sábado 19 de diciembre de 2009

Significado (IV)

"El "primer" caballo [de juguete] de madera (para decirlo en términos dieciochescos) no era probablemente una imagen en absoluto: sólo un palo que se consideraba como caballo porque uno podía cabalgar en él. El tertium comparationis, el factor común, era la función más que la forma. O, más exactamente, el aspecto formal que cumplía los requerimientos mínimos para realizar la función; pues cualquier objeto "cabalgable" podía servir de caballo. Si esto es cierto, quizá estemos en condiciones de cruzar una frontera que suele considerarse como cerrada y sellada. Pues, en este sentido, los "sustitutivos" calan profundamente en funciones que son comunes al hombre y al animal. El gato persigue la pelota como si fuera un ratón. El niñito se chupa el dedo como si fuera el pecho materno. En cierto sentido, la pelota "representa" un ratón para el gato, y el pulgar representa el pecho materno para el niño. Pero aquí también la "representación" no depende de semejanzas formales , más allá de los requerimientos mínimos de la función. La pelota no tiene nada den común con el ratón si no el ser perseguible. El pulgar, nada con el pecho, si no el ser succionable. Como "sustitutivos", cumplen ciertas dependas del organismo. Son llaves que, como por azar, encajan en cerraduras biológicas o psicológicas, o son monedas falsas que hacen funcionar la máquina cuando se les echa por la ranura.

La función psicológica de "representación" se reconoce todavía en el lenguaje de los juegos infantiles. La niña rechaza una muñeca perfectamente naturalista en favor de algún monigote monstruosamente "abstracto" al que pueda "achuchar". Incluso quizá prescinda por completo del elemento "forma" y se aficione a un edredón o una colcha como su "consolador" favorito; un sustitutivo al que consagrar su cariño. [...]

Ahora bien, este concepto psicológico de simbolización parece llevar muy lejos el significado más exacto que ha adquirido la palabra "representación" en las artes figurativas. ¿Puede haber algún provecho en juntar de golpe todos esos significados? Es posible; pues parece que vale la pena probar cualquier cosa con tal de sacar de su aislamiento la función de simbolizar.

El "origen del arte" ha dejado de ser un tema popular. Pero el origen del caballo de madera quizá sea un tema lícito de especulación. Supongamos que el poseedor del palo en que cabalgaba orgullosamente por la tierra, en una ocurrencia juguetona o mágica - ¿y quién podría distinguir siempre entre ambas cosas? -, decidió ponerle riendas "de verdad", y finalmente, incluso, se sintió tentado de "darle" unos ojos junto al extremo de arriba. Un poco de hierba serviría de crines. Así, nuestro inventor "tuvo un caballo". Había hecho uno. Ahora bien, en este suceso imaginario hay dos cosas que tienen alguna relación con la idea de las artes figurativas. Una de ellas es que, en contra de lo que se dice a veces, no es preciso que en este proceso intervenga en absoluto la comunicación. Quizá él no quería enseñarle su caballo a nadie. Sólo le servía como foco para sus fantasías, al andar por ahí galopando; aunque lo más probable es que cumpliera esa misma función para una tribu, ante la cual "representaba" a algún demonio caballar de fertilidad y fuerza. Podemos resumir la moraleja de este cuento diciendo que la sustitución puede ser anterior al retratar, y la creación, a la comunicación. [...]"

Gombrich, E.H.: Meditaciones sobre un caballo de juguete (Primera edición, 1963). Debate. Madrid, 1998. pp 4, 5.

martes 15 de diciembre de 2009

Estudiar arquitectura: Manual de Tesis (III)

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5. El asesor, los asesores

En todo este largo camino de hacer la tesis de grado definitivamente uno no está solo, ni debe estarlo. Si bien uno de los fines de este trabajo es demostrar que el estudiante está listo para ejercer como arquitecto, no se espera que ya lo sepa todo y no necesite más guías o ayudas. Es por eso que las facultades ofrecen diferentes maneras de asesorar, ya sea con uno o más profesores que revisan el proyecto, sustentaciones parciales, críticas grupales, etc.

En la mayoría de casos, el asesor es uno (o una), sin embargo creo que cuantos más arquitectos miren el proyecto o escuchen las ideas es mejor, porque uno tendrá una retroalimentación más completa.

Con respecto a este punto hay dos cosas importantes que se debe tener en cuenta:

a) Buscar a los especialistas: si el proyecto que pienso desarrollar tiene un importante porcentaje de paisajismo, es evidente que tengo que revisarlo con un arquitecto especializado en el tema. Pero además si estoy haciendo un hospital, no sería mala idea entrevistar médicos que puedan dar un punto de vista "desde adentro", que un arquitecto no necesariamente percibiría.

b) No todas las opiniones tienen el mismo peso: esto es un poco complicado de discernir, pero es vital hacerlo. Se debe ser cuidadoso al pedir opiniones y, si bien todas deben ser respetadas, no todas pueden aplicarse en la tesis. La selección de qué es importante y qué debería ser ignorado no es fácil, pero es imprescindible.

Aconsejo que, además del asesor principal, se consulte con unos 4 ó 5 arquitectos, de preferencia especialistas en el tema de tesis, y la misma cantidad de profesionales (no arquitectos) involucrados con el proyecto.

Se debe decir algo más con respecto a los asesores: no todos se ajustan a todos los momentos de la tesis. Los hay pragmáticos, que se fijarán en el funcionamiento general del proyecto; soñadores, que elucubrarán sobre aspectos casi filosóficos del tema elegido y posibles enfoques; minuciosos, que querrán ver detalles constructivos y de acabados, y un largo etcétera.

Nuevamente se necesita un poco de criterio para saber qué asesor se ajusta mejor a la etapa en la que va el proyecto.

Continuará...

viernes 11 de diciembre de 2009

Estudiar arquitectura: Manual de Tesis (II)

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3. Si pero... ¿cómo es una tesis de arquitectura?

Vamos por partes. En general, una tesis un trabajo en el que es estudiante trata un problema o argumento relacionado con la carrera que está por concluir. Pero una tesis es también una idea, una conclusión, una opinión sostenida por un discurso racional.

En la mayoría de carreras (sobre todo las de humanidades) la tesis es un trabajo de investigación exhaustivo que parte de una premisa que se debe validar; dicho de otro modo, el estudiante tiene una idea (hipótesis) y quiere probar que ésta es cierta (tesis). Para esto, se debe revisar la bibliografía sobre el tema, eventualmente realizar investigaciones de campo (encuestas, fotografías), elaborar un discurso coherente y presentarlo.

La tesis de grado en arquitectura tiene un componente adicional... un "detallito". Es, además, un proyecto. La entrega del producto final de dicha tesis va a ser no sólo un documento estructurado, sino además todos los soportes (planos, maquetas, vistas) que permitirán al jurado entender el proyecto, y de paso demostrarán que el estudiante está listo para ejercer como arquitecto.

4. Etapas de la tesis de arquitectura

Como ya se dijo, lo importante acá es el tema. Éste será punto de partida, hilo conductor, motivación principal, y nos va a seguir durante todo el proceso de la tesis. Esto no quiere decir que el tema no pueda cambiar durante este lapso, de hecho habrán ajustes, aclaraciones y variaciones en el punto de vista, pero lo importante es que una vez que el tema esté delimitado, no lo debemos perder de vista.

Una vez que el tema está definido y acotado, hay dos tareas a realizar: convertir dicho tema en una idea arquitectónica que luego será un proyecto e investigar sobre las teorías que puedan ayudar a la proyectación. Personalmente creo que ambas tareas deben realizarse casi casi en paralelo.

Es decir que mientras uno piensa en las aplicaciones prácticas (arquitectónicas) del tema en el que uno está interesado, uno tiene que ir leyendo todo lo que pueda, no sólo en arquitectura, sino también - y esto es muy importante - en temas afines como sociología, arte, economía, etc. Estas tareas se alimentan una de otra: a medida que vamos diseñando, nos damos cuenta que necesitamos de cierta información; del mismo modo, mientras más leamos sobre el tema, más herramientas tendremos para enfrentar el diseño.

Continuará...

miércoles 9 de diciembre de 2009

Estudiar arquitectura: Manual de Tesis (I)

La (divag)autora no se hace responsable de la aplicación correcta de este manual. En otras palabras: si no te va bien en la tesis, no me reclames.

1. Hacer tesis o no hacer tesis:

Lo primero que me nace decir es "hazla de una vez, que se sobrevive", pero creo que la respuesta es más compleja. Personalmente creo que el hacer la tesis de fin de carrera tiene dos ventajas.

En primer lugar, da la posibilidad de hacer ese proyectito que uno siempre quiso hacer, con una cierta flexibilidad, pocas limitaciones presupuestarias y sin clientes irrazonables. Claro que hay un asesor y éste puede ponerse pesadísimo, y también hay un jurado que puede ser aún peor; pero no hay una ama de casa con vocación de dibujante ni un cliente ingeniero que cree que uno es sólo decorador.

En segundo lugar, creo que es importante cerrar la etapa universitaria con un evento grande. Algo que abarque todas las esferas, que sea un rito, que sea un acto de glorioso masoquismo - sangre, sudor y lágrimas, dicen por ahí. ¿Por qué? Porque hay pocas sensaciones tan maravillosas como finalmente dormir, no importa la hora que sea, luego de haber entregado esos planos y esa maqueta. Uno siente que duerme por los cinco o seis años de carrera en los que no se durmió bien.

¿Hacer o no hacer tesis? Hazla de una vez, que se sobrevive.

2. El tema de la tesis

La selección de tema de tesis es parte de un proceso y existen dos puntos de partida: el "todista" y el "nadista". El primero parte de premisas como "con mi tesis quiero solucionar el problema de vivienda masiva en el Perú"; el segundo, de "un centro cultural así no más, para acabar rápido". Ni uno ni otro son temas de tesis; para esto es que se inventaron los cursos de investigación, pre-tesis, lineamientos o afines, con el fin de encauzar las buenas o malas ideas y convertirlas en tema.

Este tema no puede ser ni muy complicado ni muy simple. Es altamente improbable (por no decir imposible) que un tema de tesis solucione el problema de la vivienda masiva; como es altamente improbable que un jurado apruebe un tema de poca complejidad.

Primera acotación: tenemos que distnguir entre tema de tesis y programa arquitectónico. Un Hospital es un programa arquitectónico - una tipología si se quiere -, los espacios intermedios en la vivienda social es un tema de tesis. Un centro cultural es un programa, arquitectura que crece en el tiempo es un tema.

El tema nos debe hacer pensar en la Arquitectura con A mayúscula. El programa es simplemente un pretexto, un ejemplo de qué sucedería si este tema es puesto en práctica. Ejemplo: el tema es el empleo de recorridos secuenciales utilizando espacios cerrados y abiertos, la aplicación será el proyecto de una escuela primaria.

Segunda acotación: Ni muy ambicioso, ni muy pobre. Hay un límite de tiempo, esa tesis debe terminar, el tema debe cerrarse, así es que el acotar sus límites (los famosos "alcances y limitaciones") es importantísimo. Una tesis demasiado pobre no permitirá un nivel de complejidad adecuado ni el empleo de suficientes recursos y esto va a tener como consecuencia una nota baja o desaprobada.

Corolario: Elegir eso que hubieramos hecho si no hubiéramos sido arquitectos. Uno debe empezar locamente enamorado del tema de tesis, del proyecto, de todas las ideas iniciales, porque llegará un punto que las odiará, seguramente. Así es que esa pasión inicial es casi indispensable, es el combustible que nos alimentará durante todo el proceso de hacer tesis. Por eso, personalmente, sugiero que la tesis tenga que ver con esa otra cosa que nos apasiona (además de la arquitectura).

Continuará...

domingo 6 de diciembre de 2009

Criticar o no criticar... datis decuestion

¡A divagar se ha dicho!

Fácil, sencillo, papayita nomás. Claro, porque la palabra divagar lleva una fuerte carga de autodesprecio que la hace a prueba de balas. Uno está hablando algo que, cree, merece ser dicho, pero como no sabe cómo se lo tomarán quienes escuchan, dice para excusarse: "no me hagas caso, estoy divagando".

Lo dicho, dicho está, uno se lo sacó del sistema. Ya es cosa de la persona que escucha si lo toma o lo deja... y si le parece estúpido, que sea estúpido, ¿total? es una divagación. Pero si el discurso tiene acogida, entonces uno queda muy bien... "mira, así divagando y todo, suelto una que otra genialidad."

Pero no me hagan caso, estoy divagando.

Ahora quisiera criticar.

Sólo que da miedo.

¿Por qué? Miles de razones.

Porque no hay manera de excusarse cobardemente de lo que uno ha dicho si pretende criticar (eso de "no me hagas caso, estoy criticando" no tiene ningún sentido). Porque criticones hay muchísimos, pero crítica seria muy, muy poca. Porque entre la crítica y el raje hay una línea tenue que suele confundirse con la textura del piso. Porque al criticar la obra de otro, se ponen en juego afectos y pasiones. no, a él no lo critico porque me cae bien; a él sí, porque en taller 1 me hizo la vida imposible; a él no, porque luego quiero que me de chamba; a él sí, porque es un desgraciado.

O puede que se trate de una muy buena crítica, estructurada, pensada, racional, que tiene detrás una tremenda investigación seria... pero igual, uno criticó y se colocó bajo el foco... y la gente dirá, si es una buena crítica, que lo dijo así porque le gustaba el que proyectó ese edificio y le quiso sacar plan, porque era su profesor y quiso quedar bien; y si la crítica es negativa, es así porque el crítico odiaba al proyectista desde que de chiquito le rompió un G.I. Joe, porque quiere vengarse con reciprocidad.

Por eso el crítico debe criticar sabiéndose susceptible de ser criticado él también...

Pero olvidémonos del qué dirán y pensemos en la crítica en sí. No en las connotaciones negativas tan ligadas al oficio del crítico, sino entendiendo este quehacer como la necesidad de manifestar una opinión, buena o mala, y que va más allá del "está bonito" o "no me gusta".

De improviso me encuentro con una obra, pequeñita, tan genial, tan bien hecha, que me pone piel de gallina, que me hincha por dentro y me desinfla por fuera. Tan buena que siento ganas de contárselo a todo el mundo. O todo lo contrario - a quién no le ha pasado -, que me encuentro con una barrabasada que me hincha el hígado y hace que me latan las sienes. Tan mala que de las puntas de mis dedos sale veneno, y vuelven las ganas de contárselo a todo el mundo.

Esta divagación (¿o tal vez es crítica?) surge porque de casualidad me he topado con un ejemplo de este tipo: unos escritos sobre arquitectura peruana que me han hecho hervir la sangre y sudar tinta de lo... errados que me parecen. Pero como provienen de una fuente que no es muy relevante, no pretendo opinar.

Pero si la fuente fuera relevante... ¿criticar o no criticar?