viernes, 4 de febrero de 2022

Debemos dejar de (enseñar a) construir

Hay una constante en gran parte de los proyectos que se desarrollan en los talleres de diseño.

Los estudiantes reciben un lugar, un terreno vacío (vacío en la realidad, o en la imaginación del taller). Y reciben, al mismo tiempo, el encargo de ocupar ese terreno. De construir en él. 

La ciudad imaginaria de la enseñanza de la arquitectura se puebla de obra nueva. Construcciones más o menos creativas, más o menos creables, presentadas en pliegos de papel, representadas en 3D y construidas con cartón.

Si fueran a hacerse realidad estaríamos hablando de miles de toneladas de materiales constructivos. Muy probablemente cemento. Tal vez ladrillo. En algunos casos puntuales madera o adobe. 

Al ser formados con estas premisas, naturalmente, los arquitectos entramos a nuestra vida laboral convencidos que esta es la ruta: debemos construir. Para eso nos formaron, y pocas cosas son más emocionantes en la vida de un joven profesional que recibir un primer proyecto. Que ver construidas, en carne y hueso (brick and mortar) ideas que algún momento fueron producidas por su imaginación.

Creo que estamos equivocados.

En favor a la construcción de obra nueva se podría argumentar el déficit de vivienda y de infraestructura. Según una publicación del Congreso en 2021, "Actualmente en el Perú existe un déficit habitacional de un millón 100 mil viviendas y más de mil 300 ciudades del país no cuentan con un plan de desarrollo urbano". La falta de adecuada infraestructura urbana, hospitalaria y educativa es, del mismo modo, evidente.

Sin embargo, el énfasis en la construcción de obra nueva nos impide ver dos realidades en simultáneo.

Por un lado, la existencia de edificios ya construidos que por razones legales, económicas o administrativas han quedado desocupados. Con intervenciones puntuales, estos cadáveres urbanos podrían tener una vida útil que, ciertamente, no solucionará el déficit, pero si contribuiría a disminuirlo.

Las intervenciones puntuales sobre lo ya construido, muchas veces de bajos recursos, han demostrado tener impacto positivo, tanto a escala barrial como al interior de los edificios. Significan ahorro. Inyectan vitalidad a zonas de la ciudad que dábamos por perdidos.

La segunda realidad tiene que ver con la crisis climática. Según un informe de Architecture 2030, la industria de la construcción es responsable del 28% de las emisiones de CO2 globales; la creación de nuevos materiales representa un 11% adicional. En pocas palabras, al hacer obra nueva, los arquitectos, ingenieros, y profesionales del sector construcción, somos responsables de casi 40% de las emisiones del CO2 mundiales. En palabras de Marina Tabassum "consumimos más cemento que comida, y esa es la realidad".

Con esas cifras, de poco sirve ser vegetariano y no usar cañitas de plástico.

Regresemos a la enseñanza de la arquitectura. 

¿Es ético enfocar la formación de futuros profesionales hacia acciones que tienen un impacto tan nocivo para nuestro planeta?

Por supuesto, no toda la formación en arquitectura se dirige a obra nueva. Son notables los ejemplos de adecuaciones a nuevos usos, y los proyectos de fin de carrera que permiten evaluar la creatividad de los estudiantes. Una de las lecciones que nos ha dejado la pandemia es que se puede desarrollar un taller de diseño sin necesidad de imprimir decenas de planos o de invertir dinero en cartón que, básicamente, será desechado luego de la entrega final.

¿Qué tipo de arquitecto formaríamos, qué tipo de arquitectura se produciría, si estos ejemplos fueran la norma y no la excepción?

viernes, 14 de enero de 2022

Nuestras inconexas ideas de ciudad

Como en muchas otras ocasiones, autoridades amenazan con destruir (o significativamente empeorar) un pedazo de ciudad.

En este caso se trata del proyecto de un viaducto elevado sobre la avenida Santa Rosa, en el Callao. Muchos han escrito textos elocuentes y certeros sobre los múltiples errores del proyecto. Sugiero revisar los hilos de Soñadores urbanos (@SonadoresCallao), aquí y aquí, el compilatorio de inversiones similares que resultan (resultarán) siendo fracasos de Lima como vamos (@limacomovamos), y la exposición de mejores futuros a cargo de @bryansaidem. Y me quedo corta.

Lo que siempre sorprende, sin embargo, no son las apasionadas defensas a lo absurdo, si no por un lado la tremenda indiferencia por parte de las personas que luego usarán o sufrirán el proyecto, y, por otro lado, las opiniones a favor. 

A mucha gente le gusta los bypass, los viaductos, las vías expresas y las avenidas de muchos carriles. Es fácil imaginarnos avanzar por ellas, a velocidad, en nuestros carros (así los tengamos o no), en una especie de disfrute de la ciudad. Es, de hecho, una fantasía tan atractiva, que se nos hace sencillo olvidarnos que, toques de queda a parte, sólo a las 3 am es posible ese tipo de desplazamientos.

Quien tiene la necesidad de atravesar la vía expresa de Javier Prado a "hora punta" sabe a que me refiero. 25 km/h es una velocidad muy optimista para una vía que es cualquier cosa menos expresa.

Lo mismo se puede decir de ciertos tramos de Paseo de la República, del bypass 28 de Julio del recientemente desaparecido Castañeda y, me atrevo a predecir, del futuro paso a desnivel del óvalo Monitor.

Lo sabemos. Lo hemos vivido. Entonces, ¿por qué seguimos pidiendo by passes y vías expresas?

Propongo una idea. Los pases a desnivel son precisamente, ideas, fragmentadas e inconexas, que en nuestra fantasía están ligadas al progreso, a la modernidad (como sinónimo de mejora), a la felicidad. Esta idea no es nuestra, no es original, y ni siquiera es contemporánea. 

A fines de la segunda guerra mundial, Estados Unidos inicio un proceso intenso de ocupación de las periferias de las ciudades: se crearon los suburbios, sobre terrenos que, al estar vacíos, permitían grandes lotes, avenidas de tres carriles y bermas centrales, centros comerciales y, sobre todo, la promesa de prosperidad (Diamond, 2020). Los boomers y sus padres abandonaron las ciudades con esta idea, y el paradigma de un garaje para dos carros, un amplio jardín y una parrillada los domingos trascendió las fronteras.

Hay mucho que decir sobre el fracaso de los suburbios. La idolatría al automóvil genera excesivo consumo de combustible; la gran distancia a las tiendas, compras al por mayor y desperdicio; la escala de las pistas, veredas por donde nadie camina; y un largo etcétera.

Sin embargo, las películas y las series nos siguen vendiendo esta idea. No como parte de un sistema organizado, compuesto de diversos elementos que, más o menos, funcionarían en conjunto. Son solo imágenes desconectadas. Ideas de un carro a velocidad, sin tráfico, y de una gran vivienda (propia), y de un jardín siempre verde. La esperanza de salir del trabajo, llegar a una casa (lo más rápido posible), en donde está la promesa de una vida mejor.

Ideas, al fin y al cabo.

Dentro de este conjunto de ideas, hay otras muchas ausentes: caminar por una alameda (como aquella que podría mejorarse en la Av. Santa Rosa), de transitar en bicicleta, tener un transporte público tan digo (lo suficientemente digno) que llegue a tiempo y con comidad; de tomarse las cosas con calma y no desear simplemente llegar, a toda velocidad, sino de tener un camino tan agradable que la ruta sea disfrutable.

No aspirar a tener uno o dos carros, sino luchar por un estado que, en vez de ofrecernos elefantes blancos sobrevalorados, se digne a darnos líneas de buses que no representen un riesgo a la vida de las personas.

La tarea es complicada y no sólo tiene que ver con la fiscalización a las autoridades. Tiene que ver con las ideas que consumimos, y la falta de alternativas. Tiene que ver con la poca oferta de imágenes que nos permitan soñar con una ciudad mejor. Y tal vez también tiene que ver con que las personas que poseen los conocimientos técnicos para explicarnos por qué estas ideas son erróneas, sólo son leídas por unos pocos. Sobre la construcción del bypass, todos los periódicos de la ciudad han escrito. Sobre por qué está mal, ninguno.

domingo, 4 de abril de 2021

¿Qué celebramos en Pascua?

Imaginemos la siguiente escena. Una caverna. Un gran fuego encendido en el centro: espacio social. Al exterior, el viento sopla, como no ha dejado de hacerlo por más de tres meses, levantando la nieve y el granizo sobre las personas que se aventuran a salir. Las raciones, cuidadosamente acumuladas durante el otoño, empiezan a escasear. Ya no hay variedad y casi no hay sabor en lo que queda. Es entonces que un explorador regresa y se sienta al lado del fuego. Deja a un lado la piel mojada que lo protegió y se frota las manos para calentarlas. El resto del grupo lo mira, expectante. El explorador disfruta generar un poco de tensión, y finalmente sonríe. Escarba en sus bolsillos y muestra un brote de hierba fresca. Un suspiro colectivo hace tambalear las llamas del fuego. Un invierno más que termina: el día volverá a ser más largo que la noche, el sol volverá a nacer y, con él, la vida. 

¿No es acaso razón de sobra para celebrar?

Celebraciones ligadas al equinoccio, o a la llegada de la primavera, pueden encontrarse en casi todas las civilizaciones de la antigüedad. Como señala una excelente nota de Heather McDougall (2010), dentro de las celebraciones de renacimiento o resurrección, documentadas a lo largo de la historia que suceden en esta época del año, podemos encontrar a Ishtar en Mesopotamia, Horus en Egipto, el mito de Perséfone y el de Dionisio y muchos otros. De hecho las palabra alemana Ostern, que significa Pascua, viene del nombre de la diosa pagana Ostara.

La Pascua Judía (Pesaj), como la gran fiesta que reconoce la liberación y y la libertad del pueblo Judío (18doors.org), rescata ese simbolismo. Los israelitas de algún modo vuelven a nacer en una nueva vida en libertad. 

En la tradición Cristiana, la última cena no es otra cosa que la celebración del Pesaj de Jesús y sus amigos. Pero la superposición de celebraciones tiene raíces profundas. Como cuenta Carole Cusack, durante los primeros dos siglos luego de la vida de Jesús, las festividades de la nueva iglesia Cristiana estaban ligadas a viejas tradiciones paganas (Travis, 2017). La primavera y el renacer de la vida funcionan como excelente símil de la resurrección. Cuando se establece la fiesta oficial de Pascua Cristiana en el concilio de Nicea (325 d.C.), se determina que ésta debe ser durante la primera luna llena luego del equinoccio de primavera. ¡Qué hermosa manera de regresar a nuestras raíces vitales!

Los huevos fueron símbolo de la vida siempre; probablemente desde las primeras celebraciones alrededor del fuego. Durante la Edad Media las personas los decoraban y regalaban a la familia y amigos para comer después de la Misa de Pascua, luego de los ayunos de Cuaresma (esto además es muy sensato, dado lo nutritivo que es un huevo). En la actualidad son parte de la mesa de Seder, en una tradición que parte de la apreciación de la primavera.

images.newscientist.com
Todo lleva a pensar que los seres humanos, a lo largo de nuestra rica historia, hemos querido celebrar la vida y, a través de ella, celebrarnos a nosotros mismos, nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestra fantasía y nuestra capacidad de superar nuestros problemas.

¿Y nosotros, ahora?

En el hemisferio sur inicia el otoño, pero nuestras herencias festivas han sido tomadas de nuestros hermanos del norte. Olvidada la siembra, la cosecha, el frío invierno y las angustias, todos nos unimos en celebración. 

En un contexto en el que la muerte parece acercarse, desconocida y amenazante pero tan real, es difícil encontrarnos con esta idea. Tal vez el gran consuelo es saber que, a lo largo de la historia, la vida se impone. Que los seres humanos hemos contado historias y nos hemos apoyado en éstas para ir construyendo nuestra propia identidad vital. Que somos una suma, y mucho más que eso. Que nos debemos al pasado, que no hace otra cosa que pensar en el futuro.

¡Feliz Pascua!
Jag Pesaj Sameaj!

viernes, 1 de mayo de 2020

La ciudad post-COVID: una fantasía compartida

Lo entiendo, estamos un poco aburridos.

Y angustiados. Bastante angustiados.

Y necesitados de un mundo mejor. Aunque sea imaginario.

Y si lo imaginamos en grupo, puede que sea más divertido. Como cuando un niño y sus amigos empiezan a construir un planeta en el espacio, con dinosaurios, dragones, Iron Man, mantas y carritos.

Necesitamos creer que estamos en control de la situación, o que lo estaremos cuando se dé esa esperada, mítica y dilatada fecha: cuando acabe la cuarentena.

Es así que muchos arquitectos se subieron a la combi post-COVID.

¿Cómo será el mundo post-COVID? ¿Cómo será la vivienda del mañana? ¿La ciudad? ¿La movilidad? ¿Las relaciones sociales?

Todas son preguntas importantes, loables, y, en muchos casos, la presión de la prensa nos fuerza a tratar de responderlas. 

Pero ya basta.

No estamos listos para responder las preguntas porque la única respuesta real, en un mundo completamente carente de certezas es "no lo sé".

O, me corrijo, las posibles hipótesis que apunten a respuestas reales podrían partir - como lo han hecho algunos artículos recientemente publicados - de una evaluación de nuestra historia y de lo que ya conocemos. Epidemias pasadas, propias y ajenas; errores de planificación o de ejecución; diseños de espacios en la historia; manías recurrentes de nuestra sociedad. 

Las posibles respuestas podrían estar en volver a recorrer los caminos que nos trajeron hasta aquí y tratar de encontrar los puntos débiles. Tal vez de observar, con atención científica (es decir, sin opiniones ni conclusiones apresuradas) lo que está sucediendo hoy. No mañana. Mañana no existe.

¿Pero qué tiene de malo imaginarnos un post-COVID? ¿Por qué no hacerlo? ¿No sería una adecuada preparación?

Si el imaginarlo nos calma las angustias, no no tiene nada de malo. Si nos prepara para posibles escenarios futuros, por supuesto, es necesario.

Lo que me preocupa es que son muy pocas las reflexiones de ese tipo. 

Asistimos a webinars, conversatorios via zoom, videos, textos, con arquitectos que, desde su sala, o mejor aún, desde su biblioteca, repiten frases trilladas, perogrulladas. Ganamos likes y 5 minutos de fama.

Pero el problema es que hay gente que se lo cree; que va a pensar que, desde la comodidad de mi hogar y a través de la libre asociación de ideas, estoy en grado de dar soluciones respetables a problemas tan complejos. Problemas que, además, vienen incubándose desde hace décadas, si no siglos. 

Es una actitud irresponsable, que socava los pocos logros de la investigación científica en arquitectura y otras disciplinas afines. En el marco del figuretismo, las verdaderas reflexiones que podrían conducirnos a posibles respuestas realistas, se pierden. 

Así como la sobre información nos empieza a anestesiar hasta la indiferencia frente a lo que verdaderamente debería llamarnos la atención, el exceso de opinólogos nos está saturando, y eventualmente puede suceder que las soluciones facilistas reemplacen la investigación futura.

Fuente: https://www.clipart.email/clipart/
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Conversemos y tratemos de calmarnos juntos. Démonos abrazos virtuales a través de una pantalla y juguemos a ser colonizadores de un nuevo planeta, con dinosaurios y dragones. Pero seamos conscientes de que no pasa de ser eso. Lo que ofrecemos no son verdades, sino una fantasía compartida.

Un juego.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Postmoderno - Editorial Limaq 5

“El conocimiento, entonces, es una cuestión de competencia que va más allá de la simple determinación y aplicación del criterio de la verdad, y se extiende a la determinación y aplicación de criterios de eficiencia (calificación técnica), de justicia y/o de felicidad (sabiduría ética), de la belleza de un sonido o color (sensibilidad auditiva o visual), etc.” (Lyotard, 1979, pág. 18)
“Bueno... que es como un escenario, ¿sabes? Puedes imaginarlo todo. Los romanos ('em Romans), entrando con sus caballos, sacando sus espadas y teniendo esas peleas. Sucedió en un sitio como este, ¿sabes? Y aquí me lo puedo imaginar muy bien. Es la atmósfera de esos lugares viejos, con historia. Me gusta.” (Vecina del Warehouse District en New Orleans, sobre la Piazza d’Italia de C. Moore).

La condición postmoderna, que se presenta a sí misma como respuesta necesaria a las soluciones insuficientes de las premisas de la modernidad, nos ofrece nuevos retos y claves de lectura de un modo poco articulado. Al alejarse de la dualidad, del gran discurso y de la figura heroica, el mundo desde una lectura posmoderna es plural. Se trata de un espacio de diálogo y encuentro, pero también, de incertidumbre y relatividad.

En la arquitectura, desde la segunda mitad de los años 60s, Robert Venturi y Aldo Rossi propondrían dos posturas teóricas que enfrentaban directamente a muchos de los entonces considerados paradigmas de la arquitectura moderna. Ambos, insatisfechos con los diseños genéricos planteados por el International Style, proponen perspectivas muy distintas para rescatar la historia, el símbolo y, finalmente, la identidad, dentro de la disciplina. 

Los resultados de estas premisas desarrollados durante los siguientes 30 años fueron bastante dispares y, en la actualidad, son motivo de interés casi burlón. Construcciones como la Piazza d’Italia en New Orleans (Charles Moore, 1978), la Biblioteca Harold Washington en Chicago (Hammond, Beeby y Babka, 1991), la Biblioteca Pública de Denver (Michael Graves, 1995) o el Quartier Schützenstrasse en Berlin (Aldo Rossi, 1994-97) entre muchas, muchas otros, cuestionan premisas ampliamente asumidas y heredadas de la modernidad, con propuestas coloridas, irreverentes y ambiguas, pero que consiguen el guiño cómplice con el usuario cotidiano que tanta falta hizo durante la primera mitad del siglo XX.

A la gente le gusta los colores, la familiaridad, lo uno y lo otro, las narrativas y los clichés. “[…] es, posiblemente, del paisaje cotidiano, vulgar y desdeñado, de donde podemos extraer el orden complejo y contradictorio que es válido y vital para nuestra arquitectura como un todo urbano.” (Venturi, 1977 [1966], pág. 104).  Es quizás por esto, que la clave de lectura posmoderna es una alternativa válida para entender la complejidad de nuestros entornos urbanos contemporáneos.

Lejos del simbolismo de los primeros años, en la actualidad el hablar de posmodernidad o, incluso, el cuestionar la pertinencia de hacerlo, nos da herramientas provocativas de lectura y análisis. En 1971, Denise Scott-Brown señalaba que “la urgencia de la situación social, la crítica social a las renovaciones urbanas y al arquitecto como el sirviente de un fragmento limitado y rico de la población […] ha sido tan importante como los artistas Pop en conducirnos hacia la ciudad Americana y sus constructores. ¿Si los arquitectos de estilo renombrado no están produciendo lo que la gente quiere o necesita, quiénes lo están haciendo y qué podemos aprender de ellos?” (Scott-Brown, 1971).

Esta llamada de atención, dejada de lado durante el boom de proyectos de archistars en los años 90 y la primera década de este siglo, cobra nuevamente vigencia en la actualidad. A pesar de la insistencia con la que las premisas de la modernidad siguen repitiéndose en las aulas y en la práctica, la realidad nos confirma lo inadecuadas que son para enfrentar los problemas arquitectónicos y urbanos que nos rodean.

El pensamiento plural, a pesar de un ambigüedad y falta de premisas sobre lo que es correcto y lo que no, nos permite una clave de lectura para entender nuestros entornos. Frente al discurso permisivo y, aparentemente, superficial de muchas perspectivas posmodernas, proponemos aquí una lectura rigurosa, comprometida, con múltiples enfoques, que entienda el hecho arquitectónico y urbano desde la complejidad y la contradicción, y desde su relación subjetiva y afectiva con individuos y grupos.

Este quinto número de la revista Limaq propone una clave de lectura, teórica y práctica, alejada del gran discurso y de la verdad absoluta, con el objetivo de echar luces sobre nuestro quehacer profesional y sobre las situaciones arquitectónicas y urbanas en las que nos encontramos inmersos.

Desde enfoques que toman como base la teoría, Maria Elia Gutiérrez Mozo nos ofrece una revisión de las condiciones del habitar contemporáneas, en las que el usuario se aleja de la realidad y de las circunstancias que lo rodean. El arquitecto tiene la tarea de promover encuentros reales entre personas y arquitectura, que le hagan frente a la difícil ubicuidad de los medios. Mariana Pittaluga se acerca a la práctica del diseño desde la perspectiva de los discursos postmodernos. Considerando al diseño como un producto de la modernidad, su texto centra la transición de la disciplina desde sus orígenes a la actualidad, a través de los ojos de los teóricos.

Reflexionando sobre la ciudad, Marissa Consiglieri argumenta que el enfoque postmoderno es una necesidad, más que una elección teórica, de cara a los problemas contemporáneos de nuestra arquitectura y nuestras ciudades. Paola Bonavitta reflexiona sobre la presencia humana en las ciudades y su participación o falta de la misma, en una condición efímera y regida por las normas de consumo. Sus cuestionamientos abordan la idea de pertenencia y de apropiación a través de lo imaginario.

Jorge Balerdi une la teoría y la práctica en su reflexión sobre la arquitectura de espacios dedicados a la gastronomía y el potencial de ésta para comunicarse con los consumidores y ser acompañante de los productos ofrecidos. Los locales referidos se vuelven así un vehículo de identidad urbano local. Ferrán Grau y Nuria Casais unen reflexiones teóricas de las principales voces de la postmodernidad para decodificar los aspectos simbólicos de elementos arquitectónicos genéricos, con el fin de cuestionar la vigencia del término en la actualidad.

Con énfasis en casos de estudio, Gonzalo Ríos realiza una lectura de la arquitectura popular contemporánea en el Perú, con una perspectiva lingüística que busca entender la producción constructiva desde la estética; lo construido puede interpretarse así como un medio de comunicación. Israel Romero Álamo analiza la arquitectura reciente en la costa norte del Perú, y concluye que se trata de una combinación de criterios formalistas postmodernos, con lógicas económicas y sociales modernas. Con la obra de Juvenal Baracco como protagonista, Octavio Montestruque evalúa las teorías postmodernas difundidas en el Perú con los resultados reales en un proyecto emblemático.

Los trabajos de estudiantes incluidos en el dossier corresponden al área de Historia y Teoría de la Arquitectura. La investigación realizada por Nova Vera y Claudia Zapata es un análisis comparativo del rol de los niños en procesos participativos, para el análisis, el diseño y la evaluación de proyectos urbanos a diferentes escalas. Amanda Mejía y Geraldine Ortega buscan entender el grafitti desde una postura crítica, como gesto de apropiación pero también de propaganda y gentrificación, a partir del caso del Centro Histórico del Callao. Finalmente, Ariana Langschwager realiza un ensayo sobre la multiculturalidad en la arquitectura limeña y la necesidad de aceptación y tolerancia.

Los temas presentados son variados, como lo son los enfoques y los autores a cuyas teorías se recurre. Lejos de dar respuestas o de señalar caminos correctos, se nos ofrece diversidad y caos aparente. Esta, posiblemente, es la característica más compleja de la postmodernidad: enfrentarnos a una pluralidad de ideas cambiantes y forzar en nosotros la responsabilidad de investigar, de discernir y de tomar partido. El dogma puede ser cómodo, pero la duda es vital.


Referencias

Bauman, Z. (2017 [2009]). La posmodernidad y sus descontentos. Madrid: Akal.
Foster, H., Habermas, J., Frampton, K., Krauss, R., Crimp, D., Owens, C., y otros. (2008 [1985]). La Posmodernidad. Barcelona: Editorial Kairós.
Jencks, C. (1991 [1977]). Language of Postmodern Architecture. London: Rizzoli.
Lyotard, J.-F. (1984 [1979]). The Postmodern Condition: A Report on Knowledge. Minneapolis: University of Minnesota Press.
Rossi, A. (2015 [1966]). La arquitectura de la ciudad. Barcelona : Gustavo Gili.
Scott-Brown, D. (1971). Il "pop" insegna. Casabella, 359-360, 14-23.
Venturi, R. (1977 [1966]). Complexity and Contradiction in Architecture. New York: Museum of Modern Art.

martes, 15 de octubre de 2019

Charles Jencks (1939-2019)

"La única cosa relevante de los objetos y las personas hermosas es que son experimentados no como partes, o proporciones entre pómulos y barbilla, sino como un todo. La experiencia de la belleza es una percepción, pero una que mezcla varias otras sensaciones y las hace converger en un modo particular."

The singular point of beautiful objects, and people, is that they are experienced not as parts, or ratios between cheekbones and chin, but as wholes. The experience of beauty is a perception, but it is one that mixes up various other sensations and makes them converge in a particular way.


"La arquitectura de Mies van der Rohe y la arquitectura moderna en general sufrieron no sólo de ser repetitivas, sino de no explicar al pueblo para qué eran las diferentes habitaciones."

Mies van der Rohe's architecture and modern architecture in general suffered from not only being repetitive, but not explaining to the populous what the different rooms were for.


"Creo que la arquitectura, y todo arte, debe tener contenido. Debe tener algo que decir, más allá de lo sensacional."

I do believe architecture, and all art, should be content-driven. It should have something to say beyond the sensational.


"La arquitectura moderna murió en St. Louis, Missouri, el 15 de julio de 1972, a las 3.32 pm (aproximadamente), cuando el infame complejo Pruitt Igoe, o más precisamente, muchos de sus volúmenes, recibieron el golpe de gracia por dinamita."

Modern Architecture died in St. Louis, Missouri, on July 15, 1972, at 3.32 p.m. (or thereabouts), when the infamous Pruitt Igoe scheme, or rather several of its slab blocks, were given the final coup de grace by dynamite.


"En 1979, la postmodernidad perdió su comprensión del significado del ornamento. Degeneró en aplicaciones kitsch."

In 1979, postmodernism lost its understanding of the meaning of ornament. It degenerated into kitsch applique.


"¿Qué es un jardín sino una miniaturización y una celebración del lugar en el que estamos, el universo?"

What is a garden if not a miniaturization and celebration, of the place we are in, the universe?


"Sabes, Darwin dijo que, a través de la selección natural, las cosas se van, gradualmente, y él hablaba con respecto a la evolución de las palomas o de caballos evolucionando, haciéndose más rápidos. Pero en realidad, si ves a la evolución en una escala mayor, la evolución cósmica, y ves a la cultura evolucionar, ves que esta salta, va a través de cambios de fases, y eso es muy emocionante."

You know, Darwin said through natural selection things go gradually, and he was talking about pigeon's evolution or horses evolving, getting faster, But in fact if you look at evolution on a bigger scale, cosmic evolution, and you look at culture evolution you see it jumps, it goes through phase changes, and that's very exciting.



Fuentes: 

domingo, 22 de septiembre de 2019

Lo que le juega en contra a la crítica

Independientemente de los arquitectos amodorrados a quienes le incomoda la crítica, y de los que sienten que ésta no vale la pena, hay  factores externos, fuera del crítico y del proyectista, que dificultan mucho el recorrido de la crítica arquitectónica:

1. Los premios 

Una vez, hace algún tiempo, se me ocurrió criticar la forma del edificio de la UTEC en una foto del acantilado que alguien había colgado en Instagram. Segundos después saltó alguien a llamarme ignorante. El edificio en cuestión ha ganado premios, ¿es que acaso no lo sé? Por lo tanto, debe ser bueno y no yo debo criticarlo.

Ajá.

Los premios son políticos. Suelen tener motivos, a veces explícitos, a veces escondidos. Hay una agenda detrás del nacimiento de un premio, y otras agendas detrás del otorgarlo. Algunos premios son más transparentes que otros, tienen un jurado más plural, o se ganan por puntajes fríos y objetivos. Muchos otros son producto de cafés a media tarde, tragos a media noche, complicidades y objetivos alternativos.

En cualquiera de los casos, incluso cuando el premio es otorgado de modo objetivo y transparente, eso no implica, en ninguna instancia, que el proyecto no pueda ser criticado. ¿Quién soy yo frente a un jurado RIBA? Otra voz. Otro punto de vista. No mejor, pero sí válido.

Si lo que está impidiendo la crítica es que un edificio ha sido premiado, o reconocido por Fulano de Tal, Gran Arquitecto, entonces vale la pena cuestionar la importancia que nosotros damos a las opiniones de los demás. La crítica es, después de todo, un ejercicio de libertad.


2. Los starchitects

Arquitectos estrella, arquitectos mediáticos, grandes conferencistas, leyendas, figuretis. Independientemente de su talento (o falta de, a veces), el arquitecto que alcanza cierta notoriedad parece ser intocable. 

Por una lado, se trata de una persona que suele tener bastante carisma, da charlas motivadoras, convence, es persuasivo. Por lo tanto, logra vendernos su idea, sus proyectos, su aparente calidad, nos convence de una ilusión de empoderamiento. Y se salva de que lo critiquemos porque nos cae bien. 

De eso nos nace una cierta indulgencia. Nos enamoramos del personaje y nos olvidamos que es la obra lo que tenemos que mirar.

Con los starchitects también pasa un poco como con los premios. ¿Quién soy yo para criticar la obra de Mengano, que ha construido tanto, que es tan reconocido, que sale tanto en las revistas? 

Otra vez nos estamos privando de la posibilidad de ejercer nuestra libertad. Criticamos a la obra, no al arquitecto. Esto no implica que éste tenga menos carisma, que sus frases motivadoras dejen de serlo, o que todo lo que haga a continuación vaya a estar mal. Si en verdad es tan simpático como parece, que encaje también la crítica y siga siéndolo.


3. Los medios de comunicación

Las redes sociales y plataformas como ArchDaily nos venden la idea de empoderamiento. Nuestros likes pueden ayudar a decidir la obra del año. Nuestros comentarios pueden ser publicados en esa página. Podemos hacer ver a los demás las obras que nos han parecido buenas. 

Sin embargo esta es una ilusión. A más oportunidades de participar, más parece que caemos en la modorra. 

Son tantas la plataformas, tantas las posibilidades, que día a día estamos siendo bombardeados de imágenes de proyectos, cuidadosamente estudiadas, todas muy parecidas, que nos sobresaturan los sentidos al punto de anestesiarnos. A fuerza de estar expuestos una y otra vez al mismo ángulo del muro blanco, a la misma piscina turquesa, a la misma casita de madera oscura con techito a dos aguas, al mismo volado, ya no vemos. Ya no sentimos. Ya no criticamos.

Esta avalancha de imágenes nos apabulla de un modo tan sutil, que ni siquiera somos conscientes de estar apabullados. Repartimos likes con la soltura de quien respira. Miramos fotos sin realmente verlas. Como consecuencia, le damos a todo una tácita aprobación. Nada nos mueve, nada nos conmueve, no indagamos y, por ende, no criticamos.


4. La academia

Pocos son los ambientes académicos en donde realmente se busca cultivar el espíritu crítico de los alumnos. A pesar de ser un objetivo escrito en los planes de estudio, lo cierto es que tener alumnos críticos es sumamente incómodo para el ejercicio de la docencia.

El alumno que contesta, que no está de acuerdo, que alega, es un alumno conflictivo. Su crítica demora más de lo necesario, distrae la atención del resto, a veces nos parece majadero. En lugar de promover un diálogo, la crítica se vuelve un rebote de argumentos, dichos no con la intención de construir algo a través del diálogo, sino como defensas a un ataque percibido por ambas partes. Los participantes rara vez se están escuchando.

Es curioso porque, en arquitectura, la crítica es uno de los principales recursos pedagógicos. Los alumnos llegan con una propuesta, los profesores opinan sobre ella. Esta dinámica, que podría ser una oportunidad para el diálogo, termina siendo unidireccional. El profesor critica, el alumno asume, cabizbajo. No hay diálogo, no hay respuesta, no hay trabajo conjunto. 

Luego el alumno se aleja, a explicarse a sí mismo o al amigo de al lado las cosas que no pudo decir durante la crítica. Y finalmente este alumno se convierte en egresado, y jura para sí mismo que nunca más tendrá que pasar por esa humillación. Se vuelve poco resistente. Picón. Criticón entre dientes.


Estos cuatro factores seguirán estando ahí, acaso cada vez con más fuerza. Luchar contra ellos, en algunos casos, parece herejía. Sin embargo, parafraseando a Luigi Ciotti, en la herejía está el coraje, la responsabilidad y la coherencia.

martes, 30 de julio de 2019

Adaptaciones informales y nociones de lo público frente a la densificación urbana

El estudio tras este artículo se centra en el impacto del crecimiento inmobiliario reciente en Lima, en el uso que se le da al espacio urbano, y cómo éste afecta las dinámicas sociales, la cohesión de vecindarios y la identidad de las personas en relación a su lugar de residencia. 

Barrios enteros en la ciudad consolidada se han densificado en los últimos años, con una mayor cantidad de usuarios en vivienda más pequeñas. Esto trae como consecuencia cambios en el uso del espacio público. Mientras que algunos de ellos se ven reflejados en el diseño de espacios públicos, la mayor parte de estos usos suceden en el espacio ya existente, de una manera informal o no planificada.

A partir del estudio del desarrollo de un barrio en proceso de densificación inmobiliaria se identifican patrones de uso del espacio urbano y su evolución con los cambios del vecindario, así como la llegada de una nueva población, más numerosa. 

Muchas de las premisas con las que se partió, sobre el déficit de espacio público y a los cambios de uso de la zona, son evidentes desde un punto de vista cuantitativo; sin embargo, las encuestas demuestran que la percepción de la población local no siempre coincide con esto. 

Es así que planteamos un diálogo entre realidad y percepción, el cual permite delinear cuáles eventos urbanos permanecen y cuáles están siendo reemplazados. 


El artículo completo se encuentra en este enlace.

Dreifuss-Serrano, C., Maqueira Yamasaki, A. (2019)  Adaptaciones informales y nociones de lo público frente a la densificación urbana. Cuadernos de Vivienda y Urbanismo, 12(24). https://doi.org/10.11144/Javeriana.cvu12-24.ainp
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