martes, 28 de octubre de 2008

Lo mejor de Roma

Aunque paso una buena porción de mi tiempo quejándome de muchas de las cosas que ocurren por estas latitudes, y cuento los días para regresar a Lima, lo cierto es que la experiencia de estar en este exilio, de ver las cosas que veo y de vivir las cosas que vivo, es fantástica.

Fantástica como algo que se sale de la realidad, que invade los terrenos de los sueños (y por qué no, de las pesadillas), que tiene aspectos extraños, distintos, surreales y únicos.

Así es que en esta divagación intentaré abstraerme un poco de los problemas migratorios, las manifestaciones de la oposición y el caos administrativo en la universidad. Trataré de "olvidar todo lo que hemos oído sobre pastos verdes y cielos azules, y mirar el mundo como si hubiéramos apenas llegado de otro planeta en un viaje de descubrimiento y estuviéramos viéndolo por primera vez."

Lo primero que me gustó de esta ciudad (por muchas semanas era, en realidad, lo único que me gustaba), es lo cerca que está del resto de Europa. Con poco dinero y poquísimo tiempo uno puede estar en otra de las "grandes capitales europeas". O incluso, dar un salto a otro continente, que es una experiencia que todavía tengo pendiente.

El clima, en Roma, es muy entretenido. Hay 4 estaciones, como nos enseñaron en el Kindergarten, y casi todos los tipos de soles, nubes y precipitaciones que pueda esperarse. Aún cuando a la mitad de agosto uno agoniza al ver los parques amarillentos bajo los 35°C y la total ausencia de lluvias, noviembre, con sus tormentas de cielos de película de terror y sus corrientes de aire, lo compensa con creces. Mi única queja es que, normalmente, no hay nieve.

El centro histórico, que cada día se parece más a un Disneylandia mediocre y sin Mickey Mouse (en su lugar hay unos cuantos "gladiadores" con sobrepeso), no tiene mucha gracia a la luz del sol, lleno de turistas, clichés y malas imitaciones de todo. De noche, a la luz de la luna, es el lugar mágico y sugestivo que siempre debió ser: un lugar de sombras y volúmenes, arquitectura y entorno, pasos y espacios. La ciudad eterna se esconde de día, se acicala con calma, y sale a lucirse cuando las hordas de turistas la abandonan y sólo unos pocos, pacientes, deciden quedarse a apreciarla.

En Roma no hay mejor descubrimiento que un buen café de barrio. El "corazón" que la municipalidad siempre quiso y nunca pudo ser. Ese espacio donde las viejas se reúnen a chismear, los vecinos toman el aparitivo después de trabajar y los jubilados compran la lotería mientras se quejan de algún tema aleatorio.

Ya he hablado hasta el cansancio de los parques. Para una habitante del desierto, criada bajo la sombra del damero en una ciudad de más de ocho millones de habitantes, la idea de kilómetros y kilómetros de "área verde" en medio de Roma, sigue siendo fascinante.

Es interesante vivir en una ciudad que sí pertenece al "circuito oficial". Ya sea que hablemos de muestras de arte, cantantes, festivales de cine o ferias cualesquiera, en Roma sí suceden los eventos internacionales. Esto permite, en el lapso de pocos días, poder oir a The Cure en vivo y gratis, ver cine independiente en el festival y asistir a la muestra de arlequines de Picasso.

En compensación por la escacés de conversaciones inteligentes y/o interesantes que encuentro por acá, tengo a mi disposición una cantidad casi infinita de libros. No los puedo llevar a casa, no los puedo fotocopiar, no los puedo tener... pero al menos los puedo "hacer míos" al leer y, diligentemente, tomar apuntes de vez en cuando.

Finalmente, lo que más me gusta de "Roma", no como ciudad, sino como experiencia, es la inmensa, casi infinita cantidad de tiempo que tengo. Será difícil que esta situación se me vuelva a repetir y estoy dispuesta a sacarle jugo de la mejor manera. Aún si a veces, tener tiempo signifique estar aburrida frente a una pantalla, vagar por la casa sin rumbo ni objetivo y sentirse sola y nostálgica...

El tiempo, para una que trabajaba 14 horas al día, es un regalo raro. Implica poder pasear, escuchar música nueva y descubrir nuevos gustos, ver películas, leer libros como no lo hacía desde que estaba en el colegio, escribir, pensar, divagar, tomar fotos, apreciar el entorno, y, finalmente, planear nuevos rumbos...

[La cita es de E. H. Gombrich: The Story of Art]

domingo, 26 de octubre de 2008

On art and artists

"There really is not such thing as Art. There are only artists. Once these were men who took coloured earth and roughed out the forms of a bison on the wall of a cave; today some buy their paints, and design posters for hoardings; they did and do man other things. There is no harm in calling these activities art as long as we keep in mind that such a word may mean very different things in different times and places, and as long as we realize that Art with capital A has no existence. For Art with capital A has come to be something of a bogey and a fetish.

[...]


Actually I do not think that there are any wrong reasons for liking a satatue or a picture. Someone may like a landscape painting because it remainds him of home, or a portrait because it reminds him of a friend. There is nothing wrong with that. All of us, when we see a painting, are bound to be reminded of a hundred-and-one things which influence our likes and dislikes. As long as these memories help us to enjoy what we see, we need not to worry. It is only when some irrelevan memory makes us prejudiced, when we instinctively turn away from a magnificent piceture of an alpine scene because we dislike climbing, that we should search our mind for the reason for the aversion which spoils a pleasure we might otherwise have had. There are wrong reasons for disliking a work of art.

[...]

There is no greater obstacle to the enjoyment of great works of art than our unwillingness to discard habits and prejudices. A painting which represents a familiar subject in an unexpected way is often condemned for no better reason than that it does not seem right.

[...]

One never finishes learning about art. There are always new things to discover. Great works of art seem to look different every time one stands before them. They seem to be as inexhaustible and unpredictable as real human beings. It is and exiting world of its own with its own strange laws and its own adventures."

E. H. Gombrich: The Story of Art. P 21-33.
New York: Phaidon Press
Pocket Edition, 2006.

martes, 21 de octubre de 2008

Perdida en un Parco... o el lugar más lindo de Roma (Séptima parte)

El lugar más lindo de Roma, por mucho que me cueste admitirlo, es el Parco della Caffarella.

A diferencia de Villa Pamphilli, donde uno de vez en cuando pierde la noción de estar en medio de la ciudad... en el Parco della Caffarela es de lo más común no sólo olvidar que uno está en la ciudad, sino olvidar dónde está la salida, dónde la entrada y que las distancias son enormes... enormes del verbo enorme.

La primera vez que fui, fue con ocasión de un pic-nic (tipo los del oso Yogi) y nos quedamos a 300 metros de la puerta.

La segunda y tercera vez ha sido con motivo del seminario de paisajismo: estamos haciendo proyectos de intervención en el Ninfeo di Egeria.

El primer problema fue dar con una entrada al parque, que a pesar de tener kilómetros y kilómetros de perímetro, no es que tenga muchas puertas. El segundo, orientarme en el interior, donde casi no hay señales y las pocas que se encuentran son un poco contradictorias.

El tercer problema, fue salir, sobre todo porque tengo la terrible manía de creer que conozco atajos, incluso en sitios donde nunca he estado. Finalmente, un cuarto problema, una vez fuera del parque, encontrar la calle correcta que me lleve a algún lugar civilizado.

Fallé en todas, sistemáticamente. No sé qué me ocurre, pero pasar por el Parco della Caffarella, para mí, es como cuando en las series de ciencia ficción la nave se acerca a algún misterioso campo magnético y todos los sensores se vuelven locos. Mi sentido de orientación, simplemente, desaparece. Ésta fue la ruta que hice, a pie, la segunda vez que fui... cuando tuve que encontrar el dichoso ninfeo por primera vez.


La ruta que hice hoy, aún más humillante porque fue en espiral, no la pretendo dibujar en Google earth... una tiene su orgullo (mermado, mutilado y despostillado en este momento).

No estoy en alguna fase masoquista que me haga decir que éste es el lugar más lindo de Roma. El parque es, en realidad, fantástico. A pocos cientos de metros de la entrada, hay granjas, con cabras, ovejas, gallinas y demás animalitos, hay campos de cultivo, tractores y riachuelos, hay árboles, arbustos y prados. En suma, uno puede creerse eso de que salió de la ciudad... todo al medio de Roma.

Es menos "civilizado" que Villa Pamphili, los caminos son de tierra. Es mucho más antigua además... mientras uno pasea distraidamente (o busca la salida con desesperación), puede aparecerse una torre romana, una casa antigua o, por qué no, un ninfeo.

Sigo diciendo que los romanos tuvieron muchísimo sentido común al dejar estas enormes superficies sin urbanizar.

Algunas fotitos.

domingo, 19 de octubre de 2008

¿Qué significa hacer un doctorado?

Este post entra en la categoría de divagación máxima. No sé si de acá a un par de horas, días o meses seguiré pensando de esta manera y dudo que muchos doctorandos estén de acuerdo con lo que voy a poner. Dicho esto, al ataque.

La semana pasada tuve que rellenar en un formato de la universidad todas las actividades "académicas" que había realizado durante el año académico 2007-2008, que acabará a fin de este mes. Si bien yo ya sabía que ésto iba a pasar, más temprano que tarde, la lista que teníamos que rellenar me cayó como una aceituna en la papa rellena (wakala)...

Muchas de las categorías tenían que ver con actividades que yo he desarrollado muy poco, y parecía que, más bien, lo que había hecho intensamente (mi tesis) no entraba por ningún lado.

Pasado el primer pánico y una vez que pude leer lo que estaban poniendo los otros dottorandi me tranquilicé bastante. Se trata, en resumen, de conseñar TODO, cosa que traté de hacer de la mejor manera posible. Y aunque dentro de ese "todo" estuve tentada de poner incluso la cantidad de sudokus hechos este año y las horas pasadas haciendo colas, mentuve el género del documento en "académico" y ahora sólo resta ver cuántos créditos me darán por las actividades realizadas este largo, largo año.

Pero hoy, intercambiando ideas con mi editora en jefe (mi madre), llegamos a la conclusión de que es así como tiene que ser un doctorado. Ya no se trata de sentarse en un aula y escuchar a un "profe" que dice cosas que uno nunca ha escuchado, tomar apuntes y estudiar para el examen.

El doctorado es una forma de vida.

Uno de los aspectos, naturalmente, son los seminarios. Pero es también fundamental todo lo demás: ir a eventos y congresos, viajar, escribir, publicar y tener los ojos abiertos, bien abiertos. En resumen, es una actitud, casi una segunda naturaleza, un impulso, una constante, un instinto, una necesidad.

Unos deciden hacer el doctorado sin una universidad al lado, como mis papás durante muchos años, personas que dedican su vida a la investigación, a la docencia y a estirar sus propios límites. Otros nos amparamos en una institución, que, si al final de un determinado recorrido concluye que éste ha sido exitoso, dará un cartón para certificarlo.

Este cartón no querrá decir que a partir de ese día la tarea está concluida. Al contrario, quiero creer que lo que certifica es que uno ha asumido esa segunda naturaleza investigadora, docente, acedémica, y que se comprometerá a seguirla desarrollando per secula seculorum.

Es un compromiso a estar siempre estirando el propio chicle.

viernes, 17 de octubre de 2008

La scoperta dell'America / El descubrimiento de América

Voglio parlare della scoperta che l'io fa dell'altro. L'argomento è vastissimo. Non appena lo abbiamo formulato nei suoi termini generali, lo vediamo subito suddividersi in molteplici categorie e diramarsi in infinite direzioni. Possiamo scoprire gli altri in noi stessi, renderci conto che ognuno di noi non è una sostanza omogenea e radicalmente estranea a tutto quanto non coincide con l'io: l'io è un altro. Ma anche gli altri sono degli io: sono dei soggetti come io lo sono, che unicamente il mio punto di vista - per il quale tutti sono laggiù mentre io sono qui - separa e distingue realmente da me. Posso concepire questi altri come un'astrazione, come un'istanza della configurazione psichica di ciascun individuo, come l'Altro, l'altro ol'altrui in rapporto a me; oppure come un gruppo sociale concreto al quale noi non apparteniamo. Questo gruppo, a sua volta, può essere interno alla società: le donne per gli uomini, i ricchi per i poveri, i pazzi per i "normali": ovvero può esserle esterno, può consistere in un'altra società che sarà - a seconda dei casi - vicina o lontana: degli esseri vicinissimi a noi sul piano culturale, morale, storico, oppure degli sconosciuti, degli estranei, di cui non comprendiamo né la lingua né i costumi, così estranei che stentiamo, al limite, a riconoscere la nostra comune appartenenza ad una medesima specie.


Quiero hablar del descubrimiento que el yo hace del otro. El argumento es vastísimo. Apenas lo formulamos en sus términos generales, lo vemos inmediatamente subdividirse en múltiples categorías y derramerse hacia infinitas direcciones. Podemos descubrir a los otros en nosotros mismos, darnos cuenta que cada uno de nosotros no es una sustancia homogénea y radicalmente extraña a todo aquello que no coincide con el yo: yo es un otro. Pero también los otros son los yo: son los sujetos como yo lo soy, que unicamente mi punto de vista - por el cual todos están allá mientras yo estoy acá - separa y distingue realmente de mi mismo. Puedo concebir a estos otros como una abstracción, como una instancia de la configuración psíquica de cualquier individuo, como el Otro, el otro o algún otro en relación a ; o como un grupo social concreto al que nosotros no pertenecemos. Este gurpo, a su vez, puede estar al interior de la sociedad: las mujeres para los hombres, los ricos para los pobres, los locos para los "normales": o puede serle externo, puede consistir en una otra sociedad que será - dependiendo de los casos - cercana o lejana: los seres cercanísimos a nosotros en el plano cultural, moral, histórico, o los desconocidos, los extranjeros, de los que no comprendemos ni el idioma ni las costumbres, tan foráneos que se nos dificulta, en una situación límite, reconocer nuestra pertenencia común a una misma especie.

Tzvetan Todorov: La conquista dell'America. Il problema dell'"altro". Enaudi, Torino, 1992.

sábado, 11 de octubre de 2008

Kitsch's's

¿Qué es, entonces, el kitsch? ¿Podemos contentarnos con decir, vagamente, que es mal arte - basura artística o literaria, como sugeriría su etimología inmediata? ¿O deberíamos estar a favor de la noción que kitsch es, primordialmente, arte falsa y que, por lo tanto, debe ser juzgada en relación a categorías de falsedad tan intrigantes como imitación, copia o mentira?

Y, si la relación entre kitsch y falsedad es admitida, ¿cómo puede esta relación justificar la visión generalizada que kitsch es sólo un sinónimo de "mal gusto"? ¿Y entonces, qué es mal gusto? ¿El kitsch, en su calidad de mal gusto, debe ser discutido sobre todo en terminos estéticos o debería, por el contrario, ser concebido sociológicam
ente como una especie de desviación ideológica?

Y, visto como falsedad y desviación, ¿el kitsch no requiere, demás, ser considerado desde la ética? Y, si la aproximación ética se justifica, ¿no puede un ir aún má
s lejos y concebir al kitsch desde una visión teológica, producto de, finalmente, la influencia del diablo? Estas y otras preguntas similares han sido formuladas en conección con el kitsch, y el problema es que, hasta cierto punto, todas ellas son relevantes.

Matei Calinescu: Five faces of modernity.
Duke University Press, 1995

miércoles, 8 de octubre de 2008

La décima razón para odiar a los romanos

La semana pasada tuve que hacer una tarea de francés; un ensayo en el que explicaba por qué no me caen los romanos como colectividad (insisto, hay algunas excepciones, romanos simpatiquísimos y divertidos, pero esos no vienen al caso en este momento). Logré juntar 9 razones, entre las que estaban el racismo, la basura en las calles y el pan. Pero me faltaba la última.

Hoy, saliendo de la oficina, la encontré: mi décima razón para odiar a los romanos... y hubiera preferido quedarme con 9 solamente.

Mucha gente cree que el transporte público romano es una mierda. Yo no, a mí me encanta. Es barato, limpio, cómodo, casi casi confiable, casi casi ordenado. La única excepción es la línea 791, que casualmente une todos los puntos importantes de mi vida: casa, universidad, chamba, vicios. Es una ruta importantísima en esta parte de la ciudad, pero el problema es que tiene muy pocas unidades, enormes (tipo los antiguos Icarus). Si el tiempo "oficial" de espera es 20 minutos, en la práctica el promedio son 40, y me ha ocurrido alguna que otra vez esperar en el paradero más de una hora.

Hoy me tenía que regresar de la chamba a las 9.20 pm, con un poco de frío y cansada. Y tenía que estar en casa antes de las 10, porque me tocaba turno de baby sitter. Es decir, que no estaba para esperar al maldito 791 por toda la eternidad. Por eso, cuando lo vi llegar a sólo 10 minutos de estar esperándolo, hasta solté un gritito de alegría (¡yay!).

Conmigo en el paradero había una pareja de chinos, que no sabían cómo hacer y quise ayudarlos, les pregunté hacia dónde iban, no me entendían, miraban el cartel... y mientras tanto el gigantesco bus se acercaba más y más y más... y en mi afán por ayudar a esta gente y que ellos no pierdan el bus, me olvidé de levantar la mano (NOTA: no sabía que eso es indispensable... he vivido todo un año en Roma pensando que, como en Alemania, los buses se paran en todos laos paraderos en los que ven gente. ¡Qué ilusa!)

Y el bus pasó delante... y pasaba y pasaba (es bien largo) ¡¡y no paraba!! Así es que hice lo que cualquier peruano que lleva un año viviendo en Roma haría por instinto: correr, gritar, hacer señas y dar un buen golpe a la parte trasera del bus, dejando a los pobres chinos abandonados.

El bus, efectivamente paró. Y sólo se abrió la puerta delantera. Inocente, yo, me acerco y me doy cuenta que el chofer, una cabeza más alto que yo, sale de su cabina hecho una furia... una furia, bueno fuera. No conozco palabra ni en castellano ni en italiano para describir el grado de "furibundez" del individuo en cuestión. Y se puso a gritarme, como no recuerdo que nadie me haya gritado nunca en mi vida, mientras uno que aparentemente era su amigo, me bloqueaba la entrada en manera tal que no podía subir al bus. Entre las cosas que me dijo el chofer - que no las entendí todas en parte porque estaba con el iPod y en parte porque como el italiano no es mi lengua materna, cuando quiero puedo desenchufarme y no retener nada - mencionó, a grito pelado, que estoy rematadamente loca, que tengo que evantar el brazo y que la próxima me lleva directamente a la policía. Luego de un tiempo, que a mí me pareció eterno, pero que no pudo haber sido más de un minuto, el tipo se metió a su cabina, el "cómplice" me dejó entrar y yo me senté, sin decir palabra y con la lágrima amenazando con salir.

Me pasé la mitad del trayecto pensando qué improperio le iba a gritar al bajar, pero luego se me ocurrió un plan B, que de tan divertido, me hizo reir casi en voz alta. ¿Qué pasaría si, dado que estaba con el lagrimón al caer, me acercaba a la cabina y me ponía a llorar a grito pelado, pidiéndole disculpas y agradeciéndole infinitamente su enorme amabilidad, diciéndole que era el ser humano más bueno de la tierra y que felizmente, él era sensible y podía entender la desesperación de una pobre niña abandonada en el paradero a las 9.20 de la noche?

No lo hice, creo que no soy tan buena actriz. Pero casi que me arrepiento de no haberlo hecho.

La segunda mitad del trayecto, calmada y sonriendo, me puse a pensar qué pasó. Primero, extranjeros en el paradero que no entienden nada de lo que está escrito porque hay que tener un poco de "cancha" para entender cómo funciona el transporte por acá. Segundo, mi voluntad de ayudarlos, que casi me cuesta perder el bus. Tercero, el acto reflejo, violento y angustiado ante la perspectiva de, efectivamente, perder el bus. Y finalmente, un conductor alterado (estresado, deprimido, molesto, angustiado, frustrado, qué se yo) que decide gritar, insultar y amenazar a una desconocida.

El que ayuda (o intenta ayudar), pierde.

Por eso odio a los romanos

domingo, 5 de octubre de 2008

Leyes de Murphy para arquitectos

Ley del lote estrecho: A todos los lotes les falta un metro de ancho

Ley del topógrafo: Dos levantamientos topográficos de un lote nunca son iguales.
Corolario: Si existe un solo levantamiento éste es confiable.
Si existen dos... ninguno es confiable.

Ley del bi-cliente: Todo cliente necesita dos proyectos: una ampliación del garaje y un gran edificio. La ampliación del garaje sí se hace.

Ley del cartoon: Si un cliente llama "dibujito" al anteproyecto, es que no lo va a pagar.

Primera ley del cerámico: Ningún cerámico de 20 x 20 mide 20 x 20.

Ley del camión: Siempre que llame a averiguar por una entrega de materiales, le dirán que "el camión ya salió para allá".

Ley del bloqueo de búsqueda: No importa que su proyecto quede en un sitio escondido; si es malo, todo el mundo lo encontrará.

Ley del vecino: Si en el lote vecino existe un edificio de "N" pisos, a usted le permiten "N-2". Si usted construyó un edificio de "N" pisos, a su vecino le permitirán "N más 2".

Ley del "por el momento": Si un cliente le pide un cambio, dígale que no se puede; después estúdielo.

Ley del ego: Si busca un buen proyecto, utilice el material adecuado. Si busca que lo publiquen, utilice muro cortina.

Segunda ley del cerámico: Si quiere utilizar nuevamente un cerámico, estará discontinuado.

Ley del golpe: (También llamada Primera Ley del Electrodoméstico) La refrigeradora tiende inexorablemente a quedar detrás de la puerta de la cocina.

Ley del malo: No importa la causa: si algo sale mal en el proyecto, el responsable será el arquitecto.

Les de la duda: (También conocida como Tercera Ley del Cerámico) Si todo el mundo supiera lo que quiere, no existirían los cerámicos jaspeadas.

Ley de la aparente satisfacción: Si un cliente queda satisfecho:
a) No ha entendido el proyecto.
b) No lo ha pagado.
c) El arquitecto se equivocó.

Regla de oro del diseño: El que pone el oro impone el diseño.

Ley de la tolerancia: "Modulación" es un sistema milimétrico para que los elementos queden bastante parecidos.

Ley del Maestro: Los ángulos rectos no existen.

Ley del ojímetro: Un presupuesto nunca se cumple.
Corolario: si un presupuesto se cumple, alguien cometió un error.

Ley de la falsa dicha: Si el carpintero llegó a tiempo con los muebles, se equivocó de obra.

Ley del remate: Si una alfombra está en oferta:
a) Es rosada con verde.
b) Mide 10 m2 menos de lo que usted necesita.
c) Ya se vendió.

Ley del "nadie fue": En las obras, las cosas no se hacen: quedan. Ejemplo: "Quedó torcido", "Quedó corto"...

Ley del cliente fijo: Si usted construye apartamentos en un sitio determinado, de un tamaño determinado y a un precio determinado:
a) Al comprador que le gustan el sitio y el tamaño, no le alcanza la plata.
b) Al comprador que le gustan el sitio y el precio, le parece pequeño.
c) Al comprador que le gusta el tamaño y le sirve el precio, no le gusta el sitio.
d) El comprador al cual le gustan el sitio, el tamaño y el precio... es usted.

Ley del 101: Si vendió el apartamento del primer piso:
a) El edificio lleva dos años de construido.
b) Por fin convenció a la tía.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...