martes, 9 de agosto de 2016

El crítico y la crítica (I. Medina)

"Entiendo la crítica como una actividad necesaria para el avance y el crecimiento de cualquier disciplina; desde la pintura al cine, la música, el teatro o el fútbol. También de la cocina y los restaurantes, que vienen a ser la ventana que la muestra al mundo. La crítica estimula el debate y alimenta la reflexión, imprescindibles para seguir avanzando. La cocina nunca puede ser contemplada como una doctrina estática; vive marcada por un dinamismo y una voluntad de cambio constantes a lo largo del tiempo: lo que hoy parece tradicional fue antes vanguardista, innovador y seguramente tan cuestionado como lo son hoy las cocinas más avanzadas. También desde esta perspectiva la crítica me parece una disciplina alentadora y una práctica sana. Aunque al mismo tiempo sea una fuente de conflictos.

Lo comprendí cuando publiqué mis primeras críticas en el diario español El País, hace ya 25 años: el crítico nunca podrá ser un tipo popular. Ni siquiera en una sociedad decidida a considerar la gastronomía entre las disciplinas capaces de impulsar el mundo. El crítico se encarga del trabajo sucio; cuenta lo que algunos no quieren escuchar. Lo confirmo cada día desde que publiqué mi primera crítica peruana en Cosas, en julio de 2007. Seis años y medio después, cada nota sigue avivando el mismo runrún. Nada nuevo. Unos asienten, otros me tachan de ignorante, algunos de malintencionado y unos pocos - aunque muy persistentes, debo reconocerlo - me niegan el derecho a hacerlo por haber nacido del otro lado del mundo, pero todos comparten algo: están pensando en el contenido de la crítica y ese es el comienzo del debate.

La crítica no es una ciencia, aunque algunos críticos vivan tan pagados de sí mismos que dejarían cortarse un brazo a cambio de convertir su opinión en dogma de fe. El crítico pasa lo que ve por le tamiz de sus gustos y su experiencia personal: el nuestro es el ejercicio más subjetivo que se pueda concebir. Y como tal debe ser contemplado. 

Aquí no se dictan sentencias; más bien se muestran pareceres. Es lo que iguala al crítico con cualquier ciudadano. ¿Quién no opina sobre lo que come? Da igual si es en voz alta o con la boca chica, lo hacemos cada vez que nos sentamos a la mesa o nos levantamos de ella. No hay razones para impedir que un crítico haga lo mismo que los demás repiten cada día. La diferencia está en que nosotros no hacemos en un medio público y, sobre todo, en que nos pagan por ello. ¿Saben donde se marcan las distancias reales? En el peso que el lector da a nuestra opinión y la confianza de quienes te siguen: la crítica exige credibilidad y esta se nutre del conocimiento.

[...] El crítico no disfruta comiendo en restaurantes que no le gustan; preferiría que todos fueran buenos. A la espera de encontrar un universo paralelo en el que todo sea fascinante, seguiremos con lo nuestro. Espero que lo entiendan."

Medina, I. (2013) El crítico y la crítica. El nuestro es el ejercicio más subjetivo que se pueda concebir. En: Somos, 9 de noviembre de 2013. p 39.

domingo, 24 de julio de 2016

5 críticos que nos caen antipáticos

Intervención en el I Encuentro de Críticos de Arquitectura Peruana. 22 de Julio, 2016.
"Al principio yo pensaba que estaba fingiendo ser director de cine. En algún momento, simplemente, se me fue. La sensación de estar fingiendo se fue. Y sentí: 'Ok, soy un director, supongo que ahora soy un director'."
Sydney Pollack, 2006. Sketches of Frank Gehry
¿En qué momento nos volvimos críticos? ¿Qué nos legitima como tales?

Hay varias posibles respuestas. La periodicidad y la constancia, el momento en el que alguien nos paga por hacerlo - que, siento honestos, es casi nunca - el que otros crean que uno es un crítico.

Criticar, en realidad, es algo personal y como tal, nace de una necesidad persona. Criticamos porque sentimos que necesitamos expresarnos. Opinar.

¿La crítica nace siempre de la indignación?

Frecuentemente, pero no debería ser así.
La crítica, la buena crítica, nace de la experiencia estética. Algo nos toca el alma y sentimos la imperiosa necesidad de compartirlo. 

Pero también existe quien critica porque quiere sonar inteligente o sofisticado... o porque quiere destruir a alguien o a algo.

Y es así que tenemos los 5 tipos de críticos que a todos nos caen antipáticos:

  • El autorreferencial: Critica siempre refiriéndose a su propia obra, teórica o proyectual. Cita sus propios artículos, muestra sus obras o proyectos como paradigmas de lo correcto y, cuando las cosas no salen bien, es el primero en decir "se los dije". Algunas veces este crítico usa la crítica como herramienta para conseguir un proyecto. Va a criticar todo lo relacionado a este hasta que, finalmente, reciba la comisión. Su crítica muere en ese momento.

  • El resentido: Usa la crítica como válvula de escape ante sus propias frustraciones; hace de esta un ataque envidioso. Muchos críticos son acusados de esta actitud aunque no la tengan. Es una de las principales defensas contra la crítica por quienes no la practican.
    Variante - el rajón: Con un poco más de intensidad, a este individuo nada le huele y todo le apesta. Usa la crítica como un arma, sin piedad.

  • El (pseudo) intelectual: Quiere mostrarse inteligente, erudito, sofisticado. Le interesa más el sonido de su propia voz que el efecto que su crítica pueda generar. Con el uso de palabras complejas y términos oscuros, es una crítica difícil de leer y poco efectiva.

  • El amigo de todos: No se quiere pelear con nadie. En el mejor de los casos, sus críticas son simples descripciones; frecuentemente, sin embargo, son completamente positivas, sin espíritu crítico alguno. Esto, que parece no ser tan malo, desvirtúa la crítica y puede dar falsas sensaciones de lo que el proyecto realmente es.
    Variante - el sobón: Critica con una agenda personal. No quiere no pelearse, quiere caer bien, y usa la crítica para no perder amigos o subir puntos con el jefe.

  • El "silvestre": Tiene opiniones sobre todo y todos y las suelta sin filtro alguno... y sin estar verdaderamente informado. En algunos casos da en el clavo, pero en la mayoría su crítica es en realidad una queja del momento.

Todos los que alguna vez hemos hecho crítica, hemos caído en una o más de estas cinco actitudes. Regreso al inicio: la crítica es un ejercicio personal. Empieza por conocerse uno mismo y saber de cuál pie se es más propenso a cojear.
"La crítica es el arte de amar. Es el fruto de una pasión que no se deja devorar por sí misma, sino que aspira a controlar una vigilante lucidez. Consiste en una búsqueda incesante de la armonía al interior de la pareja pasión - lucidez. Si uno de los dos términos prevalece sobre el otro, la crítica pierde gran parte de su valor."
Jean Douchet, 1961, Cahiers du Cinéma 

miércoles, 20 de julio de 2016

Introducción a la problemática de la crítica (J. M. Montaner)

"En primer lugar, es evidente que el contexto de la crítica es el de la geografía de la democracia, el de los territorios en libertad. Sólo hace falta ver cuáles son los lugares donde se han desarrollado estas tradiciones críticas o donde existen los grandes museos y las grandes editoriales de temas artísticos. Ningún país, sin un vital y consolidado proceso democrático, puede aspirar a generar ninguna propuesta relevante en el campo de la crítica artística. [...]

Historia, crítica y teoría se complementan y son, a la vez, totalmente distintas en sus métodos y objetivos. La historia trabaja sobre los documentos del pasado para reconstruir y reinterpretar los hechos. La crítica afronta la obra contemporánea, en su momento y contexto, para explicarla. La teoría constituye la más alta elaboración conceptual, es excepcional y no se puede hacer sin el conocimiento de la historia, ni se puede sustentar si no se pone a prueba con la crítica. Asimismo, en toda crítica ha de haber detrás, para que sea consistente, una teoría.

Deberíamos añadir que crítica, teoría e historia, a pesar de utilizar métodos distintos y tener objetivos propios, beben de las mismas fuentes; tal como señaló Benedetto Croce, son inseparables. La historia ha de ser siempre contemporánea, no pudiéndose separar de su identidad crítica, de la interpretación y el juicio de los valores estéticos. En este sentido, es evidente que en la cultura latina (en el arco Mediterráneo y en Latinoamérica) han predominado autores dedicados a la vez a la crítica y a la historia y, en cambio, en culturas centroeuropeas y nórdicas (especialmente Alemania e Inglaterra, incluyendo Madrid) se ha disociado claramente el trabajo de la crítica del de la historia.

Para el estudio de los fenómenos arquitectónicos y urbanos es básico, desde el punto de vista del método, tener en cuenta la cultura arquitectónica en tres ámbitos:

- La enseñanza: es decir, conocer las distintas tradiciones de las escuelas y facultades de Arquitectura; su evolución desde las ingenierías o las bellas artes a las escuelas de arquitectura; sus fundadores y teóricos más importantes; sus ideas, métodos y planes de estudios.

- La Difusión: es decir, el mundo editorial y las revistas de arquitectura, arte y cultura. El mundo editorial ha sido muy importante en Argentina [...] también se ha desplazado hacia México, Venezuela, Brasil y Colombia. Ello es clave para la difusión de la cultura arquitectónica.

- El Pensamiento: es decir, la transmisión de las ideas a través de las posiciones teóricas utilizando distintos medios de expresión y difusión."

Montaner, J. M. (2011) Arquitectura y crítica en Latinoamérica. Buenos Aires: Nobuko. pp 19-20.

martes, 19 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) IV


Para el cuarto mito, nuevamente usamos un comentario que tiene más de una idea.

La primera es evidente... e incorrecta. Es tal vez el mito más generalizado sobre la crítica: que esta es negativa. Es decir, que criticar es sinónimo de maletear, hablar mal de algo o alguien, buscar las faltas, denigrar, disminuir y un largo etcétera de sinónimos.

O si no pregunten a cualquier alumno de primer ciclo de arquitectura, cuando le cuenta a su madre que le "criticaron la maqueta". "¡¿Que te hicieron quééé?! ¡¿Y ese qué se cree para venir a criticar a MI hijito/a?!"

Seamos honestos. Muchas veces la crítica es así: centrada en los aspectos negativos, casi regodeándose en ellos, y dando la impresión final que no queda nada positivo por decir. Esto es especialmente dañino cuando hablamos de críticas de taller, cuando a un alumno le es tan necesario escuchar las cosas malas como las cosas buenas de su proyecto. 

Pero luego de algunas semanas aprendemos rápidamente que la crítica no debe ser sólo negativa y que, aún si la es, esta apunta a mejorar el proyecto. O sea que aún si se centra en los aspectos menos rescatables de este, al final todo redundará en mejoras. ¿Por qué al salir olvidamos esto con tanta facilidad? ¿Por qué nos volvemos picones y reaccionamos de mala manera cuando una crítica es negativa? Y los que critican, ¿por qué sólo mencionar esto y rara vez enfatizar en los aspectos positivos? Tal vez porque nos gusta el morbo, el chisme y el raje; tal vez porque nos sentimos interesantes, más capaces (¿superiores?) al señalar los puntos flacos de un proyecto; tal vez porque somos antipáticos.

La segunda idea es y no es un mito. Si te maleteo no me vas a auspiciar. Los únicos que tienen algo que perder de la crítica arquitectónica son aquellos que lucran con el producto criticado: proveedores, vendedores de revistas y, eventualmente, el arquitecto, si es que la crítica es especialmente mezquina y se centra no en el objeto - como debería ser - sino en la persona. Entonces, sí, es una suerte de chantaje del que ya se ha hablado en un reciente video de Marco Aurelio Denegri. 

Hay una segunda dimensión en este chantaje. "No voy a criticar a Fulano porque es mi pata y luego se resiente conmigo". "No voy a hablar mal de la obra de Mengano, porque es si en el futuro quiero trabajar para él, no voy a poder". Esto también es cierto. Personalmente hay opiniones que he preferido no dar por este temor: porque Fulano realmente me cae bien y prefiero mantener la cordialidad y porque tengo miedo que Perencejo me raye la pintura del carro si publico algo en contra de su más reciente obra. Más de una vez he leído que el oficio de crítico es solitario, y que éste está condenado a ir perdiendo uno a uno a sus amigos. 

Tal vez eso sea lo responsable: abstenerse de criticar si hay algún conflicto de intereses, con el fin de que la crítica sea, en la medida de lo posible, sobre el objeto y nada más que sobre el objeto. O, dicho de otro modo:
"Una crítica ilustrada, justa e imparcial no es algo frecuente ni común. Supone, al menos, ejercitar el conocimiento, el gusto y el coraje: y esto no se encuentra reunido frecuentemente."
Alexandre-Balthazar Grimod de La Reynière (1797) Le Censeur dramatique ou Journal des principaux théâtres de Paris

lunes, 18 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) III


Este mito me gusta mucho, tal vez porque yo misma me lo creí durante un tiempo. De hecho, el comentario tiene en parte muchísima razón.

La arquitectura tiene mucho discurso vacío, mucho "floro y banalidad", que se hace pasar por crítica y, muchas veces, se toma como tal. Esto es especialmente peligroso cuando se encuentra en medios de difusión  - revistas, periódicos, televisión - a los que muchos pueden tener acceso. Son discursos que no aportan al proyecto, a la crítica o a la disciplina y, peor aún, muchas veces distraen de lo importante de la obra a la que se están refiriendo.

La otra variante es la crítica "pseudo-erudita". Esta se encuentra en medios de difusión más restringida; casi siempre va dirigido a arquitectos o estudiantes de arquitectura. Con el uso de palabras complejas, términos propios de nuestro argot profesional y frases rebuscadas, se hace difícil de entender, sin por eso se más rica en su mensaje. En el mejor de los casos, el lector queda confundido. La mayoría de veces, sin embargo, simplemente se aburre. Para quien no es arquitecto, esta pseudo-erudición asusta y cae pesada.

La crítica responsable y real puede o no ser erudita. En "Métodos de crítica y respuesta a la crítica" (1976: 20) Wayne Attoe considera que una crítica puede aparecer "en el periódico diario, en un taller de diseño, o en la forma de ventanas vandalizadas en un proyecto de vivienda multifamiliar". Lo que estas tres críticas tienen en común es el hecho que el edificio al que se refieren ha tocado la vida de quienes las han hecho.

Evidentemente, las ventanas vandalizadas no son una situación ideal, pero nos dicen tanto como un escrito pueda hacerlo y, como hemos visto líneas arriba, a veces incluso más. La arquitectura nos toca a muchas más personas que al arquitecto y al cliente: los constructores, los caminantes, los usuarios ocasionales, todos terminan siendo partícipes del hecho arquitectónico y pueden, por lo tanto, tener una opinión sobre este.

La opinión de alguien formado en arquitectura, arte o urbanismo, la de alguien que pasa extensas horas investigando el objeto en cuestión y formulando ideas sobre el mismo, tiene importancia. Así como la tiene el comentario casual hecho por un paseante en un paradero, que puede estar cargado de una verdad dada por el uso cotidiano, que al erudito puede escapársele. Más que señalar si uno es mejor o más válido que el otro, es importante tomar ambos como lo que son, opiniones. Mejor o peor argumentadas, mejor o peor informadas, y con distintos objetivos.
En lugar de hablar menos, lo que necesitamos son más críticos - críticos ciudadanos - equipados con el deseo y el vocabulario para volver a hacer la ciudad. (Lange, 2012: 8)
De poco sirve que la crítica "erudita" halague la volumetría o cómo el objeto arquitectónico en cuestión se inserta dentro de la historia de la arquitectura, si para sus usuarios cotidianos el acceso es incómodo y los espacios interiores están mal iluminados.
Cuando hablamos de cómo la arquitectura es importante, es fundamental entender que el modo en que ésta es importante - más allá, por supuesto, del hecho obvio de dar cobijo - es el mismo modo en el que cualquier arte importa: hace la vida mejor.
Paradójicamente, es frecuente que la arquitectura más mundana sea la que más nos importa - el techo sobre nuestras cabezas, el edificio cualquiera que nos protege de la lluvia y nos da lugares para trabajar y comprar y dormir y ser entretenidos." (Goldberger, 2009: 2)
La crítica arquitectónica puede apuntar a varios objetivos, como lo menciona el artículo de Attoe. Lo que todo tipo de crítica tiene en común es que nos da la oportunidad de ver al objeto que critica desde una perspectiva que puede no ser la nuestra. De este modo, amplía nuestros horizontes. Puede que no esté de acuerdo con los comentarios sobre un determinado edificio, pero al leerlos, me fijo en aspectos de este que no había considerado en un primer momento. Tomo prestada, por un momento, la experiencia de otro.

Dejo para terminar una reflexión del arquitecto José Bentín, publicada en su Facebook hace un año. 


Attoe, W. (1976) "Methods of Criticism and Response to Criticism". JAE, Vol. 29, No. 4 Architecture Criticism and Evaluation. pp. 20-21. 
Goldberger, P. (2009) Why Architecture Matters. New Haven: Yale University Press.
Lange, A. (2012) Writing About Architecture. New York: Princeton Architecture Press.

domingo, 17 de julio de 2016

Por qué importa la arquitectura (P. Goldberger)

"Este libro no aboga por una única teoría de la arquitectura, una cosmovisión omnicomprensiva que pueda dictar las formas a los arquitectos y explicárnoslas a los demás. Yo no creo que exista algo parecido a una receta universal para la buena arquitectura; incluso en épocas de una coherencia estilística mucho mayor que la nuestra, siempre ha habido multitud de maneras en las que los diversos arquitectos han decidido construir. Me emociona la mejor arquitectura de cualquier estilo y cualquier periodo [...]. La arquitectura adopta formas muy diferentes en las diferentes culturas, pero la naturaleza de nuestra experiencia en asuntos tan fundamentales como las proporciones, la escala, el espacio, la textura, los materiales, las figuras y la luz no es tan distinta como puede ser la apariencia de la propia arquitectura. Y es el esfuerzo por entender estas cosas básicas lo que más me interesa; mucho más, sin duda, que cualquier teoría, dogma o tradición cultural que defienda que hay una única manera aceptable de construir.

Al ser artistas, con frecuencia los arquitectos ven las cosas de un modo distinto; y está bien que lo hagan, pues probablemente eso contribuye a crear gran cantidad de obras, si creemos que existe un camino verdadero. Esas anteojeras que representa la teoría pueden resultar útiles, tal vez incluso esenciales, para los artistas en la creación dle arte. Pero no creo que ellos ayuden a todos los demás a apreciarlo y entenderlo.

[...]

Aunque hay muchos caminos para llegar al reino de los cielos de la arquitectura, esto no significa que no siga habiendo indicadores a lo largo del camino. Algo tiene que ayudarnos a distinguir el bien del mal. Algunos de esos indicadores son puramente estéticos: buena parte de las proporciones, por jemplo, se basan en la pureza de la llamada "sección áurea", ese rectángulo de aproximadamente 3x5 cuya relación entre altura y anchura resulta bastante agradable para la vista: ni demasiado cuadrada ni demasiado alargada. Podemos analizar hasta la saciedad esta y otras combinaciones que hacen que los edificios resulten agradables como objetos [...], pero tales análisis no nos llevarán muy lejos. En última instancia, la arquitectura - aunque puede alcanzar elevadas cimas estéticas - adquiere significado gracias al equilibrio entre las preocupaciones estéticas y las demás; debe entenderse como un conjunto de condiciones complejo y a menudo contradictorio en el que el arte trata de lograr cierta distensión con las realidades del mundo. La arquitectura siempre es una respuesta a unas limitaciones: los condicionantes físicos y financieros, o las exigencias de la función. Si se ve puramente como un arte o puramente como una actividad práctica, nunca se comprenderá realmente.

[...] El único modo de aprender es mirar, volver a mirar, y luego mirar un poco más. Aunque esto no garantiza que nos convirtamos en entendidos en arte - al igual que probar muchos vinos no convierte a nadie en un experto catador -, se trata del único comienzo posible y, en última instancia, de la parte más urgente de ese largo proceso de aprendizaje. [...]

Todo provoca cierta sensación; no solo las obras maestras, sino todo lo que existe en el entorno construido. El propósito de este libro es plantearse qué nos hacen sentir las cosas cuando las tenemos delante, cómo nos afecta la arquitectura tanto emocional como intelectualmente. Este libro no es una obra de historia de la arquitectura, ni una guía de los estilos, ni un diccionario de arquitectura, si bien contiene elementos de esas tres cosas. Su mensaje más importante - espero - es animar a los lectores a mirar y a aprender poco a poco cómo confiar en su propio ojo. Miremos en busca de lo esencial, no del detalle estilístico superficial. Pensemos en las intenciones, pero no seamos demasiado indulgentes en su favor, pues han sido el origen de más arquitectura mala que buena. Al igual que en el arte, las intenciones son necesarias, pero son un comienzo, no un fin en sí mismas. Cómo se convierten las buenas intenciones en ideas serias que, as su vez, inspiran la creación de formas construidas que son capaces de agradarnos o, mejor aún, de conmovernos: este es el tema del resto de este libro."

Goldberger, P. (2012) Por qué importa la arquitectura. Madrid: Ivory Press. pp 27-30


www.amazon.com
"Paul Goldberger, an quien el Huffington Post ha llamado 'la figura principal de la crítica arquitectónica', es en la actualidad editor colaborador de Vanity Fair. Entre 1997 y 2011 fue el Crítico de Arquitectura del New Yorker, donde escribió la celebrada columna 'Sky Line' en la revista [...] Comenzó su carrera en The New York Times, donde en 1984 su crítica arquitectónica ganó el premio Pulitzer a Distinguished Criticism, el mayor galardón en periodismo."  (www.paulgoldberger.com/biography).

La cita presentada es la introducción a su libro Why Architecture Matters. El mensaje explica de modo indirecto la postura del autor sobre la crítica arquitectónica y la importancia que le da a la misma.

sábado, 16 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) II

La segunda colaboración de mitos sobre la crítica arquitectónica se desprende parcialmente del primer mito. 


Vamos por partes, porque este comentario es bastante más complejo que lo que la precaria redacción parece insinuar.

"'Soy crítico de arquitectura' es la postura cómoda de los que no tienen chamba." 

No, no lo es. Y ya hablamos de eso en el punto anterior. Los críticos chambeamos, y mucho, para producir textos coherentes y, de preferencia, con un cierto aporte. No digo más. 

Pero hay acá un tema más relevante. El de la percepción de que en nuestro país no ha existido nunca la crítica. Esta es, evidentemente, una generalización. Tenemos críticos de arte, culinarios y de cine, y algunos bastante buenos (personalmente disfruto mucho con la columna semanal de Luis Lama, aunque no siempre esté de acuerdo con sus opiniones). 

¿Y en arquitectura? Sí, en arquitectura sí ha existido la crítica, y sigue existiendo. Menciono dos nombres, Héctor Velarde y Emilio Harth-terré; y un grupo, la Agrupación Espacio. Y no son los únicos ni mucho menos.

Que la crítica arquitectónica no siempre haya sido ampliamente publicada, o que el autor del comentario no haya sido capaz de encontrarla, es algo muy distinto. Hace algunos días que rebota en las redes un video de Marco Aurelio Denegri en donde explica por qué Arkinka ya no hace crítica arquitectónica; son razones reales detrás de el por qué la poca crítica que hay no es muy visible.

Sugiero, sin embargo, desviar la mirada hacia algunos medios que, muy posiblemente, no se encuentren en el revistero de Wong. Arquitextos, de la URP; Waka, de la UNI; La Chimenea, en su versión digital, son tres ejemplos rápidos que publican con mayor o menor constancia, crítica arquitectónica. Cátedras como la de Wiley Ludeña, tanto en pregrado como en postgrado, también lo hacen. Los productos de estas clases no son ampliamente difundidos, y esto es lamentable, pero están ahí para quien quiera encontrarlos.

Finalmente se produce la crítica no escrita, dentro de grupos de amigos y colegas. La coloquialmente llamada "Apesta", imagino, realiza una buena dosis de crítica cuando sus miembros se reúnen, aún si es que el común de los mortales no tiene acceso a ella.

Es así que el hacer un encuentro de críticos de arquitectura en este contexto no sólo es bueno: es necesario. Si el crítico quiere salir del anonimato, dejar de ser un personaje marginal y empezar a ser escuchado, este tipo de eventos pueden ser un gran primer paso.

Entre el 17 al 25 de setiembre de 1959 se dio en Brasil el "Congresso Internacional Extraordinário de Críticos de Arte", en la aún en construcción Brasilia, así como en São Paulo y Rio de Janeiro. En diciembre del mismo año, se publica lo siguiente:
"Para nosotros, brasileros, los resultados del Congreso no pudieron ser mejores. Nuestros objetivos fueron plenamente alcanzados: Brasilia está ahora bajo el escrutinio de la crítica profesional extranjera. La opinión internacional culta se centra en ella. Sus principales constructures saben que están bajo la vigilancia o la presión de esa opinión y de esa crítica. [...] Lo que Brasilia necesita es de compransión, tanto del extranjero competente como, sobre todo, de los brasileros. Si el Congreso de Críticos logró cooperar, en algún modo, con una mejor compresión, sus promotores deben sentirse satisfechos porque habrán prestado un servicio real al país y a la causa de la cultura occidental." (Pedrosa, 2015: 153)
Salvando las distancias, este es el efecto que un evento de este tipo podría tener. Y estar bajo el ojo de la crítica - si esta es un ejercicio consciente y responsable - es, posiblemente, una de las mejores cosas que a algo podría pasarle.

Pedrosa, M. (2015) "Liçoes do Congresso Internacional de Críticos". Arquitectura. Ensaios críticos. São Paulo: Cosac Naify.

viernes, 15 de julio de 2016

Mitos de la crítica (de arquitectura) I

"Mitos de la crítica" recoge comentarios vistos en diferentes muros de Facebook, la mayoría en publicaciones de Grandes Éxitos de la Arquitectura Peruana. De hecho, me permito iniciar con lo que ellos consideran, con el sarcasmo que los caracteriza, el mejor entre los #ComentariosQueNosHanHechoReflexionar. 

Publicado en "Grandes Éxitos de la Arquitectura Peruana"
(Facebook) el 23 de agosto de 2015.

De esta frase hay casi infinitas variantes. Algunas sugieren que quien critica es alguien que no ha podido "hacer" y que, por lo tanto, descarga su frustración en minar los esfuerzo de los demás quienes, probablemente, sean mejores y más exitosos. 

Otros, con un argumento ligéramente distinto, sugieren que es imposible criticar algo si es que no se ha participado de una experiencia similar al "hacer" ese algo. Es decir, si uno no tiene obra arquitectónica diseñada y construida, no está calificado para criticar.



Empezaré por el primer argumento.

Tiene algo de verdad, puesto que mucha gente se toma el criticar como una suerte de revancha. Los arquitectos somos picones. No nos gusta perder. Y cuando perdemos, el raje no se hace esperar. Entonces sí es cierto que mucha de la crítica que hay circulando por el mundo es producto del resentimiento o la envidia. Es crítica que, lamentablemente, a quienes nos queremos tomar el oficio en serio, no nos hace favor alguno.

Sin embargo, también es verdad que este tipo de crítica es muy fácil de distinguir. Cuando hay mala intención, piconería, deseos de revancha, cualquier lector con un poco de criterio lo nota rápidamente. Este tipo de crítica suele ser visceral, sumamente subjetiva, y caer muchas veces en la confusión de dirigirse al autor y no a la obra o al proceso creativo. Es así que, si nos encontramos con una crítica resentida, será fácil dejar de leerla y pasar a otra cosa... a menos, claro, que estemos interesados en el raje.

El segundo argumento, seré honesta, me da mucha flojera. Sepan, los que piensan así, que para los críticos no hacen sino demostrar una profunda ignorancia y hacer patente el hecho de que en el Perú, en este aspecto, estamos en pañales. No en crítica: en arquitectura. Ningún país con una tradición de arquitectura seria se cuestiona el hecho de que la arquitectura no es sólo diseño y construcción. No tiene sentido si quiera abrir esa discusión*. 

La arquitectura es diseño, por supuesto, proyecto y construcción; también es teoría e historia - y si no, ¿qué son Kenneth Frampton, Denise Scott Brown o Manfredo Tafuri, por decir algunos? -; y la arquitectura, desde luego, es crítica. 

Nuestro problema es que el arquitecto teórico y el arquitecto crítico, en nuestro medio, son escasos. Son bichos raros que suelen dedicarse a la docencia para financiar pasiones exóticas como la lectura, la investigación o los viajes académicos. Sin embargo son la historia, la teoría y la crítica las que permiten salir de la automatización y reflexionar los pocos pasos que se dan en la obra proyectual. Sin ella, dediquémonos a la construcción en serie, sin evolucionar, sin volver sobre nuestros pasos, sin mejorar y sin ir más allá de la rápida respuesta a necesidades inmediatas. 

El ser un crítico que no proyecta, además, tiene ventajas. Al tener una cierta distancia de los problemas cotidianos de este quehacer, podemos ser capaces de ver la obra al interior de un contexto más amplio. Salimos de la respuesta al problema inmediato, de la anécdota, para poner en perspectiva al objeto arquitectónico. Esto no significa desmerecer el tremendo esfuerzo que diseñar y construir implica, por supuesto que no; simplemente lo relativiza frente a preocupaciones mayores que al proyectista, sumergido en su quehacer, pueden habérsele escapado.
"La arquitectura empieza a importar cuando va más allá de proteger de los elementos, cuando empieza a decir algo sobre el mundo - cuando empieza a tomar las cualidades del arte. Podrías decir que la arquitectura es lo que sucede cuando la gente construye con una consciencia de estar haciendo algo que va, al menos un poquito, más allá de lo práctico." (Goldberger, 2009: ix)
Por otro lado, nuestros esfuerzos están concentrados - o al menos eso quisiéramos - en adquirir información. Leemos, nos formamos, conversamos, vemos la mayor cantidad de cosas posible, con el fin de poder entender este amplio contexto mencionado líneas arriba. Quien vive de proyectar, posiblemente, no tenga tiempo para esto. Leer, y entender lo que se lee, toma tiempo y energía; el resultado es la capacidad de ver una serie de aspectos sobre una obra, de manera simultánea e incluso considerando aspectos que el mismo proyectsta puede no haber notado. 
"Tres críticos, parados uno al lado del otro, mirando el mismo muro, pueden tener cosas completamente diferentes que decir sobre dicho mucho sin siquiera entrar en desacuerdo." (Lange, 2012: 9)
Volviendo a la intervención que cuestiona quién es Patricia Ciriani, la respuesta es que ella es una profesional de la historia del arte. Es decir, que ha pasado muchas horas de su vida leyendo e informándose, yendo a exposiciones e incluso organizándolas, viendo y conversando. Es decir, es una persona que, sin haber tenido una "obra importante de Arquitectura o Urbanismo" está, probablemente, más preparada que muchos arquitectos y urbanistas para criticar un edificio y defender una postura. 

Por último - y me parece increíble tener que llegar a este argumento - decir que alguien no puede criticar por no haber construido nunca es casi como decir que si no se es homosexual no se puede opinar sobre el derecho de éstos a contraer matrimonio, o que si uno nunca ha abortado (o no es mujer) no puede decir nada sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre este tema.

De todos los mitos sobre la crítica, he de ser honesta, este es también el que más me indigna. En algún momento de la carrera, algún profesor - de taller probablemente - se lo intenta inculcar a sus alumnos. Esto produce arquitectos lisiados, que toman la crítica con sorna y sin un ápice de respeto. ¿Esto puede acaso conducir a mejoras en la profesión?

Como lo dice el artículo de Attoe, publicado aquí, la crítica es una hipótesis. No es el Juicio Final. No le tengas miedo, pero respétala.

Segundo mito.


* Para los interesados, la discusión fue zanjada en julio de 1979, en el marco del Meeting of Architecture Critics, en Barcelona. El tema de dicha reunión fue "The Role of the Critic in the Architectural Process". El Comité Internacional de Críticos de Arquitectura, establecido en el decimotercer congreso internacional de la International Union of Architect (1978, México D. F.) conluyó que "la crítica y la evaluación deben ser reconocidas como parte constituyente del proceso arquitectónico, desde el planeamiento hasta los detalles finales del diseño" (Glusberg, 1980)


Glusberg, J. (1980) International Meeting of Architecture Critics. Leonardo, Vol. 13, No. 2. p 132.
Golberger, P. (2009) Why Architecture Matters. New Haven: Yale University Press.
Lange, A. (2012) Writing About Architecture. New York: Princeton Architectural Press.
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