sábado, 16 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) II

La segunda colaboración de mitos sobre la crítica arquitectónica se desprende parcialmente del primer mito. 


Vamos por partes, porque este comentario es bastante más complejo que lo que la precaria redacción parece insinuar.

"'Soy crítico de arquitectura' es la postura cómoda de los que no tienen chamba." 

No, no lo es. Y ya hablamos de eso en el punto anterior. Los críticos chambeamos, y mucho, para producir textos coherentes y, de preferencia, con un cierto aporte. No digo más. 

Pero hay acá un tema más relevante. El de la percepción de que en nuestro país no ha existido nunca la crítica. Esta es, evidentemente, una generalización. Tenemos críticos de arte, culinarios y de cine, y algunos bastante buenos (personalmente disfruto mucho con la columna semanal de Luis Lama, aunque no siempre esté de acuerdo con sus opiniones). 

¿Y en arquitectura? Sí, en arquitectura sí ha existido la crítica, y sigue existiendo. Menciono dos nombres, Héctor Velarde y Emilio Harth-terré; y un grupo, la Agrupación Espacio. Y no son los únicos ni mucho menos.

Que la crítica arquitectónica no siempre haya sido ampliamente publicada, o que el autor del comentario no haya sido capaz de encontrarla, es algo muy distinto. Hace algunos días que rebota en las redes un video de Marco Aurelio Denegri en donde explica por qué Arkinka ya no hace crítica arquitectónica; son razones reales detrás de el por qué la poca crítica que hay no es muy visible.

Sugiero, sin embargo, desviar la mirada hacia algunos medios que, muy posiblemente, no se encuentren en el revistero de Wong. Arquitextos, de la URP; Waka, de la UNI; La Chimenea, en su versión digital, son tres ejemplos rápidos que publican con mayor o menor constancia, crítica arquitectónica. Cátedras como la de Wiley Ludeña, tanto en pregrado como en postgrado, también lo hacen. Los productos de estas clases no son ampliamente difundidos, y esto es lamentable, pero están ahí para quien quiera encontrarlos.

Finalmente se produce la crítica no escrita, dentro de grupos de amigos y colegas. La coloquialmente llamada "Apesta", imagino, realiza una buena dosis de crítica cuando sus miembros se reúnen, aún si es que el común de los mortales no tiene acceso a ella.

Es así que el hacer un encuentro de críticos de arquitectura en este contexto no sólo es bueno: es necesario. Si el crítico quiere salir del anonimato, dejar de ser un personaje marginal y empezar a ser escuchado, este tipo de eventos pueden ser un gran primer paso.

Entre el 17 al 25 de setiembre de 1959 se dio en Brasil el "Congresso Internacional Extraordinário de Críticos de Arte", en la aún en construcción Brasilia, así como en São Paulo y Rio de Janeiro. En diciembre del mismo año, se publica lo siguiente:
"Para nosotros, brasileros, los resultados del Congreso no pudieron ser mejores. Nuestros objetivos fueron plenamente alcanzados: Brasilia está ahora bajo el escrutinio de la crítica profesional extranjera. La opinión internacional culta se centra en ella. Sus principales constructures saben que están bajo la vigilancia o la presión de esa opinión y de esa crítica. [...] Lo que Brasilia necesita es de compransión, tanto del extranjero competente como, sobre todo, de los brasileros. Si el Congreso de Críticos logró cooperar, en algún modo, con una mejor compresión, sus promotores deben sentirse satisfechos porque habrán prestado un servicio real al país y a la causa de la cultura occidental." (Pedrosa, 2015: 153)
Salvando las distancias, este es el efecto que un evento de este tipo podría tener. Y estar bajo el ojo de la crítica - si esta es un ejercicio consciente y responsable - es, posiblemente, una de las mejores cosas que a algo podría pasarle.

Pedrosa, M. (2015) "Liçoes do Congresso Internacional de Críticos". Arquitectura. Ensaios críticos. São Paulo: Cosac Naify.

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