lunes, 13 de noviembre de 2017

El gran Teatro Nacional (André Velásquez)

Cuarta entrega de "Crítica, crítica y más crítica (Vol. 2)". Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición del blog.

Ignacio esperaba el Bus en el paradero mientras miraba los inmensos ventanales del gran edificio que con su sombra bloqueaba los únicos rayos de sol que salían de ese cielo gris que lo acompaña todos los días en su trayecto al trabajo. Se sentía minúsculo al verse reflejado en ese inmenso cristal, un poco intimidado también. Quería sentarse, sus pobres piernas no soportaban más la espera y la edad no le favorecía, pero no había ninguna banca. Seguro no era el único con esa necesidad, había ciertas caras de fatiga a su alrededor, pero nadie se atrevía a subir esos largos, distantes e indiferentes escalones. Mira más allá te puedes sentar, tal vez en el suelo apoyando tu espalda en ese muro chato que separa al edificio de la cuidad, ya no importa si te ensucias un poco, igual se ve impecable todo, vacío y frio. No hizo nada y se quedó parado esperando. Por fin llegó el bus, pero claro, era hora punta y no entraba nadie más, ¡¿cómo se atreve a seguir llamando gente ese cobrador?! decía. Hoy no era su día de suerte, sentía que la ciudad lo odiaba, no había ni una miserable banca. Cómo era la ciudad, ¿no? Tanto edificio enorme, altísimos, tanto ministerio, biblioteca y estación de la cultura, edificios emblemáticos hechos supuestamente para representar a un país, sin embargo, él ahí, incómodo, sin pertenecer en lo absoluto. No estaba seguro de cual era cual, igual todos eran diferentes como compitiendo entre sí, disputándose el puesto al más “antisocial”. Bueno, al fin y al cabo, sólo estaría ahí mientras esperaba su bus, ¿Por qué tanto problema entonces? Justamente el problema era ese. Nuevamente, otra pregunta ¿Por qué el techo tan grande e inclinado? Tanto espacio y puro cemento hacían una barrera entre la cuidad y el edificio y él que sólo quería sentarse y de nuevo ninguna banca, como le dolían las rodillas. La gente caminaba con mucha prisa, acelerados y aplastados por ese desproporcionado muro de cristal y en la otra calle el gigantesco muro naranja con su recubrimiento deteriorado y la distancia del muro de piedra con sus baldosas monolíticas y fuera de escala parecen tener el mismo fin: hacer que sigas tu camino sin detenerte en lo absoluto, excluirte en vez de acogerte. Ignacio respiró profundo como armándose de valor, pero ¿para sentarse? Que ironía. Subió los eternos contra pasos mirando a los costados y se dejó caer cerrando los ojos hasta que una voz ¡señor! ¡señor! ¡No puede estar acá, Por favor! interrumpió su momento de paz y él que quería tanto sentarse, pero con razón era único ahí en el suelo. Cuando abrió los ojos, el vigilante estaba a su lado con la mano estirada en dirección al paradero. El interior seguro era mucho más acogedor, que desperdicio de espacio alrededor, pensó.

Roberto, se encuentra haciendo una visita guiada al Gran Teatro Nacional. Desde el foyer, se puede ver todo con claridad, una gran vista en esquina y el techo muy alto, toda la gente caminando de prisa en la estación de metro y la Javier Prado siempre llenísima de autos. El muro cortina parece un gran marco que encuadra como una imagen en movimiento la actividad constante de la calle. Sin embargo, hacia el otro frente sólo se ve un muro plano, altísimo y en penumbra. Un poco vacío para ser un edificio cultural ¿no? ¿A dónde voy? La sensación de desorientación se apodera de él y siente miedo, busca una señal para saber a dónde ir pero nada. También se pregunta ¿dónde está el teatro?, ¿por dónde se ingresa? No se imagina que más hay al fondo. Menos mal la guía está ahí para ayudarlo a entender lo inentendible. Ahora en la sala de conciertos, la sensación es totalmente diferente, por fin algo que te hace sentir cerca de la música. ¡Qué extraño! parecen todos espacios distintos como diseñados por dos arquitectos diferentes, por un lado, el teatro en forma de herradura y por el otro el resto del edificio. Rápidamente percibe que se trata prácticamente de dos proyectos diferentes, como si alguien hubiera diseñado el exterior y otro el interior del teatro, el problema es que al parecer los que diseñaron ambos proyectos nunca conversaron ni se pusieron de acuerdo; las diferencias y la percepción del espacio son sustanciales. Acá el espacio es más agradable, es muy silencioso y la madera que recubre toda la sala, cada butaca incluso hasta el escenario le da calidez al espacio, muchísimo más acogedor que el hall de ingreso o el aplastante techo y las infinitas escaleras por las que entró al edificio; la primera impresión no fue tan buena. Pareciese como si cada butaca tuviese la vista perfecta hacia el escenario, excepto si sigues caminando hacia los extremos de la herradura, la vista se va desviando, el pasillo se va haciendo más estrecho y no se siente nada cómodo. Pero todo se oye tan bien desde cualquier punto, la música por fin logra destacar en el espacio, deberían de incluirla también en el resto del edificio.

Ahora, Catalina se prepara para salir a escena. ¡Qué nervios! el tiempo pasa muy rápido, deberían de dar más tiempo de preparación dice. Aunque no parezca, ese momento es incluso mucho más aterrador que la puesta en escena. Los pasillos de cemento con las instalaciones colgando en el techo parecen fragmentos traídos de un laberinto, ojalá se pueda respirar más tranquilo en los camerinos, piensa. La poca cantidad de salas de ensayo, ballet y coro no abastecen a un teatro de tales dimensiones y tantos artistas, Catalina se siente sofocada pues a pesar de estar preparándose y requerir de su espacio para concentrarse siente que se lo han arrebatado. Nuevamente, el problema de diseñar un edificio por partes separadas y por arquitectos distintos, sin consenso alguno. Finalmente, llega a los camerinos, prácticamente igual de estrechos que los pasillos. ¡Los artistas merecemos algo mejor que un cuarto con lockers y un baño!, piensa; está más estresada de lo que debería y no falta nada para que salga a escena. La arquitectura ha fracasado para ella. Qué desorganización, no es agradable cenar en un gimnasio, huele extraño y se nota que no es una cafetería, no se distingue bien que espacios se puede acceder, es confuso incluso parece que es la zona de servicio.

El recital terminaba y con el también el día. Los espectadores se retiraban de prisa, nada los detenía a quedarse, parece que el teatro era como una cajita a cuerda, esas donde una muñeca baila en círculos y cuando se cierra la caja no se escucha nada. Acabada la obra, acabado el espacio. ¿Por qué no podía ser un lugar más inclusivo? Que los demás en el exterior noten que ha habido un espectáculo, tal vez eso les causa interés y más gente se quiere involucrar en eventos culturales, al fin y al cabo, muchos son gratuitos. La multitud quiere quedarse hablando, discutiendo sobre lo observado, pero donde pueden sentarse, este no era un edificio para quedarse, el foyer parecía solo de paso. Si no era el foyer ¿Qué pasó con el hall, o el espacio público del exterior? ¿Dónde está la cafetería? Igual el clima no es tan frío en Lima como para quedarse afuera un rato. 

A lo lejos se escucha decir a uno de los asistentes a la obra, ¡OYE, no te has dado cuenta, es un desperdicio de edificio, una oportunidad tirada al tacho!

(upload.wikimedia.org)

viernes, 10 de noviembre de 2017

Plaza San Miguel: El "primer" centro comercial del Perú y su involución (Natalia Regalado)

Tercera entrega de "Crítica, crítica y más crítica (Vol. 2)". Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición del blog.
Luego de publicada esta reseña, varias personas señalaron que el CC Plaza San Miguel no es el primer centro comercial del Perú. De todos modos, se ha mantenido el título original, al que solo se han añadido comillas.

La mayoría de personas podría imaginarse que el primer centro comercial fue Camino Real, por su ubicación céntrica y por establecerse en uno de los distritos más pudientes de Lima. Sin embargo, a mediados de los años setenta Plaza San Miguel emergió como hito en uno de los distritos de clase media menos poblados de la ciudad. La razón por la que decidí criticar este edificio es porque no solo he sido usuario de este a lo largo de mi vida, sino porque su popularidad creció mientras yo lo hacía y he podido notar cada cambio significante que tuvo.

Durante los años noventa, Plaza San Miguel era frecuentado en su mayoría por los vecinos del distrito. Había ciertas tiendas reconocidas y otras independientes. El edificio se ubicaba en el centro y era rodeado por puestos de estacionamiento. Las vías interiores no eran techadas y éstas conectaban a todas las tiendas, incluyendo a las tiendas ancla y se encontraban en un punto central donde había una zona de juegos mecánicos y plazas escalonadas donde ocurría toda clase de eventos en días festivos importantes. San Miguel, en ese entonces, carecía de espacios de encuentro de tal popularidad. A pesar de tener una gran área de estacionamiento de por medio, el ingreso desde las avenidas y calle era casi sutil pues la entrada era suficientemente ancha y no había cerramientos de por medio. El diseño del centro no hacía sentir al público forzado a comprar. Las plazas, escaleras y bancas que formaban parte de la zona de encuentro ofrecían suficiente espacio para que la gente se reuniera sin ningún fin comercial. A pesar de ubicarse en una extensa área, todo el edificio era de un nivel y uno era libre de poder recorrer y atravesarlo pues tenía múltiples salidas hacia las cuatro fachadas. El área de estacionamiento representaba un gran retiro de modo que los muros ciegos del centro no eran visualmente agresivos.

A finales de los años noventa, con el desarrollo urbano del distrito y la aparición de nuevas cadenas de tiendas extranjeras, se empezó a edificar en las áreas de estacionamiento. La tienda por departamentos existentes y supermercado, Saga Falabella y E. Wong respectivamente, añadieron más niveles. Pero el mayor impacto que causó este cambio fue la llegada de Ripley. La ubicación de este bloque de cuatro niveles se destacaba del resto del centro comercial por su gran tamaño y bloqueaba parcialmente la entrada hacia el centro desde la avenida La Marina. La cercanía de este gran edificio hacia la avenida y su exterior contrastaban fehacientemente con el resto del centro. En los años posteriores, la aparición de nuevas tiendas en el resto de los terrenos que pertenecían al centro comercial y la ampliación de este hacia la calle Mantaro marcaron el inicio de la transformación de lo que era un punto de encuentro desapercibido a un centro saturado de tiendas que eran agregadas de forma aleatoria y desordenada al diseño original. Si bien el crecimiento del centro respondía a la demanda de contar con nuevas tiendas que otros centros comerciales más grandes tenían, la suma de estas no se previó y la adición de dos niveles más, el enrejado exterior y un patio de comidas hizo que otra entrada sea obstaculizada por está saturación. En los últimos dos años, todavía se sigue añadiendo tiendas en lo que quedaba de los puestos de estacionamiento y la altura del centro comercial sigue creciendo.

Dado que la ampliación ha ido ocupando los antiguos lotes de estacionamiento, la percepción de Plaza San Miguel ha cambiado. Las fachadas desde la avenida La Marina, Universitaria y la calle Mantaro han quedado como grandes muros ciegos que permanecen desconectados y abrumadores al entorno. El gran bloque en que se está convirtiendo ya no invita al peatón a ingresar de forma sutil al centro. La adición de nuevas tiendas y las improvisadas entradas a los estacionamientos subterráneos cortan la circulación peatonal que antes era continua y uno casi debe adivinar por donde puede entrar al centro sin tener que pasar por alguna tienda ancla antes. No se trata de que la improvisación en el crecimiento de Plaza San Miguel tenga menos valor que una gran área para puestos de estacionamientos que este tenía hace dos décadas, sino que nunca se dio importancia a la necesidad de tener espacios previos, de transición hacia el ingreso del centro comercial. Cosa que el diseño original si había previsto en el interior y que esa gran área de estacionamientos, diseñada para el auto, servía mejor al ser un gran retiro a que el peatón tenga que enfrentarse de forma tan abrupta a un gran bloque ciego de tiendas por departamento.


El crecimiento económico, la demanda de nuevos centros comerciales en todos los distritos y el prototipo de centro comercial americano causó el rápido incremento de nuevas tiendas y nuevas cadenas de restaurantes y cafeterías como símbolo de desarrollo e inversión en los distritos emergentes en los que cada vez la clase media era la mayoría. Plaza San Miguel se extendió, pero no evolucionó como edificio público y para el público. Le da la espalda al usuario peatón que fue siempre el recurrente, interrumpe y crea nudos de tráfico alrededor que mientras más se satura, más desdén provoca pensar si realmente uno quiere ir a caminar o reunirse o siquiera ir a comprar a este centro comercial. 

laplazaperu.files.wordpress.com 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Los querubines del Real Plaza Salaverry (Maria Pía Berninzon)

Segunda entrega de "Crítica, crítica y más crítica (Vol. 2)". Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición del blog.


Si tuviera que expresar mis sentimientos sobre el centro comercial Real Plaza Salaverry, serían similares a los que sintieron los modernos al enfrentarse al art Nouveau, en esta especie de fachada churrigueresca contemporánea donde sólo faltan los querubines, donde el horror vacui se observa en una grandiosa expresión.

Desde el ingreso hasta los estacionamientos, del patio de comidas en forma de OVNI hasta la escalera de templo azteca en la fachada, es una exageración arquitectónica en donde el exceso de detalles hacia la Av. Salaverry y la ausencia total de los mismos hacia la Av. Punta del Este expresan confusamente los ingresos y salidas del mismo.

Mi primera visita a este centro comercial fue realmente desastrosa, llegar al mismo edificio y recorrerlo fue un dolor constante, tanto así que, confesándome una adicta a las compras, no pude disfrutar ni 5 minutos del recorrido.

Si se llega en auto, primero deberás sufrir una tortura constante de tráfico de por lo menos 10 minutos antes de poder ingresar al estacionamiento, debido a que los taxistas emplean la misma avenida para ofrecer sus servicios, teniendo en cuenta que el Real Plaza Salaverry posee una bahía para ellos, estos prefieren cuadrarse en la puerta del mismo.

Después de sufrir este tiempo en el tráfico y pelearte con por lo menos 5 taxistas que decidieron esperar clientes justo en la entrada, ingresas al estacionamiento, más confuso que el laberinto del minotauro, donde no hay espacio ni para tu bicicleta, después de descender hasta el inframundo quizá encuentres un espacio al lado del can cerbero – pídele de pasada que por 20 “Luquitas” te lave el carro – después de esta odisea, puedes dirigirte hacia el único núcleo de escaleras verticales que conectan toda la edificación o hacia los ascensores que solo se detienen en pisos determinados, y no cometas el error de detenerlo en el piso 0, ya que tendrás que atravesar toda el área de cocinas, baños, mantenimiento y almacenamiento del centro comercial para poder llegar hacia los locales comerciales.

Si se llega peatonalmente, tu suerte no cambiará mucho, puesto que en primer lugar, el Real Plaza decidió que el colocar vallas de seguridad en todo el borde de la avenida Salaverry era una buena idea, así que no hay forma de cruzar directamente al centro comercial, o caminas una cuadra hacia alguno de los lados para llegar o te rehúsas arduamente y te atreves “a la peruana” y le metes tu saltadita a las rejas de seguridad, eso si es que alguno de los taxistas anteriormente mencionados no te deja como papelito.

Después llega la confusión, ese hermoso detalle de “y ahora a donde voy”, te diriges a la fachada principal buscando que tus dudas se resuelvan y si no fuera por el de seguridad que te dice, “la entrada es aquí a la derecha” ni cuenta te das, no sabes si debes subir la escalera azteca y hacer algún sacrificio, atravesar la parte de los restaurantes, subir por las otras escaleras eléctricas o entrar por ese pequeño agujero que el de seguridad llamó “entrada”. Si al final te decidiste por lo seguro, le haces caso al de seguridad. Por otro lado, la fachada posterior no es de mucha ayuda, ahí no se encuentra ni el de seguridad, al final decides ingresar por el único agujero de la fachada, eso sí, consideremos esta como la fachada menos confusa, la que menos “daño” le ha causado a la ciudad, una fachada que no quita ni otorga nada.

El lenguaje que emplea en la fachada “principal” es confuso, posee una escalera netamente decorativa, unas escaleras hacia el lado izquierdo y además un ingreso poco claro. Además, hay restaurantes que se encuentran en la fachada principal, que si no tienen señalización no se les reconoce, como lo son Papachos y K.O. La fachada fue definida como principal según el arquitecto, dejando de lado casi completamente la fachada posterior, y olvidándose de la residencial San Felipe, de donde proviene gran parte de su público, quienes se les dificulta el ingreso cruzando la Av. Punta del Este y poseen una fachada altamente descuidada, sin un mayor diseño y altamente contrastante a la fachada de la Av. Salaverry. El arquitecto no supo aprovechar la oportunidad de tener dos fachadas en un cruce de avenidas tan importantes como lo son Salaverry y Punta del Este.

Interiormente el edificio y la circulación no es mejor a la del estacionamiento, lo que podemos rescatar es que se respetó la tradicional secuencia de tiendas ancla en los extremos y en la parte central, sin embargo la circulación sigue siendo igual de confusa, si te diriges hacia alguno de los lados hay escaleras que no continúan hasta el patio de comidas ni al estacionamiento, las únicas que se dirigen ahí son las escaleras centrales, hacia uno de los lados del mall encontramos un pasaje con tiendas que aparece y desaparece según el nivel donde te encuentres, después de unas 7 visitas al lugar recién me enteré que existían.

Por último, el patio de comidas, ese hermoso platillo volador que se puede observar desde 5 manzanas a la redonda, partido perfectamente por una junta sísmica no planeada, donde se encuentra, aparte de los restaurantes “económicos”, el cineplanet, partido en dos sectores, izquierda y derecha, en cada una encontrarás salas de cine, pero solo en un lado puedes encontrar las cajas para comprar las entradas y de ahí, nuevamente pregúntale al amigo de seguridad sobre donde está tu sala.

El mall posee una serie de elementos arquitectónicos agradables, como las triples alturas en los núcleos de circulación, la triple altura del espacio central donde se desarrollan distintos eventos conforme a la época del año y la disposición de las tiendas ancla, Sin embargo, es una mezcla de “todo un poco” hacia un lado y nada hacia el otro, dándole la espalda a la residencial san Felipe, congestionando irracionalmente la avenida Salaverry y dándole una justificación adicional a nuestro alcalde Luis Castañeda para realizar el bypass de la avenida anteriormente mencionada, otorgando espacios residuales a la ciudad como lo es la plaza ubicada en la punta del real plaza, empleada únicamente por skaters, que quieren pasar el rato sin que la clásica vecina amargada los grite y donde, muy de vez en cuando, se realizan ferias temporales para “activar” la zona.


Por otro lado, el formato de “centro comercial” no ha variado en más de 50 años, con el mismo formato de tiendas anclas y pasillos de conexión con locales comerciales a los lados, cerrándose en sí mismo y dejando de lado la ciudad, lo mismo sucede con el Real Plaza, se cierra en sí mismo, perdiendo la oportunidad de otorgarle espacios públicos a la ciudad y articulando los flujos vehiculares y principalmente peatonales que existen actualmente en la zona.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Universidad Nacional del Centro del Perú: Edificio Administrativo (Dino Cano)

Primera entrega de "Crítica, crítica y más crítica (Vol. 2)". Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no representan necesariamente la posición del blog.

He crecido gran parte de mi vida apreciando este edificio: la primera vez que lo vi, realmente sentí su presencia. Es un edificio que se logra imponer en el firmamento de una ciudad rodeada por montañas. A su vez, el edificio también logra esta conexión que uno llega a sentir cuando está al frente de una gran montaña, respeto, admiración, jerarquía y omnipresencia. Cualidades que están sujetas a un punto de vista muy particular, de una persona que ha crecido viendo este edificio desde los 8 años, despertando en él no solo las ganas de empezar una vida universitaria, sino por el deseo de ser el responsable de algo igual o mejor.


Dejando un poco de lado la admiración y el sentimiento que tengo hacia el edificio, me gustaría empezar a hablar un poco sobre la forma de este. Cuatro volúmenes de diez pisos que se levantan sobre un zócalo que trata de respetar la escala humana. Lo estereotómico sobre lo tectónico y es que si lo vemos detenidamente es una gran masa apoyada sobre unas columnas de sección circular, contrario a lo que podríamos apreciar en el resto de la ciudad, donde el primer piso se trabaja con muros de adobe y lo que sigue es un techo de madera con tejas a dos aguas. Hablando un poco más sobre el techo, cada volumen o prisma tiene el techo inclinado para el deslizamiento de las fuertes lluvias que se tiene en la ciudad, pero cada uno en un sentido distinto y dándole la espalda al anterior, teniendo como resultado estos volúmenes que se van dando la espalda, pero que van mirando hacia la ciudad.


Exteriormente poco se entiende el sentido de los ejes que atraviesan el edificio, ejes que se encuentran en un centro que interiormente está bien desarrollado, pero que por fuera no se logra leer en lo absoluto. Cada volumen tiene un detalle en las aristas interiores, unos nada sutiles grabados pre-hispánicos que no tienen otra función más que la de decorar y hacer ver más "andino" al edificio. Hablando un poco más sobre los materiales que se utilizaron, tenemos el vidrio azulado, algo que se viene usando bastante en provincia, un material que en este particular caso me parece acertado, ya que se puede leer como una continuidad del azul del cielo, reflejándose incluso en este las nubes hace que el edificio no se imponga abruptamente, sino que juegue un poco con su entorno.

En este edificio se podría hablar de una modernidad o un regionalismo, si no fuese porque en realidad no existe una planta libre o una verdadera reinterpretación de los materiales o las costumbres de la región. No sigue nada en particular y trata de romper con el esquema que se tiene de la ciudad. De una manera intencional el arquitecto quiere que su edificio resalte y sea un nuevo hito en la ciudad, algo que sin duda le ha salido bien y es que este ha sido una de sus más reconocidas obras y en la que se le ha permitido expresar más sus ideales sobre lo que quiere para la ciudad. A pesar de todo, exteriormente encuentro algunos detalles sin sentido y hasta la fecha no logro entender por qué tomó ciertas decisiones, como la del detalle del diminuto volumen saliendo de la nada, interrumpiendo con la continuidad del volumen en sí. Algo más osado que intentó el arquitecto es tener la circulación vertical con unas escaleras con descanso semicircular, algo que exteriormente no tiene sentido y no se acompaña con nada del edificio, esta como un capricho del arquitecto más que como algo que aporte a la lectura del edificio.

La vista que se tiene desde el interior de la universidad es incluso mejor, el edificio te invita a ingresar por el zócalo que se separa incluso del nivel peatonal, pero te deja un amplio ingreso por unas escaleras que te hacen sentir que estas ingresando a una parte diferente de la universidad y es que la función de este edificio no es igual a la del resto, es una zona administrativa, comercial, de esparcimiento y de encuentro. Estas características hacen que el ingresar al edificio en si sea mucho más llamativo y esto sumado a la importancia que tiene este con respecto a la ciudad hacen que la experiencia de recorrer el edificio sea más placentera de lo normal.



Hablando un poco más con los estudiantes de la universidad, pude entender que le tienen un gran aprecio a este edificio, solo los alumnos de arquitectura difieren unos con otros en sus opiniones con respecto a este, pero siempre el resultado llega a ser el mismo, admiración y aprecio por algo que los identifica. Esto demuestra mucho de la obra del arquitecto, ya que ha logrado hacer algo que realmente gusta, que puede generar alguna molestia en algunas personas, pero que lo aceptan de la mejor manera. Realmente es un edificio atemporal que marcó un antes y un después en la arquitectura de la ciudad y que permite pensar en hacer cosas iguales o aún mejores que esta. A pesar de eso aun siento que el desarrollo del exterior al interior del edificio deja mucho que desear, porque uno tiene unas expectativas muy altas cuando mira y entra por primera vez, pero ya adentro del edificio este (como todo lo se "personaliza") pierde en gran magnitud las virtudes que quizá en su momento el arquitecto trato de plasmar.

El gran espacio central es sin duda el mejor logrado en la edificación, una triple altura que te acoge y te hace sentir de manera más especial dentro de un edificio icónico en la ciudad. Aunque de nuevo siento que las curvas son un poco más que innecesarias para un espacio que no responde al exterior, no se lee en este ni en ningún otro espacio de la edificación estos cuatro volúmenes que se van dando la espalda, mucho menos los ejes que se leen desde el exterior.


Finalmente me gustaría terminar esta crítica con una reflexión de lo que se viene haciendo en provincia, muchas veces la inversión suele ser menor a la esperada y uno tiene que hacer mucho con lo poco que tiene, en el caso de esta edificación la construcción y la lógica que se utiliza es sencilla, no requiere de mayores logros de la ingeniería y la grilla responde a algo que ya se viene haciendo desde hace mucho. Sin embargo, el arquitecto logra con esto hacer una volumetría distinta, con movimiento y reconocible desde lejos. Muchas veces se opta por lo más fácil, lo que traiga más metros cuadrados y lo que se pueda seguir expandiendo verticalmente, pero este no es el caso, es un edificio que logra su objetivo y abre las puertas a lo nuevo que se pueda venir haciendo en la ciudad.

Crítica, crítica y más crítica (Vol. 2)

www.architectural-review.com
Todos los ciclos, invito a los alumnos del curso de "Teoría de la arquitectura" de décimo ciclo de la UPC a embarcarse en la tarea de criticar un edificio. Algunas veces, los resultados son "buenos no más", porque la tarea se dio muy cerca a las entregas de taller o porque simplemente no fluía. A veces, tengo la suerte de leer textos muy buenos. 

Como en el 2015, que publiqué los mejores trabajos del ciclo, esa vez lo volveré a hacer, con el permiso y créditos a sus respectivos autores. Los resultados de este ciclo me han gustado bastante.

El disclaimer de rigor: no necesariamente comparto los puntos de vista en los textos a publicar. Los artículos se publicarán tal y como me fueron entregados (con alguna tilde corregida aquí y allá), respetando el texto y el formato presentados por sus autores.

Los textos han sido escogidos por su originalidad (en el objeto criticado o en el enfoque que se hace del mismo), su capacidad de transmitir ideas, el lograr mostrar diferentes ángulos de la experiencia o el recorrido, y el compromiso del autor con tomarse en serio la tarea de tratar de entender y hacer entender un edificio.

El ejercicio de crítica es vital para una disciplina. Cualquier disciplina. En el caso de la arquitectura, se ha dicho una y otra vez, la poca crítica existente no es suficiente. Que estos ejemplos sirvan para que haya un poco más.

Aquí el enlace al primer texto: "Universidad Nacional del Centro del Perú: Edificio Administrativo", por Dino Cano. 

Y, como siempre: el que se pica, pierde.

lunes, 30 de octubre de 2017

El respeto al desierto: Aulario de la Universidad de Piura

Mis expectativas con respecto al edificio eran bajas. Es posible que sea porque luego de ver el bosque de huarangos alrededor de los edificios del campus, predomina la idea de que cualquier cosa que quite terreno a ese extraño bosque desértico, ya es una irrupción. Y es, de hecho, una de las cosas que hace tan interesante al campus principal de la Universidad de Piura: los espacios aún no "domesticados". Esos a los que no llega la manguera, donde árboles y pequeños matorrales luchan contra la arena.

Paisaje piurano, en suma.

El nuevo aulario del campus, de Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, recientemente inaugurado, está en el extremo noreste de la parte construida del campus. Desde el ingreso en la Av. Mujica, son unos buenos diez minutos caminando.

Para llegar al edificio, luego de pasar delante de las demás construcciones del campus, hay un camino, una especie de alameda con huarangos alineados con exactitud de jardín versallesco. Lo cual ya es una gran contradicción. Este es un árbol que no se deja domesticar, y dentro de poco la alineación va a desaparecer en la irregularidad del follaje.

Lo que uno se encuentra al final del recorrido es un volumen macizo en concreto expuesto. Pensar en el LUM es inevitable. Dos perforaciones - una mayor hacia la izquierda y una menor a la derecha - y un desplome en la fachada, serían las únicas interrupciones. Pero hay también una celosía, irregular, en concreto expuesto. Es, creo, el primero de muchos puntos de interés del edificio.



No me quedó clara cuál era la entrada principal. La perforación mayor y la menor compiten con una rampa que no es aparente desde lejos. Una vez que uno se encuentra frente a ella, es sin duda la entrada más atrayente. Con la duda de si se está haciendo lo correcto o no, esa rampa conduce al interior del edificio, desde el segundo piso. Y es aquí que descubrimos que la fachada esconde un mundo mucho más estimulante, de irregularidades, tensiones volumétricas, texturas y juegos de luz y sombras.

Si, en un primer momento, uno piensa en el LUM, el interior evoca, más de una vez, al Convento de la Tourette.

Parafraseando a Benedetti - y que me perdone - este edificio es una alcachofa. Uno lo va descubriendo, piel tras piel, recoveco tras recoveco. La gran diferencia es que nunca sentí que fuera "perdiendo sus enigmas" sino, por el contrario, presentando nuevas cosas que ver, nuevos temas en qué pensar.

Es un edificio sexy.

El aparente caos, reforzado por el ingreso poco claro, y por la volumetría interior irregular, se resuelve en los recorridos. Es, en realidad, un cuadrado, con una circulación en forma de U. No sé si valdría compararlo con un claustro tradicional de convento: el espacio central no es un claro patio abierto, sino una cafetería en semisótano, parcialmente cubierta por los techos de concreto. Al rededor, pasillos con aulas y oficinas.


Las texturas irregulares del concreto se combinan con superficies lisas y blancas. La complejidad está dada por los desniveles y, sobre todo, por las fracturas en la cubierta. Lo visité en un día nublado, pero imagino que la luz del sol, al entrar con generosidad, hace más evidente estas fracturas al trazar líneas en los muros de los pasillos. Cada aula parece estar techada de manera independiente; las cubiertas no se tocan. Es así que se da una tensión entre las diferentes partes, que se suma a la de los volúmenes al interior del conjunto.

Desde el punto de vista espacial, el gran logro es eso que a Wright le gustaba tanto: estar en un espacio y ver otros. Querer llegar a ellos sin saber bien cómo. Y así, invitar a recorrer el edificio; a entenderlo. 



La amplitud de los pasillos, y los lugares para estar, sin función determinada, fomentan encontrarse y permanecer. Las dos cosas que uno podría desear en un edificio, sobre todo uno dedicado a aprender. No se trata, en este caso, de espacio desperdiciado, sino de espacio invertido para esas funciones imprecisas: los eventos y la espontaneidad. No toda la arquitectura debe girar en torno a la función pragmática; es probable que aquí, además del plantemiento de los proyectistas, haya que agradecer a un cliente generoso. 

¿Y el desierto?

Al recorrer el edificio, dejé de pensar en el territorio quitado al desierto. A diferencia de muchos de los edificios del campus, que se sitúan en un artificial prado que debe ser constantemente regado, este aulario es arquitectura del desierto; glorifica el heroísmo del huarango. El paisaje de árboles y arena entra al edificio, y éste se busca verlo en cada recoveco. El aulario nos muestra ese espacio con una nueva dignidad. Parece cerrarse al desierto con su volumetría, pero es precisamente así que, con visuales controladas, invita a redescubrirlo.




martes, 3 de octubre de 2017

Tengo miedo

El terreno de Stansa (luego Ricoh), en la esquina de Pardo y Aliaga con Conquistadores, está vacío.

Esquina de las Avs. Pardo y Aliaga, y Conquistadores
(Google Street View)

El proyecto original no era nada excepcional, excepto dos cosas que hacían que, al menos, no fuera dañino. La escala se ajustaba a la del edificio San Carlos (aun en pie), y ofrecía hacia la fachada principal un retiro generoso.

Desde el punto de vista urbano, esta esquina no es ninguna maravilla. Uno de sus lados es el muro ciego del colegio María Reina; los otros dos, bancos. Pero mucha gente pasa por ahí, a pie, en carro o bus. Esto la hace relevante para todas esas personas que, sin quererlo, son usuarias de este espacio.

Esquina de las Avs. Pardo y Aliana, y Conquistadores, estado actual
(Imagen propia)

En la actualidad ese lote vacío, enorme, es una gran oportunidad. Sospecho que lo que sea que se construya en él se parecerá más al edificio vecino que actualmente tiene hacia el frente de Conquistadores. Un edificio de oficinas que aprovecha al máximo la superficie del terreno en pos de una mayor rentabilidad. Un anónima caja de vidrio como tantas otras que pueblan esa parte de la ciudad.

Y tengo miedo.

A una cuadra de distancia, en la misma avenida y en dirección a la huaca Pucllana, está el que considero uno de los ejemplos más nocivos de edificio de oficinas. Una forma geométrica pura, abstracta, en donde la escala humana y la relación con el exterior, brillan por su ausencia.

(Imagen propia)
Es posible que el interior sea una maravilla, más por mérito de los diseñadores que de la fachada negra, que obliga a usar luz eléctrica hasta en los días más soleados. Lo que a mí me preocupa es el exterior. Eso que es usado por muchísima más gente que la que trabaja al interior. Eso que será sufrido por todos nosotros si es que otra caja hermética llega a ocupar el terreno vacío.

Muros ciegos, ningún referente de escala humana (excepto el nombre de las calles, en un murete parecido a los tradicionales, pero, cómo no, en negro), ninguna relación con el exterior. El ingreso, una perforación más apropiada a un calabozo. El bonito efecto que podría dar el color cobre se pierde bajo el peso del resto de la composición. No provoca entrar. Y, lo que es mucho peor, no provoca pasar por el costado.

Volvamos a nuestro terreno vacío y caminemos una cuadra más, pero en la otra dirección, hacia la Av. Camino Real. Otro edificio de oficinas. Otro objeto abstracta, pero ligeramente distinto. No se trata, en absoluto, de uno de mis edificio favoritos, pero sí hay que reconocerle algunos aciertos.

(Imagen propia)
En lugar de un borde hermético, tenemos tiendas. Sólo tres, que logran hacer toda la diferencia. Caminar por ahí no me va a iluminar el día, pero tampoco genera rechazo o miedo, y esto ya es una gran cosa. La distancia entre la vereda y la vitrina de la librería, lograda por un zócalo bajo, no me deja leer los títulos de los libros, pero eso no influye en lo agradable de la imagen. Los cristales, que separan las mesas del restaurante del exterior, no molestan.

El resto del volumen pasa desapercibido desde la escala del peatón, pero, si uno se detiene a mirarlo, hay un par de detalles diferentes que lo hacen menos agresivo. No es un solo tipo de vidrio, sino dos,  lo que ayuda a manejar la escala con respecto al ser humano; el color predominante es un azul claro y alegre. Hay sustracciones, sutiles, sí, pero que logran salvar al edificio de la apariencia de mole maciza. A diferencia del anterior, este sí parece ser un edificio vivible. 

En el terreno vacío se repiten las mismas responsabilidades, y se agregan unas cuantas. Hay una esquina; ¿se va a aprovechar, como un respiro urbano o una entrada jerárquica, o se va a ignorar? Hay tránsito de personas, un kiosko, un paradero; ¿se va a considerar el impacto sobre los usuarios cotidianos de ese pedazo de ciudad? Se está buscando consolidar un eje comercial, peatonal, en la Av. Conquistadores; ¿se aportará a esa iniciativa? Finalmente, ¿qué importa más? ¿La imagen institucional del edificio como objeto/trofeo/foto de revista, o la experiencia urbana del usuario que lo sufre?

Las posibilidades son infinitas.

Esta es una esquina maravillosa, una oportunidad única de hacer algo fantástico.

O, al menos, de hacer algo que no sea nocivo.

Pero tengo miedo.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Las 7 lámparas de la crítica arquitectónica (L. Hosey)

Traducción de extractos del artículo "The 7 Lamps of Architecture Criticism", publicado en Huffington Post.

"[...] ¿Qué es "crítica seria" en arquitectura? Este es un tópico vital, dado que los críticos frecuentemente dan forma a la opinión pública, tanto como lo hacen los mismos arquitectos, o más. Pregunté a un grupo de escritores respetados cuáles creen que son las principales características de la buena crítica. Blair Kamin, el crítico del Chicago Tribune, ganador del Pulitzer, me dio una lista que llamó 'Las siete lámparas de la crítica arquitectónica", en homenaje al tratado de John Ruskin de 1849. Sin vergüenza alguna, voy a robar y adaptar su estructura alrededor de comentarios de otros.

1. De principios (Principled)

"Necesitamos críticos iluminados, no francotiradores de sillón," insiste Susan Szenazi, editora jefe de Metropolis. "El crítico ideal es justo, ético, empático," dice Cathy Lang Ho, la editora jefe original de The Architect's Newspaper. "Ten un objetivo mayor," dice Alexandra Lange, autora de Writing About Architecture: "Enfatiza por qué [tu opinión] importa - en la ciudad, al público, a los usuarios." Cathleen McGuican, editora jefe de Architectural Record, está de acuerdo: "Juzga a un proyecto por su propios méritos. No puedes juzgar una cabaña como lo harías con un castillo." Justicia, señala, significa "no esconder tus propios fuertes sesgos," una cualidad a la que John King, de San Francisco Chronicle, se refiere como "honestidad". Michael Sorkin, el antes crítico de Village Voice, dice que la buena crítica "defiende equidad, belleza y sostenibilidad" y "promueve amabilidad, generosidad y excelencia."

2. Plausible

"La emoción no triunfa sobre la razón," dice Robert Ivy, quien antes escribía en Architectural Record y es, en la actualidad, CEO de the American Institute of Architects. "La pasión puede lograr mucho, pero no es lo único que hay." McGuigan usa el término autoridad, que requiere que "los críticos se vuelvan bien informados en cada aspecto de la construcción, programa, contexto, y límites de sus objetos de crítica." Como señala Kamin, "Los buenos críticos realmente conocen su territorio. Muchos sitios web actualmente sólo juntan imágenes y artículos de noticias sin ofrecer un punto de vista. Eso no es crítica - es maquillaje."

3. Ubicada (Placed)

"Los edificios no son meros objetos estéticos," dice Karrie Jacobs, la editora jefe original de la revista Dwell. "La buena crítica no se trata de comentar un render. Considera la arquitectura en el contexto de las muchas fuerzas en competencia (y frecuentemente en conflicto) que dan forma a un edificio." Lange está de acuerdo: "El contexto es una de las maneras en las que la crítica añade valor." En palabras de King, "La buena crítica debe estar enraizada." Szenasy lo explica: "La buena crítica de arquitectura entiende el contexto, sea este social, económico, ambiental o cultural. Diseñar sin estas conexiones es un ejercicio estilístico hueco."

4. Persuasiva

"El crítico debe construir un argumento persuasivo - ladrillo por ladrillo," declara McGuigan. Como señala Sorkin, la mejor crítica "lucha por su propia relevancia y presencia." [...] explica Kamin: "tú sabes lo que el crítico piensa." Lange añade que "la técnica más persuasiva es hacer que el lector vea cosas a través de los ojos del crítico. Sé visual. Describe la experiencia de modo tal que las personas puedan imaginarse a sí mismas ahí."

5. Apasionada (Passionate)

"La crítica depende del amor", proclama el ganador del Pulitzer Paul Goldberger, quien añade "el conocimiento, el juicio, y una habilidad para balancear estas cosas", como cualidades esenciales. La palabra "amor" puede sorprenderte, dado que, como Lange dice, muchas personas creen erróneamente que "crítica es igual que odiar cosas." Pero Goldberger se explica en Building Up and Tearing Down: "Un crítico que no ama su disciplina no puede durar mucho en ella... Amar la cosa... y además amar lo que la cosa significa en las vidas de otras personas" es un pre-requisito. Ivy está de acuerdo, y dice que la buena crítica refleja "un profundo compromiso" y "amor por el objeto." Según King, "tienes que tener una pasión y una ambición que se extiende más allá que simplemente hacer un balance de la última torre."

6. Provocativa

"El crítico debe ser un luchador", escribió el año pasado el historiador y crítico Joseph Rykwert. Hace una década, el fallecido "perro guardián de la arquitectura" Allan Temko señaló que pocos escritores contemporáneos aprecian "la crítica activista - la necesidad de salir y pelear con uñas y dientes." Los críticos pueden usar su posición para "hacer fuerte propaganda por una postura real," dice Sorkin. Deben ser "osados", sostiene Ho, "al manifestarse por prácticas que contribuyen a un mundo más equitativo y sostenible." Kamin opina que "un crítico no sólo termina una conversación - él/ella puede iniciarla."

7. Pública

"El principal propósito de la crítica arquitectónica," declara Kamin, "es construir un puente entre la gente y la esfera pública. La arquitectura no es una transacción puramente privada entre arquitectos y clientes. Afecta a todos. Así es que debe ser comprensible por todos." Sorkin ha llamado a la crítica "una profesión de servicio" cuyo "rol es evaluar y promocionar los efectos positivos que la arquitectura puede brindar a la sociedad y al mundo." Ho respalda esta postura: "Al final, los edificios encarnan un conjunto de valores, y los mejores críticos son aquellos que abogan por valores que eleven a la sociedad y, al mismo tiempo, ayuden a desarrollar el arte."

[...]

"Los edificios no existen en un vacío", señala Kimmelman, [...]. "Estos pueden ser sorprendentes e innovadores a la vista, pero no son esculturas." Todos los escritores que entrevisté enfatizan que la arquitectura y su crítica deben demostrar gran empatía por el público."

miércoles, 9 de agosto de 2017

¿El arte o la arquitectura? ¿Debemos escoger? (R. Pezzia)

Ensayo finalista del Primer Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica

Escribe Romina Pezzia



Caminando por la Av. Jorge Vanderghen en dirección a la Av. Santa Cruz en el distrito de Miraflores, me di con la extraña sorpresa de encontrar un edificio fuera de lo común, muy diferente a los que podemos encontrar por esa zona residencial de densidad media. Sin embargo, debido a su ubicación en plena Av. Santa Cruz de carácter comercial, podía justificar y hasta entender su existencia. Una de las características que más me llamó la atención, y que definitivamente no pasa desapercibida es la composición lograda gracias a los coloridos paneles de policarbonato y marco de aluminio colocados en todos y cada uno los balcones corridos de dichas viviendas que conforman la edificación. Estos paneles, son la pieza clave de la fachada y debido a la elección de los colores primarios se logra en ella la semejanza a una composición abstracta de uno de los artistas representantes de la vanguardia de los años 20 “De Stijl”, Piet Mondrian. A partir de reconocer esa relación surgieron en mí una serie de interrogantes: ¿Por qué el arquitecto decidió evocar el estilo de este movimiento del arte moderno en este edificio? ¿Es válido que la arquitectura se apropie de referentes artísticos? ¿Necesita de ellos para que pueda transmitir alguna sensación? Cabe cuestionar también, si este acto le suma o le resta valor a la obra arquitectónica. Por otro lado, refriéndonos al aspecto funcional, si el propósito de los paneles era proteger a las viviendas de la incidencia de la luz solar al atardecer, ¿por qué se eligió un material traslucido para ello y por qué con esos colores específicamente?

Antes de resolver algunas de estas interrogantes, debo en primer lugar mencionar lo que este descubrimiento provocó en mí y de seguro en muchos más curiosos espectadores y vecinos. Cuando lo vi, no podía descifrar si se trataba de un edificio de viviendas o de oficinas, esa incertidumbre se reflejaba también en mi posición respecto a la estética, de lo que si estoy segura es que llevaba el ceño fruncido en la frente y mi cabeza se movía de derecha a izquierda con movimientos repetidos y muy veloces, me negaba rotundamente a su existencia, simplemente porque no lo quería entender. De mi boca comentarios en tono indignado brotaban sin parar: ¿a quién se le ocurre hacer algo así? ¡Qué falta de imaginación! ¡Qué literal su reinterpretación! ¡Qué incómodo debe ser la luz que reflejan esos paneles!, y así muchos más comentarios… ¡Qué huachafo!, llegué por concluir y así fue como declaré mi disgusto oficial ante este edificio.

Pero no fue hasta hace poco que ese disgusto se transformó y pasó a convertirse en cariño. Eso ocurrió en el momento en que leía la siguiente afirmación de la cual ya había escuchado, pero hasta entonces no la había podido relacionar con la arquitectura:

“El arte no es para los museos sino para el pueblo”, sostenía Josep Luis Sert, arquitecto español y amigo cercano de grandes artistas modernos como Pablo Picasso, Joan Miró y Alexander Calder, sólo por mencionar a algunos cuantos con los que trabajó directamente.

Fue en ese instante donde el edificio de la av. Santa Cruz apareció en mi mente junto con una revelación, comprendí una de las muchas razones de ser de la arquitectura y la importante misión y oportunidad que tenemos hoy en día los arquitectos peruanos. Entendí que más valor tiene este gesto en la arquitectura, esta evocación de una obra maestra de arte, a que la misma obra esté en un museo de la ciudad. Primero, porque para ver la obra necesitas decidir ir a verla y dedicar un tiempo de tu vida para ello, en cambio cuando te topas con un edificio es porque está en tu camino y tienes que verlo si o si, no hay otra opción y no involucra una decisión para el común de los mortales, exceptuando a los arquitectos o aficionados a esta. Cabe resaltar que evidentemente, no podríamos comparar una simple evocación a una obra de arte con la pieza original. Acá no vengo a desacreditar a los artistas ni mucho menos, sin embargo entra en primera instancia, a lo que Sert se refería con la cita antes dicha. Más vale exponer el arte de una forma que llegue a la mayor cantidad de público posible a que se encuentre solitaria en un museo, y creo en mi humilde opinión, que si bien hoy en día el número de visitas a museos en nuestro medio se ha elevado, estamos aún en el proceso de ganar mayor número de espectadores. La interrogante en este caso sería, ¿cómo hacer para llevar el arte fuera de las cuatros paredes de un museo o una galería? Acá es donde podría la arquitectura y los arquitectos jugar un papel importantísimo en ello. Es por este motivo que decidí comparar el edificio en cuestión con otras edificaciones que se vienen ejecutando en la misma zona y de la misma tipología, edificios multifamiliares.

Luego de una rápido escaneo, pude apreciar que todos o en su gran mayoría presentan fachadas revestidas con materiales “modernos y exclusivos”. Considero que una tarea de las muchas que tenemos como arquitectos, más que diseñar para satisfacer una moda pasajera como la utilización de la fachaleta de ladrillo, las adherencias sin sentido de vigas metálicas y el enchape de porcelanato tipo madera (solo por mencionar una de las combinaciones más famosas en la actualidad para un sector limitado de una zona de la ciudad de Lima), es, así como se hizo en este caso, por qué no, hacer reminiscencias de obras maestras de arte. ¿Por qué no conmemorar y/o tomar prestado obras de otros artistas de vanguardia? Con el fin por supuesto de educar a la población. Recordemos que las vanguardias tenían un mismo propósito como lo mencionó Umberto Eco: ampliar al hombre contemporáneo el campo de lo perceptible y de lo gozable.

En esta afirmación podría surgir otra discrepancia: ¿el común de la gente logra reconocer o sabe de estas vanguardias? ¿A cuántas personas realmente este edificio en cuestión les hace recordar a la obra de Mondrian? Y la más importante y que se mencionó al inicio, ¿acaso la arquitectura debe valerse del arte como única herramienta para generar cultura e identidad? ¿Es eso válido?

Puede ser que todavía no estemos preparados para reinterpretar las obras de vanguardia en nuestra arquitectura o que inclusive no sea necesario y que este ejemplo del edificio “Lofts & Shops”- nombre con que la constructora que lo edificó lo llama- no sea la mejor de las pruebas de ello, pero al menos lo intentó y probó que se puede lograr algo distinto. Por otro lado, lo que si podríamos hacer es tomar elementos de nuestra cultura y del arte peruano, ya sea de la historia o mejor aún del contemporáneo. ¿Acaso así no lo hizo Enrique Seoane Ros? Uniendo las artes y evocando las culturas preincaicas. Muchos podrían estar en contra pensando que eso es también adornar la arquitectura, podrían pensar que es inclusive hasta huachafo, pero ¿no es lo mismo que colocar muchas texturas o materiales distintos como se hace hoy en día? Si nos ponemos a evaluar cual acción tiene más sentido, sin duda es la que evoca al pasado y la cultura, la cual ayuda a reflejarla, a ponerla al descubierto y así reforzar la identidad peruana. Indicios de esto también se pueden encontrar hoy de manera intuitiva en la arquitectura contemporánea (autoconstruida) de la periferia de la ciudad de Lima. Evidentemente ese no es el único ni el correcto camino a seguir, no estoy proponiendo que llenemos nuestros edificios con texturas de cerámicas precolombinas ni mucho menos. Lo que propongo es encontrar y establecer la vanguardia en la que vivimos hoy o en el peor de los casos, a falta de una generarla. Este trabajo podría parecer difícil pero podemos hacerlo en conjunto con otros profesionales que nos guíen y ayuden en el proceso. Unamos las artes, ¿es posible diseñar de la mano de artistas también? ¿Por qué no lo hacemos?, ¿es que tenemos miedo a ser reemplazados, o es que nuestro ego nos dice que no es necesario porque nosotros ya somos artistas? La arquitectura debe empezar a hablar y no precisamente de banalidades ni de gustos momentáneos, ni mucho menos de modas absurdas y sin sentido, sino empezar a hablar de historia, de cultura, de arte como lo que es y lo que realmente debería significar. Debemos poder sentir la arquitectura y todo lo que esta tiene por ofrecer. Debemos hacer crecer el arte y la arquitectura, ¡qué mejor si de la mano!, ambos ámbitos importantísimos pues generan ciudad, cultura e identidad, aspectos en los cuales nos falta mucho por crecer como país y sociedad.

Para concluir, me gustaría retomar algunos aspectos formales de la obra en cuestión, como por ejemplo el gesto que hace de no cerrarse en esquina y que con una curva en el diseño, logra que la perspectiva de la calle se abra y permita su prolongación. También, rescato el gesto amable de regalar el retiro municipal como espacio público a la ciudad, sin embargo, las tiendas-boutique que ahí se encuentran no permiten que el común de los denominadores, se sienta libre de ingresar a ellas y menos hacer uso de esa explanada vacía que ni mobiliario tiene. ¿Por qué por ejemplo no se planteó un
café, un lugar de encuentro? Cabe la duda: ¿en realidad son viviendas para artistas? ¿O es que suena “más de estilo” decir que vives en un loft como los artistas de los años 60 en Nueva York? ¿Eso quiso evocar el edificio? ¿Por eso se escogió una obra tan importante para asociarla al tipo de vivienda loft?

Dejaré abiertas todas estas interrogantes, porque sea cual sea que haya sido el motivo para llegar a la decisión de evocar una obra de arte en la arquitectura, esta queda en segundo plano cuando logras despertar la cultura e historia, en este caso del arte, en las mentes de la población o al menos eso fue lo que logró en mí.

Para terminar cito a Eco nuevamente, el primer paso, al hacer una obra de arte, es plantear una intención formativa. ¿Cuál es nuestra intención al empezar a diseñar arquitectura?

Referencias:

-Juncosa, P. (ed.) (2011). Josep Lluís Sert: Conversaciones y escritos. Lugares de
encuentro para las artes. Barcelona. Editorial Gustavo Gili, S.L.

-Eco, U. (1970) La definición del arte. Barcelona. Ediciones Martinez Roca S.A.

sábado, 5 de agosto de 2017

2° Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica

Nos complace organizar, junto a La Chimenea, el 2° Concurso Nacional de Crítica Arquitectónica


Bases del concurso:

Más información a nuestra página de Facebook o al correo: arquitecturaycritica@gmail.com

lunes, 10 de julio de 2017

10 cosas que me motivan como profesora

1. Café. Más café. Una cafetera. Chocolate caliente también puede ser.

2. Visitas de exalumnos. [Si vienen con comida, mejor].

3. Cursos de los buenos, presenciales y online. [Y no me refiero a ese de "cómo hacer tu Power Point" que a veces nos vemos forzados a llevar porque tenemos que cumplir con una cuota].

4. Conversaciones inteligentes con los colegas. [Tener tiempo para conversar con los colegas].

5. Siestas. Hay estudios aquí, aquí y aquí que demuestran que funcionamos mejor con una de esas.

6. Grupos de investigación. Y si están formados por alumnos motivados, mejor.

7. Preguntas inteligentes a mitad de la clase. Preguntas disruptivas, de esas que me hacen tener que buscar información que no conozco. 

8. Viajes de estudio. Sola, acompañada. Con alumnos, sin alumnos.

9. Libros. Librerías. Descuentos en librerías por ser profesora. Libros gratis. Libros buenos.

10. Bitácoras moleskine en blanco, por estrenar.

Y la yapa: Reuniones que se cancelan, a veces. [Lo siento, es la verdad].

viernes, 9 de junio de 2017

No, no tienes derecho a tu opinión (II)

Traducción de "No, you're not entitled to your opinion" de Patrick Stokes.

"Cada año, trato de hacer al menos dos cosas con mis estudiantes, al menos una vez. Primero, me preocupo de referirme a ellos como "filósofos" - un poco cursi, pero, espero, alienta el aprendizaje activo. 

En segundo lugar, digo algo como esto: "Estoy seguro que ustedes han oído la expresión 'todos tienen derecho a su opinión'. Tal vez incluso lo han dicho ustedes mismos, tal vez para ganar un argumento o llevarlo su fin. Bueno, desde el momento en el que entran a este salón, esto ya no es verdad. Ustedes no tienen derecho a su opinión. Sólo tienen derecho a aquello que pueden argumentar."

¿Es un poco duro? Posiblemente, pero los profesores de filosofía le deben a sus estudiantes el enseñarles cómo construir y defender un argumento - y cómo reconocer cuando una creencia se ha vuelto indefendible. 

El problema con "tengo derecho a mi opinión" es que, muy frecuentemente, se utiliza para albergar creencias que deberían haber sido abandonadas. Es como decir "puedo decir o pensar cualquier cosa que yo crea" - y, por extensión, continuar discutiendo parece una falta de respeto. Y esta actitud se alimenta, creo yo, de la falsa equivalencia entre expertos y no-expertos, que es una característica cada vez más perniciosa de nuestro discurso público.

Primero, ¿qué es una opinión?

Platón distinguió entre opinión o creencia popular (doxa) y conocimiento certero, y la suya es una distinción que aún hoy funciona: a diferencia de "1+1=2" o "no hay círculos cuadrados", una opinión tiene un grado de subjetividad e incerteza. Pero "opinión" abarca un amplio espectro, desde gustos y preferencias, pasando por opiniones sobre asuntos que atañen a la mayoría de las personas, como prudencia o política, a puntos de vista anclados en expertise técnico, como lo son opiniones legales o científicas.

No puedes verdaderamente argumentar el primer tipo de opinión. Sería un tonto si insistiera que estás equivocado en preferir el helado de fresa al de chocolate. El problema es que, a veces, implícitamente parecemos tomar opiniones procedentes de fuentes secundarias, o incluso terciarias, como no argumentables, así como las cuestiones de gusto lo pueden ser. Tal vez esta es una de las razones (no hay duda que hay otras) por las que los amateurs entusiastas piensan que tienen derecho a no estar de acuerdo con científicos del clima e inmunólogos, y quieren que sus propios puntos de vista "se respeten".

Meryl Dorey es la líder de la Australian Vaccination Network, que, a pesar de su nombre, tiene una postura vehemente anti-vacunas. La señora Dorey no tiene calificaciones médicas, pero argumenta que si Bob Brown [político, médico y ambientalista australiano] puede comentar sobre energía nuclear sin ser un científico, ella debería poder comentar sobre vacunas. Pero nadie asume que el Dr. Brown es una autoridad en la física de la fisión nuclear; su trabajo es comentar sobre las respuestas políticas ante la ciencia, no la ciencia en sí misma.

Entonces, ¿qué significa "tener derecho" a una opinión?

Si "todos tienen derecho a su opinión" significa simplemente que nadie tiene el derecho de impedir que las personas piensen y digan lo que quieran, entonces la afirmación es cierta, pero bastante trivial. Nadie puede impedir que digas que las vacunas causan autismo, independientemente de cuántas veces dicha afirmación ha sido desacreditada.

Pero si "el derecho a la opinión" significa "el derecho a que tus puntos de vista sean tratados como candidatos serios a la verdad", entonces esto es muy claramente falso. Y esta, también, es una distinción que tiende a ser poco clara.

[...] en el programa de ABC Mediawatch, WIN-TV Wollongong fue encargado de presentar una historia sobre una epidemia de sarampión, que incluyó comentarios de - adivinaron - Maryl Dorey. En respuesta a las quejas de un televidente, WIN dijo que la historia era "cierta, justa y balanceada, y presentaba las opiniones de médicos y de los grupos de interés". Pero esto implica un derecho de ser escuchado equivalente, en un problema en el que sólo uno de los dos grupos tiene experiencia relevante. De nuevo, si esto fuera sobre las políticas en relación a la ciencia, esto sería razonable. Pero el mal llamado "debate" aquí es sobre la ciencia en sí misma, y los "grupos de interés" simplemente no tienen derecho a tiempo al aire, si es que ahí es donde se supone que debe darse el desacuerdo.

El anfitrión de Mediawatch, Jonathan Holmes, fue considerablemente más directo: "hay evidencia y hay patrañas (bulldust)", y no es parte del trabajo de un reportero el dar a las patrañas el mismo tiempo que al expertise serio.

La respuesta de los voceros anti-vacunas fue predecible. En el sitio de Mediawatch, la señora Dorey acusó a ABC de "abiertamente censurar un debate científico". Esta respuesta confunde el que alguien no tome en serio tus puntos de vista con el no tener permiso para tener dichos puntos de vista o expresarlos - o, para tomar prestada una frase de Andrew Brown, "confunde perder un argumento con perder el derecho a discutir." Nuevamente, aquí se están confundiendo dos definiciones de "tener derecho" a una opinión.

Entonces, la próxima vez que escuches decir a alguien que tiene derecho a su opinión, pregúntales por qué piensan eso. Las posibilidades son, al menos, que de este modo termines teniendo una conversación más agradable."

jueves, 8 de junio de 2017

miércoles, 31 de mayo de 2017

No, no tienes derecho a tu opinión (desinformada) (I)

Traducción del post "No, You Are Not Entitled To Your Uninformed Opinion", de Annie Reneau.

"Parece ser parte de las discusiones con Internet estos días: alguien dice una opinión sobre un tema, alguien más refuta lo que la primera persona dijo con evidencia verificable, y el primero responde con "bueno, tengo derecho a tener mi opinión".

No, en realidad no lo tienes. Así no funciona.

Tienes derecho a una opinión sobre preferencias personales, como que prefieras el helado de chocolate sobre el de vainilla, o que elijas el océano en vez de las montañas. Tienes derecho a que te guste más una cosa que otra, o a creer que una cosa es mejor que la otra por razones personales.

Sin embargo, no tienes derecho a una opinión desinformada que se desvanece frente a la lógica, la razón y los hechos verificables. No puedes decir que piensas o crees algo, que luego esa creencia sea contradicha con evidencia clara e irrefutable, para luego decir "bueno, tengo derecho a tener mi opinión".

Bueno, tienes derecho a decirlo - tienes derecho a la libertad de expresión - pero no puedes esperar que esa opinión no sea cuestionada. No puedes usar "sólo es mi opinión" como excusa para decir lo que tú quieras y terminar así la conversación.

Del mismo modo, no deberías esperar que la gente le dé a tus ideas el mismo peso que a otras, sólo porque las estás presentando como opinión. No todas las opiniones son iguales. Una opinión que puede apoyarse en argumentos lógicos y evidencias es muy distinta - y sí, superior - que una que no puede. 

[...] Personas razonables pueden y suelen cambiar sus opiniones frente a evidencias contradictorias y argumentos lógicos. Y eso es lo que la gente debe hacer si quieren que algo de lo que dicen sea tomado en serio. Eso es lo que esperamos cuando enseñamos a los niños habilidades de pensamiento crítico - no para convencerlos de compartir nuestras mismas opiniones, sino para ayudarlos a utilizar argumentos y evidencia, y formar sus propias opiniones inteligentes e informadas, basadas en eso.

Las opiniones no deberían estar escritas en piedra.

Patrick Stokes, profesor de Deakin University, dice a sus estudiantes de filosofía el primer día de clases, "No tienes derecho a tu opinión. Sólo tienes derecho a aquello que puedes argumentar." En este caso, "argumentar" no significa ponerse terco y decir que tienes la razón, más fuerte y durante más rato que otra persona. Se refiere a la primera definición de "argumentar", que es "dar razones o citar evidencia que soporte una idea, acción o teoría, en general con el objetivo de persuadir a otros para compartir la propia opinión." Argumentar una opinión significa defender tu posición con evidencia, hechos y razón.

[...] La evidencia anecdótica no es evidencia. Si eso es todo lo que tienes, entonces técnicamente tienes una opinión desinformada. [...] Decir que piensas que algo es verdad, no lo hace verdad. 

[...] Si tu opinión no está acompañada de argumento o prueba, y la mayoría de evidencia encontrada no sostiene tu opinión, entonces, francamente, tu opinión es una porquería.

¿Tienes el derecho a una opinión de porquería? Técnicamente, tienes derecho a tenerla. Pero no tienes derecho a compartirla sin que ésta sea cuestionada y sin que otras personas te digan que tu opinión es desinformada, ignorante o ilógica. Eso no es censurar; eso es simplemente decir las cosas como son.

Es mi humilde opinión, por supuesto."

domingo, 30 de abril de 2017

Investigar en arquitectura en el Perú u 8 razones para abrazar a un académico estresado

Columbia University -
Woman carrying a large stack of books down stairs.
Stanley Kubrick
Investigar es duro. Un trabajo difícil que se vuelve apostolado. Pero apuesto a que al leer la palabra "investigar" lo primero que se viene a la mente es la imagen de científicos en batas blancas, observando líquidos de colores en tubos de ensayo, en un laboratorio mezcla de película de superhéroes con el del colegio.

Y ahí empieza todo el problema.

Por eso, creo necesario plantear 8 razones por las que investigar en arquitectura en el Perú es heroico.

1. Muy poca gente entiende que en arquitectura también se investiga. Por un lado tenemos al completamente lego, que cree que arquitectura es sólo dibujar bonito y hacer casitas. Ocupando otro escaño de la escala, tenemos a quien cree que el diseñar es la única manera de ser arquitecto. Un poco más allá, aquel que admite que sí, en arquitectura se investiga, pero que cree que dicha investigación es el proyecto y suficiente. Y luego, quien confunde investigación en arquitectura con estudios de mercado, focus groups y bienes raíces. 

Bueno, no. Los campos de investigación en arquitectura son amplísimos, empezando porque se trata de una disciplina con aspectos de ciencias exactas y de ciencias sociales. Entonces podemos tener investigaciones de resistencia de materiales, situaciones intermedias como optimización de áreas, e investigaciones puramente cualitativas, como los estudios de environmental behaviour, sólo por mencionar algunos pocos ejemplos (para más ejemplos, recomiendo este libro). 

2. Asumido ya que en arquitectura se investiga, muy poca gente entiende la utilidad de dicha investigación (y demasiada gente opina que es indispensable que una investigación no sólo sea útil, sino que interese a grandes grupos de personas). Esto se hace más evidente cuando se trata de investigaciones cualitativas. Nadie dudará de la importancia de comprobar la resistencia del concreto armado ante los sismos, pero, ¿es en verdad necesario conocer el nivel de satisfacción de los habitantes de un conjunto multifamiliar? ¿por qué perder tiempo (y dinero) en la historia reciente de la arquitectura? ¿a quién le sirve saber cuál es el paisaje preferido por los habitantes de un distrito en especial?

3. La falta de financiamiento (1). En parte porque somos un país que invierte poquísimo en educación, y en parte por las dos razones anteriores, es un hecho muy singular que algún arquitecto investigador se encuentre con el financiamiento de alguna institución, es decir, con dinero contante y sonante, para hacer lo suyo. Sucede. Por supuesto que sí, pero es excepcional. La gran mayoría de investigaciones en arquitectura se realizan con recursos propios. O sea, con la plata del investigador, que gasta en libros, luz, agua, teléfono, pasajes, viáticos, impresiones y suela de zapatos, entre muchos otros rubros. 

4. La falta de financiamiento (2). Toda investigación debe ser discutida entre pares para que pueda progresar. Pares no son ni tus amigos del barrio, ni tu pareja, ni tu tía abuela, sino otros investigadores (arquitectos o de otras disciplinas) que estén desarrollando temas similares. Esto puede realizarse por plataformas digitales, por supuesto, pero también es necesario publicar e ir a eventos académicos (congresos, simposios, etc). Cuando hay que pagar por publicar, es generalmente el investigador quien pone de la suya. Y si hay que viajar a presentar el trabajo en un congreso internacional - porque en nuestro medio casi no hay eventos de ese tipo - también. Nuevamente, hay algunas contadas excepciones de financiamiento. Pero pocas.

5. La falta de eventos académicos o de posibilidades de intercambio. Al no haber investigación, no hay producción significativa. Al no haber producción significativa, no se da la necesidad de organizar eventos académicos, y si estos suceden, suelen tener poca asistencia. Los cuatro gatos trabajando en un tema, ya nos conocemos por dentro y por fuera. El intercambio no es tal. A esto hay que añadir la competencia por esos escasos financiamientos, lo que produce que en vez de compartir, queramos ocultar, no sea que el colega de la otra universidad se robe mi beca con exactamente el mismo tema que yo. Esto, por supuesto, estanca las investigaciones, y nos vuelve a quienes las hacemos seres ensimismados en nosotros mismos, que oscilamos entre el auto-desprecio y el mega-narcisismo, según como estén alineados los planetas ese día.

6. La falta de recursos académicos. Una vez, en el campus de una universidad de EEUU, tuve el password de una estudiante. Y entré a la página web de la biblioteca. La avalancha de artículos, recursos, bases de datos, journals, repositorios, material gráfico y escrito a mi disposición, a sólo unos clicks de distancia, fue apabullante. Hacer investigación con esas condiciones es un lujo. Un placer. Un goce. Uno busca los términos y encuentra los artículos. Profundiza en la bibliografía y encuentra aún más. Va por el libro extraño de la década del 70 y ahí está, en su estantería, esperando a ser consultado. 

En estas latitudes, algunas universidades han comprado algunos repositorios (ver puntos 3 y 4), pero no todos. Es posible que uno encuentre dos o tres artículos, un cuarto quizás, hasta que uno se tope con ese artículo, que uno necesita desesperadamente, pero que la universidad no tiene y por el que hay que pagar US$ 39.99. Que, como ya vimos, deben salir del bolsillo del investigador. Es así que nos hacemos amiguitos en el extranjero, o recurrimos a páginas pirata para conseguir lo que buscamos. Todo esto toma tiempo, mucho tiempo, que podría utilizarse investigando. O es ilegal.

7. La escasa formación en investigación a lo largo de la carrera. A los arquitectos se nos forma, en primer lugar, como diseñadores. Y luego como gestores, historiadores, promotores, diseñadores de interiores, calculistas estructurales y en algunos casos, un poquito como investigadores. Últimamente esto está cambiando, pero es aún una rareza, y hay universidades que, con enfoques muy pragmáticos enfocados al oficio, prácticamente han desaparecido la investigación formal de la currícula. Es así que quien tiene interés por investigar, se encuentra invirtiendo mucho tiempo en aprender las reglas de juego: dónde encontrar la información, cómo discernir si una fuente es buena o no, cómo navegar las turbulentas aguas del APA, qué métodos de investigación hay y cómo se ponen en práctica e, incluso, cómo redactar. 

8. La sumatoria de varios de los puntos mencionados, pero sobre todo la sensación de que la investigación no es fundamental, hace que quienes enseñamos tengamos muchas veces otras tareas que monopolizan nuestro tiempo. Para llegar a fin de mes, muchos enseñan muchas horas de clase. Es cierto que al enseñar aparecen nuevas ideas y se dan oportunidades de desarrollo de líneas de investigación, pero esto es un plus y no lo que ocupa la mayor cantidad del tiempo del investigador. Otros tienen trabajos que, si bien están dentro de la universidad, son más administrativos que académicos. Es así que el tiempo dedicado a investigar, sólido, sin interrupciones y con recursos a disposición es un bien extraño, preciadísimo. O debe ocupar nuestros sábados y domingos. Otros simplemente se dedican a otra cosa y dejan a la investigación completamente de lado.

Sí, esta es una queja larga, que se sustenta en anécdotas propias y de colegas. El investigador en arquitectura en el Perú tiene que esforzarse muchísimo. El producto, como ya lo dije, es casi un hecho heroico.

Pero es divertido investigar. Vale la pena. Es muy necesario.

Ahora quiero mi abrazo.
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