martes, 3 de octubre de 2017

Tengo miedo

El terreno de Stansa (luego Ricoh), en la esquina de Pardo y Aliaga con Conquistadores, está vacío.

Esquina de las Avs. Pardo y Aliaga, y Conquistadores
(Google Street View)

El proyecto original no era nada excepcional, excepto dos cosas que hacían que, al menos, no fuera dañino. La escala se ajustaba a la del edificio San Carlos (aun en pie), y ofrecía hacia la fachada principal un retiro generoso.

Desde el punto de vista urbano, esta esquina no es ninguna maravilla. Uno de sus lados es el muro ciego del colegio María Reina; los otros dos, bancos. Pero mucha gente pasa por ahí, a pie, en carro o bus. Esto la hace relevante para todas esas personas que, sin quererlo, son usuarias de este espacio.

Esquina de las Avs. Pardo y Aliana, y Conquistadores, estado actual
(Imagen propia)

En la actualidad ese lote vacío, enorme, es una gran oportunidad. Sospecho que lo que sea que se construya en él se parecerá más al edificio vecino que actualmente tiene hacia el frente de Conquistadores. Un edificio de oficinas que aprovecha al máximo la superficie del terreno en pos de una mayor rentabilidad. Un anónima caja de vidrio como tantas otras que pueblan esa parte de la ciudad.

Y tengo miedo.

A una cuadra de distancia, en la misma avenida y en dirección a la huaca Pucllana, está el que considero uno de los ejemplos más nocivos de edificio de oficinas. Una forma geométrica pura, abstracta, en donde la escala humana y la relación con el exterior, brillan por su ausencia.

(Imagen propia)
Es posible que el interior sea una maravilla, más por mérito de los diseñadores que de la fachada negra, que obliga a usar luz eléctrica hasta en los días más soleados. Lo que a mí me preocupa es el exterior. Eso que es usado por muchísima más gente que la que trabaja al interior. Eso que será sufrido por todos nosotros si es que otra caja hermética llega a ocupar el terreno vacío.

Muros ciegos, ningún referente de escala humana (excepto el nombre de las calles, en un murete parecido a los tradicionales, pero, cómo no, en negro), ninguna relación con el exterior. El ingreso, una perforación más apropiada a un calabozo. El bonito efecto que podría dar el color cobre se pierde bajo el peso del resto de la composición. No provoca entrar. Y, lo que es mucho peor, no provoca pasar por el costado.

Volvamos a nuestro terreno vacío y caminemos una cuadra más, pero en la otra dirección, hacia la Av. Camino Real. Otro edificio de oficinas. Otro objeto abstracta, pero ligeramente distinto. No se trata, en absoluto, de uno de mis edificio favoritos, pero sí hay que reconocerle algunos aciertos.

(Imagen propia)
En lugar de un borde hermético, tenemos tiendas. Sólo tres, que logran hacer toda la diferencia. Caminar por ahí no me va a iluminar el día, pero tampoco genera rechazo o miedo, y esto ya es una gran cosa. La distancia entre la vereda y la vitrina de la librería, lograda por un zócalo bajo, no me deja leer los títulos de los libros, pero eso no influye en lo agradable de la imagen. Los cristales, que separan las mesas del restaurante del exterior, no molestan.

El resto del volumen pasa desapercibido desde la escala del peatón, pero, si uno se detiene a mirarlo, hay un par de detalles diferentes que lo hacen menos agresivo. No es un solo tipo de vidrio, sino dos,  lo que ayuda a manejar la escala con respecto al ser humano; el color predominante es un azul claro y alegre. Hay sustracciones, sutiles, sí, pero que logran salvar al edificio de la apariencia de mole maciza. A diferencia del anterior, este sí parece ser un edificio vivible. 

En el terreno vacío se repiten las mismas responsabilidades, y se agregan unas cuantas. Hay una esquina; ¿se va a aprovechar, como un respiro urbano o una entrada jerárquica, o se va a ignorar? Hay tránsito de personas, un kiosko, un paradero; ¿se va a considerar el impacto sobre los usuarios cotidianos de ese pedazo de ciudad? Se está buscando consolidar un eje comercial, peatonal, en la Av. Conquistadores; ¿se aportará a esa iniciativa? Finalmente, ¿qué importa más? ¿La imagen institucional del edificio como objeto/trofeo/foto de revista, o la experiencia urbana del usuario que lo sufre?

Las posibilidades son infinitas.

Esta es una esquina maravillosa, una oportunidad única de hacer algo fantástico.

O, al menos, de hacer algo que no sea nocivo.

Pero tengo miedo.

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo. Ojalá no desperdicien la oportunidad de deleitarnos con un edificio trascendente.

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