina y se centra no en el objeto - como debería ser - sino en la persona. Entonces, sí, es una suerte de chantaje del que ya se ha hablado en un reciente video de Marco Aurelio Denegri. 

Hay una segunda dimensión en este chantaje. "No voy a criticar a Fulano porque es mi pata y luego se resiente conmigo". "No voy a hablar mal de la obra de Mengano, porque es si en el futuro quiero trabajar para él, no voy a poder". Esto también es cierto. Personalmente hay opiniones que he preferido no dar por este temor: porque Fulano realmente me cae bien y prefiero mantener la cordialidad y porque tengo miedo que Perencejo me raye la pintura del carro si publico algo en contra de su más reciente obra. Más de una vez he leído que el oficio de crítico es solitario, y que éste está condenado a ir perdiendo uno a uno a sus amigos. 

Tal vez eso sea lo responsable: abstenerse de criticar si hay algún conflicto de intereses, con el fin de que la crítica sea, en la medida de lo posible, sobre el objeto y nada más que sobre el objeto. O, dicho de otro modo:
"Una crítica ilustrada, justa e imparcial no es algo frecuente ni común. Supone, al menos, ejercitar el conocimiento, el gusto y el coraje: y esto no se encuentra reunido frecuentemente."
Alexandre-Balthazar Grimod de La Reynière (1797) Le Censeur dramatique ou Journal des principaux théâtres de Paris

lunes, 18 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) III


Este mito me gusta mucho, tal vez porque yo misma me lo creí durante un tiempo. De hecho, el comentario tiene en parte muchísima razón.

La arquitectura tiene mucho discurso vacío, mucho "floro y banalidad", que se hace pasar por crítica y, muchas veces, se toma como tal. Esto es especialmente peligroso cuando se encuentra en medios de difusión  - revistas, periódicos, televisión - a los que muchos pueden tener acceso. Son discursos que no aportan al proyecto, a la crítica o a la disciplina y, peor aún, muchas veces distraen de lo importante de la obra a la que se están refiriendo.

La otra variante es la crítica "pseudo-erudita". Esta se encuentra en medios de difusión más restringida; casi siempre va dirigido a arquitectos o estudiantes de arquitectura. Con el uso de palabras complejas, términos propios de nuestro argot profesional y frases rebuscadas, se hace difícil de entender, sin por eso ser más rica en su mensaje. En el mejor de los casos, el lector queda confundido. La mayoría de veces, sin embargo, simplemente se aburre. Para quien no es arquitecto, esta pseudo-erudición asusta y cae pesada.

La crítica responsable y real puede o no ser erudita. En "Métodos de crítica y respuesta a la crítica" (1976: 20) Wayne Attoe considera que una crítica puede aparecer "en el periódico diario, en un taller de diseño, o en la forma de ventanas vandalizadas en un proyecto de vivienda multifamiliar". Lo que estas tres críticas tienen en común es el hecho que el edificio al que se refieren ha tocado la vida de quienes las han hecho.

Evidentemente, las ventanas vandalizadas no son una situación ideal, pero nos dicen tanto como un escrito pueda hacerlo y, como hemos visto líneas arriba, a veces incluso más. La arquitectura nos toca a muchas más personas que al arquitecto y al cliente: los constructores, los caminantes, los usuarios ocasionales, todos terminan siendo partícipes del hecho arquitectónico y pueden, por lo tanto, tener una opinión sobre este.

La opinión de alguien formado en arquitectura, arte o urbanismo, la de alguien que pasa extensas horas investigando el objeto en cuestión y formulando ideas sobre el mismo, tiene importancia. Así como la tiene el comentario casual hecho por un paseante en un paradero, que puede estar cargado de una verdad dada por el uso cotidiano, que al erudito puede escapársele. Más que señalar si uno es mejor o más válido que el otro, es importante tomar ambos como lo que son, opiniones. Mejor o peor argumentadas, mejor o peor informadas, y con distintos objetivos.
En lugar de hablar menos, lo que necesitamos son más críticos - críticos ciudadanos - equipados con el deseo y el vocabulario para volver a hacer la ciudad. (Lange, 2012: 8)
De poco sirve que la crítica "erudita" halague la volumetría o cómo el objeto arquitectónico en cuestión se inserta dentro de la historia de la arquitectura, si para sus usuarios cotidianos el acceso es incómodo y los espacios interiores están mal iluminados.
Cuando hablamos de cómo la arquitectura es importante, es fundamental entender que el modo en que ésta es importante - más allá, por supuesto, del hecho obvio de dar cobijo - es el mismo modo en el que cualquier arte importa: hace la vida mejor.
Paradójicamente, es frecuente que la arquitectura más mundana sea la que más nos importa - el techo sobre nuestras cabezas, el edificio cualquiera que nos protege de la lluvia y nos da lugares para trabajar y comprar y dormir y ser entretenidos. (Goldberger, 2009: 2)
La crítica arquitectónica puede apuntar a varios objetivos, como lo menciona el artículo de Attoe. Lo que todo tipo de crítica tiene en común es que nos da la oportunidad de ver al objeto que critica desde una perspectiva que puede no ser la nuestra. De este modo, amplía nuestros horizontes. Puede que no esté de acuerdo con los comentarios sobre un determinado edificio, pero al leerlos, me fijo en aspectos de este que no había considerado en un primer momento. Tomo prestada, por un momento, la experiencia de otro.

Dejo para terminar una reflexión del arquitecto José Bentín, publicada en su Facebook hace un año. 


Cuarto mito

(Y si no los viste, aquí están el primer y el segundo mito)

Attoe, W. (1976) "Methods of Criticism and Response to Criticism". JAE, Vol. 29, No. 4 Architecture Criticism and Evaluation. pp. 20-21. 
Goldberger, P. (2009) Why Architecture Matters. New Haven: Yale University Press.
Lange, A. (2012) Writing About Architecture. New York: Princeton Architecture Press.

sábado, 16 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) II

La segunda colaboración de mitos sobre la crítica arquitectónica se desprende parcialmente del primer mito


Vamos por partes, porque este comentario es bastante más complejo que lo que la precaria redacción parece insinuar.

"'Soy crítico de arquitectura' es la postura cómoda de los que no tienen chamba." 

No, no lo es. Y ya hablamos de eso en el punto anterior. Los críticos chambeamos, y mucho, para producir textos coherentes y, de preferencia, con un cierto aporte. No digo más. 

Pero hay acá un tema más relevante. El de la percepción de que en nuestro país no ha existido nunca la crítica. Esta es, evidentemente, una generalización. Tenemos críticos de arte, culinarios y de cine, y algunos bastante buenos (personalmente disfruto mucho con la columna semanal de Luis Lama, aunque no siempre esté de acuerdo con sus opiniones). 

¿Y en arquitectura? Sí, en arquitectura sí ha existido la crítica, y sigue existiendo. Menciono dos nombres, Héctor Velarde y Emilio Harth-terré; y un grupo, la Agrupación Espacio. Y no son los únicos ni mucho menos.

Que la crítica arquitectónica no siempre haya sido ampliamente publicada, o que el autor del comentario no haya sido capaz de encontrarla, es algo muy distinto. Hace algunos días que rebota en las redes un video de Marco Aurelio Denegri en donde explica por qué Arkinka ya no hace crítica arquitectónica; son razones reales detrás de el por qué la poca crítica que hay no es muy visible.

Sugiero, sin embargo, desviar la mirada hacia algunos medios que, muy posiblemente, no se encuentren en el revistero de Wong. Arquitextos, de la URP; Waka, de la UNI; La Chimenea, en su versión digital, son tres ejemplos rápidos que publican con mayor o menor constancia, crítica arquitectónica. Cátedras como la de Wiley Ludeña, tanto en pregrado como en postgrado, también lo hacen. Los productos de estas clases no son ampliamente difundidos, y esto es lamentable, pero están ahí para quien quiera encontrarlos.

Finalmente se produce la crítica no escrita, dentro de grupos de amigos y colegas. La coloquialmente llamada "Apesta", imagino, realiza una buena dosis de crítica cuando sus miembros se reúnen, aún si es que el común de los mortales no tiene acceso a ella.

Es así que el hacer un encuentro de críticos de arquitectura en este contexto no sólo es bueno: es necesario. Si el crítico quiere salir del anonimato, dejar de ser un personaje marginal y empezar a ser escuchado, este tipo de eventos pueden ser un gran primer paso.

Entre el 17 al 25 de setiembre de 1959 se dio en Brasil el "Congresso Internacional Extraordinário de Críticos de Arte", en la aún en construcción Brasilia, así como en São Paulo y Rio de Janeiro. En diciembre del mismo año, se publica lo siguiente:
"Para nosotros, brasileros, los resultados del Congreso no pudieron ser mejores. Nuestros objetivos fueron plenamente alcanzados: Brasilia está ahora bajo el escrutinio de la crítica profesional extranjera. La opinión internacional culta se centra en ella. Sus principales constructures saben que están bajo la vigilancia o la presión de esa opinión y de esa crítica. [...] Lo que Brasilia necesita es de compransión, tanto del extranjero competente como, sobre todo, de los brasileros. Si el Congreso de Críticos logró cooperar, en algún modo, con una mejor compresión, sus promotores deben sentirse satisfechos porque habrán prestado un servicio real al país y a la causa de la cultura occidental." (Pedrosa, 2015: 153)
Salvando las distancias, este es el efecto que un evento de este tipo podría tener. Y estar bajo el ojo de la crítica - si esta es un ejercicio consciente y responsable - es, posiblemente, una de las mejores cosas que a algo podría pasarle.

Tercer mito.

(Y, si te lo perdiste, aquí está el primer mito)

Pedrosa, M. (2015) "Liçoes do Congresso Internacional de Críticos". Arquitectura. Ensaios críticos. São Paulo: Cosac Naify.

viernes, 15 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) I

"Mitos de la crítica" recoge comentarios vistos en diferentes muros de Facebook, la mayoría en publicaciones de Grandes Éxitos de la Arquitectura Peruana. De hecho, me permito iniciar con lo que ellos consideran, con el sarcasmo que los caracteriza, el mejor entre los #ComentariosQueNosHanHechoReflexionar. 

Publicado en "Grandes Éxitos de la Arquitectura Peruana"
(Facebook) el 23 de agosto de 2015.

De esta frase hay casi infinitas variantes. Algunas sugieren que quien critica es alguien que no ha podido "hacer" y que, por lo tanto, descarga su frustración en minar los esfuerzo de los demás quienes, probablemente, sean mejores y más exitosos. 

Otros, con un argumento ligéramente distinto, sugieren que es imposible criticar algo si es que no se ha participado de una experiencia similar al "hacer" ese algo. Es decir, si uno no tiene obra arquitectónica diseñada y construida, no está calificado para criticar.



Empezaré por el primer argumento.

Tiene algo de verdad, puesto que mucha gente se toma el criticar como una suerte de revancha. Los arquitectos somos picones. No nos gusta perder. Y cuando perdemos, el raje no se hace esperar. Entonces sí es cierto que mucha de la crítica que hay circulando por el mundo es producto del resentimiento o la envidia. Es crítica que, lamentablemente, a quienes nos queremos tomar el oficio en serio, no nos hace favor alguno.

Sin embargo, también es verdad que este tipo de crítica es muy fácil de distinguir. Cuando hay mala intención, piconería, deseos de revancha, cualquier lector con un poco de criterio lo nota rápidamente. Este tipo de crítica suele ser visceral, sumamente subjetiva, y caer muchas veces en la confusión de dirigirse al autor y no a la obra o al proceso creativo. Es así que, si nos encontramos con una crítica resentida, será fácil dejar de leerla y pasar a otra cosa... a menos, claro, que estemos interesados en el raje.

El segundo argumento, seré honesta, me da mucha flojera. Sepan, los que piensan así, que para los críticos no hacen sino demostrar una profunda ignorancia y hacer patente el hecho de que en el Perú, en este aspecto, estamos en pañales. No en crítica: en arquitectura. Ningún país con una tradición de arquitectura seria se cuestiona el hecho de que la arquitectura no es sólo diseño y construcción. No tiene sentido si quiera abrir esa discusión*. 

La arquitectura es diseño, por supuesto, proyecto y construcción; también es teoría e historia - y si no, ¿qué son Kenneth Frampton, Denise Scott Brown o Manfredo Tafuri, por decir algunos? -; y la arquitectura, desde luego, es crítica. 

Nuestro problema es que el arquitecto teórico y el arquitecto crítico, en nuestro medio, son escasos. Son bichos raros que suelen dedicarse a la docencia para financiar pasiones exóticas como la lectura, la investigación o los viajes académicos. Sin embargo son la historia, la teoría y la crítica las que permiten salir de la automatización y reflexionar los pocos pasos que se dan en la obra proyectual. Sin ella, dediquémonos a la construcción en serie, sin evolucionar, sin volver sobre nuestros pasos, sin mejorar y sin ir más allá de la rápida respuesta a necesidades inmediatas. 

El ser un crítico que no proyecta, además, tiene ventajas. Al tener una cierta distancia de los problemas cotidianos de este quehacer, podemos ser capaces de ver la obra al interior de un contexto más amplio. Salimos de la respuesta al problema inmediato, de la anécdota, para poner en perspectiva al objeto arquitectónico. Esto no significa desmerecer el tremendo esfuerzo que diseñar y construir implica, por supuesto que no; simplemente lo relativiza frente a preocupaciones mayores que al proyectista, sumergido en su quehacer, pueden habérsele escapado.
"La arquitectura empieza a importar cuando va más allá de proteger de los elementos, cuando empieza a decir algo sobre el mundo - cuando empieza a tomar las cualidades del arte. Podrías decir que la arquitectura es lo que sucede cuando la gente construye con una consciencia de estar haciendo algo que va, al menos un poquito, más allá de lo práctico." (Goldberger, 2009: ix)
Por otro lado, nuestros esfuerzos están concentrados - o al menos eso quisiéramos - en adquirir información. Leemos, nos formamos, conversamos, vemos la mayor cantidad de cosas posible, con el fin de poder entender este amplio contexto mencionado líneas arriba. Quien vive de proyectar, posiblemente, no tenga tiempo para esto. Leer, y entender lo que se lee, toma tiempo y energía; el resultado es la capacidad de ver una serie de aspectos sobre una obra, de manera simultánea e incluso considerando aspectos que el mismo proyectsta puede no haber notado. 
"Tres críticos, parados uno al lado del otro, mirando el mismo muro, pueden tener cosas completamente diferentes que decir sobre dicho mucho sin siquiera entrar en desacuerdo." (Lange, 2012: 9)
Volviendo a la intervención que cuestiona quién es Patricia Ciriani, la respuesta es que ella es una profesional de la historia del arte. Es decir, que ha pasado muchas horas de su vida leyendo e informándose, yendo a exposiciones e incluso organizándolas, viendo y conversando. Es decir, es una persona que, sin haber tenido una "obra importante de Arquitectura o Urbanismo" está, probablemente, más preparada que muchos arquitectos y urbanistas para criticar un edificio y defender una postura. 

Por último - y me parece increíble tener que llegar a este argumento - decir que alguien no puede criticar por no haber construido nunca es casi como decir que si no se es homosexual no se puede opinar sobre el derecho de éstos a contraer matrimonio, o que si uno nunca ha abortado (o no es mujer) no puede decir nada sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre este tema.

De todos los mitos sobre la crítica, he de ser honesta, este es también el que más me indigna. En algún momento de la carrera, algún profesor - de taller probablemente - se lo intenta inculcar a sus alumnos. Esto produce arquitectos lisiados, que toman la crítica con sorna y sin un ápice de respeto. ¿Esto puede acaso conducir a mejoras en la profesión?

Como lo dice el artículo de Attoe, publicado aquí, la crítica es una hipótesis. No es el Juicio Final. No le tengas miedo, pero respétala.

Segundo mito.


* Para los interesados, la discusión fue zanjada en julio de 1979, en el marco del Meeting of Architecture Critics, en Barcelona. El tema de dicha reunión fue "The Role of the Critic in the Architectural Process". El Comité Internacional de Críticos de Arquitectura, establecido en el decimotercer congreso internacional de la International Union of Architect (1978, México D. F.) conluyó que "la crítica y la evaluación deben ser reconocidas como parte constituyente del proceso arquitectónico, desde el planeamiento hasta los detalles finales del diseño" (Glusberg, 1980)


Glusberg, J. (1980) International Meeting of Architecture Critics. Leonardo, Vol. 13, No. 2. p 132.
Golberger, P. (2009) Why Architecture Matters. New Haven: Yale University Press.
Lange, A. (2012) Writing About Architecture. New York: Princeton Architectural Press.

martes, 17 de mayo de 2016

¿Adios, Grandes Éxitos?

Fuente:
Grandes Éxitos de la
Arquitectura Peruana
Un amigo en Facebook me lo hizo notar. ¿Qué pasó con la página "Grandes Éxitos de la Arquitectura Peruana"?

No está. Ni en el buscador. Como tantas cosas en la efímera Internet, ha desaparecido sin dejar rastro, y con ella, un gran número de memes y publicaciones humorísticas. Y es una gran pérdida.

No recuerdo cómo ni cuándo apareció la página, pero sí me acuerdo clarito cuál fue el primer post que vi. Alguno de mis contactos le dio compartir... y yo no podía creerlo. Fotos de tres o cuatro de las grandes figuras de la arquitectura local - es decir, arquitectos conocidos en el medio - con globos de diálogo como comic y una estética pop-art bastante simpática. Lo que no era tan simpático era el contenido de los diálogos. Crítico, irreverente, faltoso.

Quien sea que estaba detrás de la página, decidió no tener pelos en la lengua ni declarar lealtades a nadie. De hecho, la identidad de los autores es uno de los secretos mejor guardados (sería una lástima que se sepa quiénes son; sería una lástima que se tomen represalias contra el humor). Recibían colaboraciones y admito haber enviado algunas cosas y haberme sentido orgullosísima cuando fueron compartidas. 

De eso trata(ba) G. E. De usar el humor, la sátira, la crítica mordaz, contra todos esos dioses con pies de barro de nuestro panteón arquitectónico local. Pocos se salvaron. Todos nos picamos. 

Es divertido cuando se burlan del arquitecto que te cae chinche, de ése que te trató mal cuando fue tu profesor de taller, de ése que parece creerse la última Coca Cola del desierto. Sin embargo arde cuando se burlan de ése a quien le tienes cariño, o del proyecto que te gustó, o de tu alma mater. Y los arquitctos somos muy malos perdedores. 

La mayoría de publicaciones eran memes inofensivos. Burlones, sí, un poco irreverentes y pasados de la raya, también, pero inofensivos. Lograban una sonrisa con un poco de sorna y - he aquí el éxito de los Grandes Éxitos - un poco de debate. En un medio como el arquitectónico local en donde la crítica es escasísima y el debate se limita a conversar con mi grupo de amigos un sábado en la noche alrededor de unas cervezas, el debate público entre desconocidos, libre y desenfadado, es sumamente necesario. ¿Qué importa si estaba conformado básicamente de estudiantes y recién egresados? ¡Mejor aún! Es exactamente ahí donde deben formarse las ideas y los desacuerdos sustentados.

G. E. abrió la puerta a la libre crítica, casi anónima, fugaz e inmediata. Muchos de los comentarios eran malos o insustanciales, pero también los hubo buenos, buenísimos, y en muchos casos más que el meme, lo que me hacía entrar una y otra vez al sitio era ver las opiniones de los demás. Una leyenda urbana reciente cuenta que uno de los grandes teóricos de la arquitectura local mencionó que éste era el único medio de crítica arquitectónica actual. Estoy de acuerdo.

El cierre de la página es una gran pérdida.

Me dicen, en calidad de chisme, que la página ha sido bloqueda por Facebook debido a las múltiples denuncias sobre sus recientes publicaciones. Es decir, que gente se sintió ofendida ante el ataque a los arquiestrellas locales y decidió reportar esos inofensivos memes a la administración. ¿No es eso parecidísimo a lo que le pasó hace poco a Rafo León? 

No sé si G. E. cerrará definitivamente o no. Espero que no. Su cierre, debido a la censura, es un ejemplo más de que la libertad de expresión molesta. Su cierre nos pinta como seres inmaduros, incapaces de reírnos de nosotros mismos o de nuestros ídolos, que bajo la excusa del "respeto" y de la "tradición" escondemos la cabeza en nuestro cómodo caparazón y nos rehusamos a cuestionar lo que sucede alrededor.

Sería, en suma, una gran pérdida.

(¡Ánimo, G. E.! Vuelvan a nacer con otro nombre y otro Velarde con lentes de corazón, y, si no de mano de ustedes, que sigan apareciendo los memes, las burlas, la sátira y la crítica, que la necesitamos con urgencia).

Nota: Al 23 de junio de 2016, Grandes Éxitos ha resucitado y sigue deleitándonos. Hoy reportaron que Facebook acaba de bloquearles otra publicación. Los picones, aparentemente, tampoco han muerto.
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