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domingo, 21 de enero de 2024

La Lima que queremos querer

Publicado en Espacios Escritos, Caretas (enero 18, 2024)


La Lima que queremos querer no nos hace pasar horas de nuestros días en el tráfico. Tenemos un transporte público seguro e integrado y puentes que no se caen ni se desploman. Esa especie de leyenda de la ciudad jardín es realidad, al menos parcialmente. Caminamos tranquilamente, sin temor a la delincuencia o a los conductores que invaden espacios de peatones.

Hay algo real y tangible que une estas fantasías con nuestra realidad: la Lima que tenemos, le tengamos cariño o no, nos regala edificios.

Algunos emblemáticos, como el Palacio de Gobierno, Larcomar o el Estadio Nacional forman nuestra imagen mental de Lima, la que hace de escenario a nuestras vidas. Otros, menos conocidos, son como un telón de fondo.

A través de los edificios, los parques, las casas, reconocemos a nuestra Lima y formamos parte de ella.

Es interesante preguntarnos cuál es la historia que la arquitectura nos cuenta, pero tal vez lo es aún más preguntarnos cuál es nuestro papel en ella. En el 489 aniversario de nuestra fundación española, y considerando la historia milenaria del territorio que ocupamos, vale la pena detenernos a observar y a pensar los modos en los que la arquitectura interactúa con nuestras vidas.

¿Nos es cómoda y nos permite desarrollar nuestras actividades? ¿Nos sorprende? ¿Nos es agresiva? ¿Es una incomodidad? ¿Un espacio que nos calma? ¿Nos es completamente indiferente? Me es difícil imaginar responder que sí a esta última pregunta.

Resulta que, a través de su arquitectura, la Lima que tenemos no nos es externa. Es, parcialmente, obra nuestra, y afecta quiénes somos y cómo nos sentimos. Tal vez es por eso que la queremos querer.

jueves, 18 de enero de 2024

Lima, el 18 de enero

Me preocupa el "aniversario" de Lima.

Gestores, alcaldes, figuras públicas y un largo etcétera usan sus redes para saludar a Lima por sus 489 años. No digo que esté mal festejar a nuestra ciudad, y mucho menos aprovechar la fecha para un poco de autorreflexión y crítica de nuestro entorno. 

Pero, ¿qué es exactamente lo que conmemoramos? La fundación española. 

¿Qué implica? Pensar que Lima tiene solo 489 años. Es decir, olvidar que Lima, como espacio en donde se desarrollaron grupos humanos, tiene milenios. Si no, ¿qué son las huacas y cuándo fueron hechas?

También implica una postura colonialista, según la cual el evento que nos da "existencia" es una legitimación hecha por europeos.

Finalmente, este aniversario pone énfasis en una romantización de un pasado no carente de conflictos, en una tapada limeña, una mítica ciudad jardín, un puente, una alameda. Como si todo lo periférico al centro histórico, lo migrante, lo mestizo, no fuera parte de esa Lima que queremos glorificar. Y esto me preocupa mucho, porque es renunciar a un 80% de lo que hace a Lima lo que es.

Y así y todo, me sumo: ¡Feliz día, Lima! ¡Felices milenios! 



domingo, 28 de abril de 2019

Crítica a la Villa Panamericana de Lima (José Cepero)

Estamos a escasos meses de que la inauguración de uno de los eventos más importantes que se ha llevado a cabo en la ciudad de Lima. Los juegos panamericanos son “el evento multideportivo más importante del continente y el tercer más importante del mundo, solo superado por los Juegos Olímpicos y el Mundial de la FIFA” (Semino Voysest, 2019). Lima tendrá el honor y el deber de poner en alto su prestigio frente a la mirada de millones de espectadores que seguirán este evento.

Muchos han sido los comentarios sobre la pertinencia de su realización considerando la coyuntura de los últimos años. Aún así, el compromiso se adquirió cuatro años atrás cuando el, en ese entonces, alcalde Castañeda flameó la bandera olímpica en la ceremonia de clausura de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Debimos saber que, desde momento, algo no andaba bien.

Villa Panamericana (Publimetro)

Vuelvo al 2019 y entre las noticias de estos días encuentro una galería de fotos de la nuevísima Villa Panamericana de Lima. Al terminar de leer la noticia y ver la galería de fotos solo pienso en una cosa. ¡QUÉ MIERDA!, perdimos LA oportunidad del Siglo como ciudad. Pobre de los que vayan a comprar esos departamentos. Un buen amigo (que no es arquitecto) me preguntó por qué considero que este conjunto es tan malo y quise responderle de la manera más clara. De nada servirá la lección si quienes no son arquitectos, pero sí ciudadanos de esta parte del Perú, no son conscientes de la desgracia que se ha construido. Vamos por puntos. 

1. Hubo una gran discusión sobre dónde construir la Villa Panamericana desde que se recibió el encargo. La decisión final (motivada por la premura del tiempo) fue utilizar parte del terreno del parque biotecnológico de Villa el Salvador. Este era un terreno destinado a un parque zonal con mucha área y volumen verde acompañado de una planta de tratamiento de aguas. En una ciudad que carece de verde a niveles trágicos, cambiarle la zonificación a un terreno de este tipo para construir vivienda es un despropósito enorme. Existen otros terrenos donde pudo haberse construido. Por ejemplo, un sector de la base Las Palmas, teniendo en consideración que el ejercito peruano ha estado directamente involucrado en la ejecución de obras para los juegos (Andina, 2018).

2. La orientación de los edificios. En arquitectura siempre se trata de disponer los edificios de un conjunto de viviendas de tal manera que se aprovechen al máximo las condiciones climáticas y así asegurar iluminación y ventilación natural. 

“El conocimiento del movimiento solar es importante para poder realizar de forma adecuado (sic) el inicio del proceso de diseño en la arquitectura, con la elección de orientaciones, debido a que es el sol el que va a influir notablemente para las condiciones ambientales interiores de la edificación” (Gomez, 2017)
En un vistazo rápido de la orientación uno se da cuenta que, al amanecer, las zonas de los edificios más cercanas al oeste no recibirán nada o casi nada del sol de mañana. En los meses de invierno esos departamentos serán más oscuros que el alma de varios políticos peruanos. Seamos claros, luego de los juegos habrá limeños que vivirán en esos departamentos. Lo mínimo que merecen es despertarse con un ambiente bien iluminado.

3. Sobre la ventilación. En los meses de verano al ocultarse el sol, los edificios cuyas caras den hacia el sur recibirán directamente el sol de atardecer. La sensación dentro de estos ambientes será poco agradable, por no decir un pequeño infierno. Según lo que se puede ver por el tratamiento de las fachadas es difícil suponer que hay posibilidades de que el viento tenga un “hueco” (vano para los arquitectos) por donde entrar y otro por donde salir. Eso, en arquitectura, se llama ventilación cruzada. Asegura que los ambientes no se vuelvan espacios en los cuales el viento no circule. Se trata siempre de que el aire caliente acumulado salga de los espacios.

4. Sobre los interiores. Creo que lo más trágico de esta noticia (ver galería de fotos) es la segunda imagen donde se ve el interior de uno de los dormitorios. Esa forma alargada del espacio es la peor que se puede utilizar para un dormitorio cómodo. Por querer asegurar espacio para dos camas se han pegado a una pared y se ha dejado un pasillo al lado. Un caso extremo es la mesa de noche puesta a los pues de la segunda cama porque no alcanzó espacio para ponerla al lado de la cama como es lógico. Claro, si fuera así no se permitiría el paso al fondo del cuarto. Por otro lado, la ventana de ese “dormitorio” está a cuando menos 2 metros de la segunda cama. La luz natural no ingresará lo suficiente a ese espacio para que el pobre deportista se despierte y pueda llegar a tiempo a su prueba. La imagen se ve iluminada porque claramente se ven prendidas las luces artificiales. Imagínense el gasto energético de tener que encender la luz eléctrica durante el día porque la luz del día no entra lo suficiente. Todo esto por el mal diseño de la arquitectura.

Tema aparte son las cabeceras metálicas de esas camas que nos hacen recordar a la cama de la abuela (la verdad la de mi abuela era hermosa comparada con estas). Ni hablar del enchufe que se ve a la mitad de la cama. El pobre deportista que duerma en ese lugar no podrá dejar su |celular cargando en la mesa de noche, a menos que tenga un cable de dos metros, claro. Y si lo deja en la cama probablemente este aparezca luego en el piso. En resumidas cuentas, varias celdas de cárceles alrededor del mundo son más dignas que este dormitorio.

5. Sobre los pasillos. Se han construido pasillos extremadamente largos. De nuevo falta iluminación natural, tan importante para la vida humana. Estos serán oscuros durante el día a menos que se enciendan las luces. Es decir, gasto innecesario de energía eléctrica por, reitero, mal diseño arquitectónico.

6. Sobre los espacios públicos alrededor de los edificios. 1.       Se sabe que cuando los vientos pasan por calles con edificios altos aumentan su velocidad y eso agudiza la sensación de frío. Se aplica casi de manera perfecta el principio de Bernoulli que sostiene que un fluido aumenta su velocidad cuando el canal por el que se traslada reduce su sección. “Si varias torres están cerca las unas de las otras, se crea un efecto conocido como “canalización”, una aceleración del viento creada cuando el aire tiene que pasar por un espacio estrecho” (Parkinson, 2015)


Durante los meses de invierno esos túneles de viento que se han formado entre los edificios por su cercanía harán que sea bastante incómodo estar en esos jardines o posibles juegos para niños. Espacios que deberían estar diseñados para promover al aire libre de los futuros propietarios se ven afectados por malas decisiones en la etapa de diseño.

7. Sobre la estética de la Villa. Una comunidad sin identidad está destinada al fracaso. Usemos de ejemplo la Residencial San Felipe. Este conjunto tiene una identidad muy fuerte, quién podría negarlo. En gran parte, se lo debe al diseño y distribución de sus edificios, departamentos y espacios públicos. A pesar de ser edificios que se repiten, no se puede decir que son genéricos como en este caso. Por el contrario, en la Villa Panamericana, el diseño pobre de las fachadas con varios muros sin ventanas (ciegos para los arquitectos), patrones repetidos hasta el hartazgo, techitos (aleros) sobre las ventanas que no parecen tener ningún sentido más que la decoración solo hace referencia a cualquier condominio genérico de cualquier inmobiliaria del mercado. Se entienden las lógicas del negocio inmobiliario, pero, por la importancia de una Villa Panamericana, ¿no había que hacer un esfuerzo mayor por tener un proyecto emblemático de vivienda promovida por el estado? Sin comentarios con respecto a esas formas que intentan crear un “mural” que identifique a la villa.

Estoy seguro que los puntos considerados en este artículo son solo algunos temas críticos del diseño pobrísimo de este conjunto. Seamos honestos, cualquier alumno medianamente talentoso de alguna facultad de arquitectura peruana podría proponer un proyecto con muchas más virtudes que este.

Que no se diga que quienes hacemos crítica de arquitectura lo hacemos por joder sin proponer. Basta con echar un vistazo a la historia de la vivienda colectiva en el Perú para encontrar buenos ejemplos. Matute, Mirones, Torres de Limatambo, Torres de San Borja, Ciudad Satélite de Santa Rosa y siguen firmas. Hasta los años 80’s el Perú era uno de los países con más prestigio en el desarrollo de vivienda. Luego ya sabemos lo que pasó y se dejó de invertir en esto. Ahora es tan solo un facilitador de fondos y políticas públicas.

Finalmente, la Villa Panamericana de Lima representa lo que serán estos Juegos Panamericanos: otra oportunidad perdida. De invertir en puntos de la ciudad que lo necesitan, de usar un evento tan importante como impulso para cambiarle la cara a algunas partes de Lima, de desarrollar infraestructura deportiva en zonas en las cuales se pueda usar post juegos, de reordenar el sistema de transporte para no tener que movilizar a los deportistas en buses privados o en taxis. Así van las cosas.


Para referencias de cómo se puede aprovechar un evento de esta magnitud para cambiar las ciudades ver lo que se hizo en Barcelona para los juegos del 92. Ese fue un punto de quiebre para su desarrollo urbano.


Noticia base para la crítica

Referencias:

Andina. (7 de 04 de 2018). andina.pe. Obtenido de https://andina.pe/agencia/noticia-ministro-defensa-destaca-apoyo-del-ejercito-a-juegos-panamericanos-lima-2019-705788.aspx
Gomez, A. (2017). Repositorio URP. Obtenido de http://repositorio.urp.edu.pe/xmlui/bitstream/handle/urp/1118/Alejandro%20Gomez%20%282017%29%20Sol%20y%20Arqitectura.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Parkinson, J. (14 de 07 de 2015). BBC Mundo. Obtenido de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150713_rascacielos_base_viento_intenso_wbm
Semino Voysest, B. (1 de 18 de 2019). elperuano.pe. Obtenido de https://elperuano.pe/noticia-en-panamericanos-lima-jugamos-todos-74861.aspx 

sábado, 1 de diciembre de 2018

Primum non nocere I: las herméticas torres de oficinas

Primum non nocere. Desde el juramento Hipocrático (siglo IV a.C.), se incluye esta noción como la primera de las reglas a cumplir por un médico. La bioética contemporánea la traduce como inocuidad (non-maleficence): es preferible no hacer nada, que hacer algo que pueda dañar o empeorar una situación dada.

Los arquitectos y los médicos compartimos una característica fundamental: ambos desempeñamos profesiones al servicio de la gente. El primum non nocere debería aplicarse a nosotros con el mismo rigor.

Sin embargo, resulta tan extraño en la práctica cotidiana. ¿Cuántos ex-terrenos eran mejores que los edificios que actualmente los ocupan? ¿Cuántos barrios se han arruinado por el producto de los arquitectos?

Los ejemplos son muchos, pero empezaré por uno que me parece especialmente grave, porque el daño que comete no es sólo estético (apreciación subjetiva y cuestionable) sino ecológico. Es decir, nos hace daño a todos.

Los edificios con muro cortina, enormes prismas de colores metálicos, se pusieron de moda, en otras latitudes, durante los años 80. Crisis económicas y terrorismo nos mantuvieron a salvo de ellos hasta fines de los 90, cuando se convirtieron en la nueva y mal entendida "arquitectura moderna" en Lima, símbolo de un boom que emocionó a economistas, ingenieros y, por qué no, arquitectos. Actualmente proliferan, con velocidad alarmante, en distintos puntos de la ciudad.

Ya se ha argumentado que el emplazamiento de estos conglomerados de oficinas genera congestión en zonas de la ciudad que están mal preparadas para un incremento tan dramático del flujo vehicular. También se ha dicho que son edificios que generan espacios desagradables, fuera de escala y poco acogedores en su conexión - o falta de - con la calle.

Los sobre costos de algunos de estos proyectos, la poca integración con el contexto, lo aburrido de sus formas, lo complicado de su limpieza, lo predecible de la fórmula de oficina como diseño arquitectónico, son otros aspectos a mencionar.

Yo priorizo el problema de la ventilación. La nula importancia que se da a la orientación, sumada a que muchos de estos edificios emplean ventanas que no se pueden abrir, hace indispensable el uso constante de aire acondicionado. En Lima. Todo el año.

Es cierto que hay meses en verano en donde un poco de aire fresco no nos caería mal, pero la mayor parte del año, una ventana abierta o cerrada puede solucionar el problema del confort térmico al interior de casi cualquier construcción concebida con sensatez. 

El mal diseño, que sucede con alarmante frecuencia en estas torres, obliga a sus dueños o arrendatarios a un gasto constante de energía en ventilación artificial. Si, además, se trata de edificios que, por razones de imagen, utilizan cristales oscuros, a dicho gasto hay que agregar la necesidad de utilizar luz eléctrica todo el día.

(Fuente: http://www.gym.com.pe)
El uso permanente de ventilación artificial, además, tiene efectos negativos en la salud de sus usuarios (Robertson et al., 1985; Yu et al., 2009), especialmente en lo concerniente a las vías respiratorias. Son edificios que nos enferman.

¿Por qué se siguen construyendo? Una idea equivocada de imagen institucional, un simbolismo impuesto que asocia estos edificios con oficinas productivas y "modernas", en suma, una más de tantas modas dañinas en la historia. 

¿Tenemos que ignorar a las torres de oficina de muro cortina, entonces? No lo creo. Muchos de los problemas planteados encuentran solución en el sentido común. Evitar que las cuatro fachadas sean iguales y considerar, en lugar de esto, la orientación del edificio y los frentes en los que se debe evitar el asoleamiento; el uso de membranas o parasoles incorporados al diseño del edificio; la posibilidad de una ventilación natural por medio de, solución más que obvia, ventanas que puedan abrirse (el edificio administrativo de la Universidad Nacional de Centro del Perú, con climas más adversos y muchos otros temas criticables, lo hace). Estoy segura que hay muchas otras posibilidades que deberían ser ejercicio creativo de arquitectos. 

Claro, si las ventanas se abren, el prisma ya no se verá "limpio", término con lo que muchos arquitectos tienden a obsesionarse y que nada tiene que ver con la higiene. Bueno, toca preguntarnos, ¿qué es preferible?

lunes, 13 de noviembre de 2017

El gran Teatro Nacional (André Velásquez)

Cuarta entrega de "Crítica, crítica y más crítica (Vol. 2)". Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición del blog.

Ignacio esperaba el Bus en el paradero mientras miraba los inmensos ventanales del gran edificio que con su sombra bloqueaba los únicos rayos de sol que salían de ese cielo gris que lo acompaña todos los días en su trayecto al trabajo. Se sentía minúsculo al verse reflejado en ese inmenso cristal, un poco intimidado también. Quería sentarse, sus pobres piernas no soportaban más la espera y la edad no le favorecía, pero no había ninguna banca. Seguro no era el único con esa necesidad, había ciertas caras de fatiga a su alrededor, pero nadie se atrevía a subir esos largos, distantes e indiferentes escalones. Mira más allá te puedes sentar, tal vez en el suelo apoyando tu espalda en ese muro chato que separa al edificio de la cuidad, ya no importa si te ensucias un poco, igual se ve impecable todo, vacío y frio. No hizo nada y se quedó parado esperando. Por fin llegó el bus, pero claro, era hora punta y no entraba nadie más, ¡¿cómo se atreve a seguir llamando gente ese cobrador?! decía. Hoy no era su día de suerte, sentía que la ciudad lo odiaba, no había ni una miserable banca. Cómo era la ciudad, ¿no? Tanto edificio enorme, altísimos, tanto ministerio, biblioteca y estación de la cultura, edificios emblemáticos hechos supuestamente para representar a un país, sin embargo, él ahí, incómodo, sin pertenecer en lo absoluto. No estaba seguro de cual era cual, igual todos eran diferentes como compitiendo entre sí, disputándose el puesto al más “antisocial”. Bueno, al fin y al cabo, sólo estaría ahí mientras esperaba su bus, ¿Por qué tanto problema entonces? Justamente el problema era ese. Nuevamente, otra pregunta ¿Por qué el techo tan grande e inclinado? Tanto espacio y puro cemento hacían una barrera entre la cuidad y el edificio y él que sólo quería sentarse y de nuevo ninguna banca, como le dolían las rodillas. La gente caminaba con mucha prisa, acelerados y aplastados por ese desproporcionado muro de cristal y en la otra calle el gigantesco muro naranja con su recubrimiento deteriorado y la distancia del muro de piedra con sus baldosas monolíticas y fuera de escala parecen tener el mismo fin: hacer que sigas tu camino sin detenerte en lo absoluto, excluirte en vez de acogerte. Ignacio respiró profundo como armándose de valor, pero ¿para sentarse? Que ironía. Subió los eternos contra pasos mirando a los costados y se dejó caer cerrando los ojos hasta que una voz ¡señor! ¡señor! ¡No puede estar acá, Por favor! interrumpió su momento de paz y él que quería tanto sentarse, pero con razón era único ahí en el suelo. Cuando abrió los ojos, el vigilante estaba a su lado con la mano estirada en dirección al paradero. El interior seguro era mucho más acogedor, que desperdicio de espacio alrededor, pensó.

Roberto, se encuentra haciendo una visita guiada al Gran Teatro Nacional. Desde el foyer, se puede ver todo con claridad, una gran vista en esquina y el techo muy alto, toda la gente caminando de prisa en la estación de metro y la Javier Prado siempre llenísima de autos. El muro cortina parece un gran marco que encuadra como una imagen en movimiento la actividad constante de la calle. Sin embargo, hacia el otro frente sólo se ve un muro plano, altísimo y en penumbra. Un poco vacío para ser un edificio cultural ¿no? ¿A dónde voy? La sensación de desorientación se apodera de él y siente miedo, busca una señal para saber a dónde ir pero nada. También se pregunta ¿dónde está el teatro?, ¿por dónde se ingresa? No se imagina que más hay al fondo. Menos mal la guía está ahí para ayudarlo a entender lo inentendible. Ahora en la sala de conciertos, la sensación es totalmente diferente, por fin algo que te hace sentir cerca de la música. ¡Qué extraño! parecen todos espacios distintos como diseñados por dos arquitectos diferentes, por un lado, el teatro en forma de herradura y por el otro el resto del edificio. Rápidamente percibe que se trata prácticamente de dos proyectos diferentes, como si alguien hubiera diseñado el exterior y otro el interior del teatro, el problema es que al parecer los que diseñaron ambos proyectos nunca conversaron ni se pusieron de acuerdo; las diferencias y la percepción del espacio son sustanciales. Acá el espacio es más agradable, es muy silencioso y la madera que recubre toda la sala, cada butaca incluso hasta el escenario le da calidez al espacio, muchísimo más acogedor que el hall de ingreso o el aplastante techo y las infinitas escaleras por las que entró al edificio; la primera impresión no fue tan buena. Pareciese como si cada butaca tuviese la vista perfecta hacia el escenario, excepto si sigues caminando hacia los extremos de la herradura, la vista se va desviando, el pasillo se va haciendo más estrecho y no se siente nada cómodo. Pero todo se oye tan bien desde cualquier punto, la música por fin logra destacar en el espacio, deberían de incluirla también en el resto del edificio.

Ahora, Catalina se prepara para salir a escena. ¡Qué nervios! el tiempo pasa muy rápido, deberían de dar más tiempo de preparación dice. Aunque no parezca, ese momento es incluso mucho más aterrador que la puesta en escena. Los pasillos de cemento con las instalaciones colgando en el techo parecen fragmentos traídos de un laberinto, ojalá se pueda respirar más tranquilo en los camerinos, piensa. La poca cantidad de salas de ensayo, ballet y coro no abastecen a un teatro de tales dimensiones y tantos artistas, Catalina se siente sofocada pues a pesar de estar preparándose y requerir de su espacio para concentrarse siente que se lo han arrebatado. Nuevamente, el problema de diseñar un edificio por partes separadas y por arquitectos distintos, sin consenso alguno. Finalmente, llega a los camerinos, prácticamente igual de estrechos que los pasillos. ¡Los artistas merecemos algo mejor que un cuarto con lockers y un baño!, piensa; está más estresada de lo que debería y no falta nada para que salga a escena. La arquitectura ha fracasado para ella. Qué desorganización, no es agradable cenar en un gimnasio, huele extraño y se nota que no es una cafetería, no se distingue bien que espacios se puede acceder, es confuso incluso parece que es la zona de servicio.

El recital terminaba y con el también el día. Los espectadores se retiraban de prisa, nada los detenía a quedarse, parece que el teatro era como una cajita a cuerda, esas donde una muñeca baila en círculos y cuando se cierra la caja no se escucha nada. Acabada la obra, acabado el espacio. ¿Por qué no podía ser un lugar más inclusivo? Que los demás en el exterior noten que ha habido un espectáculo, tal vez eso les causa interés y más gente se quiere involucrar en eventos culturales, al fin y al cabo, muchos son gratuitos. La multitud quiere quedarse hablando, discutiendo sobre lo observado, pero donde pueden sentarse, este no era un edificio para quedarse, el foyer parecía solo de paso. Si no era el foyer ¿Qué pasó con el hall, o el espacio público del exterior? ¿Dónde está la cafetería? Igual el clima no es tan frío en Lima como para quedarse afuera un rato. 

A lo lejos se escucha decir a uno de los asistentes a la obra, ¡OYE, no te has dado cuenta, es un desperdicio de edificio, una oportunidad tirada al tacho!

(upload.wikimedia.org)

viernes, 10 de noviembre de 2017

Plaza San Miguel: El "primer" centro comercial del Perú y su involución (Natalia Regalado)

Tercera entrega de "Crítica, crítica y más crítica (Vol. 2)". Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición del blog.
Luego de publicada esta reseña, varias personas señalaron que el CC Plaza San Miguel no es el primer centro comercial del Perú. De todos modos, se ha mantenido el título original, al que solo se han añadido comillas.

La mayoría de personas podría imaginarse que el primer centro comercial fue Camino Real, por su ubicación céntrica y por establecerse en uno de los distritos más pudientes de Lima. Sin embargo, a mediados de los años setenta Plaza San Miguel emergió como hito en uno de los distritos de clase media menos poblados de la ciudad. La razón por la que decidí criticar este edificio es porque no solo he sido usuario de este a lo largo de mi vida, sino porque su popularidad creció mientras yo lo hacía y he podido notar cada cambio significante que tuvo.

Durante los años noventa, Plaza San Miguel era frecuentado en su mayoría por los vecinos del distrito. Había ciertas tiendas reconocidas y otras independientes. El edificio se ubicaba en el centro y era rodeado por puestos de estacionamiento. Las vías interiores no eran techadas y éstas conectaban a todas las tiendas, incluyendo a las tiendas ancla y se encontraban en un punto central donde había una zona de juegos mecánicos y plazas escalonadas donde ocurría toda clase de eventos en días festivos importantes. San Miguel, en ese entonces, carecía de espacios de encuentro de tal popularidad. A pesar de tener una gran área de estacionamiento de por medio, el ingreso desde las avenidas y calle era casi sutil pues la entrada era suficientemente ancha y no había cerramientos de por medio. El diseño del centro no hacía sentir al público forzado a comprar. Las plazas, escaleras y bancas que formaban parte de la zona de encuentro ofrecían suficiente espacio para que la gente se reuniera sin ningún fin comercial. A pesar de ubicarse en una extensa área, todo el edificio era de un nivel y uno era libre de poder recorrer y atravesarlo pues tenía múltiples salidas hacia las cuatro fachadas. El área de estacionamiento representaba un gran retiro de modo que los muros ciegos del centro no eran visualmente agresivos.

A finales de los años noventa, con el desarrollo urbano del distrito y la aparición de nuevas cadenas de tiendas extranjeras, se empezó a edificar en las áreas de estacionamiento. La tienda por departamentos existentes y supermercado, Saga Falabella y E. Wong respectivamente, añadieron más niveles. Pero el mayor impacto que causó este cambio fue la llegada de Ripley. La ubicación de este bloque de cuatro niveles se destacaba del resto del centro comercial por su gran tamaño y bloqueaba parcialmente la entrada hacia el centro desde la avenida La Marina. La cercanía de este gran edificio hacia la avenida y su exterior contrastaban fehacientemente con el resto del centro. En los años posteriores, la aparición de nuevas tiendas en el resto de los terrenos que pertenecían al centro comercial y la ampliación de este hacia la calle Mantaro marcaron el inicio de la transformación de lo que era un punto de encuentro desapercibido a un centro saturado de tiendas que eran agregadas de forma aleatoria y desordenada al diseño original. Si bien el crecimiento del centro respondía a la demanda de contar con nuevas tiendas que otros centros comerciales más grandes tenían, la suma de estas no se previó y la adición de dos niveles más, el enrejado exterior y un patio de comidas hizo que otra entrada sea obstaculizada por está saturación. En los últimos dos años, todavía se sigue añadiendo tiendas en lo que quedaba de los puestos de estacionamiento y la altura del centro comercial sigue creciendo.

Dado que la ampliación ha ido ocupando los antiguos lotes de estacionamiento, la percepción de Plaza San Miguel ha cambiado. Las fachadas desde la avenida La Marina, Universitaria y la calle Mantaro han quedado como grandes muros ciegos que permanecen desconectados y abrumadores al entorno. El gran bloque en que se está convirtiendo ya no invita al peatón a ingresar de forma sutil al centro. La adición de nuevas tiendas y las improvisadas entradas a los estacionamientos subterráneos cortan la circulación peatonal que antes era continua y uno casi debe adivinar por donde puede entrar al centro sin tener que pasar por alguna tienda ancla antes. No se trata de que la improvisación en el crecimiento de Plaza San Miguel tenga menos valor que una gran área para puestos de estacionamientos que este tenía hace dos décadas, sino que nunca se dio importancia a la necesidad de tener espacios previos, de transición hacia el ingreso del centro comercial. Cosa que el diseño original si había previsto en el interior y que esa gran área de estacionamientos, diseñada para el auto, servía mejor al ser un gran retiro a que el peatón tenga que enfrentarse de forma tan abrupta a un gran bloque ciego de tiendas por departamento.


El crecimiento económico, la demanda de nuevos centros comerciales en todos los distritos y el prototipo de centro comercial americano causó el rápido incremento de nuevas tiendas y nuevas cadenas de restaurantes y cafeterías como símbolo de desarrollo e inversión en los distritos emergentes en los que cada vez la clase media era la mayoría. Plaza San Miguel se extendió, pero no evolucionó como edificio público y para el público. Le da la espalda al usuario peatón que fue siempre el recurrente, interrumpe y crea nudos de tráfico alrededor que mientras más se satura, más desdén provoca pensar si realmente uno quiere ir a caminar o reunirse o siquiera ir a comprar a este centro comercial. 

laplazaperu.files.wordpress.com 

martes, 3 de octubre de 2017

Tengo miedo

El terreno de Stansa (luego Ricoh), en la esquina de Pardo y Aliaga con Conquistadores, está vacío.

Esquina de las Avs. Pardo y Aliaga, y Conquistadores
(Google Street View)

El proyecto original no era nada excepcional, excepto dos cosas que hacían que, al menos, no fuera dañino. La escala se ajustaba a la del edificio San Carlos (aun en pie), y ofrecía hacia la fachada principal un retiro generoso.

Desde el punto de vista urbano, esta esquina no es ninguna maravilla. Uno de sus lados es el muro ciego del colegio María Reina; los otros dos, bancos. Pero mucha gente pasa por ahí, a pie, en carro o bus. Esto la hace relevante para todas esas personas que, sin quererlo, son usuarias de este espacio.

Esquina de las Avs. Pardo y Aliana, y Conquistadores, estado actual
(Imagen propia)

En la actualidad ese lote vacío, enorme, es una gran oportunidad. Sospecho que lo que sea que se construya en él se parecerá más al edificio vecino que actualmente tiene hacia el frente de Conquistadores. Un edificio de oficinas que aprovecha al máximo la superficie del terreno en pos de una mayor rentabilidad. Un anónima caja de vidrio como tantas otras que pueblan esa parte de la ciudad.

Y tengo miedo.

A una cuadra de distancia, en la misma avenida y en dirección a la huaca Pucllana, está el que considero uno de los ejemplos más nocivos de edificio de oficinas. Una forma geométrica pura, abstracta, en donde la escala humana y la relación con el exterior, brillan por su ausencia.

(Imagen propia)
Es posible que el interior sea una maravilla, más por mérito de los diseñadores que de la fachada negra, que obliga a usar luz eléctrica hasta en los días más soleados. Lo que a mí me preocupa es el exterior. Eso que es usado por muchísima más gente que la que trabaja al interior. Eso que será sufrido por todos nosotros si es que otra caja hermética llega a ocupar el terreno vacío.

Muros ciegos, ningún referente de escala humana (excepto el nombre de las calles, en un murete parecido a los tradicionales, pero, cómo no, en negro), ninguna relación con el exterior. El ingreso, una perforación más apropiada a un calabozo. El bonito efecto que podría dar el color cobre se pierde bajo el peso del resto de la composición. No provoca entrar. Y, lo que es mucho peor, no provoca pasar por el costado.

Volvamos a nuestro terreno vacío y caminemos una cuadra más, pero en la otra dirección, hacia la Av. Camino Real. Otro edificio de oficinas. Otro objeto abstracta, pero ligeramente distinto. No se trata, en absoluto, de uno de mis edificio favoritos, pero sí hay que reconocerle algunos aciertos.

(Imagen propia)
En lugar de un borde hermético, tenemos tiendas. Sólo tres, que logran hacer toda la diferencia. Caminar por ahí no me va a iluminar el día, pero tampoco genera rechazo o miedo, y esto ya es una gran cosa. La distancia entre la vereda y la vitrina de la librería, lograda por un zócalo bajo, no me deja leer los títulos de los libros, pero eso no influye en lo agradable de la imagen. Los cristales, que separan las mesas del restaurante del exterior, no molestan.

El resto del volumen pasa desapercibido desde la escala del peatón, pero, si uno se detiene a mirarlo, hay un par de detalles diferentes que lo hacen menos agresivo. No es un solo tipo de vidrio, sino dos,  lo que ayuda a manejar la escala con respecto al ser humano; el color predominante es un azul claro y alegre. Hay sustracciones, sutiles, sí, pero que logran salvar al edificio de la apariencia de mole maciza. A diferencia del anterior, este sí parece ser un edificio vivible. 

En el terreno vacío se repiten las mismas responsabilidades, y se agregan unas cuantas. Hay una esquina; ¿se va a aprovechar, como un respiro urbano o una entrada jerárquica, o se va a ignorar? Hay tránsito de personas, un kiosko, un paradero; ¿se va a considerar el impacto sobre los usuarios cotidianos de ese pedazo de ciudad? Se está buscando consolidar un eje comercial, peatonal, en la Av. Conquistadores; ¿se aportará a esa iniciativa? Finalmente, ¿qué importa más? ¿La imagen institucional del edificio como objeto/trofeo/foto de revista, o la experiencia urbana del usuario que lo sufre?

Las posibilidades son infinitas.

Esta es una esquina maravillosa, una oportunidad única de hacer algo fantástico.

O, al menos, de hacer algo que no sea nocivo.

Pero tengo miedo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

¿El arte o la arquitectura? ¿Debemos escoger? (R. Pezzia)

Ensayo finalista del Primer Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica

Escribe Romina Pezzia



Caminando por la Av. Jorge Vanderghen en dirección a la Av. Santa Cruz en el distrito de Miraflores, me di con la extraña sorpresa de encontrar un edificio fuera de lo común, muy diferente a los que podemos encontrar por esa zona residencial de densidad media. Sin embargo, debido a su ubicación en plena Av. Santa Cruz de carácter comercial, podía justificar y hasta entender su existencia. Una de las características que más me llamó la atención, y que definitivamente no pasa desapercibida es la composición lograda gracias a los coloridos paneles de policarbonato y marco de aluminio colocados en todos y cada uno los balcones corridos de dichas viviendas que conforman la edificación. Estos paneles, son la pieza clave de la fachada y debido a la elección de los colores primarios se logra en ella la semejanza a una composición abstracta de uno de los artistas representantes de la vanguardia de los años 20 “De Stijl”, Piet Mondrian. A partir de reconocer esa relación surgieron en mí una serie de interrogantes: ¿Por qué el arquitecto decidió evocar el estilo de este movimiento del arte moderno en este edificio? ¿Es válido que la arquitectura se apropie de referentes artísticos? ¿Necesita de ellos para que pueda transmitir alguna sensación? Cabe cuestionar también, si este acto le suma o le resta valor a la obra arquitectónica. Por otro lado, refriéndonos al aspecto funcional, si el propósito de los paneles era proteger a las viviendas de la incidencia de la luz solar al atardecer, ¿por qué se eligió un material traslucido para ello y por qué con esos colores específicamente?

Antes de resolver algunas de estas interrogantes, debo en primer lugar mencionar lo que este descubrimiento provocó en mí y de seguro en muchos más curiosos espectadores y vecinos. Cuando lo vi, no podía descifrar si se trataba de un edificio de viviendas o de oficinas, esa incertidumbre se reflejaba también en mi posición respecto a la estética, de lo que si estoy segura es que llevaba el ceño fruncido en la frente y mi cabeza se movía de derecha a izquierda con movimientos repetidos y muy veloces, me negaba rotundamente a su existencia, simplemente porque no lo quería entender. De mi boca comentarios en tono indignado brotaban sin parar: ¿a quién se le ocurre hacer algo así? ¡Qué falta de imaginación! ¡Qué literal su reinterpretación! ¡Qué incómodo debe ser la luz que reflejan esos paneles!, y así muchos más comentarios… ¡Qué huachafo!, llegué por concluir y así fue como declaré mi disgusto oficial ante este edificio.

Pero no fue hasta hace poco que ese disgusto se transformó y pasó a convertirse en cariño. Eso ocurrió en el momento en que leía la siguiente afirmación de la cual ya había escuchado, pero hasta entonces no la había podido relacionar con la arquitectura:

“El arte no es para los museos sino para el pueblo”, sostenía Josep Luis Sert, arquitecto español y amigo cercano de grandes artistas modernos como Pablo Picasso, Joan Miró y Alexander Calder, sólo por mencionar a algunos cuantos con los que trabajó directamente.

Fue en ese instante donde el edificio de la av. Santa Cruz apareció en mi mente junto con una revelación, comprendí una de las muchas razones de ser de la arquitectura y la importante misión y oportunidad que tenemos hoy en día los arquitectos peruanos. Entendí que más valor tiene este gesto en la arquitectura, esta evocación de una obra maestra de arte, a que la misma obra esté en un museo de la ciudad. Primero, porque para ver la obra necesitas decidir ir a verla y dedicar un tiempo de tu vida para ello, en cambio cuando te topas con un edificio es porque está en tu camino y tienes que verlo si o si, no hay otra opción y no involucra una decisión para el común de los mortales, exceptuando a los arquitectos o aficionados a esta. Cabe resaltar que evidentemente, no podríamos comparar una simple evocación a una obra de arte con la pieza original. Acá no vengo a desacreditar a los artistas ni mucho menos, sin embargo entra en primera instancia, a lo que Sert se refería con la cita antes dicha. Más vale exponer el arte de una forma que llegue a la mayor cantidad de público posible a que se encuentre solitaria en un museo, y creo en mi humilde opinión, que si bien hoy en día el número de visitas a museos en nuestro medio se ha elevado, estamos aún en el proceso de ganar mayor número de espectadores. La interrogante en este caso sería, ¿cómo hacer para llevar el arte fuera de las cuatros paredes de un museo o una galería? Acá es donde podría la arquitectura y los arquitectos jugar un papel importantísimo en ello. Es por este motivo que decidí comparar el edificio en cuestión con otras edificaciones que se vienen ejecutando en la misma zona y de la misma tipología, edificios multifamiliares.

Luego de una rápido escaneo, pude apreciar que todos o en su gran mayoría presentan fachadas revestidas con materiales “modernos y exclusivos”. Considero que una tarea de las muchas que tenemos como arquitectos, más que diseñar para satisfacer una moda pasajera como la utilización de la fachaleta de ladrillo, las adherencias sin sentido de vigas metálicas y el enchape de porcelanato tipo madera (solo por mencionar una de las combinaciones más famosas en la actualidad para un sector limitado de una zona de la ciudad de Lima), es, así como se hizo en este caso, por qué no, hacer reminiscencias de obras maestras de arte. ¿Por qué no conmemorar y/o tomar prestado obras de otros artistas de vanguardia? Con el fin por supuesto de educar a la población. Recordemos que las vanguardias tenían un mismo propósito como lo mencionó Umberto Eco: ampliar al hombre contemporáneo el campo de lo perceptible y de lo gozable.

En esta afirmación podría surgir otra discrepancia: ¿el común de la gente logra reconocer o sabe de estas vanguardias? ¿A cuántas personas realmente este edificio en cuestión les hace recordar a la obra de Mondrian? Y la más importante y que se mencionó al inicio, ¿acaso la arquitectura debe valerse del arte como única herramienta para generar cultura e identidad? ¿Es eso válido?

Puede ser que todavía no estemos preparados para reinterpretar las obras de vanguardia en nuestra arquitectura o que inclusive no sea necesario y que este ejemplo del edificio “Lofts & Shops”- nombre con que la constructora que lo edificó lo llama- no sea la mejor de las pruebas de ello, pero al menos lo intentó y probó que se puede lograr algo distinto. Por otro lado, lo que si podríamos hacer es tomar elementos de nuestra cultura y del arte peruano, ya sea de la historia o mejor aún del contemporáneo. ¿Acaso así no lo hizo Enrique Seoane Ros? Uniendo las artes y evocando las culturas preincaicas. Muchos podrían estar en contra pensando que eso es también adornar la arquitectura, podrían pensar que es inclusive hasta huachafo, pero ¿no es lo mismo que colocar muchas texturas o materiales distintos como se hace hoy en día? Si nos ponemos a evaluar cual acción tiene más sentido, sin duda es la que evoca al pasado y la cultura, la cual ayuda a reflejarla, a ponerla al descubierto y así reforzar la identidad peruana. Indicios de esto también se pueden encontrar hoy de manera intuitiva en la arquitectura contemporánea (autoconstruida) de la periferia de la ciudad de Lima. Evidentemente ese no es el único ni el correcto camino a seguir, no estoy proponiendo que llenemos nuestros edificios con texturas de cerámicas precolombinas ni mucho menos. Lo que propongo es encontrar y establecer la vanguardia en la que vivimos hoy o en el peor de los casos, a falta de una generarla. Este trabajo podría parecer difícil pero podemos hacerlo en conjunto con otros profesionales que nos guíen y ayuden en el proceso. Unamos las artes, ¿es posible diseñar de la mano de artistas también? ¿Por qué no lo hacemos?, ¿es que tenemos miedo a ser reemplazados, o es que nuestro ego nos dice que no es necesario porque nosotros ya somos artistas? La arquitectura debe empezar a hablar y no precisamente de banalidades ni de gustos momentáneos, ni mucho menos de modas absurdas y sin sentido, sino empezar a hablar de historia, de cultura, de arte como lo que es y lo que realmente debería significar. Debemos poder sentir la arquitectura y todo lo que esta tiene por ofrecer. Debemos hacer crecer el arte y la arquitectura, ¡qué mejor si de la mano!, ambos ámbitos importantísimos pues generan ciudad, cultura e identidad, aspectos en los cuales nos falta mucho por crecer como país y sociedad.

Para concluir, me gustaría retomar algunos aspectos formales de la obra en cuestión, como por ejemplo el gesto que hace de no cerrarse en esquina y que con una curva en el diseño, logra que la perspectiva de la calle se abra y permita su prolongación. También, rescato el gesto amable de regalar el retiro municipal como espacio público a la ciudad, sin embargo, las tiendas-boutique que ahí se encuentran no permiten que el común de los denominadores, se sienta libre de ingresar a ellas y menos hacer uso de esa explanada vacía que ni mobiliario tiene. ¿Por qué por ejemplo no se planteó un
café, un lugar de encuentro? Cabe la duda: ¿en realidad son viviendas para artistas? ¿O es que suena “más de estilo” decir que vives en un loft como los artistas de los años 60 en Nueva York? ¿Eso quiso evocar el edificio? ¿Por eso se escogió una obra tan importante para asociarla al tipo de vivienda loft?

Dejaré abiertas todas estas interrogantes, porque sea cual sea que haya sido el motivo para llegar a la decisión de evocar una obra de arte en la arquitectura, esta queda en segundo plano cuando logras despertar la cultura e historia, en este caso del arte, en las mentes de la población o al menos eso fue lo que logró en mí.

Para terminar cito a Eco nuevamente, el primer paso, al hacer una obra de arte, es plantear una intención formativa. ¿Cuál es nuestra intención al empezar a diseñar arquitectura?

Referencias:

-Juncosa, P. (ed.) (2011). Josep Lluís Sert: Conversaciones y escritos. Lugares de
encuentro para las artes. Barcelona. Editorial Gustavo Gili, S.L.

-Eco, U. (1970) La definición del arte. Barcelona. Ediciones Martinez Roca S.A.

jueves, 23 de junio de 2016

Un edificio negro, la necesidad de crítica o "y ahora, ¿quién podrá salvarnos?"

Hace varios ciclos que enseño en este edificio. Es uno de los más cotizados, tal vez porque las sillas son cómodas. O porque los salones tienen aire acondicionado. O porque los pasillos son anchos y los alumnos los usan para sentarse a trabajar o a pasar el rato sin temor a las corrientes de aire.

En el primer piso hay un hall espacioso donde he visto exposiciones exitosas. Se presta para hacer lobby durante un evento o para descansar en los sillones. La doble altura lo hace agradable. En el último piso, la cafetería de los profesores tiene vista al golf. Como espacio es un poco asfixiante, poca altura, columnas enormes, pero la vista parece compensar.

Sin embargo, dejando de lado esos aspectos positivos, creo que el edificio en cuestión tiene problemas graves en tres áreas: forma, orientación y función.

Se pensó como un hito, no sólo dentro del campus, sino a nivel urbano. Esto se logra. La torre de más de 10 pisos de altura, rematada por un reloj, salta a la vista desde la avenida Javier Prado; cuando uno pasea por el campus se vuelve casi una segunda naturaleza mirarla para ver la hora. Sin embargo de cerca parece un gran mausoleo. Como cualquier edificio recubierto con muro cortina negro, es imposible entender cuántos pisos tiene, y la mole maciza parece dominar de manera amenazadora los edificios alrededor, mucho más respetuosos de las dimensiones humanas. Lo sé, esta es una característica común a todas las moles de muro cortina. ¿Pero es esta la tipología más adecuada para una universidad? ¿Qué clase de mensaje amenazador, casi censurador da el edificio? 

El tema de la orientación es casi una preocupación ética. El sol de la tarde, en una doble fachada que genera efecto invernadero, con un espejo de agua que aumenta las temperaturas, hace que el hall de ascensores pueda llegar a temperaturas de más de 30°C. El resto del edificio funciona únicamente porque tiene ventilación artificial. Como buen edificio de este tipo, las ventanas no se abren. La forma le gana, no a la función, sino al sentido común. 

Finalmente el terrible color de los cristales hace que sea indispensable tener las luces prendidas en todo momento, en invierno y verano. Al inmenso gasto que debe implicar el sistema de ventilación del edificio, se le debe sumar la iluminación. Sin embargo, si se quieren proyectar diapositivas, la luz que entra a ciertas horas sí es suficiente como para que éstas no se vean con claridad. Aparentemente los arquitectos pensaron que las cortinas no eran necesarias en su edificio.

Estamos hablando de aulas de clase. Una de las primeras lecciones que damos a los estudiantes cuando hablamos de espacios de aprendizaje es la necesidad de iluminación y ventilación adecuadas, no sólo por razones funcionales sino también psicológicas. 

¿Mi hipótesis? Este edificio se diseño a la manera de los edificios de oficina. Que sea un edificio universitario pareció importar poco. ¿Hasta qué punto la imagen del edificio, su carácter simbólico, debe ir por encima del sentido común y el bienestar de los usuarios de todos los días?

Hay mucho más que decir sobre este edificio, pero hay un tema más importante.

En todos los años de su existencia, no nos hemos detenido a criticarlo. Lo hemos tolerado, ignorado, sufrido o, a veces, nos hemos quejado entre colegas mientras almorzamos en esa terraza, a punto de ser volados por el viento.

Actualmente se está construyendo otro edificio, a pocos metros. Sólo he visto un render y es una imagen que me ha asustado mucho. Los acabados son los mismos. La orientación, similar. Es decir que desde ya podemos prever los mismos problemas de falta de relación con el contexto, mala ventilación, mala iluminación y alto costo de mantenimiento. 

Me pregunto qué hubiera pasado si, durante todos estos años, los usuarios del edificio existente nos hubiéramos dedicado a criticarlo de manera sistemática, responsable y pública. ¿Hubiéramos podido prevenir la repetición de los errores?

¿Es esta la función de la crítica? ¿Es muy utópico pensar así?


viernes, 18 de septiembre de 2015

Aprendiendo a usar la calle

Hace exactamente 5 meses escribí sobre el Ecomarket de San Isidro y el uso - o la falta de uso - del espacio urbano. 

Me había llamado la atención lo poco acostumbrados a usar la calle que parecían los visitantes del espacio. Llegaban, compraban y se iban, sintiéndose turistas en una calle que recorren con frecuencia. Una cosa es recorrerla en carro; otra muy distinta, a pie.

En su momento me preguntaba si el Ecomarket lograría enseñar a sus usuarios a usar el espacio urbano, la calle, no como el espacio de "no toques, hijito, que está sucio" o "cuidado hijita que te van a robar". La calle como espacio de encuentro, de intercambio, de chismorreo, de disfrute.

Estos días han estado grises y húmedos, y el mercado cada vez congrega más gente. Algunos van y no compran más que una bolsita de chifles (carísimo todo, pero eso no viene al caso en este momento), otros se quedan conversando en las bancas, se toman un café y miran cómo los hijos juegan en la vereda. Parece que ya no está tan sucia o ya no importa tanto. Otros aprovechan y hacen la compra semanal de chía, camote orgánico y emoliente en botella. 

Sea como sea, las cosas han cambiado un poco. 

Lo más bonito es ver cómo algunas de las personas que van usan el Ecomarket de pretexto, y siguen caminando más allá de sus límites. Una cuadra más allá hay una librería, vamos. Por ahí hay un supermercado, vamos también. De repente llegamos a un sitio para almorzar. La calle como lugar de oportunidades y encuentros, como debe ser.

La calle es para ser gozada. Es de todos y para todos, y qué mejor lugar para encontrarse y perderse, para intercambiar historias y para conversar perezosamente de nada importante. 

Actualmente la zona sigue cuidadosamente protegida por serenos, que cuidan que las camionetas cedan el paso a las mamás con cochecitos. Tal vez en un futuro no muy lejano estos serenos no sean necesarios y la camioneta siempre ceda el paso. 

Sigamos con el optimismo.

(signovial.pe)

viernes, 7 de agosto de 2015

Las barriadas de Lima (J. Matos Mar)

"En el Perú una de las manifestaciones más saltantes del proceso de urbanización contemporánea es la aparición, rápido desarrollo y masiva expansión de un especial modelo de asentamiento y organización social: la barriada. La importancia de esta unidad de base urbana alcanza tal grado que en la actualidad (1977) no sólo tiende a ser preponderantemente en Lima y en casi todas las ciudades del país sino que, atendiendo a las estimaciones hasta ahora disponibles, es probable que involucre alrededor de la cuarta parte de la población total (16 millones) constituyendo, a semejanza de la comunidad campesina que agrupa aproximadamente a otra cuarta parte de la población, uno de sus característicos patrones de establecimiento.



(...) Los antecedentes de la barriada limeña se gestan en la década de los años 20. El terremoto de 1940 y el inicio del gran flujo migratorio sierra-costa contribuyen a que, en 1946, surja San Cosme su primer modelo y que este se extienda rápidamente. De allí en adelante San Cosme-El Agustino, su núcleo principal, crecerá en torno al Mercado Mayorista para ramificarse a las faldas del cerro San Cristóbal y enraizarse en Laticia, Tarma Chico, Santa Rosa, El Altillo. En los años 50 ocupan ya ambas márgenes del Rímac: Fray Martín de Porres, Pedregal, Zarumilla, Cantagallo, Mirones, Reinoso, Carmen de la Legua. En 1955 irrumpen por vez primera en áreas no urbanas, fuera del casco de la ciudad, en el desierto de San Juan (Ciudad de Dios) y en las faldas que continúan los espolones del cerro San Cristóbal (Mariscal Castilla y Ermitaño). La década del 60 ve la expansión de Comas y la ocupación de las faldas de los cerros Arrastre Bajo, Castillo, Comas y Collique, desde la Universidad de Ingeniería hasta el Km. 24 de la carretera a Canta, área donde hoy viven alrededor de 300,000 personas. En 1968 retoman los arenales de San Juan-Villa -Atocongo, haciendo de ellos la nueva zona explosiva de la década del 70 y probablemente la mayor área de futura expansión de los próximos años, actualmente habitan ahí más de 400,000 habitantes. Mientras tanto, las barriadas iniciales al densificarse se han consolidado. San Cosme en 1957 tenía 80 habitantes por hectárea, en 1977 se estima que sobrepasan 300. Además, ahora las construcciones en más del 90% de ladrillo y concreto, cuentan con servicios básicos y son prácticamente zonas urbanas incorporadas a la ciudad. Proceso similar al seguido por otras barriadas en las áreas explosivas de las décadas del 50 y 60.

La barriada de 1957 no es pues la misma de hoy. Ahora es un barrio "no oficial", es decir una agrupación social organizada más o menos espontáneamente cuyo fin es obtener una vivienda para sus moradores y que se desarrolla al margen de las disposiciones vigentes, a mayor extensión y ritmo que las urbanizaciones ceñidas a los dispositivos legales. Sólo en su etapa inicial son barriadas o "pueblos jóvenes", como ahora se les denomina, periodo cada vez de menor duración. Después es el barrio popular no legal, asimilado a un distrito ya existente. Finalmente, constituyen un distrito integrado exclusivamente por "ex-barriadas", con lo que reciben reconocimiento y beneficios del sistema político-administrativo."

Matos Mar, José (1977) Las barriadas de Lima 1957. Lima: IEP. pp 15-16.

martes, 5 de mayo de 2015

Se hizo historia (otra vez)



En una reciente conversación, Wiley Ludeña lo confirmó. El grupo de estudiantes de arquitectura parado afuera del colegio de arquitectos el pasado miércoles 29 de abril hizo historia. Exigían un pronunciamiento enérgico, que represente no una ideología política, sino el conocimiento técnico que, como gremio, tenemos. Querían, en suma, una institución que se haga sentir dentro de una coyuntura compleja de la que nuestra ciudad está saliendo perjudicada.

Nuevamente, y a la par de los conversatorios abiertos y la difusión de ideas, arquitectura y urbanismo, la nueva generación de futuros arquitectos está dando cátedra en más de un sentido.

Algunas fotos y afiches, tomados de las páginas de Facebook de la Unión de Estudiantes de Arquitectura de Lima y de Jocelyn Cueto.

Más información aquí y un excelente artículo como para reflexionar, aquí.











   


viernes, 24 de abril de 2015

Hoy se hace historia

"Porque la política es siempre un descubrimiento, y porque la primera decisión política - en cualquier actividad de teoría, historia y crítica del arte y la arquitectura - radica en lo que se visibiliza y en lo que se ignora, en lo que se promueve y en lo que se oculta, en lo que se dice y en lo que se calle y a quién se silencia." - Montaner, J. M. & Muxí, Z. Arquitectura y Política
Separados de partidos políticos y alianzas artificiales, desde el jueves pasado un grupo de jóvenes arquitectos y estudiantes ha empezado a hablar de ciudad. No entre ellos - no sería raro - si no con "los otros": vecinos, transeúntes, gente de otras profesiones, con quienes comparten ideas sobre arquitectura y urbanismo, en palabras simples y con muchas ganas de escuchar.

El detonante fue evitar la construcción del bypass de 28 de julio. 

Sin embargo, lo que está sucediendo trasciende lo circunstancial. Hoy, el grupo de jóvenes arquitectos, cada vez más grande, va a ir más lejos. Van a seguir hablando y seguir escuchando, ya no tres o cinco, sino más de 40 (hasta el momento). En distintas partes de la ciudad se va a hablar de arquitectura y de urbanismo; se va a explicar por qué el peatón es mucho más importante que el carro, por qué la ciudad necesita de espacios públicos, por qué nosotros somos quienes tenemos que decidir.

Desde la década de los 40, con la agrupación Espacio, la arquitectura y el urbanismo no habían estado tan presentes en el debate cotidiano de los ciudadanos. Nunca antes esto había pasado por iniciativa de estudiantes. De esos "pulpines" que los gobiernos hacen mal en ignorar.

Son estudiantes que no esperan a los grandes arquitectos (esos a los que les gusta insultar o despreciar), a las asociaciones o al CAP para saber qué es lo correcto y que es lo que se debe hacer.

Esos estudiantes, hoy, van a hacer historia.



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