martes, 17 de mayo de 2016

¿Adios, Grandes Éxitos?

Fuente:
Grandes Éxitos de la
Arquitectura Peruana
Un amigo en Facebook me lo hizo notar. ¿Qué pasó con la página "Grandes Éxitos de la Arquitectura Peruana"?

No está. Ni en el buscador. Como tantas cosas en la efímera Internet, ha desaparecido sin dejar rastro, y con ella, un gran número de memes y publicaciones humorísticas. Y es una gran pérdida.

No recuerdo cómo ni cuándo apareció la página, pero sí me acuerdo clarito cuál fue el primer post que vi. Alguno de mis contactos le dio compartir... y yo no podía creerlo. Fotos de tres o cuatro de las grandes figuras de la arquitectura local - es decir, arquitectos conocidos en el medio - con globos de diálogo como comic y una estética pop-art bastante simpática. Lo que no era tan simpático era el contenido de los diálogos. Crítico, irreverente, faltoso.

Quien sea que estaba detrás de la página, decidió no tener pelos en la lengua ni declarar lealtades a nadie. De hecho, la identidad de los autores es uno de los secretos mejor guardados (sería una lástima que se sepa quiénes son; sería una lástima que se tomen represalias contra el humor). Recibían colaboraciones y admito haber enviado algunas cosas y haberme sentido orgullosísima cuando fueron compartidas. 

De eso trata(ba) G. E. De usar el humor, la sátira, la crítica mordaz, contra todos esos dioses con pies de barro de nuestro panteón arquitectónico local. Pocos se salvaron. Todos nos picamos. 

Es divertido cuando se burlan del arquitecto que te cae chinche, de ése que te trató mal cuando fue tu profesor de taller, de ése que parece creerse la última Coca Cola del desierto. Sin embargo arde cuando se burlan de ése a quien le tienes cariño, o del proyecto que te gustó, o de tu alma mater. Y los arquitctos somos muy malos perdedores. 

La mayoría de publicaciones eran memes inofensivos. Burlones, sí, un poco irreverentes y pasados de la raya, también, pero inofensivos. Lograban una sonrisa con un poco de sorna y - he aquí el éxito de los Grandes Éxitos - un poco de debate. En un medio como el arquitectónico local en donde la crítica es escasísima y el debate se limita a conversar con mi grupo de amigos un sábado en la noche alrededor de unas cervezas, el debate público entre desconocidos, libre y desenfadado, es sumamente necesario. ¿Qué importa si estaba conformado básicamente de estudiantes y recién egresados? ¡Mejor aún! Es exactamente ahí donde deben formarse las ideas y los desacuerdos sustentados.

G. E. abrió la puerta a la libre crítica, casi anónima, fugaz e inmediata. Muchos de los comentarios eran malos o insustanciales, pero también los hubo buenos, buenísimos, y en muchos casos más que el meme, lo que me hacía entrar una y otra vez al sitio era ver las opiniones de los demás. Una leyenda urbana reciente cuenta que uno de los grandes teóricos de la arquitectura local mencionó que éste era el único medio de crítica arquitectónica actual. Estoy de acuerdo.

El cierre de la página es una gran pérdida.

Me dicen, en calidad de chisme, que la página ha sido bloqueda por Facebook debido a las múltiples denuncias sobre sus recientes publicaciones. Es decir, que gente se sintió ofendida ante el ataque a los arquiestrellas locales y decidió reportar esos inofensivos memes a la administración. ¿No es eso parecidísimo a lo que le pasó hace poco a Rafo León? 

No sé si G. E. cerrará definitivamente o no. Espero que no. Su cierre, debido a la censura, es un ejemplo más de que la libertad de expresión molesta. Su cierre nos pinta como seres inmaduros, incapaces de reírnos de nosotros mismos o de nuestros ídolos, que bajo la excusa del "respeto" y de la "tradición" escondemos la cabeza en nuestro cómodo caparazón y nos rehusamos a cuestionar lo que sucede alrededor.

Sería, en suma, una gran pérdida.

(¡Ánimo, G. E.! Vuelvan a nacer con otro nombre y otro Velarde con lentes de corazón, y, si no de mano de ustedes, que sigan apareciendo los memes, las burlas, la sátira y la crítica, que la necesitamos con urgencia).

domingo, 15 de mayo de 2016

Criticar sin caricaturizar

Extractos tomados de "How to Criticize With Kindness: Philosopher Daniel Dennett on the Four Steps to Arguing Intelligently", publicado por Maria Popova en Brain Pickings.

Daniel Dennett (1942), en su libro Intuition Pumps and Other Tools for Thinking, propone una pregunta de base al empezar a criticar algo: "Exactamente, ¿qué tan caritativo se supone que debes ser cuando criticas los puntos de vista de un oponente?"

El autor propone cuatro simples herramientas para comenzar una crítica y no caer en la caricaturización del oponente - y, por lo tanto, perder toda capacidad de una argumentación seria.
Cómo componer un comentario crítico exitoso:
1. Debes intentar reinterpretar la postura de tu opositor de un modo tan claro, intenso y justo que tu objetivo diga: "Gracias, me gustaría haber pensado en explicarlo de ese modo."
2. Debes hacer un listado de todos los puntos de concordancia entre tu postura y la opuesta (especialmente si no hay asuntos en los que se pueda estar de acuerdo de una manera generalizada).
3. Debes mencionar cualquier cosa que hayas aprendido de tu opositor. 
4. Sólo entonces se te permite comenzar a rechazar o criticar.
Estas técnicas son, en realidad, una estrategia. Transforma a tu opositor en una audiencia más receptiva a tu crítica, lo que hace que la discusión se enriquezca.

jueves, 28 de abril de 2016

10 en 10

La construcción de la torre de Babel
(http://www.getty.edu/)
En agosto se cumplieron 10 años de la primera vez que, oficialmente y siendo pagada por hacerlo, me paré frente a un salón de estudiantes de arquitectura a dar una clase. No recuerdo de qué fue, ni qué tal me fue, ni quiénes fueron las pobres víctimas de esa clase en particular, aunque recuerde a muchos de esos primeros alumnos con nostalgia (tengo y he tenido el gusto, incluso, de enseñar con algunos de ellos).

A pesar de que suena a mucho, 10 años no son tanto. Especialmente en comparación a esas vidas dedicadas a la docencia, a esos maestros que orgullosamente anuncian que han cumplido bodas de oro en el aula. Desde esa perspectiva, soy una chibola. Pero también es cierto que es el doble de la duración de una carrera, lo que le toma a un niño llegar a la edad de la primera comunión, 66% del tiempo de mi hipoteca, dos lustros, una generación.

Y es por eso que, luego de pensarlo durante varios meses, voy a listar 10 lecciones que estos 10 años me han dejado. No porque crea que son gran sabiduría o reveladores descubrimientos; mucho menos porque pretenda que alguien las tome como consejos. Son, simplemente, las cosas que pienso luego de este tiempo, limitadas a 10 puntos, como para yo misma poner las cosas claras y, quién sabe, de acá a otros 10 años poder regresar y sonreír con nostalgia (o reírme de mí misma abiertamente).

1. El miedo sirve de poco.

Uno de los primeros consejos que me dio una profesora, poco antes de dar mi primera clase, fue "antes que tenerles miedo [a los alumnos], haz que ellos te tengan miedo a ti". Falso. El miedo, en el aula, sirve de poco o nada. Los grupos con los que me he sentido más satisfecha han mantenido una relación cómoda con los profesores y entre ellos, se han sentido contentos en el salón. Pedagogos llevan años diciéndolo y no me voy a extender más.

2. 40% profe, 60% alumnos.

Uno llega a clases con las mejores intenciones. Con el plan cuidadosamente elaborado. Las actividades planeadas. Y todo sale mal. O no tan bien como a uno le gustaría. Es obvio que el éxito de lo que ocurre en un salón de clases depende de profes y alumnos... pero creo que un poco más de los segundos. Lo que no significa culpar por el fracaso a "un mal grupo" ni vanagloriarse del éxito obtenido con uno de esos grupos que "camina solo". Las cosas son como son, hay que darlo todo, pero algunas veces son mejores que otras.

3. Si no te estás divirtiendo, deja de hacerlo.

Se le llama burnout (consumirse, quemarse). Sucede cuando el cansancio es extremo y de pronto cuesta mucho encontrar la motivación. Nos cuesta ir a clases, nos da flojera, tratamos de hacer el mínimo indispensable para que no nos boten, pero ya no nos emociona. La chispa se ha ido. Hay mucho escrito al respecto: síntomas, razones, maneras de evitarlo. Cuando estamos en esta situación, lo mejor es descansar. Dejar un ciclo, un curso, a un colega. Cambiar los horarios. Algo que nos haga salir de este círculo vicioso y que permita encontrar otra vez esas razones que hacen que esto sea tan divertido.

4. Si lo estás haciendo por la plata, deja de hacerlo.

En serio. Todos hemos tenido profesores así. Van, dan su clase como autómatas, corrigen exámenes, imparten información, entregan notas. Fin. No nos acordamos de cómo se llamaban porque nunca hubo un vínculo real, y alguna vez incluso los escuchamos quejarse de "los alumnos" en abstracto, en medio del pasillo. Sé que la situación está difícil, que muchas oficinas no tienen proyectos y que hay que llegar a fin de mes pero, en serio, un profesor autómata no es un buen recurso. No hace a nadie feliz.

5. El sarcasmo en pocas dosis puede funcionar. En exceso pierde efecto.

No sé cómo explicar esto. Mucho sarcasmo es percibido como despectivo o cruel, o es tomado literalmente. El soltar una que otra cosa de vez en cuando puede mantener la atención, tener a la gente despierta, despertarse uno mismo. No sé cuál es el punto de equilibrio, estoy segura que se me ha pasado la mano más de una vez.

6. No tiene sentido competir con taller.

Esto para los profes de otros cursos. De nada sirve mandar un mega-trabajo para la semana previa a la entrega de taller. Sólo habrá respuestas pobres, malas caras y mucho stress gratuito. El stress en el estudiante no siempre es malo, pero que haya un propósito. Lejos de tratar de competir con taller, es mejor, cuando es posible, buscar incorporarlo a lo que sea que estemos enseñando.

7. Taller no es un ensayo de la vida profesional.

En otras palabras, no trates a tu alumno como te trató el peor cliente que tuviste. No entres en contradicciones con tu partner sólo porque te acordaste de esa vez que trataste de hacerle una casa a una pareja que estaba a punto de divorciarse. No lo explotes como te explotaron cuando eras practicante. El taller es una experiencia pedagógica, un lugar para la exploración, la experimentación y el descubrimiento. El pretender introducir toda la complejidad de variables de la vida real al interior de un espacio de enseñanza no ayuda a la producción creativa y a la adquisición de conocimientos. Y ya que estamos en este tema, taller tampoco es una carrera militar, una terapia de grupo o un taller de bullying.

8. No hay mejor alumno que ese que no te cree y pide que lo convenzas.

¡Uf, sí! Ese que se sienta al final, que no se quiere quitar la gorra (no te pelees por gusto), que a las justas te saluda y que, en el momento en el que mejor te está saliendo el floro, decide levantar la mano y contradecirte. Ese es el mejor. El divertido. El que te tiene todo el tiempo en ascuas y te obliga a revisar todo lo que sabes y todo lo que crees. Por supuesto que es un trabajo, y arduo, pero si todo sucede con respeto, no hay experiencia más rica. Ese es un alumno interesado e interesante, y va a hacer que tu clase sea mucho mejor, porque va a ampliar las fronteras de lo que tú podías dar.

9. No hay peor alumno que ese que cree que es tu cliente (y, por ende, tiene la razón).

Poco que decir al respecto. Ya sé que algunas universidades de hoy quieren mantener a su clientela y los tratan como reyes. Esto tampoco conduce a nada. Contra estos alumnos hay poco que hacer. Paciencia y que se vayan. Felizmente son pocos.

10. Quiero hacer esto por el resto de mi vida.

Sin lugar a dudas. ¡Que vengan los siguientes 10 años!

Talara: Colegio Santa Elena de Piedritas

Arquitectos: Elizbeth Añaños, Carlos Restrepo, 2013





martes, 1 de diciembre de 2015

10 cosas que pasan durante las dos últimas semanas de clases

1. Crítica final obligatoria. Sólo viene un tercio de la clase. Todos quieren ser últimos en la lista porque, la verdad, ninguno ha hecho nada desde la clase anterior y esperan poder salvar la situación durante las tres horas de clase. Perdón, las dos horas y cincuenta minutos antes de criticar.

2. Inbox, sábado a las 10 de la noche. "Hola profe. Te mando mi replanteo de la intro de mi trabajo final para que me lo chequees antes de la entrega." Nombre de archivo finalfinalporlarcsmahorasi.docx

3. "Holiiiii". Saludo de la alumna que llega dos horas y dieciocho minutos tarde a la última clase del ciclo.

4. "¿La asistencia es obligatoria?" Pregunta del  80% de los alumnos de cualquier curso.

5. "Se vende. Reloj para plagiar en los exámenes". Anuncio publicitario visto más de una vez en Facebook.

6. Inicio de la última clase del ciclo. Se acerca una alumna: "Profe, el alumno X dice que no va a venir porque tiene un contratiempo. Que porfis no lo jales en faltas."

7. Publicación en un muy público muro de Facebook. "Aiudaaa!!!1 Algien ke tenga apuntes de historia 3 al dia parfavaaaaar. No se nadaaa!!!!1" [sic.]

8. "No, amiga, no puedo ir, te juro que de verdad que tengo entrega. Sí, ahora sí es importante, porque creo que me voy por 18." Alumna hablando por celular, escuchado en un pasillo.

9. Alumno que viene a criticar su trabajo final de investigación, del que depende si aprueba o no el curso. "Traigo un avance." "Ok." "¿Puedes leerlo?" "Ok." Profesora procede a leerlo. Son 3 párrafos con un total de 12 líneas. Mira al alumno. El alumno mira a la profesora. "¿Y? ¿Está bien?"

10. "O sea, en verdad yo lo que quería era investigar la importancia de la arquitectura en la vida de los individuos partiendo de la fenomenología, que en verdad no sé bien lo que es, pero me pareció chévere el título. Lo que pasa es que no me dio el tiempo y decidí mejor escribir sobre la última remodelación del Jockey Plaza, que tengo los planos porque era practicante de la oficina."

* Bonus: Durante la hora de clase. "Profesora, el alumno Y quiere saber a qué hora y dónde es su próxima clase." "¿Por qué?" "Porque la quiere ir a buscar allá." "¿Y por qué no viene a esta, en la que está matriculado?" "..."

viernes, 25 de septiembre de 2015

Lo que mis alumnos preguntan (y lo que me gustaría responderles), segunda parte

No vine la clase pasada porque me encontré un gatito recién nacido. ¿Me puedes borrar la inasistencia?
¿Un gatito recién nacido? ¿De verdad? ¡Qué liiiiiindo! Tráelo a clase y así podemos jugar con él en vez de desarrollar los contenidos que tengo que meter en tu cabeza antes del día del examen.

Encontré un pdf sin autor donde está todititita la información que necesito para mi trabajo. ¿Lo puedo usar?
¡Pero por supuesto! Y ya que estás en eso, ¿por qué no intentas también la wikipedia o el rincón del vago? Es importante triangular fuentes.

Quisiera construir mi tesis en este terreno: se encuentra en un acantilado de relleno sanitario al interior de una reserva natural y parece que al lado hay una huaca. ¿Dónde consigo los planos?
*Respira profundamente* No. No no no. No. Y no.
...
¿Cómo fue que llegaste a noveno ciclo? 

Moví la escalera medio metro hacia la derecha. ¿Está bien?
¡Detengan la clase! ¡Párense todos! Por favor, una ovación a esta promesa de la arquitectura universal que acaba de mover su escalera medio metro hacia la derecha. Te ha quedado lindi, corazón.

Estoy estresado/a. Llevo muchos cursos. 
¡Oy, pobechito/a! ¿Quién te manda a meterte en una carera cuya carta de presentación es "te vas a amanecer"? ¿Quién te manda, una vez en esa carrera, a llevar tantos cursos al mismo tiempo? Y, finalmente, como diría uno de mis queridos colegas, ¿en qué lugar de mi contrato dice que a mí me tienen que interesar tus problemas? (Gracias, Hugo)

No hice la tarea porque no encontré el libro que me recomendaste.
¡Pero si está en la biblioteca!
¿Qué, también tenía que buscar ahí?
...

¿La próxima clase vas a tomar práctica? Porque creo que voy a faltar.
Ah, qué bueno que me avisas con tiempo. Así puedo programar mi calendario e actividades en función de tu asistencia a mi clase. Es más, ¿no hay algún día de la semana en especial que querrías que tome las prácticas que tengo pensadas tomar? ¿Algún horario que te acomode mejor?

A mí me dijeron que eras buena gente.
Te mintieron.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Aprendiendo a usar la calle

Hace exactamente 5 meses escribí sobre el Ecomarket de San Isidro y el uso - o la falta de uso - del espacio urbano. 

Me había llamado la atención lo poco acostumbrados a usar la calle que parecían los visitantes del espacio. Llegaban, compraban y se iban, sintiéndose turistas en una calle que recorren con frecuencia. Una cosa es recorrerla en carro; otra muy distinta, a pie.

En su momento me preguntaba si el Ecomarket lograría enseñar a sus usuarios a usar el espacio urbano, la calle, no como el espacio de "no toques, hijito, que está sucio" o "cuidado hijita que te van a robar". La calle como espacio de encuentro, de intercambio, de chismorreo, de disfrute.

Estos días han estado grises y húmedos, y el mercado cada vez congrega más gente. Algunos van y no compran más que una bolsita de chifles (carísimo todo, pero eso no viene al caso en este momento), otros se quedan conversando en las bancas, se toman un café y miran cómo los hijos juegan en la vereda. Parece que ya no está tan sucia o ya no importa tanto. Otros aprovechan y hacen la compra semanal de chía, camote orgánico y emoliente en botella. 

Sea como sea, las cosas han cambiado un poco. 

Lo más bonito es ver cómo algunas de las personas que van usan el Ecomarket de pretexto, y siguen caminando más allá de sus límites. Una cuadra más allá hay una librería, vamos. Por ahí hay un supermercado, vamos también. De repente llegamos a un sitio para almorzar. La calle como lugar de oportunidades y encuentros, como debe ser.

La calle es para ser gozada. Es de todos y para todos, y qué mejor lugar para encontrarse y perderse, para intercambiar historias y para conversar perezosamente de nada importante. 

Actualmente la zona sigue cuidadosamente protegida por serenos, que cuidan que las camionetas cedan el paso a las mamás con cochecitos. Tal vez en un futuro no muy lejano estos serenos no sean necesarios y la camioneta siempre ceda el paso. 

Sigamos con el optimismo.

(signovial.pe)

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