sábado, 6 de diciembre de 2014

Sobre la (dolorosa falta de) difusión o ¿gané? ¿en serio?

Divagaciones desde la Bienal, parte II

En un muy reciente artículo en La Chimenea, Israel Romero plantea preguntas que he escuchado - al pasar o porque me las han planteado directamente - desde que se dio a conocer la lista de nominados y de miembros del jurado de la Bienal de Arquitectura Peruana XVI. 

De entre los muchos reclamos que el artículo plantea al CAP, voy a centrarme, por el momento, en el aspecto que me han indignado más recientemente: la inexplicable falta de difusión en torno al evento.

Por un lado, es indignante que los resultados - hasta el momento y pasada una semana desde el fallo del jurado - no hayan sido publicados por un canal oficial. ¡Sé de personas que se han enterado de haber ganado u obtenido una mención a raíz de un post publicado de manera informal en este mismo sitio! Entendamos la gravedad de ese hecho puntual: el proyecto ha tenido una mención (que, en algunos casos, es como decir un segundo puesto) y la institución respectiva ¡ni siquiera ha podido llamar por teléfono al interesado/a a comunicarle este hecho! 

Pero incluso antes de esto, ¿quiénes se habían enterado de la bienal en sí? ¿En qué momento y a través de qué soporte? ¿Dónde se hicieron públicas las bases? ¿Con cuánto tiempo de anticipación?

Los que están atentos a la situación sabían que este año era año de bienal, y si le han hecho algún seguimiento a las bienales pasadas, sabían que estas ocurren al rededor de fin de año. De ahí que se ponen a buscar en la página web del CAP, pacientemente, hasta que algo aparece. Pero no debería ser así en absoluto. Se trata de la Bienal de Arquitectura Peruana que, como bien dice I.R., debería ser el equivalente arquitectónico a Mistura o a la Feria del Libro.  Deberíamos estar sobre-saturados de información, conocer claramente los procedimientos para participar, saber de antemano quiénes son los jurados y en base a qué criterios las obras van a ser premiadas. 

El problema es que, entre la avalancha innecesaria de correos electrónicos que el CAP envía todos los días (y que, estoy segura, muchísimos de nosotros enviamos directamente a la carpeta de "no deseados") el humilde enlace hacia la convocatoria y bases pasó desapercibido. No es lo mismo un curso de capacitación o una campaña de afiliación a un seguro que la convocatoria al premio nacional de arquitectura. 

Creo que, para futuras ediciones, esta es una de las primeras cosas que, como gremio, deberíamos exigir: un sistema válido y sistemático de transmisión de la información concerniente a la bienal. Esto implicaría que se lance la convocatoria con suficiente tiempo como para que arquitectos y estudiantes de arquitectura puedan preparar cuidadosamente el material a enviar; que las bases sean de conocimiento público y puedan ser sujetas a debate y reflexión con anticipación; que una vez conocidos los proyectos finalistas, estos se hagan públicos con el fin de generar debate y opinión por parte no sólo de los agremiados, sino de todos los que, de alguna manera, somos usuarios de la arquitectura (es decir, todos). Y por último, una llamadita a los ganadores creo que no es tan complicada.

Brevísima nota aclaratoria: me siento agradecida y honrada de haber sido parte del jurado de esta Bienal. Ha sido una experiencia enriquecedora sobre la que seguiré hablando por un rato más. Sin embargo, esto no debería impedirme criticar los aspectos negativos de la situación. Por el contrario: con todas las ganas que tengo de que la bienal sea cada vez mejor, y con una privilegiada visión "desde adentro", la crítica acá es con espíritu constructivo. 

martes, 2 de diciembre de 2014

XVI Bienal de Arquitectura Peruana 2014 - Los ganadores

Por alguna razón el CAP aún no hace públicos los resultados oficiales de la Bienal. Estos no son ningún secreto: fueron leídos en público el pasado sábado 29. Por eso, me limito a re-transmitirlos, para quien sienta curiosidad.


Categoría 1: Arquitectura

Hexágono de oro - Arq. Fernando Belaunde Terry: 
Lugar de la memoria, la tolerancia y la inclusión social - Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse
"Tema importante, de fuerte significación simbólica y de relevancia para la sociedad. El volumen completa el paisaje del acantilado. Es una obra que responde a las exigencias de un contexto difícil y lo transforma en la fuerza misma del proyecto".

Menciones:
Casa La Quipa - Ruth Alvarado Pflucker
Colegio Lima Villa - Hector Loli, Moris Fleishman, Jorge Sánchez, Diego Franco y Patricio Bryce
Edificio Verdea - Susana Biondi, Renee Poggione


Categoría 2: Arquitectura, patrimonio y compromiso ambiental

Hexágono de plata - Arq. Juan Torres Higueras:
Hotel B - David Mutal
"Intervención mixta que respeta mucho la calidad de la edificación y que mantiene la importancia urbana determinante. Incorpora elementos modernos que armonizan con lo existente, tanto al interio como al exterior".

Mención:
Restauración, remodelación y ampliación del colegio Nuestra Señora de Guadalupe - Aldo Lértora


Categoría 3: Planeamiento urbano y urbanismo

Hexágono de cobre - Arq. Luis Miro Quesada Garland
Desierto

Mención: 
Kaia Beach Houses & Lofts - Josip Vinko Vuskovic Perez


Categoría 4: Innovación arquitectónica

Hexágono de acero - Arq. Enrique Seoane Ros: Categoría desierta


Categoría 5: Investigación, teoría y crítica

Premio Arq. Héctor Velarde Bergman:
Tradición y modernidad en la arquitectura del Mantaro - Jorge Burga, César Moncloa et. al.
"Investigación exhaustiva con muy alto nivel de desarrollo y excelente presentación. Comprende un gran nivel de profundización en la información desde una perspectiva interdisciplinaria y sobre una problemática local. Es un ejemplo a seguir en otros paisajes culturales".

Mención:
"Centros Históricos. Análisis de las intervenciones del tipo remodelación y obra nueva en el centro histórico de Lima (2000-2010). Caso Real Plaza" - Fánel Regina Contreras Guevara


Categoría 6: Proyectos no ejecutados

Premio Arq. José de Col Zanatti:
Desierto

Mención: Hacienda de la Juventud - Roque Marino Munguia Silvera


Categoría 7: Proyectos estudiantiles
Esta categoría fue elegida sólo por los dos miembros del jurado extranjeros. Los jurados locales se abstuvieron de participar.

Premio Juan Tokeshi:
Residencia de estudiantes + supermercado - Fernanda Armas Pereira (UPC)
"Proyecto con adecuada inserción en el lugar y con el tejido del centro histórico. Arquitectura correcta que ofrece un espacio público que se integra al contexto".

Mención:
Wawa Pukllay - 236 participantes, 
“Comité organizador, tutores y participantes del X Taller Social Latinoamericano 2013” - Institución: CLEA y Universidad Católica de Santa María, Arequipa”

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Cómo ser un crítico de arquitectura? II (A. Lange)

www.archdaily.com
Parte I

"Otro modo en el que los críticos definen su agenda es seleccionando una aproximación. [...] La primera es la aproximación formal. Lo formal, en la terminología histórica del arte, no significa servilletas de damasco y plata, sino un énfasis primario en lo visual - la forma del edificio o del objeto. Tanto Huxtable como Mumford llegan a sus juicios de valor a través de la mirada intensa. Escriben sobre lo que ven desde la calle - la organización del edificio, sus materiales, sus conexiones. Literalmente te conducen a través del edificio, al describir y criticarlo a medida que avanzan, sugiriendo mejoras. Esta aproximación ofrece uno de los métodos más sencillos de organización: el paseo a través (walk-through) [...] La organización es la estructura de la reseña: ¿Se trata de un argumento e tres partes? ¿Un paseo por el parque? ¿Un análisis visual desde los peldaños hasta el capitel? Dado que estamos escribiendo sobre un arte visual, hay frecuentemente un paralelo entre la organización literaria y arquitectónica.

La segunda aproximación es experimental, tal y como es definida por Muschamp, el desaparecido crítico de New York Times. Muschamp también es descriptivo al escribir, pero él expresa la manera cómo el edificio lo hace sentir (y por extensión, también al lector). Sus reseñas pueden empezar en cualquier parte del edificio, o incluso en el aeropuerto de la ciudad en la que se sitúa el edificio [...] y frecuentemente se mezcla con otros medios - películas, arte, libros, poesía - con el fin de hacer la conexión emocional entre arquitectura y lector.

La tercera aproximación es histórica, y se identifica, en primer lugar, en el trabajo actual del crítico de arquitectura del New Yorker Paul Goldberger. Se interesa en la carrera del arquitecto y en hacer calzar los edificios al interior de ese (limitado) marco. Una reseña de Goldberger puede ser tanto sobre la personalidad y presencia en el escenario del mundo como sobre el edificio en sí, pero ofrece también un sentido de contexto que se pierde en el trabajo de otros críticos. Uno queda con una sensación de completud, de tener un estudio completo.

La aproximación final a la crítica, vista en la obra de Sorkin y más ampliamente en la carrera de Jacobs es la del activista. Sus primeras preguntas no son visuales o experimentales: ¿Quién pierde? ¿Quién gana? Estos críticos sienten que son los defensores de la ciudad y de las personas, y analizan proyectos primeramente según sus beneficios económicos y sociales. Sorkin, particularmente, conoce el valor de un kicker: una línea final que te hace reír, aún si amargamente."

Parte III

Lange, Alexandra (2012) Writing about Architecture. New York: Princeton Architectural Press. pp. 10-11.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Los tres enfoques de la crítica

Divagaciones desde la Bienal, parte I


El primero consiste en criticar la obra arquitectónica en sí, el objeto. Inicia por describir y analizar, y debe terminar en calificar o dar juicios de valor. El objetivo puede ser resaltar ciertos puntos de la obra, hacer más comprensibles otros o, de un modo más directo, señalar de qué manera no estamos conformes con la forma cómo se resolvió el proyecto.

- El segundo se centra en los procesos y dinámicas de los que surge esa obra, el proceso. Se enfoca en la gestación del proyecto, los mecanismos de gestión y administración, la historia de su construcción y/o su inserción en la ciudad como un elemento cultural. Su objeto de estudio es la práctica de la arquitectura como profesión y su relación con otros aspectos. Muestra de qué manera los proyectos se vuelven realidades y cómo funcionan los procesos de hacer arquitectura, pero también puede denunciar malas prácticas, adjudicaciones dudosas o procesos poco correctos. 

- El tercero es la crítica al arquitecto, al autor (o autores) de la obra, el creador. De las tres, esta es, posiblemente, la crítica arquitectónica más inútil y peligrosa. El único caso en el que, creo, esta crítica podría justificarse, es cuando busca regresar al llano a algún personaje del gremio cuyo ego parece haberlo subido a un pedestal. La arquitectura no tiene profetas ni semidioses y evitar que esto suceda es importante. Fuera de esto, sin embargo, el propósito de la crítica al arquitecto como persona no es claro - más allá del generar risa fácil y uno que otro apodo - y parece no aportar a la profesión en sí. Cae en lo bajo y, lo que es mucho peor, ensucia lo que debería ser parte esencial de nuestra profesión: la crítica.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿Cómo ser un crítico de arquitectura? I (A. Lange)

"Los edificios están en todas partes, grandes y pequeños, feos y hermosos, ambiciosos y tontos. Caminamos entre ellos y vivimos dentro de ellos, pero somos generalmente habitantes pasivos en ciudades de torres, casas, espacios abiertos y tiendas, de cuya creación no hemos participado. Pero somos su mejor audiencia. Propietarios, clientes y residentes vienen y van, pero la arquitectura continúa viviendo, jugando un papel en la vida de la ciudad y sus ciudadanos aún después que los actores originales se han ido. Los críticos de arquitectura pueden elogiar y criticar diseños nuevos, pero su grupo de lectores se ha vuelto últimamente demasiado limitado. Hablamos (en persona, o en blogs) sobre casas e inversiones, construcciones como oportunidades, condominios que no se venden como ejemplos de desastre económico, pero toda esta charla inmobiliaria deja de lado la realidad física de los proyectos construidos y no construidos. En lugar de sólo hablar de dinero, deberíamos también estar hablando de altura y volumen, estilo y sostenibilidad, apertura de la arquitectura y proceso. El diseño no es la cereza del pastel, sino lo que hace que queramos vivir, comer y comprar en edificios, en lugar de evitarlos. En lugar de hablar menos, lo que necesitamos es más críticos - críticos ciudadanos - equipados con el deseo y el vocabulario para rehacer la ciudad.

[...] El ensayo crítico es, por lo general, breve (en un periódico, aproximadamente 1200 palabras), así es que uno debe limitar las preguntas planteadas y respondidas. Citas de otras personas discutiendo el mismo tipo o, incluso, el mismo edificio, ilustran la vasta gama de posibles temas disponibles al crítico. El tema es la línea narrativa en cualquier pieza de crítica, una idea sobre la arquitectura o el arquitecto presentada al inicio del ensayo, reforzada por evidencia en el cuerpo del texto, y a la que se regresa al final. Da forma a la crítica y permite al crítico imponer su personalidad al proyecto en cuestión. 

Tres críticos, parados uno al lado del otro, mirando el mismo muro, pueden tener cosas completamente distintas que decir sobre ese muro sin siquiera estar en desacuerdo. Uno podría considerar el material del muro, comprándolo con otras estructuras que usan mármol, cristal o metal en maneras similares. El otro podría ignorar su aspecto físico y discutir, en vez, cómo éste separa el edificio de la calle, la circulación de las oficinas, lo público de lo privado. Y el tercero podría imaginar el muro como el telón de fondo del drama interpresonal. Cuando enseño me es frecuentemente difícil reprimir mis propias opiniones sobre un edificio o plan, pero siempre trato de dejarlo claro: no hay una respuesta correcta sobre si un edifico es bueno o malo, hermoso o feo, accesible o impositivo. El crítico necesita definir términos, escoger un tema, luego evaluar la arquitectura dentro de esos lineamientos. Conocer algo acerca de la historia más amplia del tipo será esencial para escoger parámetros apropiados."


Lange, Alexandra (2012) Writing about Architecture. New York: Princeton Architectural Press. pp. 8-10.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Hablar es una forma de actuar (y escribir también)

No sé si es porque uno está especialmente sintonizado a un tema, o simple casualidad, pero hoy mi facebook parece estar lleno de gente que critica a quienes "no hacen nada, sólo escriben". 

Por alguna razón, queremos ver cosas hechas. Verlas, tocarlas, chocarnos con ellas. No leerlas. Cualquiera puede tener un blog. Cualquiera puede comentar una foto. Cualquier puede criticar. Pero a ver, pues, construye algo. Diseña un casita. Publícate un librito, aunque sea. Así sí demostrarás que sabes hacer. Así sí harás algo más que estar sentado detrás de tu pantalla, sangrando por las teclas la pica que te da no haber construido nada en tu vida y no ser conocido ni salir en las revistas como esos a los que criticas tanto.

Esto viene de una suerte de "afán práctico", común a todas las profesiones pero, aparentemente, más fuerte en la arquitectura. Queremos encontrarle la utilidad a las cosas. En un país con vivienda precaria, pobreza, problemas de tránsito y edificios emblemáticos que se incendian, en lugar de "perder el tiempo" haciendo crítica, ¿no sería mejor que arrimemos el hombro para algo útil?

No. No sería mejor.

Es una alternativa, por supuesto. Es más, la mayoría de arquitectos se dedican a esa parte tangible de nuestra profesión. Pero también hay este otro lado, el intangible, en el que, desde que el mundo es mundo, un grupo de arquitectos se desenvuelve. Queremos explicar cosas - para otros o para nosotros mismos -, señalar errores, proponer mundos posibles, predecir futuros y llorar pasados, exorcizar demonios; en una palabra: reflexionar. 

(http://www.amoeba.com/)
La reflexión ha sido compañera indispensable del hacer físico. Va más allá de las limitaciones de la forma y de la gravedad, permite estar en muchos lugares al mismo tiempo y abarcar muchos temas tratando de hacer pensar. Apunta a un hacer físico más responsable y coherente. Se aparta de lo caliente de las situaciones para dar un paso atrás y evaluarlas. Busca que las personas piensen un poco más allá de la forma y se pregunten las razones y las implicancias. Y, por qué no, busca tirar de su pedestal a figurines y tótems injustamente endiosados.

En ese sentido, la necesidad de tener "loquillos cibernautas que se quejan detrás de un monitor" es grande. Estos personajes son (somos) un eslabón más de la cadena que empieza en libros sesudos y cuidadosamente editados, pasa por journals, revistas de difusión y tesis, y en algún momento se desvía a tertulias de bar alrededor de una cerveza o un chifa. El objetivo es el mismo. Pensar. Hacer pensar. 

Y, de ser posible, mejorar la arquitectura.

--

(El título de este post es tomado prestado de un comentario de Javier Vera Cubas a este post de La Chimenea, que recomiendo)

Bonus track: un texto inutil, que "no hace nada", riquísimo. Lebbeus Woods, "Arquitectura es guerra".

jueves, 25 de septiembre de 2014

Lo que mis alumnos preguntan (y lo que me gustaría responderles)

A pocos días de los exámenes parciales, una suerte de oleada de pánico ataca a los alumnos. ¿Ya pasaron 7 semanas? ¿Tan rápido? ¿Que ya tomó 3 prácticas? ¿Y yo por qué sólo he dado una? Aquí una pequeña muestra de algunas de las preguntas que he escuchado últimamente... y de lo que a veces me gustaría responder.

¿En el examen entra todo lo que hemos visto en el ciclo?
No, qué va. Sólo entra lo que les he enseñado en las fechas pares. Los días impares sólo doy clase para pasar el rato y el contenido dictado esos días se puede ignorar absolutamente.

No fui a una práctica y tengo cero. ¿Puedo hacer un trabajo adicional o algo para recuperarla?
¡Claro! Total, tomo prácticas los días que me provoca descansar y me encanta luego tener que corregirlas. Me gusta tanto que voy a mandarte especialmente un trabajo para tener más que corregir y, de paso, premiar tu inasistencia.

¿Más o menos cómo va a ser el examen?
Bueno, más o menos te voy a hacer algunas preguntas y más o menos me gustaría que las contestes. Más o menos eso te va a dar una nota que más o menos es importantísima para que pases el curso.

¿La clase del tema XX es importante?
No, qué va. Está en el sílabo sólo para rellenar. Me he pasado tres horas preparando material porque no tengo nada mejor que hacer, y se las dicté sólo para entretenernos un rato (ver pregunta 1).

Las separatas que nos ha dado, ¿entran en el examen? ¿tengo que leerlas?
En absoluto. Están hechas para que empapeles tu dormitorio con ellas, o para que uses el reverso para hacer dibujitos. En realidad, no creo en el calentamiento global, ni en los bosques depredados del Amazonas, ni en la necesidad de criticar. Me encanta que se impriman cientos de hojas sólo por el puro gusto de verlas impresas.

[Sábado a las 6 pm, por correo, inbox de Facebook o cualquier medio virtual] He escrito la enésima versión del borrador de mi trabajo de investigación. Te lo mando para que lo revises y el lunes me digas qué está mal.
¡Qué buena idea! Ahora sí que tengo algo que hacer este fin de semana, yo que me preocupaba de morir de aburrimiento. 

¿En la entrega hay que traer la maqueta?
No. Estoy tratando de mejorar mi memoria a través de un ejercicio que consiste en memorizar los planteamientos de 25 proyectos del taller, de modo tal que no necesite verlos para saber en qué consisten y calificarlos.

Me he dado cuenta que me jalaste por inasistencias [lo jalé yo, por supuesto; es mi culpa], ¿hay algo que pueda hacer al respecto?
Podrías atrasar el tiempo. Hay una película muy vieja de Superman en la que él le da vueltas a la Tierra al revés para salvar [SPOILER] a Lois Lane de morir. Intenta hacerlo hasta el día que faltaste. No es la única. Los viajes en el tiempo son una constante en el cine. En la vida real... creo que aún no ha sucedido, pero no pierdas la fe.

Si estudio toda la noche anterior al examen, ¿será suficiente?
Considerando que hasta el momento tus intervenciones en clase han sido nulas; y tus notas en las prácticas, jaladas, no tengo suficiente información para responder esto. ¿Qué tan largas son las noches para ti?

Continuará.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Paralelos

Parte de un proyecto inconcluso y en vías de recuperación: paralelos temporales entre la arquitectura en el Perú y en el mundo, a inicios del siglo XX.

La periodificación es la planteada por Wiley Ludeña en el libro Ideas y Arquitectura en el Perú del siglo XX (1997)





lunes, 22 de septiembre de 2014

Casa Chávez, 1958 (M. Rodigo Mazuré)










No tenía la fuente de esta imágenes. Ahora me indican que es esta, según "La Forma Moderna en Latinoamérica": "Documentos de Arquitectura Moderna en América Latina 1950-1965 Tercera recopilación”. Grupo de Investigación La Forma Moderna. Barcelona-España, 2006.

viernes, 25 de julio de 2014

"Yo también quería participar, pues"

Salieron los resultados del muy mencionado y trajinado Museo Nacional en Pachacamac. Independientemente de la calidad arquitectónica de los proyectos presentados - que creo que en muchos casos es notable - hay un tema que no deja de llamar la atención. 

Hace poco más de un mes las redes estaban revueltas. Cargadas de cartas abiertas, manifiestos de servilleta y posts de 140 caracteres que reclamaban un concurso público. Los argumentos eran varios y muy loables: ¿Cómo garantizar la calidad arquitectónica del proyecto si este ha sido adjudicado sin consenso a un grupo, por lo demás, desconocido? ¿Es que el gremio tiene tan poca presencia, que es incapaz de velar por los derechos de la arquitectura nacional? ¿Por qué un proyecto de esta envergadura no es abierto a la participación de todos los arquitectos?


La presión fue insistente y, con cierta sorpresa, vimos que esta vez sí hubo una respuesta. Tal vez me equivoque, pero creo que desde aquella vez que se evitó que se pinte el Museo de la Nación, los arquitectos no habíamos logrado imponernos ante nada. Ahora, gracias a que nos unimos, nos organizamos, protestamos, parecía que lo habíamos logrado. El proyecto del Museo Nacional se iba a adjudicar por concurso público. ¡Todo un triunfo!


Pero...

Bastó un vistazo a las bases para que la indignación volviera a surgir. ¿Sin honorarios para el ganador? ¿Sin garantías de que ese proyecto ganador sea construido? ¿Diez años de agremiado para poder concursar? ¿Sólo un mes para desarrollar el proyecto? Esta vez los indignados tuits, comentarios de Facebook y artículos de blogs no tuvieron respuesta. El concurso se lanzó, y, como todas las cosas en Internet, el tema pasó de moda y muchos le echaron tierra. 

Y ayer salieron los resultados. La sorpresa es grande, no por los proyectos en sí, sino por los participantes. Arquitectos que hace un mes llenaban sus discursos de protestas, arengas e indignación, ahora sonríen al ver sus propuestas colgadas en Facebook, y, a pesar de estar un poco picones por no haber sido los ganadores, es muy posible que estén disfrutando la vitrina. No tendría nada de malo, si no fuera por ese ligero tufillo de doble moral. 

Hay argumentos, por supuesto, que justifican la participación en un concurso así. Algunos puede que lo hagan simplemente por el ejercicio de diseñar un museo - tipología que permite a los arquitectos experimentar con el espacio arquitectónico de un modo muy libre -; otros dirán que era lo responsable presentar un proyecto "bueno" - aunque quién juzga lo que es bueno o no, queda por verse -; otros simplemente no buscarán justificación alguna y presentarán lo suyo, olvidando cualquier protesta previa.

Creo que lo ocurrido es simple. Estábamos picones de no haber sido nosotros los seleccionados a hacer el museo. No pedimos concurso por el bien del gremio, o de la arquitectura nacional... lo hicimos porque "yo también quería participar, pues". Y todos los argumentos bienintencionados no fueron sino eso, argumentos, que, en realidad, sirvieron para disfrazar nuestras motivaciones personales. ¿No sería mejor un poco de honestidad, como esos grupos de arquitectos que, desde el inicio, anunciaron que sí iban a participar porque sí y ya? Eso, al menos, nos libra de la doble moral. Así sabemos a qué atenernos.

lunes, 14 de julio de 2014

Demandamos

Más de cincuenta años después, en nuestro medio estas demandas tienen más vigencia que nunca.

"Del estado:
Nuevas regulaciones que le aseguren al planeamiento urbano el derecho de decidir sobre le propiedad del suelo en áreas tugurizadas; un cambio en las leyes que rigen la asistencia en los edificios.
De la provincia:
Participación decisiva de planificadores y arquitectos progresistas en la formulación de las nuevas reglamentaciones provinciales para edificaciones.
De las municipalidades:
Planeamiento independiente, liberado de prejuicios románticos y títulos de propiedad dados a la suerte; que arquitectos independientes sean los planificadores; más concursos de planeamiento urbano.
De los grupos que construyen:
Mejor diseño de viviendas a través del empleo de mejores arquitectos; soporte al planeamiento urbano; reconocimiento y apropiación de sus responsabilidades culturales. 
De los propietarios:
Mayor consideración por el interés público; menos egoísmo; mayor entendimiento y apertura hacia el planeamiento urbano.
De los arquitectos:
Ser conscientes de la tarea artística de la arquitectura; mayor consideración de los desarrollos sociales, económicos y tecnológicos conectados con su trabajo; eliminación de la profesión de los males de la intermediación y la especulación. 
 De las universidades:
Participación en los problemas públicos, de manera que la investigación que realicen sea reconocida y utilizada.
De la prensa:
Mayor lugar a las necesidades de la planificación y la habitación; más crítica e ilustración en lugar de simples reportes expositivos.
De las oficinas de inspección:
Colaboración en la realización de nuevas formas de habitación y administración inmobiliaria; separación de los aspectos legales y técnicos; cumplimiento de sus deberes de un modo no burocrático; efectuar las decisiones en materia de forma en conjunto con arquitectos independientes; que la gente no esté impedida de obtener mejores viviendas por leyes anticuadas y principios obsoletos."
Der Spiegel, N1 28, 1963

Bächer, Max, et al. (1963) "We demand" [Exhibición Heimat, Deine Häuser, Stuttgart, Junio, 1963]. En: Conrads, Ulrich (1990 [1964 ]) Programs and manifestoes on 20th-century architecture. Cambridge: The MIT Press.

viernes, 4 de julio de 2014

Crítica II (M. Tafuri)

Primera parte

"Quizá nunca como hoy ha necesitado el crítico tanta disponibilidad para acoger, sin el velo de prejuicios falsificadores, las propuestas que se hacen en la más absoluta incoherencia. Y nunca como ahora han sido necesarios una actitud rigurosa, un profundo sentido y un profundo conocimiento de la Historia, una atención tan vigilante para dirimir, en el vasto contexto de movimientos, investigaciones, o simples proyectos, las influencias dictadas por la moda, e incluso por el esnobismo cultural, de las intuiciones innovadoras.

(arkrit.dpa-etsam.com)
[...] El crítico es aquel que está obligado, por elección personal, a mantener el equilibrio sobre un hilo, mientras que vientos que cambian continuamente de dirección hacen todo lo posible para provocar su caída. [...] el crítico puro empieza a ser mirado como figura peligrosa: de aquí la tentativa de etiquetarlo con la marca de un movimiento, de una tendencia, de una poética. Puesto que la crítica que quiere mantener una distancia de la praxis operativa no puede hacer más que someter esta última a una constante desmixtificación para superar sus contradicciones o, al menos, para evidenciarlas con exactitud, he aquí a los arquitectos intentando una captura de aquella crítica, para, en el fondo, exorcizarla.

El intento de sustraerse a tal captura podrá parecer inspirado solamente por el miedo a los estúpidos o a los deshonestos. Para la crítica, reasumir sobre sí la tarea que le es propia - la de la diagnosis histórica objetiva y sin prejuicios y no la del apuntador o del "corrector de pruebas" - requiere, al contrario, una buena dosis de valor, dado que, al hacer la historia de la dramática riqueza del momento actual, corre el riesgo de aventurarse en un terreno minado."

Tafuri, Manfredo (1972 [1970]) Teorías e historia de la arquitectura (Hacia una nueva concepción del espacio arquitectónico). Barcelona: Editorial Laia. pp 12-14.

lunes, 30 de junio de 2014

Crítica I (M. Tafuri)

"Que la crítica de la arquitectura se encuentra hoy en una situación por lo menos "difícil" es un dato que, creemos, no precisa ser demostrado.

Criticar significa, en realidad, recoger la fragancia histórica de los fenómenos, someter a éstos a una rigurosa valoración crítica, descubrir sus mixtificaciones, valores, contradicciones y dialécticas internas y hacer estallar toda la carga de sus significados. Pero cuando mixtificaciones y destrucciones geniales, historicidad y antihistoricidad, intelectualismos exasperados y mitologías desarmantes se entrelazan de un modo tan indisoluble en la producción artísticas, como sucede en el período que estamos viviendo actualmente, el crítico se encuentra obligado a instaurar una relación extremadamente problemática con la praxis operativa, especialmente teniendo en cuenta la tradición cultural en que se mueve.

(www.taringa.net)
Cuando se combate una revolución cultural, en efecto, existe una estrecha convivencia entre crítica y operación.

Todas las armas del crítico que abrace la causa de la revolución se dirigen contra el viejo orden, excavan hasta el fondo las contradicciones y las hipocresías, construyendo un bagaje ideológico nuevo que puede también desembocar en una creación de mitos, dado que para toda revolución los mitos son las ideas - fuerzas necesarias e indispensables para forzar la situación. Pero cuando la revolución - y no hay duda de que las vanguardias artísticas del siglo XX han combatido por una revolución . ha alcanzado ya sus fines, falla el apoyo que antes encontraba la crítica en su compromiso total con la causa revolucionaria.

Para no renunciar a la tarea específica propia, la crítica deberá entonces empezar a retornar a la historia del movimiento innovador, descubriendo en él, esta vez, carencias, contradicciones, objetivos traicionados, errores, y, principalmente, deberá también demostrar su complejidad y su fragmentariedad. Los mitos generosos de la primera fase heroica, perdido su carácter de ideas-fuerza, se convierten ahora en objeto de crítica."

Tafuri, Manfredo (1972 [1970]) Teorías e historia de la arquitectura (Hacia una nueva concepción del espacio arquitectónico). Barcelona: Editorial Laia. pp 11-12.

lunes, 23 de junio de 2014

¿Una nueva generación?

A mis pokemones, con cariño.

El mayor cambio sucedido desde que terminé la carrera y empecé a enseñar en la misma facultad donde me formé, no fue tecnológico. A falta de mejor término, diré que fue social.

La facultad había pasado de ser una pequeña escuela orientada a un sector económico de clase media, media-alta a un proceso que la convertiría en la facultad con más estudiantes del país. Esto, para muchos, no es motivo de orgullo y, definitivamente, plantea situaciones cuestionables.

Hay, sin embargo, una enorme, maravillosa ventaja de esta nueva realidad. La arquitectura ha dejado de ser, hace ya bastante rato, una carrera de élite. Una élite, dicho sea de paso, mal entendida, relacionada con un capital cultural ligado a clases altas, críticos encasillados en un cierto círculo, referentes invariablemente del primer mundo, cultura entendida en términos sumamente limitados y limitantes. Una cultura que se impone de arriba hacia abajo, como si fuera la portadora de respuestas universales.

Los estudiantes, hasta hace algunos años, tenían como referente sus propias casas, diseñadas por arquitectos reconocidos; los lugares visitados en viajes a Europa o Estados Unidos; los libros de arte de las bibliotecas de sus padres.

Los estudiantes de ahora son un grupo, en primer lugar, mucho más plural. Al lado de la hija única que vive en San Isidro y cuyo padre es gerente de alguna gran empresa se sienta el menor de una familia de cinco hijos, que viene desde Ventanilla y desde chico se pasa las tardes ayudando a su papá en el negocio familiar. Los referentes de este segundo personaje son, probablemente, una casa autoconstruida, empezada por sus abuelos; paseos a parques o a visitar a la familia a provincia; graffiti, arte urbano y cumbia.

Y está muy bien.

En el maravilloso espectro entre un estudiante y otro, las facultades se han enriquecido con personas de distintas procedencias; cada una, una historia única. El conjunto empieza a ser, finalmente, representativo de lo que es el Perú: un conjunto de diversidad social y cultural. 


La nueva generación de arquitectos que ya está saliendo de las escuelas, finalmente, dejó de ser una élite que considera tener el derecho de decir a los demás cómo deben vivir. Esta nueva generación sabe, desde la cuna, que las respuestas son muchas y relativas, que no existen fórmulas, ni cinco puntos, ni honorarios fijos, ni normativa justa. Esta nueva generación sabe que debe ir al encuentro del cliente con actitud abierta y entiende que esa habitación adicional que sus papás construyeron en la azotea es importantísima.


Conozco personas espectaculares que están a punto de convertirse en arquitectos y arquitectas. Gente que no calza con lo que, cuando yo estaba en la facultad, era considerado un buen alumno. Son personas que cuestionan a sus profesores desde su propio frente de realidad, curiosos e inquisidores, y, sobre todo, solidarios y abiertos. 

Dentro de mi incurable optimismo, quiero creer que se vienen tiempos mejores para la arquitectura peruana. La nueva generación de arquitectos, que a veces callada, a veces a gritos, exige más de sus escuelas y es dura al juzgar lo que sucede a su alrededor, va a empezar a hacerse cargo de las ciudades. Si somos afortunados, seguirán firmes a sus ideales y no se dejarán corromper por el mercado y las modas y, tal vez, en ellos esté el entusiasmo y la terquedad necesaria para aterrizar nuevamente a la arquitectura y acercarla al ciudadano común. Para volver a ser una profesión de servicio.

viernes, 20 de junio de 2014

Así, no más

Artículo publicado en La Chimenea el 18 de junio de 2014.

"Pero lo cierto es que la ilusión de los centros comerciales —un poco como los parques de Disney— está muy bien fabricada y yo soy una víctima de ello. Espacios controlados, supuestamente seguros, donde no corro el riesgo de que un taxista me atropelle al ir de una tienda a otra, o de adelantar mi muerte respirando el smog de una combi. El que un centro comercial sea un espacio cómodo es una triste realidad.

También lo es el que suelen ser extremadamente nocivos para el entorno en el que están. Con contadas excepciones —y en este momento no se me ocurre ninguna— los alrededores de uno de estos malls suelen empeorar luego de su construcción. Hacia el interior son un mundo de color y alegría consumista; hacia el exterior, un gran paredón casi completamente hermético."

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Imagen de Christopher Schreier
Residencial San Felipe y Centro Comercial Real Plaza Salaverry

viernes, 6 de junio de 2014

3 razones para (no) criticar arquitectura [Comentarios]

Comentarios al post del mismo titulo, publicados en Facebook durante el 02 de junio de 2014.

Enrique León Ferrand: Los que estamos en las "galeras" de la la "academia" remando para sacar adelante una mejor "cultura arquitectónica" quizá debemos vestirnos de "Momo y Proserpina" para mantener nuestras cabezas unidas a nuestros cuellos. También, y de tanto en tanto plantear una exposición de "arquitectos desconocidos", héroes silenciosos que no llegarán al "gran salón" , a la marquesina de la escena local. Quizá esa sea nuestra misión, demostrar lo bueno (voluntariamente ignorado) y lo malo que hiede desde el estómago de la "bestia" que solo procesa lo que le gusta y le es complaciente desde su entorno.

Marissa Consiglieri Nieri: Yo digo, hay que correr riesgos. Una de las cosas que más me llamó la atención, durante el tiempo que pasé en Lima, es la falta de crítica (auténtica) en arquitectura. Se critica urbanismo porque eso es criticar a la autoridad vigente; pero esos mamotrretos que se levantan aquí y allá sin sentido de contexto arquitectónico, sin respeto a los códigos de construccón, sin respeto a la propiedad pública, no se mencionan.

Carlos Cornejo: Si pues. No será mas bien la falta de pensamiento critico en la sociedad peruana?. O acaso la critica de cine o en la economía o en lo social o lo político lo es… o tiene algún nivel estable. Por qué la critica arquitectónica debería ser distinta del resto?. Si al final el critico cae en una suerte de vendedor de cebo de culebra o sanador de mil enfermedades… solo hay que leer los periódicos y revistas del medio para ver el retrato.

Lucho Calatayud: En este país somos muy políticos hasta para pasar crítica, y hay mucha divagación en temas centrales que deberian tocarse en una crítica, concuerdo con Marissa Consiglieri.

Israel Romero Alamo: Yo creo, Carlos, que sí hay pensamiento crítico en el Perú. Quizás no en todos como para hacer crítica, ni tampoco, en estos, la capacidad de hacerlo de la mejor manera. Si a esto le sumas lo que indica Cristina, que es prácticamente tener todo el mundo en contra, el panorama no es tan alentador. Pero sí hay; escondido, a cuentagotas y atado de pies y manos, pero ahí está.

C. C.: De acuerdo Israel, no pretendo generalizar. Pero, mientras la comunicación entre los que generan la critica sea casi inexistente ('a cuenta gotas') esto podría ser cada vez menor. El espacio académico lo protege y aísla con lo poco o nada que ofrece a los que participan de alguna Universidad (y me refiero a investigaciones o eventos).

Cristina Dreifuss: De acuerdo, Marissa, hay que correr riesgos. Creo también que es nuestra chamba como profes el enseñar a hacer crítica, que no es simplemente decir lo que a uno se le ocurre, como a uno se le ocurre. La crítica debe ser pensada, fundamentada, y debe apuntar a un enriquecimiento tanto del que la lea como de la profesión. No cualquiera sabe hacer eso. (Sin mencionar que hay que tener también la capacidad de escuchar al otro).

Celina Gleiser: Además, como comentó Cristina en su artículo, la crítica sirve de muy poco si sólo la leemos los arquitectos. Los premiados mencionados tenían acceso a los anhelados 'contextos distintos' además de ser supremamente accesibles en estilo.

C. D.: Parte del saber hacer crítica, entonces, es aprender a hablar el idioma de los demás (el escuchar, nuevamente). No nos sirve de mucho si se vuelve un texto erudito publicado en "nuestras" publicaciones. La crítica debería salir del closet y dirigirse al ciudadano, a todos.

M. C. N.: Definitivamente, el pensamiento crítico se queda en los corredores de las facultades de arquitectura y entre arquitectos. Es que "El Comercio" - que alguna vez tuvo una sección sobre arquitectura - no iba a publicar jamás crítica sobre un edificio o conjunto de edificios hechos por Graña y Montero, por ejemplo, porque ellos pagan publicidad. Pocos arquitectos se aventuran a hacer crítica por que no quieren antagonizar a un potencial cliente o empleador. Es cuestión de intereses, que le llaman:) y ahí nos hemos quedado, 'hablando' de arquitectura siempre con este espíritu adulador y lenguaje barroco que nos caracteriza. Una pena pero así es. Cristina, tiene razón hay despabilar a los muchachos desde la universidad, estimularlos y alentar, mejor exigir, pensamiento crítico fundamentado.

E. L. F.: ¿Se acuerdan de la anécdota sobre la crítica que hicieron Doblado y Queirolo sobre un proyecto de Graña - Cooper - Nicolini?; bastó una llamada telefónica de Cooper para expulsar a los primeros del suplemento del Comercio. Algunos, por su propia seguridad laboral tendrán que usar un alias y las redes sociales para poder hablar con libertad y lanzar un ladrillado de tanto en tanto.
Sobre el leguaje…tengo curiosidad cuantos no- arquitectos leerían crítica arquitectónica. Leerían sí, chismes del mundillo arquitectónico, de lo cual se podrían escribir volúmenes.
Soy un poco pesimista sobre el público fuera de la esfera de la profesión. Si no hay un valor de entretenimiento, por más que se simplifique el leguaje….creo que sólo leerían como advertencia sobre posibles malas inversiones inmobiliarias.

C. G.: Enrique, ¿quienes leian a Ada Louise? ¿a Goldberger? ¿a Jane Jacobs?
Si hay que hacerlo divertido en un comienzo, como gancho, puede ser. Creo que el hecho de que se atrevan/nos atrevamos a criticar bastará para el morbo.

E. L. F.: Cristina, creo que eran "otros tiempos", disculpa mi pesimismo, pero vivimos en una era que pierde la abstracción como un valor del pensamiento, todo es devorado por la imagen y la identificación que se tiene con esta, la inmediatez, por la capacidad de participar (como lo estamos haciendo).
Quizá sea el morbo…un: "No se lo cuentes a nadie" de nuestra escena arquitectónica local, pueda acercar el personaje al público. No es por nada que en toda reunión social en que se encuentran dos arquitectos, automáticamente cambian su conversación a arquitectura, alienando un poco a cualquier participante lego en la disciplina.

C. G.: El 'bottom line' sigue siendo que no tenemos el byline.

C. D.: Para antagonizar con Enrique, una dosis de optimismo: qué buenos están estos comentarios.
Yo creo que a la gente sí le interesaría leer, por ejemplo, qué hace que un edificio sea mejor que otro. Esto con miras al momento en el que quieren comprar su propio depa, por ejemplo. No es una crítica erudita, sino más bien pragmática. Empieza por mostrar a la gente qué es lo que debe ver, con el fin de convertir a esa misma gente en el público de críticas cada vez más sofisticadas.

Jose Acaro: Esta discusión demuestra los nuevos medios para el ejercicio de la opinión critica. Recuerdo que Montaner mencionaba algunos requisitos para el ejercicio natural de la critica en algun país, en algun lugar. Son tres, uno de orden politico, otro de orden metodologico y uno tercero mediatico. La democracia es el terreno fértil en términos políticos,en lo segundo una tradición de metodologia consistente que sea base en terminos intelectuales. La tercera razon es la mencionada comunicacion y difusion de la critica, esta se desenvuelve mejor cuando los canales de comunicacion permiten su existencia en las masas.

E. L. F.: De acuerdo con la crítica "pragmática", vamos a necesitar un asesor legal para comentar sobre las constructoras "malignas". Un buen caricaturista, algunos "topos", podría ser un buen comienzo.

lunes, 2 de junio de 2014

3 razones para (no) criticar arquitectura

Admiro a los críticos. A los críticos de verdad, que son muy pocos, y a los críticos de arquitectura, que son casi inexistentes.

W. Ludeña hablaba en un curso, precisamente de crítica arquitectónica, de las dificultades del medio que hacen que criticar arquitectura en el Perú sea casi imposible. 

Creo que son tres las razones que producen esta situación y, personalmente, son las que me hacen pensar no una o dos, sino mil veces antes de empezar a criticar. Estas tres razones oscilan entre lo objetivo y lo subjetivo (y nos convierten a muchos en grandes cobardes).

1. No existe un medio (o un público) para la buena crítica arquitectónica. No hay la posibilidad de una Ada Louise Huxtable, Paul Goldberger o Inga Saffron (tres ganadores del premio Pulitzer en crítica, en 1970, 1984 y 2014, respectivamente), básicamente porque no sé dónde podrían publicar, ni quién los leería. La verdadera crítica arquitectónica debe liberarse lo más posible de las presiones del medio. En la actualidad, el culto que rendimos al mal llamado "boom inmobiliario", y el hecho que los dueños de muchos medios de comunicación tengan participación en constructoras, hace que se reduzca el número de cosas a publicar a lo "económicamente correcto".

2. No nos gusta pelearnos abiertamente con la gente. Los arquitectos somos picones. Al menos en nuestro medio. No nos gusta que nos digan que lo que hemos hecho está mal... lo que posiblemente sea una secuela de nuestros días de estudiantes y críticas de taller. Los intentos de criticar un proyecto rara vez generan un diálogo. Lo que suele pasar es que el autor se pone a la defensiva y argumenta cosas como "el presupuesto no dio para más" o "el cliente era muy necio"; no defendemos nuestras posturas a través del diálogo, sino a través de la excusa, y esa excusa no se refiere a nuestro trabajo en sí, sino a condicionantes externas que, además, están presentes en toda obra de arquitectura.

La conclusión: luego del frustrado intento de diálogo, uno se ha ganado un enemigo de por vida... o al menos por un buen tiempo. Si la crítica se da tomando un café, puede que sea perdonada luego, con una suficiente cantidad de pisco sours; si se da en un medio escrito, las consecuencias pueden ser permanentes.

3. No queremos perder el trabajo. A pesar de los miles de arquitectos colegiados, nos seguimos moviendo al interior de un grupo reducido de personas, especialmente en la enseñanza. Dentro de este puñado de personas uno creería que la crítica sería más aceptada, pero lo cierto es que no es así. Es posiblemente peor. Decir ciertas cosas, atacar a instituciones, personas o eventos, puede convertirse en cavar la propia tumba profesional.

Luego de todo esto, la crítica desaparece y se convierte en una simple reseña, como las que leemos en la gran mayoría de publicaciones de arquitectura. Nos limitamos a describir el edificio, en el mejor de los casos; o a adular blandamente los aspectos positivos, en el peor. 


Envidio a quien vive de sus rentas, a quien busca amigos en otros contextos y a quien no se queda despierto en la madrugada pensando si lo que dijo fue demasiado o si encontrará que alguien reventó las llantas de su carro. 

¿Entonces? ¿La crítica de la arquitectura está condenada a ser una utopía inexistente? 

Creo que es precisamente por estas razones que tenemos que seguir haciendo crítica arquitectónica, hasta que el peso de ésta sea mayor que los miedos o majaderías de unos pocos. Tengo fe en los nuevos medios y en la gran cantidad de nuevos arquitectos. Mediante blogs, grupos en las redes sociales, foros y discusiones de pasillo, la crítica arquitectónica está empezando a coger cuerpo. Sólo espero que, una vez sumergidos en el mundo laboral, los nuevos críticos de la arquitectura peruana no caigan en la inercia del gremio y sigan queriendo dialogar: escuchar y ser escuchados.

lunes, 26 de mayo de 2014

Old school (o unas cuantas diferencias entre estudiar arquitectura hace 15 años y ahora)

En marzo se cumplieron 15 años desde que ingresé a estudiar arquitectura. Aunque algunos de mis contemporáneos lo quieran negar, hace 10 años que nos graduamos. Eso es toda una generación. Muchas cosas han cambiado, pero no ha sido sino hasta que me topé con este post que me di cuenta de hasta qué punto. Fue escrito cuando yo estaba estudiando, y hay dos cosas que me llamaron mucho la atención, porque casi las había olvidado: discos y rollo de fotos. 

Así es que, aunque me duela, he aquí 15 cosas que han cambiado durante estos 15 años.

1. USB. Una de las primeras veces que volví a la universidad luego de graduarme, le pedí a un profesor una cierta información y él, sin inmutarse, me dijo "dame tu USB y te grabo el archivo". ¿Mi qué? Poco tiempo después, cuando dicté mi primera clase teórica, me sorprendió que cuando terminó se formara una pequeña fila de alumnos al lado de la computadora. "¿Podemos grabar el PPT (ver punto 2) de la clase?" preguntó una alumna, mostrándome su USB. "Sí, claro" (¡Qué simple!). Si nosotros queríamos transportar información, usábamos diskettes de 3 1/2", con una capacidad de almacenamiento de 1.4 MB (ver punto 4). Y, por supuesto, no había manera de "grabar" una clase, a menos que uno quisiera filmarla.


2. PPT. El Power Point sí existía, pero muy pocos profesores lo usaban. Recuerdo algunas presentaciones muy básicas en alguna clase de matemáticas, pero eran la excepción. La gran mayoría de clases se dictaban en pizarra (¡que era de tiza y no de plumón!). ¿Cómo se trabajaba el tema de las imágenes? Con diapositivas, una especie en peligro de extinción. Los profesores tenían archivos con diapositivas de sus temas, y carretes en donde las ordenaban según la clase que se iba a dictar. ¿La máxima tragedia para un profesor? Que se cayera el carrete y se desordenaran las imágenes.


3. Proyectores y écran. No había. En su lugar, todos los salones tenían dos televisores de 20" (aprox.). Sólo el 30% de los asientos de los salones tenían una visibilidad decente hacia esos televisores. Finalmente resultaba que los PPT terminaban siendo una tortura, más que una ayuda.

4. Quemadoras de CD (y no hablemos de DVD y blu-ray). Uno de los grandes momentos evolutivos durante la carrera fue cuando el papá de un amigo viajó a no sé dónde y trajo una quemadora de CD. De pronto, el límite de 1.4 MB se había convertido en 700 MB. ¿Cómo hacíamos antes para transportar información? En primer lugar, la resolución de las imágenes era mucho menor de lo que es ahora, por lo que pesaban menos. Nada de imágenes de 3MB. En ese entonces, a las justas pesaban 200 kB. Además, existía el .zip, que era un sistema que no sólo comprimía los archivos, sino que permitía fraccionarlos en una serie de diskettes (ver punto 1). De ese modo, un archivo o presentación podía entrar "cómodamente" en 8, 12 o 15 diskettes. ¿El problema? Que 9 de cada 10 veces, uno de los malditos diskettes no abría, y toda la operación se arruinaba.

5. Internet con tarifa plana. Para cuando ingresé a la universidad, Internet llevaba algunos años funcionando. No todos tenían y los que sí, sufríamos con el hecho de que se cobraba por minuto, al costo de una llamada local. O, para ser más justa, nuestros padres sufrían con eso. Cualquier consulta o trabajo debía hacerse rápido, sin contar con que había que "separar turno" con los demás miembros de la familia para el uso de la única computadora de la casa (ver punto 9). Ni pensar en usar Internet para comunicarse más efectivamente. Para eso existían los teléfonos... fijos.

6. Correo electrónico con más de 250 MB de almacenamiento. La gran mayoría de nosotros tenía un hotmail, con poquísimo espacio, pero no era importante porque, de todos modos, el tamaño máximo de un attachment era para reírse. A nadie se le hubiera ocurrido mandar un trabajo por mail porque, simplemente, no entraba. (Cuando salió el Gmail, hacia el final de la carrera, todos queríamos que alguien nos invite).

7. Dropbox. Estos sistemas hasta el día de hoy me causan una cierta fascinación. ¿Puedo colgar un archivo de 300 MB? ¿Gratis?

8. Cámaras de fotos digitales. Un levantamiento estaba entre los trabajos más caros que podían mandarnos a hacer, básicamente porque implicaba tomar un montón de fotos... y revelarlas. Las cámaras de fotos usaban rollos de 12, 24 y 36 fotos; esto hacía que uno no sólo tuviera que acordarse de llevar pilas para la cámara, sino también suficientes rollos (2 o 3 de repuesto). Además, había que pensar muy bien antes de tomar una foto y a nadie se le hubiera ocurrido tomar varias para quedarnos con la que mejor salga. Una foto tenía que salir bien a la primera.

9. Laptop. Sí existían las laptops, por supuesto, pero ningún estudiante de arquitectura tenía una. Eran carísimas. Como gran cosa, hacia la mitad de la carrera, algunos pudimos ensamblarnos una computadora de segunda (tercera o cuarta mano), que tuviera suficiente RAM como para que renderizar un 3D no demore dos semanas sino sólo 48 horas. De ese modo, no había que compartir la computadora del resto de la familia (ver punto 5). Durante las horas de taller la gente tenía que trabajar a mano... o dedicarse a otras cosas. Más de una vez que tuvimos que hacer un trabajo en grupo, desarmé la computadora (CPU, pantalla, periféricos, cables), para poder llevarla a la casa donde lo estábamos haciendo.

10. Sketchup, Revit o cualquier programa que haga los cortes automáticamente. No existían. Punto. Existía el mito del Archicad, que pocos sabían usar y nadie podía plottear. Contrario a la creencia popular, sí existía el AutoCad, desde hacía bastante tiempo, y el 3D Studio Max. 

11. Plumones Chartpak o similares. No es que no existieran... es que nadie lo vendía en el Perú. Si alguien se los traía de algún otro lado, los cuidaba tanto que, generalmente, se terminaban secando por falta de uso.

12. Youtube, Facebook, Twitter. #NoSeHabíaInventado. Quiere decir que teníamos menos opciones de perder el tiempo en Internet, independientemente de la tarifa (ver punto 5), pero también mucho menos opciones de socializar y de enterarnos de las cosas. Hoy veo en mi Facebook anuncios de eventos, marchas, exposiciones, artículos. No hay excusa para no saber qué está pasando - quién ganó el último Pritzker, por ejemplo - en tiempo real. No sé si cuando yo estudiaba las cosas no sucedían o es que no nos enterábamos. Creo que un poco de ambas. Teníamos Messenger, que, cuando Internet tuvo tarifa plana, se volvió una herramienta buenísima para perder el tiempo. 

13. MP3. Ok, estos sí que existían (junto con dos maravillosos inventos: Napster y Audiogalaxy, que en paz descansen) pero aparecieron después de la primera mitad de la carrera. A un viaje que hicimos exactamente entre quinto y sexto ciclo, llevé un walk man con cassettes grabados en casa. Ya existían los disc man, pero eran malísimos. Durante las amanecidas generalmente escuchábamos radio. A las 6 am. empezaba "Caídos del catre" y esa era la señal inequívoca que se había acabado el tiempo y ya era hora de entregar.

14. Smartphones. Muchos de nosotros ni siquiera teníamos celular. El modelo por excelencia era el clásico Nokia (ese que no se rompe por nada del mundo), sin conexión a Internet, ni apps... ni siquiera pantalla a color. Era un teléfono que servía para llamar y hacer llamadas. Algunos años después, aparecieron los SMS. Para promocionarlos, la compañía telefónica los puso gratuitos por un mes, y creo que eso se parecía bastante a lo que hoy es el whatsapp. Luego, por supuesto, se empezó a cobrar. Para entretenernos, nuestra generación tenía al gusanito.

15. Pre-sustentación. Para cerrar, una gran diferencia no tecnológica. Cuando nosotros nos graduamos, sólo había una sustentación de tesis. El lado bueno es que los nervios se reducían a la mitad. El enrome problema es que a esa sustentación podía entrar quien quisiera (incluyendo a tus papás y a tu enamorado/a), o sea que si el jurado te hacía papilla y decidía que no te graduabas, lo hacía delante de todo el vecindario. La pre-sustentación ha dado una cierta privacidad a las vergüenzas académicas... y un poco más de tiempo para resolver la tesis.

domingo, 18 de mayo de 2014

La espacialidad de la vida humana (E. Soja)

"Tal vez ahora más que nunca, nos estamos volviendo conscientes de nosotros mismos como seres intrínsecamente espaciales, continuamente comprometidos en la actividad colectiva de producir espacios y lugares, territorios y regiones, ambientes y hábitats. Este proceso de producir espacialidad o "hacer geografías" empieza con el cuerpo, con la construcción y el actuar de uno mismo, el sujeto humano, como una entidad claramente espacial, involucrada en una relación compleja con lo que nos rodea. Por un lado, nuestras acciones y pensamientos dan forma al espacio alrededor nuestro. Pero al mismo tiempo, los espacios y lugares más grandes dentro de los que vivimos, producidos colectiva o socialmente, también dan forma a nuestras acciones y pensamientos en modos que recién estamos comenzando a entender. [...]

(www.dsdni.gov.uk)
Más aún, nuestro "actuar" como seres espaciales sucede en muchas escalas diferentes, a partir del cuerpo, o lo que la poetisa Adrienne Riche una vez llamó "la geografía más cercana", hasta una serie de geografías más distantes que van desde habitaciones y edificios, hogares y vecindarios, hasta ciudades y regiones, estados y naciones y, finalmente, toda la Tierra - la geografía humana más externa. A pesar de que la influencia sea menor con la distancia, a partir del cuerpo, en cuanto a cómo influenciamos individualmente y somos influenciados por estos espacios más grandes, cada uno de ellos debe ser reconocido como producto de la acción e intención humana colectiva y, por lo tanto, susceptibles de ser modificados o cambiados. Esto infunde actividad e intencionalidad a todas las escalas de espacialidad humana, pero también  tensiones y potenciales conflictos, apertura y libertad así como cerramiento y opresión, la presencia perpetua de desarrollos geohistóricos desiguales y, por lo tanto, política, ideología y lo que podría llamarse, tomando prestado el término de Michael Foucault, las intersecciones de espacio, conocimiento y poder."

Soja, E. (2000) Postmetropolis. Critical Studies of Cities and Regions. Oxford: Wiley. pp 6-7.

miércoles, 7 de mayo de 2014

¿Cambiar el mundo?

En uno de los cursos que llevé durante el primer año de la carrera, se nos planteó una serie de frases que describen la arquitectura. Ante la dificultad de encontrar una sola definición satisfactoria, el profesor del curso nos presentó varias, a modo de collage, entre las que se encontraban la clásica de Le Corbusier - "Es el juego sabio, correcto y magnífico de volúmenes bajo la luz" - y una de Mario Botta - "... regreso al vientre materno".

Como componente local, había una sola cita de un arquitecto peruano: Ciriani. 

[Entonces, él estaba viviendo en Francia a tiempo completo y casi no se hablaba de él en el medio local. Era como ese tío que toda familia tiene, que se fue al extranjero, le fue bien, y nunca más mandó una postal (o mail)].

"El arquitecto se levanta todos los días con ganas de cambiar el mundo."

Ahora que el tío exitoso ha vuelto, para ser casi inmediatamente colocado en el panteón de las leyendas vivas, esa frase, con algunas variantes, ha sido repetida ad infinitum en entrevistas, citas, exposiciones y conferencias. Como el personaje que la dice, la frase es un típico producto de la modernidad. Una suerte de grito de batalla, del tipo "menos es más", que busca motivar, que llena del mismo entusiasmo que yo sentía cuando escuchaba esas clases iniciales de primer año y, efectivamente, salía del salón con la sensación de que cambiaría el mundo.

No tiene nada de malo eso, si es que se queda en el universo de las frases motivadoras. Un lindo grito de guerra para colocar en un sitio visible sobre nuestro lugar de trabajo.

Sin embargo, como todos esos gritos de guerra, mal manejada esa frase puede volverse sumamente peligrosa. Porque, ¿qué significa exactamente "cambiar el mundo"?

Insatisfacción con el estado actual de las cosas, sí. Estamos muy lejos de que todo esté bien; el día a día nos coloca frente a situaciones de injusticia, de desigualdad, de exclusión que, efectivamente, hay que cambiar. El querer "cambiar el mundo" implica colocarse en una postura crítica con respecto a lo que éste nos presenta.

Espíritu de lucha, también. No se trata sólo de indignarse, sino de hacer algo para revertir las situaciones. Cargar el peso del mundo bajo nuestros hombros es ridículo, pero sí es cierto que cada persona puede hacer una diferencia - para mejor o para peor - en el pedacito de mundo en el que le toque estar. Los arquitectos, al ser constructores de espacios donde el ser humano habita, parecemos estar en una posición privilegiada para hacerlo. 

Pero es aquí donde la frase puede ponerse peligrosa. El ser arquitecto parece venir de la mano con un ego desmedido: creemos que lo sabemos todo, y lo que no, nos lo podemos inventar. Esto, acompañado del querer "salvar el mundo", es una receta para el desastre. Sólo parece haber una postura posible: todo lo que está mal debe cambiarse y yo, el arquitecto, sé cómo hacerlo.

El gran, enorme problema es el siguiente: ¿quién nos ha dado el derecho de hacerlo? ¿tenemos siquiera las herramientas para identificar objetivamente qué partes del mundo deben ser cambiadas? Habiendo sido formados en una disciplina tan rica en subjetividad, es muy posible que estemos entre los profesionales menos indicados para intentarlo. Porque si bien podemos llegar a un consenso sobre ciertas cosas que están definitivamente mal, en un tema tan delicado como el habitar de una persona o un grupo de ellas, ¿quién está acreditado para definir qué es lo correcto y qué cosa debe cambiarse?

El resultado de tomar este tipo de gritos de batalla al pie de la letra es un arquitecto que quiere cambiar el mundo según sus propios criterios funcionales, sociales, estéticos. Y si este individuo cree que tiene el derecho y los conocimientos para hacerlo, ¿quién le hará acordar que existen otros puntos de vista? ¿que hay mundos que no quieren ser cambiados? ¿que el componente subjetivo es difícilmente comprensible desde el exterior? ¿que algunas cosas que para él puedan estar mal, para los usuarios, los habitantes, no lo están? 

¿Quién nos va a salvar de profesionales que, en realidad, no quieren "cambiar el mundo", sino ajustar nuestro mundo a su propia idea de lo que el mundo debería ser?


lunes, 28 de abril de 2014

6 condiciones esenciales de la creatividad (J. Bruner)

"1. Desprendimiento y compromiso

Un pre-requisito para el acto combinatorio y fresco que produce efectiva sorpresa es la voluntad de divorciarse de lo obvio. Debe haber una necesaria condición de desprendimiento de las formas tal y como existen... Pero es un desprendimiento de compromiso, puesto que involucra una preocupación, una profunda necesidad de entender algo, de dominar una técnica, de crear un significado. Es así que mientras que el poeta, el matemático, el científico, todos ellos deben lograr el desprendimiento, lo hacen con un fin de compromiso. [...] Los creativos se desprenden de lo que existe convencionalmente y se comprometen profundamente en lo que ellos mismos construyen para reemplazarlo.

2. Pasión y decoro

Entiendo por pasión la voluntad y la habilidad de permitir a los propios impulsos expresarse a así mismos en la propia vida, a través del trabajo... La pasión, como el gusto, crece con su uso. Es más probable que propicies en ti mismo el sentimiento a que sientas la acción... Pero nuevamente una paradoja: no todo es vitalidad urgente. Hay decoro en la actividad creativa: un amor a la forma, una etiqueta hacia el objeto de nuestros esfuerzos, un respeto por los materiales... Es así que ambas son necesarias y debe haber, de hecho, un sutil manejo del tiempo involucrado - cuándo ser impulsivo, cuándo domesticarse.

3. Libertad de dejarse dominar por el objeto
(polon.co.uk)

Empiezas a escribir un poema. Poco tiempo después, el poema empieza a adquirir requerimientos métricos, de stanza, simbólicos. Tú, como escritor del poema, estás a su servicio - eso parece. O puede que estés embarcado en la tarea de construir un modelo formal para representar las propiedades conocidas de una única fibra nerviosa y sus sinapsis: pronto el modelo toma posesión de la situación... Hay algo extraño en ese fenómeno. Exteriorizamos un objeto, el producto de nuestros pensamientos, lo tratamos como si estuviera "ahí afuera". Freud notaba, al comentar sobre el mecanismo de proyección, que los seres humanos parecen ser más capaces de enfrentarse a los estímulos que vienen del exterior que a los que vienen del interior. Es así que, al exteriorizar el trabajo creativo, al permitirle ser por sí mismo, su propia autonomía se coloca a su servicio. Como si fuera más sencillo tratar con ello desde afuera, como si esta situación permitiera el emerger de más impulsos inconscientes, de más material al cual nos es difícil acceder.

El ser dominado por un objeto creado por uno mismo [...] es liberarse de las defensas que nos mantienen escondidos de nosotros mismos.

A medida que el objeto se hace cargo de la situación y demanda ser completado "en sus propios términos", hay una nueva oportunidad de expresar estilo e individualidad. Esto es porque ya no estamos haciendo malabares internos con las posibilidades, porque las hemos representado "fuera", donde podemos mirarlas y considerarlas.

4. Aplazamiento e inmediatez

Existe una inmediatez para crear cualquier cosa, un sentido de dirección, un objetivo, una idea general, un sentimiento. Sin embargo, la inmediatez es cualquier cosa menos un orgasmo rápido de finalización. La finalización se aplaza.

Luego de haber leído una buena cantidad de diarios de escritores, he llegado a la conclusión tentativa que la principal defensa contra la finalización precoz, al menos al escribir, es el aburrimiento. No dudo que la misma defensa es válida para el científico. Es el aburrimiento del conflicto, el conocer en el fondo lo que uno quiere decir y saber que uno no lo ha dicho, lo que hace que uno actúe con el impulso de explotar una idea, de empezar. Uno también actúa con el impulso del aburrimiento, del aplazar. [...] 

5. El drama interno

Dentro de cada persona hay un elenco de personajes - un asceta y tal vez un glotón, un mojigato, un niño asustado, un pequeño hombre, incluso un espectador, a veces un hombre del Renacimiento. Las grandes obras de teatro son descomposiciones de ese elenco, el convertir en un drama exterior el drama interior, el convertir el elenco interno en personajes.

Y como el drama, también la vida puede describirse como un guión, constantemente re-escrito, para guiar el drama interno que se va desenvolviendo. [...] Se trata de agrupar nuestras demandas internas y modelos idealizados, aquellos con los que nos identificamos especialmente - figuras en mitos, en vida, en los comics, en la historia, creaciones de la fantasía...

Es trabajar a partir del conflicto y de la coalición al interior del conjunto de identidades que componen a una persona que uno encuentra la fuente de muchas de las combinaciones más ricas y sorprendentes. No sólo se benefician de esto el artista y el escritor, sino también el inventor.

6. El dilema de las habilidades

¿Y qué debemos decir con respecto a la energía, al fervor combinatorio, a la inteligencia, al estado de alerta, a la perseverancia? No diré nada sobre esas cosas. Son, obviamente, importantes, pero desde un punto de vista más profundo, también son triviales, dado que a cualquier nivel de energía o inteligencia se puede dar la creación. Personas estúpidas crean para sí mismas tanto como se benefician de lo que viene del exterior. Del mismo modo lo hacen las personas ociosas o apáticas. Yo hablo de creatividad, no de genialidad."

Leer el artículo completo aquí.
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