miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿Cómo ser un crítico de arquitectura? I (A. Lange)

"Los edificios están en todas partes, grandes y pequeños, feos y hermosos, ambiciosos y tontos. Caminamos entre ellos y vivimos dentro de ellos, pero somos generalmente habitantes pasivos en ciudades de torres, casas, espacios abiertos y tiendas, de cuya creación no hemos participado. Pero somos su mejor audiencia. Propietarios, clientes y residentes vienen y van, pero la arquitectura continúa viviendo, jugando un papel en la vida de la ciudad y sus ciudadanos aún después que los actores originales se han ido. Los críticos de arquitectura pueden elogiar y criticar diseños nuevos, pero su grupo de lectores se ha vuelto últimamente demasiado limitado. Hablamos (en persona, o en blogs) sobre casas e inversiones, construcciones como oportunidades, condominios que no se venden como ejemplos de desastre económico, pero toda esta charla inmobiliaria deja de lado la realidad física de los proyectos construidos y no construidos. En lugar de sólo hablar de dinero, deberíamos también estar hablando de altura y volumen, estilo y sostenibilidad, apertura de la arquitectura y proceso. El diseño no es la cereza del pastel, sino lo que hace que queramos vivir, comer y comprar en edificios, en lugar de evitarlos. En lugar de hablar menos, lo que necesitamos es más críticos - críticos ciudadanos - equipados con el deseo y el vocabulario para rehacer la ciudad.

[...] El ensayo crítico es, por lo general, breve (en un periódico, aproximadamente 1200 palabras), así es que uno debe limitar las preguntas planteadas y respondidas. Citas de otras personas discutiendo el mismo tipo o, incluso, el mismo edificio, ilustran la vasta gama de posibles temas disponibles al crítico. El tema es la línea narrativa en cualquier pieza de crítica, una idea sobre la arquitectura o el arquitecto presentada al inicio del ensayo, reforzada por evidencia en el cuerpo del texto, y a la que se regresa al final. Da forma a la crítica y permite al crítico imponer su personalidad al proyecto en cuestión. 

Tres críticos, parados uno al lado del otro, mirando el mismo muro, pueden tener cosas completamente distintas que decir sobre ese muro sin siquiera estar en desacuerdo. Uno podría considerar el material del muro, comprándolo con otras estructuras que usan mármol, cristal o metal en maneras similares. El otro podría ignorar su aspecto físico y discutir, en vez, cómo éste separa el edificio de la calle, la circulación de las oficinas, lo público de lo privado. Y el tercero podría imaginar el muro como el telón de fondo del drama interpresonal. Cuando enseño me es frecuentemente difícil reprimir mis propias opiniones sobre un edificio o plan, pero siempre trato de dejarlo claro: no hay una respuesta correcta sobre si un edifico es bueno o malo, hermoso o feo, accesible o impositivo. El crítico necesita definir términos, escoger un tema, luego evaluar la arquitectura dentro de esos lineamientos. Conocer algo acerca de la historia más amplia del tipo será esencial para escoger parámetros apropiados."

Parte II

Lange, Alexandra (2012) Writing about Architecture. New York: Princeton Architectural Press. pp. 8-10.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Hablar es una forma de actuar (y escribir también)

No sé si es porque uno está especialmente sintonizado a un tema, o simple casualidad, pero hoy mi facebook parece estar lleno de gente que critica a quienes "no hacen nada, sólo escriben". 

Por alguna razón, queremos ver cosas hechas. Verlas, tocarlas, chocarnos con ellas. No leerlas. Cualquiera puede tener un blog. Cualquiera puede comentar una foto. Cualquier puede criticar. Pero a ver, pues, construye algo. Diseña un casita. Publícate un librito, aunque sea. Así sí demostrarás que sabes hacer. Así sí harás algo más que estar sentado detrás de tu pantalla, sangrando por las teclas la pica que te da no haber construido nada en tu vida y no ser conocido ni salir en las revistas como esos a los que criticas tanto.

Esto viene de una suerte de "afán práctico", común a todas las profesiones pero, aparentemente, más fuerte en la arquitectura. Queremos encontrarle la utilidad a las cosas. En un país con vivienda precaria, pobreza, problemas de tránsito y edificios emblemáticos que se incendian, en lugar de "perder el tiempo" haciendo crítica, ¿no sería mejor que arrimemos el hombro para algo útil?

No. No sería mejor.

Es una alternativa, por supuesto. Es más, la mayoría de arquitectos se dedican a esa parte tangible de nuestra profesión. Pero también hay este otro lado, el intangible, en el que, desde que el mundo es mundo, un grupo de arquitectos se desenvuelve. Queremos explicar cosas - para otros o para nosotros mismos -, señalar errores, proponer mundos posibles, predecir futuros y llorar pasados, exorcizar demonios; en una palabra: reflexionar. 

(http://www.amoeba.com/)
La reflexión ha sido compañera indispensable del hacer físico. Va más allá de las limitaciones de la forma y de la gravedad, permite estar en muchos lugares al mismo tiempo y abarcar muchos temas tratando de hacer pensar. Apunta a un hacer físico más responsable y coherente. Se aparta de lo caliente de las situaciones para dar un paso atrás y evaluarlas. Busca que las personas piensen un poco más allá de la forma y se pregunten las razones y las implicancias. Y, por qué no, busca tirar de su pedestal a figurines y tótems injustamente endiosados.

En ese sentido, la necesidad de tener "loquillos cibernautas que se quejan detrás de un monitor" es grande. Estos personajes son (somos) un eslabón más de la cadena que empieza en libros sesudos y cuidadosamente editados, pasa por journals, revistas de difusión y tesis, y en algún momento se desvía a tertulias de bar alrededor de una cerveza o un chifa. El objetivo es el mismo. Pensar. Hacer pensar. 

Y, de ser posible, mejorar la arquitectura.

--

(El título de este post es tomado prestado de un comentario de Javier Vera Cubas a este post de La Chimenea, que recomiendo)

Bonus track: un texto inutil, que "no hace nada", riquísimo. Lebbeus Woods, "Arquitectura es guerra".

jueves, 25 de septiembre de 2014

Lo que mis alumnos preguntan (y lo que me gustaría responderles)

A pocos días de los exámenes parciales, una suerte de oleada de pánico ataca a los alumnos. ¿Ya pasaron 7 semanas? ¿Tan rápido? ¿Que ya tomó 3 prácticas? ¿Y yo por qué sólo he dado una? Aquí una pequeña muestra de algunas de las preguntas que he escuchado últimamente... y de lo que a veces me gustaría responder.

¿En el examen entra todo lo que hemos visto en el ciclo?
No, qué va. Sólo entra lo que les he enseñado en las fechas pares. Los días impares sólo doy clase para pasar el rato y el contenido dictado esos días se puede ignorar absolutamente.

No fui a una práctica y tengo cero. ¿Puedo hacer un trabajo adicional o algo para recuperarla?
¡Claro! Total, tomo prácticas los días que me provoca descansar y me encanta luego tener que corregirlas. Me gusta tanto que voy a mandarte especialmente un trabajo para tener más que corregir y, de paso, premiar tu inasistencia.

¿Más o menos cómo va a ser el examen?
Bueno, más o menos te voy a hacer algunas preguntas y más o menos me gustaría que las contestes. Más o menos eso te va a dar una nota que más o menos es importantísima para que pases el curso.

¿La clase del tema XX es importante?
No, qué va. Está en el sílabo sólo para rellenar. Me he pasado tres horas preparando material porque no tengo nada mejor que hacer, y se las dicté sólo para entretenernos un rato (ver pregunta 1).

Las separatas que nos ha dado, ¿entran en el examen? ¿tengo que leerlas?
En absoluto. Están hechas para que empapeles tu dormitorio con ellas, o para que uses el reverso para hacer dibujitos. En realidad, no creo en el calentamiento global, ni en los bosques depredados del Amazonas, ni en la necesidad de criticar. Me encanta que se impriman cientos de hojas sólo por el puro gusto de verlas impresas.

[Sábado a las 6 pm, por correo, inbox de Facebook o cualquier medio virtual] He escrito la enésima versión del borrador de mi trabajo de investigación. Te lo mando para que lo revises y el lunes me digas qué está mal.
¡Qué buena idea! Ahora sí que tengo algo que hacer este fin de semana, yo que me preocupaba de morir de aburrimiento. 

¿En la entrega hay que traer la maqueta?
No. Estoy tratando de mejorar mi memoria a través de un ejercicio que consiste en memorizar los planteamientos de 25 proyectos del taller, de modo tal que no necesite verlos para saber en qué consisten y calificarlos.

Me he dado cuenta que me jalaste por inasistencias [lo jalé yo, por supuesto; es mi culpa], ¿hay algo que pueda hacer al respecto?
Podrías atrasar el tiempo. Hay una película muy vieja de Superman en la que él le da vueltas a la Tierra al revés para salvar [SPOILER] a Lois Lane de morir. Intenta hacerlo hasta el día que faltaste. No es la única. Los viajes en el tiempo son una constante en el cine. En la vida real... creo que aún no ha sucedido, pero no pierdas la fe.

Si estudio toda la noche anterior al examen, ¿será suficiente?
Considerando que hasta el momento tus intervenciones en clase han sido nulas; y tus notas en las prácticas, jaladas, no tengo suficiente información para responder esto. ¿Qué tan largas son las noches para ti?

Continuará.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Paralelos

Parte de un proyecto inconcluso y en vías de recuperación: paralelos temporales entre la arquitectura en el Perú y en el mundo, a inicios del siglo XX.

La periodificación es la planteada por Wiley Ludeña en el libro Ideas y Arquitectura en el Perú del siglo XX (1997)





lunes, 22 de septiembre de 2014

Casa Chávez, 1958 (M. Rodigo Mazuré)










No tenía la fuente de esta imágenes. Ahora me indican que es esta, según "La Forma Moderna en Latinoamérica": "Documentos de Arquitectura Moderna en América Latina 1950-1965 Tercera recopilación”. Grupo de Investigación La Forma Moderna. Barcelona-España, 2006.

viernes, 25 de julio de 2014

"Yo también quería participar, pues"

Salieron los resultados del muy mencionado y trajinado Museo Nacional en Pachacamac. Independientemente de la calidad arquitectónica de los proyectos presentados - que creo que en muchos casos es notable - hay un tema que no deja de llamar la atención. 

Hace poco más de un mes las redes estaban revueltas. Cargadas de cartas abiertas, manifiestos de servilleta y posts de 140 caracteres que reclamaban un concurso público. Los argumentos eran varios y muy loables: ¿Cómo garantizar la calidad arquitectónica del proyecto si este ha sido adjudicado sin consenso a un grupo, por lo demás, desconocido? ¿Es que el gremio tiene tan poca presencia, que es incapaz de velar por los derechos de la arquitectura nacional? ¿Por qué un proyecto de esta envergadura no es abierto a la participación de todos los arquitectos?


La presión fue insistente y, con cierta sorpresa, vimos que esta vez sí hubo una respuesta. Tal vez me equivoque, pero creo que desde aquella vez que se evitó que se pinte el Museo de la Nación, los arquitectos no habíamos logrado imponernos ante nada. Ahora, gracias a que nos unimos, nos organizamos, protestamos, parecía que lo habíamos logrado. El proyecto del Museo Nacional se iba a adjudicar por concurso público. ¡Todo un triunfo!


Pero...

Bastó un vistazo a las bases para que la indignación volviera a surgir. ¿Sin honorarios para el ganador? ¿Sin garantías de que ese proyecto ganador sea construido? ¿Diez años de agremiado para poder concursar? ¿Sólo un mes para desarrollar el proyecto? Esta vez los indignados tuits, comentarios de Facebook y artículos de blogs no tuvieron respuesta. El concurso se lanzó, y, como todas las cosas en Internet, el tema pasó de moda y muchos le echaron tierra. 

Y ayer salieron los resultados. La sorpresa es grande, no por los proyectos en sí, sino por los participantes. Arquitectos que hace un mes llenaban sus discursos de protestas, arengas e indignación, ahora sonríen al ver sus propuestas colgadas en Facebook, y, a pesar de estar un poco picones por no haber sido los ganadores, es muy posible que estén disfrutando la vitrina. No tendría nada de malo, si no fuera por ese ligero tufillo de doble moral. 

Hay argumentos, por supuesto, que justifican la participación en un concurso así. Algunos puede que lo hagan simplemente por el ejercicio de diseñar un museo - tipología que permite a los arquitectos experimentar con el espacio arquitectónico de un modo muy libre -; otros dirán que era lo responsable presentar un proyecto "bueno" - aunque quién juzga lo que es bueno o no, queda por verse -; otros simplemente no buscarán justificación alguna y presentarán lo suyo, olvidando cualquier protesta previa.

Creo que lo ocurrido es simple. Estábamos picones de no haber sido nosotros los seleccionados a hacer el museo. No pedimos concurso por el bien del gremio, o de la arquitectura nacional... lo hicimos porque "yo también quería participar, pues". Y todos los argumentos bienintencionados no fueron sino eso, argumentos, que, en realidad, sirvieron para disfrazar nuestras motivaciones personales. ¿No sería mejor un poco de honestidad, como esos grupos de arquitectos que, desde el inicio, anunciaron que sí iban a participar porque sí y ya? Eso, al menos, nos libra de la doble moral. Así sabemos a qué atenernos.

lunes, 14 de julio de 2014

Demandamos

Más de cincuenta años después, en nuestro medio estas demandas tienen más vigencia que nunca.

"Del estado:
Nuevas regulaciones que le aseguren al planeamiento urbano el derecho de decidir sobre le propiedad del suelo en áreas tugurizadas; un cambio en las leyes que rigen la asistencia en los edificios.
De la provincia:
Participación decisiva de planificadores y arquitectos progresistas en la formulación de las nuevas reglamentaciones provinciales para edificaciones.
De las municipalidades:
Planeamiento independiente, liberado de prejuicios románticos y títulos de propiedad dados a la suerte; que arquitectos independientes sean los planificadores; más concursos de planeamiento urbano.
De los grupos que construyen:
Mejor diseño de viviendas a través del empleo de mejores arquitectos; soporte al planeamiento urbano; reconocimiento y apropiación de sus responsabilidades culturales. 
De los propietarios:
Mayor consideración por el interés público; menos egoísmo; mayor entendimiento y apertura hacia el planeamiento urbano.
De los arquitectos:
Ser conscientes de la tarea artística de la arquitectura; mayor consideración de los desarrollos sociales, económicos y tecnológicos conectados con su trabajo; eliminación de la profesión de los males de la intermediación y la especulación. 
 De las universidades:
Participación en los problemas públicos, de manera que la investigación que realicen sea reconocida y utilizada.
De la prensa:
Mayor lugar a las necesidades de la planificación y la habitación; más crítica e ilustración en lugar de simples reportes expositivos.
De las oficinas de inspección:
Colaboración en la realización de nuevas formas de habitación y administración inmobiliaria; separación de los aspectos legales y técnicos; cumplimiento de sus deberes de un modo no burocrático; efectuar las decisiones en materia de forma en conjunto con arquitectos independientes; que la gente no esté impedida de obtener mejores viviendas por leyes anticuadas y principios obsoletos."
Der Spiegel, N1 28, 1963

Bächer, Max, et al. (1963) "We demand" [Exhibición Heimat, Deine Häuser, Stuttgart, Junio, 1963]. En: Conrads, Ulrich (1990 [1964 ]) Programs and manifestoes on 20th-century architecture. Cambridge: The MIT Press.
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