lunes, 10 de julio de 2017

10 cosas que me motivan como profesora

1. Café. Más café. Una cafetera. Chocolate caliente también puede ser.

2. Visitas de exalumnos. [Si vienen con comida, mejor].

3. Cursos de los buenos, presenciales y online. [Y no me refiero a ese de "cómo hacer tu Power Point" que a veces nos vemos forzados a llevar porque tenemos que cumplir con una cuota].

4. Conversaciones inteligentes con los colegas. [Tener tiempo para conversar con los colegas].

5. Siestas. Hay estudios aquí, aquí y aquí que demuestran que funcionamos mejor con una de esas.

6. Grupos de investigación. Y si están formados por alumnos motivados, mejor.

7. Preguntas inteligentes a mitad de la clase. Preguntas disruptivas, de esas que me hacen tener que buscar información que no conozco. 

8. Viajes de estudio. Sola, acompañada. Con alumnos, sin alumnos.

9. Libros. Librerías. Descuentos en librerías por ser profesora. Libros gratis. Libros buenos.

10. Bitácoras moleskine en blanco, por estrenar.

Y la yapa: Reuniones que se cancelan, a veces. [Lo siento, es la verdad].

viernes, 9 de junio de 2017

No, no tienes derecho a tu opinión (II)

Traducción de "No, you're not entitled to your opinion" de Patrick Stokes.

"Cada año, trato de hacer al menos dos cosas con mis estudiantes, al menos una vez. Primero, me preocupo de referirme a ellos como "filósofos" - un poco cursi, pero, espero, alienta el aprendizaje activo. 

En segundo lugar, digo algo como esto: "Estoy seguro que ustedes han oído la expresión 'todos tienen derecho a su opinión'. Tal vez incluso lo han dicho ustedes mismos, tal vez para ganar un argumento o llevarlo su fin. Bueno, desde el momento en el que entran a este salón, esto ya no es verdad. Ustedes no tienen derecho a su opinión. Sólo tienen derecho a aquello que pueden argumentar."

¿Es un poco duro? Posiblemente, pero los profesores de filosofía le deben a sus estudiantes el enseñarles cómo construir y defender un argumento - y cómo reconocer cuando una creencia se ha vuelto indefendible. 

El problema con "tengo derecho a mi opinión" es que, muy frecuentemente, se utiliza para albergar creencias que deberían haber sido abandonadas. Es como decir "puedo decir o pensar cualquier cosa que yo crea" - y, por extensión, continuar discutiendo parece una falta de respeto. Y esta actitud se alimenta, creo yo, de la falsa equivalencia entre expertos y no-expertos, que es una característica cada vez más perniciosa de nuestro discurso público.

Primero, ¿qué es una opinión?

Platón distinguió entre opinión o creencia popular (doxa) y conocimiento certero, y la suya es una distinción que aún hoy funciona: a diferencia de "1+1=2" o "no hay círculos cuadrados", una opinión tiene un grado de subjetividad e incerteza. Pero "opinión" abarca un amplio espectro, desde gustos y preferencias, pasando por opiniones sobre asuntos que atañen a la mayoría de las personas, como prudencia o política, a puntos de vista anclados en expertise técnico, como lo son opiniones legales o científicas.

No puedes verdaderamente argumentar el primer tipo de opinión. Sería un tonto si insistiera que estás equivocado en preferir el helado de fresa al de chocolate. El problema es que, a veces, implícitamente parecemos tomar opiniones procedentes de fuentes secundarias, o incluso terciarias, como no argumentables, así como las cuestiones de gusto lo pueden ser. Tal vez esta es una de las razones (no hay duda que hay otras) por las que los amateurs entusiastas piensan que tienen derecho a no estar de acuerdo con científicos del clima e inmunólogos, y quieren que sus propios puntos de vista "se respeten".

Meryl Dorey es la líder de la Australian Vaccination Network, que, a pesar de su nombre, tiene una postura vehemente anti-vacunas. La señora Dorey no tiene calificaciones médicas, pero argumenta que si Bob Brown [político, médico y ambientalista australiano] puede comentar sobre energía nuclear sin ser un científico, ella debería poder comentar sobre vacunas. Pero nadie asume que el Dr. Brown es una autoridad en la física de la fisión nuclear; su trabajo es comentar sobre las respuestas políticas ante la ciencia, no la ciencia en sí misma.

Entonces, ¿qué significa "tener derecho" a una opinión?

Si "todos tienen derecho a su opinión" significa simplemente que nadie tiene el derecho de impedir que las personas piensen y digan lo que quieran, entonces la afirmación es cierta, pero bastante trivial. Nadie puede impedir que digas que las vacunas causan autismo, independientemente de cuántas veces dicha afirmación ha sido desacreditada.

Pero si "el derecho a la opinión" significa "el derecho a que tus puntos de vista sean tratados como candidatos serios a la verdad", entonces esto es muy claramente falso. Y esta, también, es una distinción que tiende a ser poco clara.

[...] en el programa de ABC Mediawatch, WIN-TV Wollongong fue encargado de presentar una historia sobre una epidemia de sarampión, que incluyó comentarios de - adivinaron - Maryl Dorey. En respuesta a las quejas de un televidente, WIN dijo que la historia era "cierta, justa y balanceada, y presentaba las opiniones de médicos y de los grupos de interés". Pero esto implica un derecho de ser escuchado equivalente, en un problema en el que sólo uno de los dos grupos tiene experiencia relevante. De nuevo, si esto fuera sobre las políticas en relación a la ciencia, esto sería razonable. Pero el mal llamado "debate" aquí es sobre la ciencia en sí misma, y los "grupos de interés" simplemente no tienen derecho a tiempo al aire, si es que ahí es donde se supone que debe darse el desacuerdo.

El anfitrión de Mediawatch, Jonathan Holmes, fue considerablemente más directo: "hay evidencia y hay patrañas (bulldust)", y no es parte del trabajo de un reportero el dar a las patrañas el mismo tiempo que al expertise serio.

La respuesta de los voceros anti-vacunas fue predecible. En el sitio de Mediawatch, la señora Dorey acusó a ABC de "abiertamente censurar un debate científico". Esta respuesta confunde el que alguien no tome en serio tus puntos de vista con el no tener permiso para tener dichos puntos de vista o expresarlos - o, para tomar prestada una frase de Andrew Brown, "confunde perder un argumento con perder el derecho a discutir." Nuevamente, aquí se están confundiendo dos definiciones de "tener derecho" a una opinión.

Entonces, la próxima vez que escuches decir a alguien que tiene derecho a su opinión, pregúntales por qué piensan eso. Las posibilidades son, al menos, que de este modo termines teniendo una conversación más agradable."

jueves, 8 de junio de 2017

miércoles, 31 de mayo de 2017

No, no tienes derecho a tu opinión (desinformada) (I)

Traducción del post "No, You Are Not Entitled To Your Uninformed Opinion", de Annie Reneau.

"Parece ser parte de las discusiones con Internet estos días: alguien dice una opinión sobre un tema, alguien más refuta lo que la primera persona dijo con evidencia verificable, y el primero responde con "bueno, tengo derecho a tener mi opinión".

No, en realidad no lo tienes. Así no funciona.

Tienes derecho a una opinión sobre preferencias personales, como que prefieras el helado de chocolate sobre el de vainilla, o que elijas el océano en vez de las montañas. Tienes derecho a que te guste más una cosa que otra, o a creer que una cosa es mejor que la otra por razones personales.

Sin embargo, no tienes derecho a una opinión desinformada que se desvanece frente a la lógica, la razón y los hechos verificables. No puedes decir que piensas o crees algo, que luego esa creencia sea contradicha con evidencia clara e irrefutable, para luego decir "bueno, tengo derecho a tener mi opinión".

Bueno, tienes derecho a decirlo - tienes derecho a la libertad de expresión - pero no puedes esperar que esa opinión no sea cuestionada. No puedes usar "sólo es mi opinión" como excusa para decir lo que tú quieras y terminar así la conversación.

Del mismo modo, no deberías esperar que la gente le dé a tus ideas el mismo peso que a otras, sólo porque las estás presentando como opinión. No todas las opiniones son iguales. Una opinión que puede apoyarse en argumentos lógicos y evidencias es muy distinta - y sí, superior - que una que no puede. 

[...] Personas razonables pueden y suelen cambiar sus opiniones frente a evidencias contradictorias y argumentos lógicos. Y eso es lo que la gente debe hacer si quieren que algo de lo que dicen sea tomado en serio. Eso es lo que esperamos cuando enseñamos a los niños habilidades de pensamiento crítico - no para convencerlos de compartir nuestras mismas opiniones, sino para ayudarlos a utilizar argumentos y evidencia, y formar sus propias opiniones inteligentes e informadas, basadas en eso.

Las opiniones no deberían estar escritas en piedra.

Patrick Stokes, profesor de Deakin University, dice a sus estudiantes de filosofía el primer día de clases, "No tienes derecho a tu opinión. Sólo tienes derecho a aquello que puedes argumentar." En este caso, "argumentar" no significa ponerse terco y decir que tienes la razón, más fuerte y durante más rato que otra persona. Se refiere a la primera definición de "argumentar", que es "dar razones o citar evidencia que soporte una idea, acción o teoría, en general con el objetivo de persuadir a otros para compartir la propia opinión." Argumentar una opinión significa defender tu posición con evidencia, hechos y razón.

[...] La evidencia anecdótica no es evidencia. Si eso es todo lo que tienes, entonces técnicamente tienes una opinión desinformada. [...] Decir que piensas que algo es verdad, no lo hace verdad. 

[...] Si tu opinión no está acompañada de argumento o prueba, y la mayoría de evidencia encontrada no sostiene tu opinión, entonces, francamente, tu opinión es una porquería.

¿Tienes el derecho a una opinión de porquería? Técnicamente, tienes derecho a tenerla. Pero no tienes derecho a compartirla sin que ésta sea cuestionada y sin que otras personas te digan que tu opinión es desinformada, ignorante o ilógica. Eso no es censurar; eso es simplemente decir las cosas como son.

Es mi humilde opinión, por supuesto."

domingo, 30 de abril de 2017

Investigar en arquitectura en el Perú u 8 razones para abrazar a un académico estresado

Columbia University -
Woman carrying a large stack of books down stairs.
Stanley Kubrick
Investigar es duro. Un trabajo difícil que se vuelve apostolado. Pero apuesto a que al leer la palabra "investigar" lo primero que se viene a la mente es la imagen de científicos en batas blancas, observando líquidos de colores en tubos de ensayo, en un laboratorio mezcla de película de superhéroes con el del colegio.

Y ahí empieza todo el problema.

Por eso, creo necesario plantear 8 razones por las que investigar en arquitectura en el Perú es heroico.

1. Muy poca gente entiende que en arquitectura también se investiga. Por un lado tenemos al completamente lego, que cree que arquitectura es sólo dibujar bonito y hacer casitas. Ocupando otro escaño de la escala, tenemos a quien cree que el diseñar es la única manera de ser arquitecto. Un poco más allá, aquel que admite que sí, en arquitectura se investiga, pero que cree que dicha investigación es el proyecto y suficiente. Y luego, quien confunde investigación en arquitectura con estudios de mercado, focus groups y bienes raíces. 

Bueno, no. Los campos de investigación en arquitectura son amplísimos, empezando porque se trata de una disciplina con aspectos de ciencias exactas y de ciencias sociales. Entonces podemos tener investigaciones de resistencia de materiales, situaciones intermedias como optimización de áreas, e investigaciones puramente cualitativas, como los estudios de environmental behaviour, sólo por mencionar algunos pocos ejemplos (para más ejemplos, recomiendo este libro). 

2. Asumido ya que en arquitectura se investiga, muy poca gente entiende la utilidad de dicha investigación (y demasiada gente opina que es indispensable que una investigación no sólo sea útil, sino que interese a grandes grupos de personas). Esto se hace más evidente cuando se trata de investigaciones cualitativas. Nadie dudará de la importancia de comprobar la resistencia del concreto armado ante los sismos, pero, ¿es en verdad necesario conocer el nivel de satisfacción de los habitantes de un conjunto multifamiliar? ¿por qué perder tiempo (y dinero) en la historia reciente de la arquitectura? ¿a quién le sirve saber cuál es el paisaje preferido por los habitantes de un distrito en especial?

3. La falta de financiamiento (1). En parte porque somos un país que invierte poquísimo en educación, y en parte por las dos razones anteriores, es un hecho muy singular que algún arquitecto investigador se encuentre con el financiamiento de alguna institución, es decir, con dinero contante y sonante, para hacer lo suyo. Sucede. Por supuesto que sí, pero es excepcional. La gran mayoría de investigaciones en arquitectura se realizan con recursos propios. O sea, con la plata del investigador, que gasta en libros, luz, agua, teléfono, pasajes, viáticos, impresiones y suela de zapatos, entre muchos otros rubros. 

4. La falta de financiamiento (2). Toda investigación debe ser discutida entre pares para que pueda progresar. Pares no son ni tus amigos del barrio, ni tu pareja, ni tu tía abuela, sino otros investigadores (arquitectos o de otras disciplinas) que estén desarrollando temas similares. Esto puede realizarse por plataformas digitales, por supuesto, pero también es necesario publicar e ir a eventos académicos (congresos, simposios, etc). Cuando hay que pagar por publicar, es generalmente el investigador quien pone de la suya. Y si hay que viajar a presentar el trabajo en un congreso internacional - porque en nuestro medio casi no hay eventos de ese tipo - también. Nuevamente, hay algunas contadas excepciones de financiamiento. Pero pocas.

5. La falta de eventos académicos o de posibilidades de intercambio. Al no haber investigación, no hay producción significativa. Al no haber producción significativa, no se da la necesidad de organizar eventos académicos, y si estos suceden, suelen tener poca asistencia. Los cuatro gatos trabajando en un tema, ya nos conocemos por dentro y por fuera. El intercambio no es tal. A esto hay que añadir la competencia por esos escasos financiamientos, lo que produce que en vez de compartir, queramos ocultar, no sea que el colega de la otra universidad se robe mi beca con exactamente el mismo tema que yo. Esto, por supuesto, estanca las investigaciones, y nos vuelve a quienes las hacemos seres ensimismados en nosotros mismos, que oscilamos entre el auto-desprecio y el mega-narcisismo, según como estén alineados los planetas ese día.

6. La falta de recursos académicos. Una vez, en el campus de una universidad de EEUU, tuve el password de una estudiante. Y entré a la página web de la biblioteca. La avalancha de artículos, recursos, bases de datos, journals, repositorios, material gráfico y escrito a mi disposición, a sólo unos clicks de distancia, fue apabullante. Hacer investigación con esas condiciones es un lujo. Un placer. Un goce. Uno busca los términos y encuentra los artículos. Profundiza en la bibliografía y encuentra aún más. Va por el libro extraño de la década del 70 y ahí está, en su estantería, esperando a ser consultado. 

En estas latitudes, algunas universidades han comprado algunos repositorios (ver puntos 3 y 4), pero no todos. Es posible que uno encuentre dos o tres artículos, un cuarto quizás, hasta que uno se tope con ese artículo, que uno necesita desesperadamente, pero que la universidad no tiene y por el que hay que pagar US$ 39.99. Que, como ya vimos, deben salir del bolsillo del investigador. Es así que nos hacemos amiguitos en el extranjero, o recurrimos a páginas pirata para conseguir lo que buscamos. Todo esto toma tiempo, mucho tiempo, que podría utilizarse investigando. O es ilegal.

7. La escasa formación en investigación a lo largo de la carrera. A los arquitectos se nos forma, en primer lugar, como diseñadores. Y luego como gestores, historiadores, promotores, diseñadores de interiores, calculistas estructurales y en algunos casos, un poquito como investigadores. Últimamente esto está cambiando, pero es aún una rareza, y hay universidades que, con enfoques muy pragmáticos enfocados al oficio, prácticamente han desaparecido la investigación formal de la currícula. Es así que quien tiene interés por investigar, se encuentra invirtiendo mucho tiempo en aprender las reglas de juego: dónde encontrar la información, cómo discernir si una fuente es buena o no, cómo navegar las turbulentas aguas del APA, qué métodos de investigación hay y cómo se ponen en práctica e, incluso, cómo redactar. 

8. La sumatoria de varios de los puntos mencionados, pero sobre todo la sensación de que la investigación no es fundamental, hace que quienes enseñamos tengamos muchas veces otras tareas que monopolizan nuestro tiempo. Para llegar a fin de mes, muchos enseñan muchas horas de clase. Es cierto que al enseñar aparecen nuevas ideas y se dan oportunidades de desarrollo de líneas de investigación, pero esto es un plus y no lo que ocupa la mayor cantidad del tiempo del investigador. Otros tienen trabajos que, si bien están dentro de la universidad, son más administrativos que académicos. Es así que el tiempo dedicado a investigar, sólido, sin interrupciones y con recursos a disposición es un bien extraño, preciadísimo. O debe ocupar nuestros sábados y domingos. Otros simplemente se dedican a otra cosa y dejan a la investigación completamente de lado.

Sí, esta es una queja larga, que se sustenta en anécdotas propias y de colegas. El investigador en arquitectura en el Perú tiene que esforzarse muchísimo. El producto, como ya lo dije, es casi un hecho heroico.

Pero es divertido investigar. Vale la pena. Es muy necesario.

Ahora quiero mi abrazo.

lunes, 27 de febrero de 2017

Si tratáramos a la crítica de cine como a la crítica de arquitectura o "a ver haz tú una película"

Desde que se publican los nominados para los premios Oscar, todos nos volvemos críticos de cine. Reclamamos porque varias de las nominadas aún no están en cartelera, lo que nos lleva a señalar que la situación del cine nacional es terrible, porque dependemos de las grandes cadenas que prefieren enriquecer sus taquillas a pasar "buen cine". Es por eso que la cultura está como está, decimos sacudiendo la cabeza, con el ceño fruncido.

Oye, ¿y tú que sabes? ¿Acaso eres Ministro de Cultura? ¿Acaso has estudiado algún curso de administración de bienes culturales? ¿Es que sabes de economía como para criticar el manejo de los cines? 

Luego opinamos sobre las nominadas: mejor película, actores principales y de reparto, los que estamos medianamente informados. Efectos visuales y vestuario, los que queremos que Fantastic Beasts se lleve algo. Sonido y cinematografía, los eruditos.

¿Por qué pierdes tu tiempo? ¡Haz algo útil! ¿Acaso a la Academia le interesa tu opinión?

Y poco a poco, a medida que se acerca la ceremonia, intentamos ver las películas nominadas. Hacemos check in en las redes cuando entramos al cine, sobre todo si se trata de películas "pensantes"; eso se ve muy bien. Al día siguiente publicamos lo que pensamos de cada una, nos enfrascamos en discusiones sobre si "La La Land" merece la aclamación del público, o sobre si "Moonlight" es "la fija" porque trata de dos temas polémicos: racismo y homosexualidad.

Si la crítica la aclama será por algo, ¿no? O pretendes discutir con los grandes críticos de cine del New York Times o del Washington Post... Es evidente que si la película ha ganado esos premios, es porque es buena.

Del mismo modo, y con el mismo entusiasmo, comparamos las actuaciones de figuras principales y secundarias, e intentamos acordarnos de quiénes ganaron en las ediciones pasadas y por qué. ¿Emma Stone está sobrevalorada? No es Meryl Streep, ciertamente, pero tiene lo suyo. ¿Viola Davis merecería ese Oscar? ¿O se trata sólo de una reacción frente al #OscarsSoWhite del año pasado?

De todas maneras eres un actor/actriz frustrado/a. Seguro que en el colegio participaste en "Caperucita roja" y ya crees que sabes actuar. ¿Quién te crees para cuestionar a Emma Stone? Claro, porque como tú has ido al teatro tres veces en tu vida y has visto "Mamma Mia" ya crees que tienes algo que decir sobre Meryl Streep.

Y finalmente, aquellos que se animan a comentar las categorías más "eruditas" o especializadas: película extranjera, documental, edición, efectos visuales.

¿A quién le importan esas categorías? ¿Por qué no te concentras en cosas verdaderamente importantes? ¿Tú crees que alguien se va a acordar de quién se llevó el mejor corto animado en 2013? Tenemos que concentrarnos en cosas urgentes, relevantes. Sobre todo en un país como el nuestro, en el que falta tanto y tenemos que hacer, no criticar. Esto es simplemente una pérdida de tiempo y recursos.

Llega la noche de los Oscar. Balde de canchita gigante en mano, nos sentamos frente al televisor y renegamos porque tenemos que escucharla doblada y nos perdemos tres cuartas partes de los chistes.

¡Ah! ¡Ahora te crees internacional!

Y finalmente el desenlace: comprobamos qué tan equivocados estuvimos en nuestras predicciones. Nos picamos porque no ganó la que queríamos y apagamos el televisor - perdiéndonos, de paso, el escándalo subsiguiente, pero eso es anécdota.

A ver, pues, haz tú una película, a ver si eres tan bueno. Seguro eres un cineasta fracasado. ¿Qué crees? ¿Que porque tu celular graba videítos y porque tienes cuenta en Instagram tienes algo relevante que decir al respecto?

Al día siguiente comentamos. No, ese Oscar en esa categoría estuvo de más. No puedo creer que se lo dieran a ellos.


Cómo se nota que te da envidia el éxito de los demás. Por eso el Perú no avanza.

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* Gracias a Israel, Marco y Chris por las ideas y el título.

sábado, 7 de enero de 2017

Historia de la arquitectura moderna (L. Benevolo)

"Una historia de la arquitectura moderna tiene por objeto presentar los acontecimientos contemporáneos enmarcados por sus inmediatos precedentes; debe, por tanto, remontarse en el pasado tanto cuanto sea necesario para completar el conocimiento del presente y situar los hechos contemporáneos con la suficiente perspectiva histórica.

Las primeras dificultades que surgen se refieren al campo de la investigación: ¿hasta dónde conviene retroceder en la cadena de hechos pasados? y, dado que el concepto de arquitectura no está establecido de una vez por todas, sino que varía también con el tiempo, ¿a qué hechos debe circunscribirse la investigación? [...]

Hasta la segunda mitad del siglo XVIII, resulta fácil entender los sucesos de la arquitectura según un cuadro unitario; las formas, los métodos de proyectar, el comportamiento de los proyectistas, de los clientes y de los realizadores son distintos según tiempo y lugar, pero se desarrollan en el ámbito de una relación que, en el fondo, se mantiene fija y definida, entre arquitectura y sociedad. Cambian los problemas particulares propuestos a los arquitectos, y, también, las respuestas que éstos dan, pero la naturaleza del servicio que el arquitecto rinde a la sociedad y las funciones que la sociedad le ha delegado no son, desde hace tiempo, objeto de discusión. [...]

Pero desde mediados del siglo XVIII, sin que se produzca interrupción laguna en la continuidad de las experiencias formales, al mismo tiempo, incluso, que el lenguaje arquitectónico parece alcanzar una particular consistencia, las relaciones entre arquitectura y sociedad comienzan a transformarse radicalmente. [...] Conviene, pues, ampliar el campo de observación y someter directamente a examen múltiples hechos técnicos, sociales, económicos que, a partir de 1750, se hayan en rápida mutación, aunque al principio no sea del todo evidente su conexión con la arquitectura. En varios campos, dentro y fuera de los límites tradicionales, emergen nuevas exigencias materiales y espirituales, nuevas ideas, nuevos instrumentos de intervención que, en un instante dado, convergen en una nueva síntesis arquitectónica, profundamente distinta de la antigua. Sólo así es posible explicar el nacimiento de la arquitectura moderna que, de otro modo, resultaría completamente incomprensible: si nos limitásemos, de hecho, a una historia de las formas, deberíamos postular una neta solución de continuidad, un corte brusco respecto da la tradición, cosa formulable en una polémica, pero no admisible históricamente"

Benevolo, L. (2002 [1960]) Historia de la arquitectura moderna. Barcelona: Gustavo Gili. pp 9-10.

lunes, 2 de enero de 2017

Cámara de eco, arquitectura y nuestra burbuja

Cuando D. Trump salió elegido presidente de EEUU hace algunos meses, muchos intentaron entender por qué. Un artículo de The Guardian, analizando la situación, propone una teoría interesante: redes sociales como Facebook, al no editar o siquiera comprobar la validez de lo publicado, y al impulsar noticias con el único criterio de la cantidad de "likes" que reciben, distorsionan la información al punto de llegar a balancear los resultados de una elección presidencial.
"La verdad de un pedazo de contenido es menos importante que si éste es compartido, "gustado" (liked) o monetizado." (Solon, 2016).
¿Qué tiene que ver esto con la arquitectura y la ciudad?

Dentro de los pocos medios de comunicación impresos que hablan de arquitectura, nos encontramos una oferta que puede ser costosa, insuficiente o incompleta. Recurrimos entonces a Internet. Nos afiliamos a Architectural Review, seguimos a Plataforma Arquitectura y es así que redes sociales como Facebook y Twitter terminan siendo nuestra principal fuente de información sobre las cosas que competen a nuestro quehacer. 

Nos enteramos del último Pritzker pocos segundos después de su nombramiento... y lo seguimos viendo una y otra vez durante la siguiente semana, a medida que nuestros contactos - amigos o profesionales - van dando like o comparten una noticia u otra. Nos indignamos al unísono por el reciente incendio en la Plaza dos de Mayo, y concordamos en la necesidad de tomar medidas serias para preservar nuestro patrimonio. Alzamos una ceja con ironía o fascinación (no faltan los escandalizados) frente a las fotos compartidas sobre el uso de una fuente pública como piscina en Chorrillos. Protestamos sobre la basura en las playas, mostrada en unas fotos publicadas por Sofía Mulanovich que nos apresuramos en compartir. Hace unos meses, del mismo modo, nos unimos en la indignación del by-pass de 28 de Julio, protestamos más de una vez, y no perdimos tiempo en compartir, tiempo después, las noticias que demuestran cómo éste resultó ser un fracaso (nosotros lo advertimos, ¿no?)

¿Y qué tiene de malo?

El efecto de cámara de eco sucede cuando una noticia es repetida (rebota como el eco), tergiversada, aumentada, hasta que se vuelve verdad indiscutible. En las redes sociales, donde no sólo la cantidad de likes decide qué nos muestra nuestro muro, sino que además podemos esconder las noticias que no nos interesan o nos molestan, esto aumenta mucho más. Es poco probable que se publique algo que no nos interesa, o la opinión de alguien completamente contraria a la nuestra. El algoritmo que regula lo que las redes nos envían lo impedirá. Después de todo, esperamos que Facebook nos entretenga. 

El problema es que las redes también nos informan, puesto que recurrimos a ellas para enterarnos, para dialogar y para protestar. 

Pero, como en la cámara de eco, las noticias son las mismas, las opiniones similares, y terminamos sorprendidos cuando asomamos la cabeza afuera y encontramos que la aprobación del alcalde sigue alta y que la gente quiere más by-passes. "¿Cómo? ¡Pero si es obvio que eso está mal!", nos indignamos.

https://pdemented.files.wordpress.com/2016/10/confirmation.png

Las redes sociales nos informan, pero parece que al mismo tiempo contribuyen en encerrarnos más en nuestra burbuja. Discutimos, sí, pero con gente cuya opinión no difiere tanto de la nuestra. Buscamos diversas opiniones, también, pero dentro de un menú que ya está hecho a la medida de nuestros "likes" previos. En añadidura, los contenidos de Internet están diseñados para ser de fácil consumo, con contenidos que podemos consumir durante un semáforo en rojo o en una breve pausa en la chamba. 
"Las historias online son a la curiosidad intelectual lo que el fast-food es al hambre." (Chamorro-Premuzic, 2014)
Como arquitectos tenemos la misión de acercarnos a la gente, de dialogar y construir lazos con la cotidianidad, si es que pretendemos tener un impacto positivo en nuestras ciudades. Esta sobremediatización, sin embargo, nos obliga a escoger, y al hacerlo, nos estamos aislando, alejando, al ignorar la opinión incómoda o al no buscar más allá de nuestro muro las noticias que puede que no nos gusten, pero que están definitivamente ahí. 

Los arquitectos no podemos permitirnos este lujo.


Artículos citados:

Solon, O. (2016) "Facebook’s failure: did fake news and polarized politics get Trump elected?" En: https://www.theguardian.com/technology/2016/nov/10/facebook-fake-news-election-conspiracy-theories.

Chamorro-Premuzic, T. (2014) "How the web distorts reality and impairs our judgement skills" En: https://www.theguardian.com/media-network/media-network-blog/2014/may/13/internet-confirmation-bias
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