domingo, 30 de abril de 2017

Investigar en arquitectura en el Perú u 8 razones para abrazar a un académico estresado

Columbia University -
Woman carrying a large stack of books down stairs.
Stanley Kubrick
Investigar es duro. Un trabajo difícil que se vuelve apostolado. Pero apuesto a que al leer la palabra "investigar" lo primero que se viene a la mente es la imagen de científicos en batas blancas, observando líquidos de colores en tubos de ensayo, en un laboratorio mezcla de película de superhéroes con el del colegio.

Y ahí empieza todo el problema.

Por eso, creo necesario plantear 8 razones por las que investigar en arquitectura en el Perú es heroico.

1. Muy poca gente entiende que en arquitectura también se investiga. Por un lado tenemos al completamente lego, que cree que arquitectura es sólo dibujar bonito y hacer casitas. Ocupando otro escaño de la escala, tenemos a quien cree que el diseñar es la única manera de ser arquitecto. Un poco más allá, aquel que admite que sí, en arquitectura se investiga, pero que cree que dicha investigación es el proyecto y suficiente. Y luego, quien confunde investigación en arquitectura con estudios de mercado, focus groups y bienes raíces. 

Bueno, no. Los campos de investigación en arquitectura son amplísimos, empezando porque se trata de una disciplina con aspectos de ciencias exactas y de ciencias sociales. Entonces podemos tener investigaciones de resistencia de materiales, situaciones intermedias como optimización de áreas, e investigaciones puramente cualitativas, como los estudios de environmental behaviour, sólo por mencionar algunos pocos ejemplos (para más ejemplos, recomiendo este libro). 

2. Asumido ya que en arquitectura se investiga, muy poca gente entiende la utilidad de dicha investigación (y demasiada gente opina que es indispensable que una investigación no sólo sea útil, sino que interese a grandes grupos de personas). Esto se hace más evidente cuando se trata de investigaciones cualitativas. Nadie dudará de la importancia de comprobar la resistencia del concreto armado ante los sismos, pero, ¿es en verdad necesario conocer el nivel de satisfacción de los habitantes de un conjunto multifamiliar? ¿por qué perder tiempo (y dinero) en la historia reciente de la arquitectura? ¿a quién le sirve saber cuál es el paisaje preferido por los habitantes de un distrito en especial?

3. La falta de financiamiento (1). En parte porque somos un país que invierte poquísimo en educación, y en parte por las dos razones anteriores, es un hecho muy singular que algún arquitecto investigador se encuentre con el financiamiento de alguna institución, es decir, con dinero contante y sonante, para hacer lo suyo. Sucede. Por supuesto que sí, pero es excepcional. La gran mayoría de investigaciones en arquitectura se realizan con recursos propios. O sea, con la plata del investigador, que gasta en libros, luz, agua, teléfono, pasajes, viáticos, impresiones y suela de zapatos, entre muchos otros rubros. 

4. La falta de financiamiento (2). Toda investigación debe ser discutida entre pares para que pueda progresar. Pares no son ni tus amigos del barrio, ni tu pareja, ni tu tía abuela, sino otros investigadores (arquitectos o de otras disciplinas) que estén desarrollando temas similares. Esto puede realizarse por plataformas digitales, por supuesto, pero también es necesario publicar e ir a eventos académicos (congresos, simposios, etc). Cuando hay que pagar por publicar, es generalmente el investigador quien pone de la suya. Y si hay que viajar a presentar el trabajo en un congreso internacional - porque en nuestro medio casi no hay eventos de ese tipo - también. Nuevamente, hay algunas contadas excepciones de financiamiento. Pero pocas.

5. La falta de eventos académicos o de posibilidades de intercambio. Al no haber investigación, no hay producción significativa. Al no haber producción significativa, no se da la necesidad de organizar eventos académicos, y si estos suceden, suelen tener poca asistencia. Los cuatro gatos trabajando en un tema, ya nos conocemos por dentro y por fuera. El intercambio no es tal. A esto hay que añadir la competencia por esos escasos financiamientos, lo que produce que en vez de compartir, queramos ocultar, no sea que el colega de la otra universidad se robe mi beca con exactamente el mismo tema que yo. Esto, por supuesto, estanca las investigaciones, y nos vuelve a quienes las hacemos seres ensimismados en nosotros mismos, que oscilamos entre el auto-desprecio y el mega-narcisismo, según como estén alineados los planetas ese día.

6. La falta de recursos académicos. Una vez, en el campus de una universidad de EEUU, tuve el password de una estudiante. Y entré a la página web de la biblioteca. La avalancha de artículos, recursos, bases de datos, journals, repositorios, material gráfico y escrito a mi disposición, a sólo unos clicks de distancia, fue apabullante. Hacer investigación con esas condiciones es un lujo. Un placer. Un goce. Uno busca los términos y encuentra los artículos. Profundiza en la bibliografía y encuentra aún más. Va por el libro extraño de la década del 70 y ahí está, en su estantería, esperando a ser consultado. 

En estas latitudes, algunas universidades han comprado algunos repositorios (ver puntos 3 y 4), pero no todos. Es posible que uno encuentre dos o tres artículos, un cuarto quizás, hasta que uno se tope con ese artículo, que uno necesita desesperadamente, pero que la universidad no tiene y por el que hay que pagar US$ 39.99. Que, como ya vimos, deben salir del bolsillo del investigador. Es así que nos hacemos amiguitos en el extranjero, o recurrimos a páginas pirata para conseguir lo que buscamos. Todo esto toma tiempo, mucho tiempo, que podría utilizarse investigando. O es ilegal.

7. La escasa formación en investigación a lo largo de la carrera. A los arquitectos se nos forma, en primer lugar, como diseñadores. Y luego como gestores, historiadores, promotores, diseñadores de interiores, calculistas estructurales y en algunos casos, un poquito como investigadores. Últimamente esto está cambiando, pero es aún una rareza, y hay universidades que, con enfoques muy pragmáticos enfocados al oficio, prácticamente han desaparecido la investigación formal de la currícula. Es así que quien tiene interés por investigar, se encuentra invirtiendo mucho tiempo en aprender las reglas de juego: dónde encontrar la información, cómo discernir si una fuente es buena o no, cómo navegar las turbulentas aguas del APA, qué métodos de investigación hay y cómo se ponen en práctica e, incluso, cómo redactar. 

8. La sumatoria de varios de los puntos mencionados, pero sobre todo la sensación de que la investigación no es fundamental, hace que quienes enseñamos tengamos muchas veces otras tareas que monopolizan nuestro tiempo. Para llegar a fin de mes, muchos enseñan muchas horas de clase. Es cierto que al enseñar aparecen nuevas ideas y se dan oportunidades de desarrollo de líneas de investigación, pero esto es un plus y no lo que ocupa la mayor cantidad del tiempo del investigador. Otros tienen trabajos que, si bien están dentro de la universidad, son más administrativos que académicos. Es así que el tiempo dedicado a investigar, sólido, sin interrupciones y con recursos a disposición es un bien extraño, preciadísimo. O debe ocupar nuestros sábados y domingos. Otros simplemente se dedican a otra cosa y dejan a la investigación completamente de lado.

Sí, esta es una queja larga, que se sustenta en anécdotas propias y de colegas. El investigador en arquitectura en el Perú tiene que esforzarse muchísimo. El producto, como ya lo dije, es casi un hecho heroico.

Pero es divertido investigar. Vale la pena. Es muy necesario.

Ahora quiero mi abrazo.

lunes, 27 de febrero de 2017

Si tratáramos a la crítica de cine como a la crítica de arquitectura o "a ver haz tú una película"

Desde que se publican los nominados para los premios Oscar, todos nos volvemos críticos de cine. Reclamamos porque varias de las nominadas aún no están en cartelera, lo que nos lleva a señalar que la situación del cine nacional es terrible, porque dependemos de las grandes cadenas que prefieren enriquecer sus taquillas a pasar "buen cine". Es por eso que la cultura está como está, decimos sacudiendo la cabeza, con el ceño fruncido.

Oye, ¿y tú que sabes? ¿Acaso eres Ministro de Cultura? ¿Acaso has estudiado algún curso de administración de bienes culturales? ¿Es que sabes de economía como para criticar el manejo de los cines? 

Luego opinamos sobre las nominadas: mejor película, actores principales y de reparto, los que estamos medianamente informados. Efectos visuales y vestuario, los que queremos que Fantastic Beasts se lleve algo. Sonido y cinematografía, los eruditos.

¿Por qué pierdes tu tiempo? ¡Haz algo útil! ¿Acaso a la Academia le interesa tu opinión?

Y poco a poco, a medida que se acerca la ceremonia, intentamos ver las películas nominadas. Hacemos check in en las redes cuando entramos al cine, sobre todo si se trata de películas "pensantes"; eso se ve muy bien. Al día siguiente publicamos lo que pensamos de cada una, nos enfrascamos en discusiones sobre si "La La Land" merece la aclamación del público, o sobre si "Moonlight" es "la fija" porque trata de dos temas polémicos: racismo y homosexualidad.

Si la crítica la aclama será por algo, ¿no? O pretendes discutir con los grandes críticos de cine del New York Times o del Washington Post... Es evidente que si la película ha ganado esos premios, es porque es buena.

Del mismo modo, y con el mismo entusiasmo, comparamos las actuaciones de figuras principales y secundarias, e intentamos acordarnos de quiénes ganaron en las ediciones pasadas y por qué. ¿Emma Stone está sobrevalorada? No es Meryl Streep, ciertamente, pero tiene lo suyo. ¿Viola Davis merecería ese Oscar? ¿O se trata sólo de una reacción frente al #OscarsSoWhite del año pasado?

De todas maneras eres un actor/actriz frustrado/a. Seguro que en el colegio participaste en "Caperucita roja" y ya crees que sabes actuar. ¿Quién te crees para cuestionar a Emma Stone? Claro, porque como tú has ido al teatro tres veces en tu vida y has visto "Mamma Mia" ya crees que tienes algo que decir sobre Meryl Streep.

Y finalmente, aquellos que se animan a comentar las categorías más "eruditas" o especializadas: película extranjera, documental, edición, efectos visuales.

¿A quién le importan esas categorías? ¿Por qué no te concentras en cosas verdaderamente importantes? ¿Tú crees que alguien se va a acordar de quién se llevó el mejor corto animado en 2013? Tenemos que concentrarnos en cosas urgentes, relevantes. Sobre todo en un país como el nuestro, en el que falta tanto y tenemos que hacer, no criticar. Esto es simplemente una pérdida de tiempo y recursos.

Llega la noche de los Oscar. Balde de canchita gigante en mano, nos sentamos frente al televisor y renegamos porque tenemos que escucharla doblada y nos perdemos tres cuartas partes de los chistes.

¡Ah! ¡Ahora te crees internacional!

Y finalmente el desenlace: comprobamos qué tan equivocados estuvimos en nuestras predicciones. Nos picamos porque no ganó la que queríamos y apagamos el televisor - perdiéndonos, de paso, el escándalo subsiguiente, pero eso es anécdota.

A ver, pues, haz tú una película, a ver si eres tan bueno. Seguro eres un cineasta fracasado. ¿Qué crees? ¿Que porque tu celular graba videítos y porque tienes cuenta en Instagram tienes algo relevante que decir al respecto?

Al día siguiente comentamos. No, ese Oscar en esa categoría estuvo de más. No puedo creer que se lo dieran a ellos.


Cómo se nota que te da envidia el éxito de los demás. Por eso el Perú no avanza.

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* Gracias a Israel, Marco y Chris por las ideas y el título.

sábado, 7 de enero de 2017

Historia de la arquitectura moderna (L. Benevolo)

"Una historia de la arquitectura moderna tiene por objeto presentar los acontecimientos contemporáneos enmarcados por sus inmediatos precedentes; debe, por tanto, remontarse en el pasado tanto cuanto sea necesario para completar el conocimiento del presente y situar los hechos contemporáneos con la suficiente perspectiva histórica.

Las primeras dificultades que surgen se refieren al campo de la investigación: ¿hasta dónde conviene retroceder en la cadena de hechos pasados? y, dado que el concepto de arquitectura no está establecido de una vez por todas, sino que varía también con el tiempo, ¿a qué hechos debe circunscribirse la investigación? [...]

Hasta la segunda mitad del siglo XVIII, resulta fácil entender los sucesos de la arquitectura según un cuadro unitario; las formas, los métodos de proyectar, el comportamiento de los proyectistas, de los clientes y de los realizadores son distintos según tiempo y lugar, pero se desarrollan en el ámbito de una relación que, en el fondo, se mantiene fija y definida, entre arquitectura y sociedad. Cambian los problemas particulares propuestos a los arquitectos, y, también, las respuestas que éstos dan, pero la naturaleza del servicio que el arquitecto rinde a la sociedad y las funciones que la sociedad le ha delegado no son, desde hace tiempo, objeto de discusión. [...]

Pero desde mediados del siglo XVIII, sin que se produzca interrupción laguna en la continuidad de las experiencias formales, al mismo tiempo, incluso, que el lenguaje arquitectónico parece alcanzar una particular consistencia, las relaciones entre arquitectura y sociedad comienzan a transformarse radicalmente. [...] Conviene, pues, ampliar el campo de observación y someter directamente a examen múltiples hechos técnicos, sociales, económicos que, a partir de 1750, se hayan en rápida mutación, aunque al principio no sea del todo evidente su conexión con la arquitectura. En varios campos, dentro y fuera de los límites tradicionales, emergen nuevas exigencias materiales y espirituales, nuevas ideas, nuevos instrumentos de intervención que, en un instante dado, convergen en una nueva síntesis arquitectónica, profundamente distinta de la antigua. Sólo así es posible explicar el nacimiento de la arquitectura moderna que, de otro modo, resultaría completamente incomprensible: si nos limitásemos, de hecho, a una historia de las formas, deberíamos postular una neta solución de continuidad, un corte brusco respecto da la tradición, cosa formulable en una polémica, pero no admisible históricamente"

Benevolo, L. (2002 [1960]) Historia de la arquitectura moderna. Barcelona: Gustavo Gili. pp 9-10.

lunes, 2 de enero de 2017

Cámara de eco, arquitectura y nuestra burbuja

Cuando D. Trump salió elegido presidente de EEUU hace algunos meses, muchos intentaron entender por qué. Un artículo de The Guardian, analizando la situación, propone una teoría interesante: redes sociales como Facebook, al no editar o siquiera comprobar la validez de lo publicado, y al impulsar noticias con el único criterio de la cantidad de "likes" que reciben, distorsionan la información al punto de llegar a balancear los resultados de una elección presidencial.
"La verdad de un pedazo de contenido es menos importante que si éste es compartido, "gustado" (liked) o monetizado." (Solon, 2016).
¿Qué tiene que ver esto con la arquitectura y la ciudad?

Dentro de los pocos medios de comunicación impresos que hablan de arquitectura, nos encontramos una oferta que puede ser costosa, insuficiente o incompleta. Recurrimos entonces a Internet. Nos afiliamos a Architectural Review, seguimos a Plataforma Arquitectura y es así que redes sociales como Facebook y Twitter terminan siendo nuestra principal fuente de información sobre las cosas que competen a nuestro quehacer. 

Nos enteramos del último Pritzker pocos segundos después de su nombramiento... y lo seguimos viendo una y otra vez durante la siguiente semana, a medida que nuestros contactos - amigos o profesionales - van dando like o comparten una noticia u otra. Nos indignamos al unísono por el reciente incendio en la Plaza dos de Mayo, y concordamos en la necesidad de tomar medidas serias para preservar nuestro patrimonio. Alzamos una ceja con ironía o fascinación (no faltan los escandalizados) frente a las fotos compartidas sobre el uso de una fuente pública como piscina en Chorrillos. Protestamos sobre la basura en las playas, mostrada en unas fotos publicadas por Sofía Mulanovich que nos apresuramos en compartir. Hace unos meses, del mismo modo, nos unimos en la indignación del by-pass de 28 de Julio, protestamos más de una vez, y no perdimos tiempo en compartir, tiempo después, las noticias que demuestran cómo éste resultó ser un fracaso (nosotros lo advertimos, ¿no?)

¿Y qué tiene de malo?

El efecto de cámara de eco sucede cuando una noticia es repetida (rebota como el eco), tergiversada, aumentada, hasta que se vuelve verdad indiscutible. En las redes sociales, donde no sólo la cantidad de likes decide qué nos muestra nuestro muro, sino que además podemos esconder las noticias que no nos interesan o nos molestan, esto aumenta mucho más. Es poco probable que se publique algo que no nos interesa, o la opinión de alguien completamente contraria a la nuestra. El algoritmo que regula lo que las redes nos envían lo impedirá. Después de todo, esperamos que Facebook nos entretenga. 

El problema es que las redes también nos informan, puesto que recurrimos a ellas para enterarnos, para dialogar y para protestar. 

Pero, como en la cámara de eco, las noticias son las mismas, las opiniones similares, y terminamos sorprendidos cuando asomamos la cabeza afuera y encontramos que la aprobación del alcalde sigue alta y que la gente quiere más by-passes. "¿Cómo? ¡Pero si es obvio que eso está mal!", nos indignamos.

https://pdemented.files.wordpress.com/2016/10/confirmation.png

Las redes sociales nos informan, pero parece que al mismo tiempo contribuyen en encerrarnos más en nuestra burbuja. Discutimos, sí, pero con gente cuya opinión no difiere tanto de la nuestra. Buscamos diversas opiniones, también, pero dentro de un menú que ya está hecho a la medida de nuestros "likes" previos. En añadidura, los contenidos de Internet están diseñados para ser de fácil consumo, con contenidos que podemos consumir durante un semáforo en rojo o en una breve pausa en la chamba. 
"Las historias online son a la curiosidad intelectual lo que el fast-food es al hambre." (Chamorro-Premuzic, 2014)
Como arquitectos tenemos la misión de acercarnos a la gente, de dialogar y construir lazos con la cotidianidad, si es que pretendemos tener un impacto positivo en nuestras ciudades. Esta sobremediatización, sin embargo, nos obliga a escoger, y al hacerlo, nos estamos aislando, alejando, al ignorar la opinión incómoda o al no buscar más allá de nuestro muro las noticias que puede que no nos gusten, pero que están definitivamente ahí. 

Los arquitectos no podemos permitirnos este lujo.


Artículos citados:

Solon, O. (2016) "Facebook’s failure: did fake news and polarized politics get Trump elected?" En: https://www.theguardian.com/technology/2016/nov/10/facebook-fake-news-election-conspiracy-theories.

Chamorro-Premuzic, T. (2014) "How the web distorts reality and impairs our judgement skills" En: https://www.theguardian.com/media-network/media-network-blog/2014/may/13/internet-confirmation-bias

viernes, 9 de diciembre de 2016

Los tres peores tipos de profesor de taller que te puedes encontrar en las universidades peruanas y cómo combatirlos (M. Monge)

Por Marco Monge Jiménez, segunda Mención Honrosa en el Primer Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica.

Publicado en ArchDaily el 5 de diciembre de 2016.

"[...] Puesto n°3 – La Estrella

Muchos creerían que tener un starchitect como profesor del taller de diseño es equivalente a ganarse la lotería. Nada más alejado de la realidad. Si bien el starchitect es casi siempre la mejor opción dentro del abanico docente, algunos pueden ser unos verdaderos “flautistas de Hamelín”. La lógica comercial dentro de la que se mueven, los obliga, en la mayoría de casos, a construir un discurso personal que diferencie su producción con la de sus competidores y por consecuencia a inventarse una visión personal (y arbitraria) de la arquitectura, con la que venden y se venden. Son, antes que arquitectos y docentes, una marca. [...]

Puesto n°2 – El Groupie

[...] su existencia es solo posible por la deplorable calidad educativa de este país, donde se permiten escuelas como sucursales de hamburgueserías y donde a falta de profesores, buenos son la “hinchada” de exalumnos. Es en aquel escenario donde a recién egresados sin experiencia alguna se les asignan cátedras para las que evidentemente no están preparados. Con el único mérito de ser el alumno preferido del decano de turno, del director de escuela, o miembro vitalicio del partido de estudiantes gracias a haber permanecido en la universidad el tiempo suficiente como para terminar la carrera dos veces. Habiendo, sin lugar a dudas, egresados con mejores cualidades, son a estos a quienes ponen a dirigir talleres. [...]


Imagen del autor
Puesto n°1 – El Último Recurso

 Muchos años después, pasada la euforia de la juventud y habiéndose chocado innumerables veces con la realidad que les hizo darse cuenta que no llegarán a ser como sus ídolos, se construye aquel personaje que lidera la escoria docente. No se abrió al debate, no permitió posibilidades distintas, y muchos años después solo le quedó ser profesor. Enseñar es su último recurso. Es tal su frustración que lo único que hace es el mínimo indispensable para que no lo boten. Enseña poco, por no decir nada, pasa la mitad de la clase en el café y puede tener la misma diapositiva tres o cinco años sin modificación alguna. ¿Pero, por qué sigue allí? Por el dinero, no sabe hacer otra cosa y la paga no está mal."

Leer el artículo completo aquí.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La Megaforma fallida: el campus de la UTEC en Lima (J. Márquez)

Por Joaquín Márquez Ruesta. Primera Mención Honrosa en el Primer Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica.

Publicado en ArchDaily el 29 de noviembre de 2006.

"Enorme, como un estadio de fútbol hecho a medias, el Campus de la UTEC de Grafton Architects, diseñado entre el 2011 y el 2012 y cuya primera etapa se culminó el 2014, es actualmente el principal hito de bienvenida a Barranco, en Lima.

Google Street View
[...] Basta prestar un poco de atención al entorno del proyecto para darse cuenta de que los acantilados no están ahí. Su inclusión en el discurso es arbitraria y soslaya un verdadero elemento del contexto natural del proyecto que es la Quebrada de Armendáriz. La reduce a ser “un dedo verde que viene desde el mar”. [...] si había que pensar en la Quebrada solo como un paisaje verde, al menos valía la pena verlo ¿cierto? Pero el proyecto se castra a sí mismo de esa oportunidad al decidir rígidamente su orientación. Y además la materialidad y el lenguaje formal propuestos por Grafton para este ‘Acantilado’ evocan más fácilmente los afilados farallones rocosos de las Islas Británicas que nuestros acantilados de barro y piedras redondas. La idea del ‘New Man-made Cliff’ es pues, también, insostenible.

¿Cómo juzgar entonces a este proyecto? En la honestidad de sus propios términos. Cuando uno lo ve entiende que en él no hay interés por el paisaje ni por la ciudad. ¿Esto le hace un mal edificio? No necesariamente. El edificio funciona aunque solo sea para sí mismo. Y eso sí es una pena pues este proyecto tenía condiciones para ser trascendente: la mesa estaba servida pero el ensimismamiento ganó. Lo que pudo ser una obra maestra —muchos con ligereza lo han calificado así— apenas llegó a ser correcto. Y era necesario explicarlo y decirlo."

Leer el artículo completo aquí.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Efecto Goldenberry o dos maneras de responder a la crítica (I. Romero Alamo)

"[...] Grandes Éxitos de la Arquitectura Peruana realiza la segunda edición de sus premios Goldenberry —mueca a los Golden Raspberry como parodia del Oscar, y en este caso como burla de la Bienal del Colegio de Arquitectos— como un ejercicio virtual y de pretendida democracia al permitir el "voto popular", y con cierta rigurosidad al tener un jurado especializado (Cristina Dreifuss, Javier Vera y Lucho Gris) que se compre el pleito de escoger "lo peor de la arquitectura peruana".

[...] Todo esto ha generado más que sólo risas y comentarios fugaces. Por ejemplo, dos reacciones en las que vale la pena detenerse.

(Grandes Éxitos de la Arquitectura Peruana)
Una de ellas es la de Jorge Sánchez, miembro de Nómena. Los proyectos de espacio público de Nómena fueron duramente cuestionados por Javier Vera y Lucho Gris. Esto ocasionó el normal descargo de Sánchez a la crítica de Vera y este último efectuó la réplica respectiva. Ambos con justificaciones ciertamente coherentes. Para Sánchez, Vera critica el proyecto sin mayor conocimiento. Vera argumenta que su crítica se centra en el trasfondo de la obra de Nómena. Prometen en el futuro profundizar el tema. [...]

La otra reacción ha sido la de Luis Longhi. Su reacción se ha mostrado en el bando opuesto. Ha reaccionado como si la opinión del otro, cuando es cuestionadora, no tuviese valía. Entre broma y broma Longhi expone su pavor e intolerancia a quien se atreve a ponerle peros a su obra. Para él las críticas son producto de la envidia; y lo peor de todo es que considera que dicha persona no está en capacidad de opinar de la arquitectura (su arquitectura) porque no la 'hace' y no está llena de la "dotación divina" de la que él se enorgullece.

Su postura es potencialmente dañina. Encapsula al arquitecto en un mundo creativo donde el centro son las ideas y la "intuición", y lo demás sólo dependencias prescindibles. No es positivo. De repente sí el primer año de estudios, pero no es pertinente su presencia rígida cuando aterrizar en la 'suciedad' del mundo real está a la vuelta de la esquina. Y a eso apunta.

Expresiones de Longhi como "tu envidia es mi progreso" o "qué sabe el burro de alfajores" no afectan a los aludidos, sino que crean en muchos de los que le siguen de manera casi fanática la idea errada del arquitecto como una persona incuestionable y perfecta. Estos son algunos de los prejuicios y perjuicios más grandes de los que adolece la arquitectura (en el Perú)."

Leer el artículo completo aquí (vale la pena)
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