sábado, 9 de marzo de 2024

¡Gracias!

 El 07 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, fui reconocida como Mujer Arquitecta 2024, en la categoría Arquitecta Académica, por el Colegio de Arquitectos del Perú.

Me animo a compartir mi breve intervención ese día:

Muchas gracias.

Estoy muy emocionada de estar aquí por muchísimas razones. 

Cuando me enteré de que tenía este reconocimiento pensé hay dos cosas que se están reconociendo acá: una tiene que ver con el rol de la mujer en la arquitectura. Yo creo que Gabriela lo ha resumido no solamente con datos, sino con esa maravillosa cita de Adolfo (Córdova). ¡Cómo extrañamos a Adolfo! Nos hace falta. 

Yo creo que, además, que hablar de academia en arquitectura es una maravillosa novedad. No porque los académicos no existiéramos, sino porque éramos los “no arquitectos del todo”. Y eso a mí siempre me molestó, desde chiquita. Creo que la gestión actual, la gestión anterior, se han preocupado por darle a la academia un lugar, darle a la investigación un lugar, darle a la docencia un lugar, porque finalmente, creo que vale decirlo, es en la academia, es en la docencia, es en las aulas donde se gesta la arquitectura. Por eso me parece especialmente emocionante representar esta categoría.

Y como vengo de ahí, tengo que dar fechas y un poco de historia. Gunta Stölzl era una joven arquitecta y diseñadora alemana. Nació en 1897. Fue una de las pocas mujeres en estudiar en la escuela de la Bauhaus. Se graduó en 1919 y se dignaron a contratarla como maestra en 1927. Una de las primeras mujeres que enseñó en una escuela de arquitectura. Enseñaba el taller de textiles – no podían alejarla mucho de las telas, ¿no? – pero digamos, era una maestra. Si googlean a Gunta Stölzl van a ver que la foto que tiene Wikipedia es una foto de su carnet de estudiante, en donde está su foto y dice “estudiante” y con lapicero ella tacha “estudiante” y pone “maestr0a”. 

Yo siempre me imagino a Gunta Stolzl cogiendo su papel el día que la contratan, que seguro tuvo que esperar cinco años o algo así, cogiendo su pluma y *tachando* “ahora soy Maestra”. Creo que esa es una imagen super poderosa y no es una imagen sencilla si es que sabemos de las historias que están detrás. 

Cuando yo estudié, muchísimos años después, por si acaso, entre el 99 y
el 2004, solo tuve una profesora mujer en talleres de diseño. De veinte profesores de talleres de diseño sólo una era mujer, en pleno siglo XXI: Elsa Mazzarri por supuesto, un gran referente de mujer arquitecta peruana. 

Sin embargo, yo creo que yo he sido sumamente afortunada: he tenido grandes referentes en mi vida y grandes referentes en mi carrera. Mi madre, mis abuelas, las amigas, las tías, las colegas. Soy afortunada y soy privilegiada. Yo creo que las que estamos aquí – y me atrevo a hablar un poquito por todas mis colegas – tenemos que ser conscientes del privilegio que implica haber llegado a donde hemos llegado porque no todas las mujeres son así de afortunadas. Y en ese sentido, también, ser conscientes de la responsabilidad que tenemos de estar en una plataforma que nos permite ser referentes. Y qué importante es eso. Porque por ahí hay una cachimba, por ahí hay una niña en el colegio queriendo ser arquitecta, una joven profesional que quiere ser desarrolladora inmobiliaria, que entra a una reunión en donde hay 10 hombres y es la única mujer, y tiene que tener una imagen mental que le diga “tú puedes. Coge tu lapicero, tacha, y di que eres maestra. Y date tu lugar.” 

¡Gracias! 

domingo, 21 de enero de 2024

La Lima que queremos querer

Publicado en Espacios Escritos, Caretas (enero 18, 2024)


La Lima que queremos querer no nos hace pasar horas de nuestros días en el tráfico. Tenemos un transporte público seguro e integrado y puentes que no se caen ni se desploman. Esa especie de leyenda de la ciudad jardín es realidad, al menos parcialmente. Caminamos tranquilamente, sin temor a la delincuencia o a los conductores que invaden espacios de peatones.

Hay algo real y tangible que une estas fantasías con nuestra realidad: la Lima que tenemos, le tengamos cariño o no, nos regala edificios.

Algunos emblemáticos, como el Palacio de Gobierno, Larcomar o el Estadio Nacional forman nuestra imagen mental de Lima, la que hace de escenario a nuestras vidas. Otros, menos conocidos, son como un telón de fondo.

A través de los edificios, los parques, las casas, reconocemos a nuestra Lima y formamos parte de ella.

Es interesante preguntarnos cuál es la historia que la arquitectura nos cuenta, pero tal vez lo es aún más preguntarnos cuál es nuestro papel en ella. En el 489 aniversario de nuestra fundación española, y considerando la historia milenaria del territorio que ocupamos, vale la pena detenernos a observar y a pensar los modos en los que la arquitectura interactúa con nuestras vidas.

¿Nos es cómoda y nos permite desarrollar nuestras actividades? ¿Nos sorprende? ¿Nos es agresiva? ¿Es una incomodidad? ¿Un espacio que nos calma? ¿Nos es completamente indiferente? Me es difícil imaginar responder que sí a esta última pregunta.

Resulta que, a través de su arquitectura, la Lima que tenemos no nos es externa. Es, parcialmente, obra nuestra, y afecta quiénes somos y cómo nos sentimos. Tal vez es por eso que la queremos querer.

jueves, 18 de enero de 2024

Lima, el 18 de enero

Me preocupa el "aniversario" de Lima.

Gestores, alcaldes, figuras públicas y un largo etcétera usan sus redes para saludar a Lima por sus 489 años. No digo que esté mal festejar a nuestra ciudad, y mucho menos aprovechar la fecha para un poco de autorreflexión y crítica de nuestro entorno. 

Pero, ¿qué es exactamente lo que conmemoramos? La fundación española. 

¿Qué implica? Pensar que Lima tiene solo 489 años. Es decir, olvidar que Lima, como espacio en donde se desarrollaron grupos humanos, tiene milenios. Si no, ¿qué son las huacas y cuándo fueron hechas?

También implica una postura colonialista, según la cual el evento que nos da "existencia" es una legitimación hecha por europeos.

Finalmente, este aniversario pone énfasis en una romantización de un pasado no carente de conflictos, en una tapada limeña, una mítica ciudad jardín, un puente, una alameda. Como si todo lo periférico al centro histórico, lo migrante, lo mestizo, no fuera parte de esa Lima que queremos glorificar. Y esto me preocupa mucho, porque es renunciar a un 80% de lo que hace a Lima lo que es.

Y así y todo, me sumo: ¡Feliz día, Lima! ¡Felices milenios! 



lunes, 16 de enero de 2023

¿ChatGPT nos va a quitar la chamba?

ChatGPT nos va a quitar la chamba... a menos que nosotros mismos la cambiemos.

ChatGPT es un sistema de chat basado en el modelo de lenguaje por Inteligencia Artificial GPT-3. Fue lanzado en noviembre de 2022. Sí, hace solo 2 meses. Y ya ha logrado poner nerviosos a muchos académicos, profesores e investigadores.

¿Qué hace exactamente? Está entrenado para conversar, tomando argumentos, ideas o respuestas de la Web. Hasta ahí, bastante inofensivo. Pero, con las preguntas adecuadas, ChatGPT puede redactar textos complejos, producir ensayos, cruzar información, traducir... en suma, hacerle la tarea a alguien.

¿Dónde nos deja eso a nosotros, profes universitarios? ¿Nos tendremos que volver una mezcla de policía y TurnItIn? ¿Haremos constante monitoreo a los estudiantes para comprobar que no lo usen?

Evidentemente, no.

Nos toca, una vez más, renovarnos. ChatGPT ha llegado para quedarse y a menos que nos pongamos las pilas, lo leeremos cada vez en los trabajos que nos entreguen los estudiantes.

Pero, ¿por qué no lo convertimos en un aliado?

¿Qué tal si, en lugar de proihibirlo, lo enseñamos en clases? ¿Y si los profes y los estudiantes lo exploramos juntos? ¿Si lo hacemos nuestro aliado, un nuevo colaborador, un asistente de cátedra?

¿Cómo exactamente? Aún no lo sé, pero será interesante explorarlo con mis estudiantes.



viernes, 13 de enero de 2023

Mentirle al profe

Esta primera semana de clases he pedido a mis estudiantes de 8° y 9° ciclo, que están en diferentes estapas del desarrollo de sus tesis, que me cuenten qué han hecho y qué les falta. Les pedí que fueran lo más honestos posible: el ciclo recién empieza y yo quiero ayudarlos.

He escuchado tres cosas que me llamaron la atención. 

La primera, una estudiante que me dijo que el ciclo anterior se sintió forzada a cambiar de tema de tesis "porque al profe no le gustaba el otro y no voy a contradecirlo".

La segunda, un estudiante que admitió haberse inventado datos porque si no lo hacía "me iban a decir que mi trabajo estaba incompleto".

La tercera, un estudiante que, al pedirle que investigue tesis pasadas, solo copió los abstracts de las mismas (estoy segura que ni siquiera abrió los archivos) y presentó eso. Tarea cumplida.

Aunque los tres ejemplos son bastante distintos, tienen algo en común: el profe no se percibe como un aliado. A veces, incluso, se percibe como un enemigo.

¿Cómo llegamos a esto?

En el primer caso, se trata de una idea anticuada del rol del profe. El profe dice, el estudiante hace. En algunas estructuras puede que esto aun tenga vigencia, pero en procesos tan personales como la elección del tema de tesis, esta verticalidad en la docencia nos lleva a estudiantes desmotivados con sus investigaciones y a la sensación de que hacer la tesis es una tarea más.

En el segundo caso, con el que es fácil identificarse, tenemos dos problemas. El primero, el que muchas veces las entregas no son otra cosa que un listado de requisitos con los que se tiene que cumplir. Consecuencia de esto, los profesores tenemos que revisar documentos que tienen cientos de páginas de extensión (resultado de esos requisitos) y no nos damos abasto para hacerlo... ¿pero es que alguna vez hemos cuestionado esos requisitos? El segundo problema es que el ambiente en la clase no ha permitido una conversación sincera en la que el estudiante plantee su problema (no tengo este dato) y el profesor proponga soluciones que vayan más allá de "tienes que conseguirlo o te jalo". No hay confianza, y esto afecta el desempeño.

El tercer caso es aún más común. El estudiante que hace la tarea "así no más", el mínimo indispensable para cumplir con lo que la profe dijo. Esto es, posiblemente, el resultado de 15 años de educación en los que las tareas se plantearon como una carga externa, algo completamente alejado de la vida del estudiante, que impide hacer las cosas que uno quiere. En muchos casos, no lo voy a negar, es así. Pero esta es la tesis, y la "tarea" fue diseñada para que ayude a los tesistas a encontrar la información que necesitaban. "¿De qué te ha servido hacer esto?" tuve ganas de preguntarle. A mí no me hace feliz; para él fue una pérdida de tiempo.

¿Cómo es que los profesores podemos convertirnos en aliados de nuestros estudiantes? ¿Cómo es que esos contenidos que tenemos que cumplir, expresados en los sílabos y en los planes de trabajo, pueden plantearse como parte de la vida, como herramientas, como conocimiento disfrutable? 

Es necesario que salgamos de la instrumentalización y de los roles estáticos en los que el profe manda y el alumno obedece, el profe pide y el alumno consigue, el profe indica y el alumno hace. Enseñar no es un checklist. Las tareas que proponemos y, sobre todo, la relación que apuntamos a crear con nuestros estudiantes tampoco debe serlo.

sábado, 15 de octubre de 2022

Las facultades no son equipos de futbol

Hace muchos años me contaron sobre una conversación en la que un profesor a medio tiempo le contaba al director de carrera de su universidad que iba a empezar a dictar, también medio tiempo, en otra universidad. La respuesta del director fue algo así: "Las diferentes facultades son como equipos. No está bien que un jugador de Alianza juegue también para la U."

Hay muchos argumentos a favor de esta idea. Las universidades buscan profesores a tiempo completo, que les dediquen no sólo horas, sino también energía y proyectos, a una causa compartida. Quieren en su equipo a gente que "se ponga la camiseta". Estos profesores, a la par que construyen sus carreras, construyen también a las facultades que los alojan.

Por otro lado, los fondos de investigación que son adjudicados muchas veces requieren afiliaciones con niveles altosd e compromiso. Tiene todo el sentido del mundo: cuando hay dinero de por medio, se necesitan ciertas garantías.

Sin embrago, el enseñar en más de una facultad, en más de una unversidad, tiene una importante ventaja y es, curiosamente, pedagógica.

Los estudiantes son distintos. No importa cuán amplio sea el rango tarifario o la cantidad de sedes que una universidad tenga, los profesores siempre nos vamos a encontrar con grupos con características muy distintas. Vienen de diferentes lugares, tienen distintas historias, están ahí por motivos muy variados, y todo eso afecta sus maneras de aprender. 

Es aquí donde los profesores ganamos. 

El enseñar a grupos distintos nos obliga a poner en práctica recursos pensados especialmente en las necesidades y fortalezas de los grupos. El feedback que recibimos enriquece nuestras maneras de enseñar, y nos hace aprender sobre las inifinitas posibilidades que pueden darse en un salón de clases. Finalmente, las diferencias entre los grupos nos ayuda a evitar el efecto de cámara de eco que puede producirse cuando nos limitamos a una sola facultad. Nos permite darnos cuenta de la enorme variedad de opiniones, sobre todo en un país tan diverso como el nuestro.

¿Cómo reconciliar entonces la deseada lealtad con la riqueza de la experiencia en muchas escuelas?

Creo que en un contexto en el que las universidades son empresa y los estudiantes, clientes, la solución es aún lejana. Pero no por eso no deseable. Esquemas en otras partes del mundo exhortan el tener profesores visitantes; programas como Erasmus+ y su intercambio docente ofrecen espacios de intercambio y enseñanza-aprendizaje. Vale la pena pensar en otras alternativas.

Y también vale la pena dar el voto de confianza y creer que, si "mi" profesor enseña en "esa otra" universidad, no está robando secretos de estado ni intercambiando información confidencial: ese profesor está aprendiendo y se está haciendo mejor y aún más valioso.

viernes, 16 de septiembre de 2022

¿Por qué se jubilan los críticos?

 De vez en cuando alguien hace la pregunta. 

¿Qué fue de Fulano Que Criticaba Arquitectura? ¿Por qué ya no publica nada? ¿Qué pasó con la página Tal? ¿Ya no la actualizan?

Y es así. Las páginas dedicadas a la crítica de arquitectura, ya sea a través de blogs, Facebook, IG o la plataforma de turno, tienen un ciclo vital. Empiezan con timidez, se van haciendo conocidas, llegan a un punto de frenesí de posts y luego, poco a poco, van muriendo.

¿Por qué?

Lo mejor sería preguntarle al Fulano en cuestión, pero creo que puedo soltar algunas hipótesis.

La razón más simple de identificar, cuando el crítico o la página desaparecen de improviso, es que fueron censurados. Poca gente querrá admitir la existencia de censura en un momento histórico en el que nos preciamos de libertad de expresión, pero lo cierto es que existe. Si no fuera así, ¿por qué muchos críticos escriben (¿escribimos?) bajo pseudónimos?

A veces la censura es directa. Una persona en una cierta posición de poder le pide al crítico, con o sin amabilidad, que deje de publicar lo que está publicando. Porque, si no deja de publicar... [inserte aquí una consecuencia funesta]. A veces es sutil. Alguna conversación aparentemente casual, la no consideración del Fulano para algún puesto o trabajo, la pérdida de auspiciadores, amigos, clientes.

Una siguiente razón es que los temas se agotan. Sobre ciertos aspectos de la arquitectura sólo se puede hablar hasta cierto punto sin caer en el riesgo de repetir y aburrir. Las ideas se vuelven masticados de sí mismas, los memes ya no dan tanta risa, y de pronto alguien dice "oye, eso ya lo publicaste el otro día".

Otra razón es la falta de tiempo. Muchos críticos que lo fueron de jóvenes, en la universidad o recién egresados, dejan de serlo cuando las cuentas, la familia, el trabajo, la vida misma ya no les dejan tiempo libre para prestarle a la crítica (y al contexto que la pide) la atención que requiere. Fulano regresa cansado del trabajo, sabe que tiene que poner dos cargas de lavadora y revisar la tarea del hijo, y al día siguiente despertarse temprano y volver a empezar. El tiempo libre, con un poco de suerte, le da para ver medio capítulo de serie de Netflix y ahí se acabó el día, la semana, el mes.

A veces el (ex) crítico se vuelve un poco tímido frente a las presiones y realidades del oficio que solía críticar. Lo que antes le parecía inconcebible se ha vuelto parte de su día a día. El "no puedo creer que los arquitectos hagan esto y aquello" desapareció, porque Fulano se ha vuelto el arquitecto que hace esto y aquello. ¿Con qué doble moral va a criticar ahora, sí ha se ha convertido en eso que alguna vez juró destruir?

Pero, finalmente, creo que la razón por la que el crítico se jubila, la más triste y dolorosa, es que se cansa. Más allá de unos cuantos likes y algún momento en el que su post se volvió viral, las cosas no cambiaron. Eso que criticó, y que produjo que la gente se indignara, sigue sucediendo. El archistar continúa impune, el proyecto sigue siendo mediocre, el premio sigue pareciendo vendido.

Y Fulano se cansó de predicar en el desierto. Mejor invertir las energías en otra cosa.

jueves, 28 de julio de 2022

¿Por qué debemos ceder el paso a las combis, siempre?

Andina
[Desde la ética moral, o una muy libre interpretación de la misma]

Hay muchas maneras de intentar hablar de ética, ordenar las ideas al respecto y, sobre todo, intentar demostar de qué manera los seres humanos podemos comportarnos mejor unos con otros. Todas estas maneras presentan errores, y ninguna, en sí misma es capaz de responder todos los dilemas éticos del universo. 

Pero eso no significa que debamos dejar de plantearnos estos dilemas, una y otra vez, e intentar responderlos de la mejor manera posible, aún sabiendo que puede que fallemos.

Entonces, ¿por qué debemos ceder el paso a las combis, siempre?

Desde una perspectiva kantiana, nuestros actos deberían guiarse por leyes universales, demostradas, que producirán el mayor bien. Por ejemplo "nunca debemos mentir" (eso es utópico, complicado, y haría de nosotros seres bastante odiosos, pero Kant no lo creía así). Si planteamos como ley universal "nunca debemos ceder el paso a nadie" el mundo se acabaría en aproximadamente 20 minutos. 5 si estamos en Lima. Lo contrario, "siempre deberíamos ceder el paso", puede que nos haga llegar tarde a algunos sitios hasta que nos acostumbremos pero, definitivamente, reduciría significativamente las muertes en carretera.

De todos modos, esto suena muy exagerado, muy dognático, y poco realizable.

Vamos a lo siguiente: Aristóteles diría que existen virtudes humanas que debemos ir cultivando en una justa medida. Ni mucho, ni poco. ¿Debemos ser generosos y ceder el paso a la combi? Sí. Pero llega un momento en el que nosotros también tenemos que pasar. Y el justo medio estaría en descubrir cuántas combis deberían pasar antes que nosotros.

Ahora, como las combis no son infinitas, eventualmente dejarán de venir, podremos pasar, y llegaremos todos a donde queremos llegar.

Pero para esta pregunta en cuestión, creo que es mejor pensar en términos utilitarios. Básicamente la idea del utilitarismo es lograr como resultado final de nuestras acciones la mayor felicidad, para la mayor cantidad de personas, lo más rápido posible, y por una mayor duración.

Si yo paso primero, en mi carro particular, en el que máximo estoy llevando a otras 4 personas, lograremos 5 seres felices. Si la combi pasa primero, con sus 12, 20 o 45 pasajeros, tendremos a muchas más personas felices.

Es, matemáticamente, mejor.

Sin contar con efectos secundarios imprevistos, como que el chofer de dicha combi podría sentirse gratamente sorprendido, ligeramente menos tenso, mínimamente menos vengativo contra una ciudad que no le es amigable, y eso podría hacer que maneje mejor, a su vez cierre a menos carros particulares e, incluso, evite atropellar a alguien 5 cuadras más adelante.

¿Por qué debemos ceder el paso a las combis, siempre? 

Porque nuestro pobre país requiere de personas más generosas, empáticas, éticas y correctas.

O, si te da flojera todo esto, por simple matemática.

¡Feliz 28 de julio!

martes, 24 de mayo de 2022

Advertidos estábamos


Fotografía de Roberto Lagos
Finalmente llegó el día de la inauguración del famoso by-pass del óvalo Monitor, en Surco.

Y el tráfico en esa zona ha estado peor que nunca.

Podríamos argumentar que la novelería nos ganó. Que todos quisimos ir a ver el puente. Que todos quisimos subirnos, que todos quisimos nuestro selfie. 

Pero seamos realistas, es martes, 8:00 am, casi todos los seres humanos que estamos fuera de nuestras casas a esa hora es porque estamos apurados yendo a algún lugar.

No fue novelería entonces. Todos los que estaban  por ahí, simplemente querían ir de un sitio a otro. De la manera menos traumática posible.

Entonces, ¿por qué hubo tanto tráfico?

¿No nos habían prometido que este by-pass daría fluidez al tránsito vehicular de la zona?

Pues sí, nos lo prometieron. Nos lo prometieron personas que o no sabían que lo que prometían era imposible o, y espero que no sea el caso, personas que sabían que ese by-pass no ofrecería soluciones reales, pero tenían otras prioridades.

Sólo una vez más, lo diré, como muchísimos otros arquitectos y urbanistas mucho más informados que yo lo han dicho antes: Un by-pass no es la solución para la congestión vehicular.

No lo es.

No lo fue hoy, no lo será mañana.

Es como tratar de curar la obesidad dándole a la persona en cuestión un pantalón más ancho. 

viernes, 4 de febrero de 2022

Debemos dejar de (enseñar a) construir

Hay una constante en gran parte de los proyectos que se desarrollan en los talleres de diseño.

Los estudiantes reciben un lugar, un terreno vacío (vacío en la realidad, o en la imaginación del taller). Y reciben, al mismo tiempo, el encargo de ocupar ese terreno. De construir en él. 

La ciudad imaginaria de la enseñanza de la arquitectura se puebla de obra nueva. Construcciones más o menos creativas, más o menos creables, presentadas en pliegos de papel, representadas en 3D y construidas con cartón.

Si fueran a hacerse realidad estaríamos hablando de miles de toneladas de materiales constructivos. Muy probablemente cemento. Tal vez ladrillo. En algunos casos puntuales madera o adobe. 

Al ser formados con estas premisas, naturalmente, los arquitectos entramos a nuestra vida laboral convencidos que esta es la ruta: debemos construir. Para eso nos formaron, y pocas cosas son más emocionantes en la vida de un joven profesional que recibir un primer proyecto. Que ver construidas, en carne y hueso (brick and mortar) ideas que algún momento fueron producidas por su imaginación.

Creo que estamos equivocados.

En favor a la construcción de obra nueva se podría argumentar el déficit de vivienda y de infraestructura. Según una publicación del Congreso en 2021, "Actualmente en el Perú existe un déficit habitacional de un millón 100 mil viviendas y más de mil 300 ciudades del país no cuentan con un plan de desarrollo urbano". La falta de adecuada infraestructura urbana, hospitalaria y educativa es, del mismo modo, evidente.

Sin embargo, el énfasis en la construcción de obra nueva nos impide ver dos realidades en simultáneo.

Por un lado, la existencia de edificios ya construidos que por razones legales, económicas o administrativas han quedado desocupados. Con intervenciones puntuales, estos cadáveres urbanos podrían tener una vida útil que, ciertamente, no solucionará el déficit, pero si contribuiría a disminuirlo.

Las intervenciones puntuales sobre lo ya construido, muchas veces de bajos recursos, han demostrado tener impacto positivo, tanto a escala barrial como al interior de los edificios. Significan ahorro. Inyectan vitalidad a zonas de la ciudad que dábamos por perdidos.

La segunda realidad tiene que ver con la crisis climática. Según un informe de Architecture 2030, la industria de la construcción es responsable del 28% de las emisiones de CO2 globales; la creación de nuevos materiales representa un 11% adicional. En pocas palabras, al hacer obra nueva, los arquitectos, ingenieros, y profesionales del sector construcción, somos responsables de casi 40% de las emisiones del CO2 mundiales. En palabras de Marina Tabassum "consumimos más cemento que comida, y esa es la realidad".

Con esas cifras, de poco sirve ser vegetariano y no usar cañitas de plástico.

Regresemos a la enseñanza de la arquitectura. 

¿Es ético enfocar la formación de futuros profesionales hacia acciones que tienen un impacto tan nocivo para nuestro planeta?

Por supuesto, no toda la formación en arquitectura se dirige a obra nueva. Son notables los ejemplos de adecuaciones a nuevos usos, y los proyectos de fin de carrera que permiten evaluar la creatividad de los estudiantes. Una de las lecciones que nos ha dejado la pandemia es que se puede desarrollar un taller de diseño sin necesidad de imprimir decenas de planos o de invertir dinero en cartón que, básicamente, será desechado luego de la entrega final.

¿Qué tipo de arquitecto formaríamos, qué tipo de arquitectura se produciría, si estos ejemplos fueran la norma y no la excepción?

viernes, 14 de enero de 2022

Nuestras inconexas ideas de ciudad

Como en muchas otras ocasiones, autoridades amenazan con destruir (o significativamente empeorar) un pedazo de ciudad.

En este caso se trata del proyecto de un viaducto elevado sobre la avenida Santa Rosa, en el Callao. Muchos han escrito textos elocuentes y certeros sobre los múltiples errores del proyecto. Sugiero revisar los hilos de Soñadores urbanos (@SonadoresCallao), aquí y aquí, el compilatorio de inversiones similares que resultan (resultarán) siendo fracasos de Lima como vamos (@limacomovamos), y la exposición de mejores futuros a cargo de @bryansaidem. Y me quedo corta.

Lo que siempre sorprende, sin embargo, no son las apasionadas defensas a lo absurdo, si no por un lado la tremenda indiferencia por parte de las personas que luego usarán o sufrirán el proyecto, y, por otro lado, las opiniones a favor. 

A mucha gente le gusta los bypass, los viaductos, las vías expresas y las avenidas de muchos carriles. Es fácil imaginarnos avanzar por ellas, a velocidad, en nuestros carros (así los tengamos o no), en una especie de disfrute de la ciudad. Es, de hecho, una fantasía tan atractiva, que se nos hace sencillo olvidarnos que, toques de queda a parte, sólo a las 3 am es posible ese tipo de desplazamientos.

Quien tiene la necesidad de atravesar la vía expresa de Javier Prado a "hora punta" sabe a que me refiero. 25 km/h es una velocidad muy optimista para una vía que es cualquier cosa menos expresa.

Lo mismo se puede decir de ciertos tramos de Paseo de la República, del bypass 28 de Julio del recientemente desaparecido Castañeda y, me atrevo a predecir, del futuro paso a desnivel del óvalo Monitor.

Lo sabemos. Lo hemos vivido. Entonces, ¿por qué seguimos pidiendo by passes y vías expresas?

Propongo una idea. Los pases a desnivel son precisamente, ideas, fragmentadas e inconexas, que en nuestra fantasía están ligadas al progreso, a la modernidad (como sinónimo de mejora), a la felicidad. Esta idea no es nuestra, no es original, y ni siquiera es contemporánea. 

A fines de la segunda guerra mundial, Estados Unidos inicio un proceso intenso de ocupación de las periferias de las ciudades: se crearon los suburbios, sobre terrenos que, al estar vacíos, permitían grandes lotes, avenidas de tres carriles y bermas centrales, centros comerciales y, sobre todo, la promesa de prosperidad (Diamond, 2020). Los boomers y sus padres abandonaron las ciudades con esta idea, y el paradigma de un garaje para dos carros, un amplio jardín y una parrillada los domingos trascendió las fronteras.

Hay mucho que decir sobre el fracaso de los suburbios. La idolatría al automóvil genera excesivo consumo de combustible; la gran distancia a las tiendas, compras al por mayor y desperdicio; la escala de las pistas, veredas por donde nadie camina; y un largo etcétera.

Sin embargo, las películas y las series nos siguen vendiendo esta idea. No como parte de un sistema organizado, compuesto de diversos elementos que, más o menos, funcionarían en conjunto. Son solo imágenes desconectadas. Ideas de un carro a velocidad, sin tráfico, y de una gran vivienda (propia), y de un jardín siempre verde. La esperanza de salir del trabajo, llegar a una casa (lo más rápido posible), en donde está la promesa de una vida mejor.

Ideas, al fin y al cabo.

Dentro de este conjunto de ideas, hay otras muchas ausentes: caminar por una alameda (como aquella que podría mejorarse en la Av. Santa Rosa), de transitar en bicicleta, tener un transporte público tan digo (lo suficientemente digno) que llegue a tiempo y con comidad; de tomarse las cosas con calma y no desear simplemente llegar, a toda velocidad, sino de tener un camino tan agradable que la ruta sea disfrutable.

No aspirar a tener uno o dos carros, sino luchar por un estado que, en vez de ofrecernos elefantes blancos sobrevalorados, se digne a darnos líneas de buses que no representen un riesgo a la vida de las personas.

La tarea es complicada y no sólo tiene que ver con la fiscalización a las autoridades. Tiene que ver con las ideas que consumimos, y la falta de alternativas. Tiene que ver con la poca oferta de imágenes que nos permitan soñar con una ciudad mejor. Y tal vez también tiene que ver con que las personas que poseen los conocimientos técnicos para explicarnos por qué estas ideas son erróneas, sólo son leídas por unos pocos. Sobre la construcción del bypass, todos los periódicos de la ciudad han escrito. Sobre por qué está mal, ninguno.

domingo, 4 de abril de 2021

¿Qué celebramos en Pascua?

Imaginemos la siguiente escena. Una caverna. Un gran fuego encendido en el centro: espacio social. Al exterior, el viento sopla, como no ha dejado de hacerlo por más de tres meses, levantando la nieve y el granizo sobre las personas que se aventuran a salir. Las raciones, cuidadosamente acumuladas durante el otoño, empiezan a escasear. Ya no hay variedad y casi no hay sabor en lo que queda. Es entonces que un explorador regresa y se sienta al lado del fuego. Deja a un lado la piel mojada que lo protegió y se frota las manos para calentarlas. El resto del grupo lo mira, expectante. El explorador disfruta generar un poco de tensión, y finalmente sonríe. Escarba en sus bolsillos y muestra un brote de hierba fresca. Un suspiro colectivo hace tambalear las llamas del fuego. Un invierno más que termina: el día volverá a ser más largo que la noche, el sol volverá a nacer y, con él, la vida. 

¿No es acaso razón de sobra para celebrar?

Celebraciones ligadas al equinoccio, o a la llegada de la primavera, pueden encontrarse en casi todas las civilizaciones de la antigüedad. Como señala una excelente nota de Heather McDougall (2010), dentro de las celebraciones de renacimiento o resurrección, documentadas a lo largo de la historia que suceden en esta época del año, podemos encontrar a Ishtar en Mesopotamia, Horus en Egipto, el mito de Perséfone y el de Dionisio y muchos otros. De hecho las palabra alemana Ostern, que significa Pascua, viene del nombre de la diosa pagana Ostara.

La Pascua Judía (Pesaj), como la gran fiesta que reconoce la liberación y y la libertad del pueblo Judío (18doors.org), rescata ese simbolismo. Los israelitas de algún modo vuelven a nacer en una nueva vida en libertad. 

En la tradición Cristiana, la última cena no es otra cosa que la celebración del Pesaj de Jesús y sus amigos. Pero la superposición de celebraciones tiene raíces profundas. Como cuenta Carole Cusack, durante los primeros dos siglos luego de la vida de Jesús, las festividades de la nueva iglesia Cristiana estaban ligadas a viejas tradiciones paganas (Travis, 2017). La primavera y el renacer de la vida funcionan como excelente símil de la resurrección. Cuando se establece la fiesta oficial de Pascua Cristiana en el concilio de Nicea (325 d.C.), se determina que ésta debe ser durante la primera luna llena luego del equinoccio de primavera. ¡Qué hermosa manera de regresar a nuestras raíces vitales!

Los huevos fueron símbolo de la vida siempre; probablemente desde las primeras celebraciones alrededor del fuego. Durante la Edad Media las personas los decoraban y regalaban a la familia y amigos para comer después de la Misa de Pascua, luego de los ayunos de Cuaresma (esto además es muy sensato, dado lo nutritivo que es un huevo). En la actualidad son parte de la mesa de Seder, en una tradición que parte de la apreciación de la primavera.

images.newscientist.com
Todo lleva a pensar que los seres humanos, a lo largo de nuestra rica historia, hemos querido celebrar la vida y, a través de ella, celebrarnos a nosotros mismos, nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestra fantasía y nuestra capacidad de superar nuestros problemas.

¿Y nosotros, ahora?

En el hemisferio sur inicia el otoño, pero nuestras herencias festivas han sido tomadas de nuestros hermanos del norte. Olvidada la siembra, la cosecha, el frío invierno y las angustias, todos nos unimos en celebración. 

En un contexto en el que la muerte parece acercarse, desconocida y amenazante pero tan real, es difícil encontrarnos con esta idea. Tal vez el gran consuelo es saber que, a lo largo de la historia, la vida se impone. Que los seres humanos hemos contado historias y nos hemos apoyado en éstas para ir construyendo nuestra propia identidad vital. Que somos una suma, y mucho más que eso. Que nos debemos al pasado, que no hace otra cosa que pensar en el futuro.

¡Feliz Pascua!
Jag Pesaj Sameaj!

viernes, 1 de mayo de 2020

La ciudad post-COVID: una fantasía compartida

Lo entiendo, estamos un poco aburridos.

Y angustiados. Bastante angustiados.

Y necesitados de un mundo mejor. Aunque sea imaginario.

Y si lo imaginamos en grupo, puede que sea más divertido. Como cuando un niño y sus amigos empiezan a construir un planeta en el espacio, con dinosaurios, dragones, Iron Man, mantas y carritos.

Necesitamos creer que estamos en control de la situación, o que lo estaremos cuando se dé esa esperada, mítica y dilatada fecha: cuando acabe la cuarentena.

Es así que muchos arquitectos se subieron a la combi post-COVID.

¿Cómo será el mundo post-COVID? ¿Cómo será la vivienda del mañana? ¿La ciudad? ¿La movilidad? ¿Las relaciones sociales?

Todas son preguntas importantes, loables, y, en muchos casos, la presión de la prensa nos fuerza a tratar de responderlas. 

Pero ya basta.

No estamos listos para responder las preguntas porque la única respuesta real, en un mundo completamente carente de certezas es "no lo sé".

O, me corrijo, las posibles hipótesis que apunten a respuestas reales podrían partir - como lo han hecho algunos artículos recientemente publicados - de una evaluación de nuestra historia y de lo que ya conocemos. Epidemias pasadas, propias y ajenas; errores de planificación o de ejecución; diseños de espacios en la historia; manías recurrentes de nuestra sociedad. 

Las posibles respuestas podrían estar en volver a recorrer los caminos que nos trajeron hasta aquí y tratar de encontrar los puntos débiles. Tal vez de observar, con atención científica (es decir, sin opiniones ni conclusiones apresuradas) lo que está sucediendo hoy. No mañana. Mañana no existe.

¿Pero qué tiene de malo imaginarnos un post-COVID? ¿Por qué no hacerlo? ¿No sería una adecuada preparación?

Si el imaginarlo nos calma las angustias, no no tiene nada de malo. Si nos prepara para posibles escenarios futuros, por supuesto, es necesario.

Lo que me preocupa es que son muy pocas las reflexiones de ese tipo. 

Asistimos a webinars, conversatorios via zoom, videos, textos, con arquitectos que, desde su sala, o mejor aún, desde su biblioteca, repiten frases trilladas, perogrulladas. Ganamos likes y 5 minutos de fama.

Pero el problema es que hay gente que se lo cree; que va a pensar que, desde la comodidad de mi hogar y a través de la libre asociación de ideas, estoy en grado de dar soluciones respetables a problemas tan complejos. Problemas que, además, vienen incubándose desde hace décadas, si no siglos. 

Es una actitud irresponsable, que socava los pocos logros de la investigación científica en arquitectura y otras disciplinas afines. En el marco del figuretismo, las verdaderas reflexiones que podrían conducirnos a posibles respuestas realistas, se pierden. 

Así como la sobre información nos empieza a anestesiar hasta la indiferencia frente a lo que verdaderamente debería llamarnos la atención, el exceso de opinólogos nos está saturando, y eventualmente puede suceder que las soluciones facilistas reemplacen la investigación futura.

Fuente: https://www.clipart.email/clipart/
blanket-fort-clipart-black-and-white-320377.html
Conversemos y tratemos de calmarnos juntos. Démonos abrazos virtuales a través de una pantalla y juguemos a ser colonizadores de un nuevo planeta, con dinosaurios y dragones. Pero seamos conscientes de que no pasa de ser eso. Lo que ofrecemos no son verdades, sino una fantasía compartida.

Un juego.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Postmoderno - Editorial Limaq 5

“El conocimiento, entonces, es una cuestión de competencia que va más allá de la simple determinación y aplicación del criterio de la verdad, y se extiende a la determinación y aplicación de criterios de eficiencia (calificación técnica), de justicia y/o de felicidad (sabiduría ética), de la belleza de un sonido o color (sensibilidad auditiva o visual), etc.” (Lyotard, 1979, pág. 18)
“Bueno... que es como un escenario, ¿sabes? Puedes imaginarlo todo. Los romanos ('em Romans), entrando con sus caballos, sacando sus espadas y teniendo esas peleas. Sucedió en un sitio como este, ¿sabes? Y aquí me lo puedo imaginar muy bien. Es la atmósfera de esos lugares viejos, con historia. Me gusta.” (Vecina del Warehouse District en New Orleans, sobre la Piazza d’Italia de C. Moore).

La condición postmoderna, que se presenta a sí misma como respuesta necesaria a las soluciones insuficientes de las premisas de la modernidad, nos ofrece nuevos retos y claves de lectura de un modo poco articulado. Al alejarse de la dualidad, del gran discurso y de la figura heroica, el mundo desde una lectura posmoderna es plural. Se trata de un espacio de diálogo y encuentro, pero también, de incertidumbre y relatividad.

En la arquitectura, desde la segunda mitad de los años 60s, Robert Venturi y Aldo Rossi propondrían dos posturas teóricas que enfrentaban directamente a muchos de los entonces considerados paradigmas de la arquitectura moderna. Ambos, insatisfechos con los diseños genéricos planteados por el International Style, proponen perspectivas muy distintas para rescatar la historia, el símbolo y, finalmente, la identidad, dentro de la disciplina. 

Los resultados de estas premisas desarrollados durante los siguientes 30 años fueron bastante dispares y, en la actualidad, son motivo de interés casi burlón. Construcciones como la Piazza d’Italia en New Orleans (Charles Moore, 1978), la Biblioteca Harold Washington en Chicago (Hammond, Beeby y Babka, 1991), la Biblioteca Pública de Denver (Michael Graves, 1995) o el Quartier Schützenstrasse en Berlin (Aldo Rossi, 1994-97) entre muchas, muchas otros, cuestionan premisas ampliamente asumidas y heredadas de la modernidad, con propuestas coloridas, irreverentes y ambiguas, pero que consiguen el guiño cómplice con el usuario cotidiano que tanta falta hizo durante la primera mitad del siglo XX.

A la gente le gusta los colores, la familiaridad, lo uno y lo otro, las narrativas y los clichés. “[…] es, posiblemente, del paisaje cotidiano, vulgar y desdeñado, de donde podemos extraer el orden complejo y contradictorio que es válido y vital para nuestra arquitectura como un todo urbano.” (Venturi, 1977 [1966], pág. 104).  Es quizás por esto, que la clave de lectura posmoderna es una alternativa válida para entender la complejidad de nuestros entornos urbanos contemporáneos.

Lejos del simbolismo de los primeros años, en la actualidad el hablar de posmodernidad o, incluso, el cuestionar la pertinencia de hacerlo, nos da herramientas provocativas de lectura y análisis. En 1971, Denise Scott-Brown señalaba que “la urgencia de la situación social, la crítica social a las renovaciones urbanas y al arquitecto como el sirviente de un fragmento limitado y rico de la población […] ha sido tan importante como los artistas Pop en conducirnos hacia la ciudad Americana y sus constructores. ¿Si los arquitectos de estilo renombrado no están produciendo lo que la gente quiere o necesita, quiénes lo están haciendo y qué podemos aprender de ellos?” (Scott-Brown, 1971).

Esta llamada de atención, dejada de lado durante el boom de proyectos de archistars en los años 90 y la primera década de este siglo, cobra nuevamente vigencia en la actualidad. A pesar de la insistencia con la que las premisas de la modernidad siguen repitiéndose en las aulas y en la práctica, la realidad nos confirma lo inadecuadas que son para enfrentar los problemas arquitectónicos y urbanos que nos rodean.

El pensamiento plural, a pesar de un ambigüedad y falta de premisas sobre lo que es correcto y lo que no, nos permite una clave de lectura para entender nuestros entornos. Frente al discurso permisivo y, aparentemente, superficial de muchas perspectivas posmodernas, proponemos aquí una lectura rigurosa, comprometida, con múltiples enfoques, que entienda el hecho arquitectónico y urbano desde la complejidad y la contradicción, y desde su relación subjetiva y afectiva con individuos y grupos.

Este quinto número de la revista Limaq propone una clave de lectura, teórica y práctica, alejada del gran discurso y de la verdad absoluta, con el objetivo de echar luces sobre nuestro quehacer profesional y sobre las situaciones arquitectónicas y urbanas en las que nos encontramos inmersos.

Desde enfoques que toman como base la teoría, Maria Elia Gutiérrez Mozo nos ofrece una revisión de las condiciones del habitar contemporáneas, en las que el usuario se aleja de la realidad y de las circunstancias que lo rodean. El arquitecto tiene la tarea de promover encuentros reales entre personas y arquitectura, que le hagan frente a la difícil ubicuidad de los medios. Mariana Pittaluga se acerca a la práctica del diseño desde la perspectiva de los discursos postmodernos. Considerando al diseño como un producto de la modernidad, su texto centra la transición de la disciplina desde sus orígenes a la actualidad, a través de los ojos de los teóricos.

Reflexionando sobre la ciudad, Marissa Consiglieri argumenta que el enfoque postmoderno es una necesidad, más que una elección teórica, de cara a los problemas contemporáneos de nuestra arquitectura y nuestras ciudades. Paola Bonavitta reflexiona sobre la presencia humana en las ciudades y su participación o falta de la misma, en una condición efímera y regida por las normas de consumo. Sus cuestionamientos abordan la idea de pertenencia y de apropiación a través de lo imaginario.

Jorge Balerdi une la teoría y la práctica en su reflexión sobre la arquitectura de espacios dedicados a la gastronomía y el potencial de ésta para comunicarse con los consumidores y ser acompañante de los productos ofrecidos. Los locales referidos se vuelven así un vehículo de identidad urbano local. Ferrán Grau y Nuria Casais unen reflexiones teóricas de las principales voces de la postmodernidad para decodificar los aspectos simbólicos de elementos arquitectónicos genéricos, con el fin de cuestionar la vigencia del término en la actualidad.

Con énfasis en casos de estudio, Gonzalo Ríos realiza una lectura de la arquitectura popular contemporánea en el Perú, con una perspectiva lingüística que busca entender la producción constructiva desde la estética; lo construido puede interpretarse así como un medio de comunicación. Israel Romero Álamo analiza la arquitectura reciente en la costa norte del Perú, y concluye que se trata de una combinación de criterios formalistas postmodernos, con lógicas económicas y sociales modernas. Con la obra de Juvenal Baracco como protagonista, Octavio Montestruque evalúa las teorías postmodernas difundidas en el Perú con los resultados reales en un proyecto emblemático.

Los trabajos de estudiantes incluidos en el dossier corresponden al área de Historia y Teoría de la Arquitectura. La investigación realizada por Nova Vera y Claudia Zapata es un análisis comparativo del rol de los niños en procesos participativos, para el análisis, el diseño y la evaluación de proyectos urbanos a diferentes escalas. Amanda Mejía y Geraldine Ortega buscan entender el grafitti desde una postura crítica, como gesto de apropiación pero también de propaganda y gentrificación, a partir del caso del Centro Histórico del Callao. Finalmente, Ariana Langschwager realiza un ensayo sobre la multiculturalidad en la arquitectura limeña y la necesidad de aceptación y tolerancia.

Los temas presentados son variados, como lo son los enfoques y los autores a cuyas teorías se recurre. Lejos de dar respuestas o de señalar caminos correctos, se nos ofrece diversidad y caos aparente. Esta, posiblemente, es la característica más compleja de la postmodernidad: enfrentarnos a una pluralidad de ideas cambiantes y forzar en nosotros la responsabilidad de investigar, de discernir y de tomar partido. El dogma puede ser cómodo, pero la duda es vital.


Referencias

Bauman, Z. (2017 [2009]). La posmodernidad y sus descontentos. Madrid: Akal.
Foster, H., Habermas, J., Frampton, K., Krauss, R., Crimp, D., Owens, C., y otros. (2008 [1985]). La Posmodernidad. Barcelona: Editorial Kairós.
Jencks, C. (1991 [1977]). Language of Postmodern Architecture. London: Rizzoli.
Lyotard, J.-F. (1984 [1979]). The Postmodern Condition: A Report on Knowledge. Minneapolis: University of Minnesota Press.
Rossi, A. (2015 [1966]). La arquitectura de la ciudad. Barcelona : Gustavo Gili.
Scott-Brown, D. (1971). Il "pop" insegna. Casabella, 359-360, 14-23.
Venturi, R. (1977 [1966]). Complexity and Contradiction in Architecture. New York: Museum of Modern Art.

martes, 15 de octubre de 2019

Charles Jencks (1939-2019)

"La única cosa relevante de los objetos y las personas hermosas es que son experimentados no como partes, o proporciones entre pómulos y barbilla, sino como un todo. La experiencia de la belleza es una percepción, pero una que mezcla varias otras sensaciones y las hace converger en un modo particular."

The singular point of beautiful objects, and people, is that they are experienced not as parts, or ratios between cheekbones and chin, but as wholes. The experience of beauty is a perception, but it is one that mixes up various other sensations and makes them converge in a particular way.


"La arquitectura de Mies van der Rohe y la arquitectura moderna en general sufrieron no sólo de ser repetitivas, sino de no explicar al pueblo para qué eran las diferentes habitaciones."

Mies van der Rohe's architecture and modern architecture in general suffered from not only being repetitive, but not explaining to the populous what the different rooms were for.


"Creo que la arquitectura, y todo arte, debe tener contenido. Debe tener algo que decir, más allá de lo sensacional."

I do believe architecture, and all art, should be content-driven. It should have something to say beyond the sensational.


"La arquitectura moderna murió en St. Louis, Missouri, el 15 de julio de 1972, a las 3.32 pm (aproximadamente), cuando el infame complejo Pruitt Igoe, o más precisamente, muchos de sus volúmenes, recibieron el golpe de gracia por dinamita."

Modern Architecture died in St. Louis, Missouri, on July 15, 1972, at 3.32 p.m. (or thereabouts), when the infamous Pruitt Igoe scheme, or rather several of its slab blocks, were given the final coup de grace by dynamite.


"En 1979, la postmodernidad perdió su comprensión del significado del ornamento. Degeneró en aplicaciones kitsch."

In 1979, postmodernism lost its understanding of the meaning of ornament. It degenerated into kitsch applique.


"¿Qué es un jardín sino una miniaturización y una celebración del lugar en el que estamos, el universo?"

What is a garden if not a miniaturization and celebration, of the place we are in, the universe?


"Sabes, Darwin dijo que, a través de la selección natural, las cosas se van, gradualmente, y él hablaba con respecto a la evolución de las palomas o de caballos evolucionando, haciéndose más rápidos. Pero en realidad, si ves a la evolución en una escala mayor, la evolución cósmica, y ves a la cultura evolucionar, ves que esta salta, va a través de cambios de fases, y eso es muy emocionante."

You know, Darwin said through natural selection things go gradually, and he was talking about pigeon's evolution or horses evolving, getting faster, But in fact if you look at evolution on a bigger scale, cosmic evolution, and you look at culture evolution you see it jumps, it goes through phase changes, and that's very exciting.



Fuentes: 

domingo, 22 de septiembre de 2019

Lo que le juega en contra a la crítica

Independientemente de los arquitectos amodorrados a quienes le incomoda la crítica, y de los que sienten que ésta no vale la pena, hay  factores externos, fuera del crítico y del proyectista, que dificultan mucho el recorrido de la crítica arquitectónica:

1. Los premios 

Una vez, hace algún tiempo, se me ocurrió criticar la forma del edificio de la UTEC en una foto del acantilado que alguien había colgado en Instagram. Segundos después saltó alguien a llamarme ignorante. El edificio en cuestión ha ganado premios, ¿es que acaso no lo sé? Por lo tanto, debe ser bueno y no yo debo criticarlo.

Ajá.

Los premios son políticos. Suelen tener motivos, a veces explícitos, a veces escondidos. Hay una agenda detrás del nacimiento de un premio, y otras agendas detrás del otorgarlo. Algunos premios son más transparentes que otros, tienen un jurado más plural, o se ganan por puntajes fríos y objetivos. Muchos otros son producto de cafés a media tarde, tragos a media noche, complicidades y objetivos alternativos.

En cualquiera de los casos, incluso cuando el premio es otorgado de modo objetivo y transparente, eso no implica, en ninguna instancia, que el proyecto no pueda ser criticado. ¿Quién soy yo frente a un jurado RIBA? Otra voz. Otro punto de vista. No mejor, pero sí válido.

Si lo que está impidiendo la crítica es que un edificio ha sido premiado, o reconocido por Fulano de Tal, Gran Arquitecto, entonces vale la pena cuestionar la importancia que nosotros damos a las opiniones de los demás. La crítica es, después de todo, un ejercicio de libertad.


2. Los starchitects

Arquitectos estrella, arquitectos mediáticos, grandes conferencistas, leyendas, figuretis. Independientemente de su talento (o falta de, a veces), el arquitecto que alcanza cierta notoriedad parece ser intocable. 

Por una lado, se trata de una persona que suele tener bastante carisma, da charlas motivadoras, convence, es persuasivo. Por lo tanto, logra vendernos su idea, sus proyectos, su aparente calidad, nos convence de una ilusión de empoderamiento. Y se salva de que lo critiquemos porque nos cae bien. 

De eso nos nace una cierta indulgencia. Nos enamoramos del personaje y nos olvidamos que es la obra lo que tenemos que mirar.

Con los starchitects también pasa un poco como con los premios. ¿Quién soy yo para criticar la obra de Mengano, que ha construido tanto, que es tan reconocido, que sale tanto en las revistas? 

Otra vez nos estamos privando de la posibilidad de ejercer nuestra libertad. Criticamos a la obra, no al arquitecto. Esto no implica que éste tenga menos carisma, que sus frases motivadoras dejen de serlo, o que todo lo que haga a continuación vaya a estar mal. Si en verdad es tan simpático como parece, que encaje también la crítica y siga siéndolo.


3. Los medios de comunicación

Las redes sociales y plataformas como ArchDaily nos venden la idea de empoderamiento. Nuestros likes pueden ayudar a decidir la obra del año. Nuestros comentarios pueden ser publicados en esa página. Podemos hacer ver a los demás las obras que nos han parecido buenas. 

Sin embargo esta es una ilusión. A más oportunidades de participar, más parece que caemos en la modorra. 

Son tantas la plataformas, tantas las posibilidades, que día a día estamos siendo bombardeados de imágenes de proyectos, cuidadosamente estudiadas, todas muy parecidas, que nos sobresaturan los sentidos al punto de anestesiarnos. A fuerza de estar expuestos una y otra vez al mismo ángulo del muro blanco, a la misma piscina turquesa, a la misma casita de madera oscura con techito a dos aguas, al mismo volado, ya no vemos. Ya no sentimos. Ya no criticamos.

Esta avalancha de imágenes nos apabulla de un modo tan sutil, que ni siquiera somos conscientes de estar apabullados. Repartimos likes con la soltura de quien respira. Miramos fotos sin realmente verlas. Como consecuencia, le damos a todo una tácita aprobación. Nada nos mueve, nada nos conmueve, no indagamos y, por ende, no criticamos.


4. La academia

Pocos son los ambientes académicos en donde realmente se busca cultivar el espíritu crítico de los alumnos. A pesar de ser un objetivo escrito en los planes de estudio, lo cierto es que tener alumnos críticos es sumamente incómodo para el ejercicio de la docencia.

El alumno que contesta, que no está de acuerdo, que alega, es un alumno conflictivo. Su crítica demora más de lo necesario, distrae la atención del resto, a veces nos parece majadero. En lugar de promover un diálogo, la crítica se vuelve un rebote de argumentos, dichos no con la intención de construir algo a través del diálogo, sino como defensas a un ataque percibido por ambas partes. Los participantes rara vez se están escuchando.

Es curioso porque, en arquitectura, la crítica es uno de los principales recursos pedagógicos. Los alumnos llegan con una propuesta, los profesores opinan sobre ella. Esta dinámica, que podría ser una oportunidad para el diálogo, termina siendo unidireccional. El profesor critica, el alumno asume, cabizbajo. No hay diálogo, no hay respuesta, no hay trabajo conjunto. 

Luego el alumno se aleja, a explicarse a sí mismo o al amigo de al lado las cosas que no pudo decir durante la crítica. Y finalmente este alumno se convierte en egresado, y jura para sí mismo que nunca más tendrá que pasar por esa humillación. Se vuelve poco resistente. Picón. Criticón entre dientes.


Estos cuatro factores seguirán estando ahí, acaso cada vez con más fuerza. Luchar contra ellos, en algunos casos, parece herejía. Sin embargo, parafraseando a Luigi Ciotti, en la herejía está el coraje, la responsabilidad y la coherencia.

martes, 30 de julio de 2019

Adaptaciones informales y nociones de lo público frente a la densificación urbana

El estudio tras este artículo se centra en el impacto del crecimiento inmobiliario reciente en Lima, en el uso que se le da al espacio urbano, y cómo éste afecta las dinámicas sociales, la cohesión de vecindarios y la identidad de las personas en relación a su lugar de residencia. 

Barrios enteros en la ciudad consolidada se han densificado en los últimos años, con una mayor cantidad de usuarios en vivienda más pequeñas. Esto trae como consecuencia cambios en el uso del espacio público. Mientras que algunos de ellos se ven reflejados en el diseño de espacios públicos, la mayor parte de estos usos suceden en el espacio ya existente, de una manera informal o no planificada.

A partir del estudio del desarrollo de un barrio en proceso de densificación inmobiliaria se identifican patrones de uso del espacio urbano y su evolución con los cambios del vecindario, así como la llegada de una nueva población, más numerosa. 

Muchas de las premisas con las que se partió, sobre el déficit de espacio público y a los cambios de uso de la zona, son evidentes desde un punto de vista cuantitativo; sin embargo, las encuestas demuestran que la percepción de la población local no siempre coincide con esto. 

Es así que planteamos un diálogo entre realidad y percepción, el cual permite delinear cuáles eventos urbanos permanecen y cuáles están siendo reemplazados. 


El artículo completo se encuentra en este enlace.

Dreifuss-Serrano, C., Maqueira Yamasaki, A. (2019)  Adaptaciones informales y nociones de lo público frente a la densificación urbana. Cuadernos de Vivienda y Urbanismo, 12(24). https://doi.org/10.11144/Javeriana.cvu12-24.ainp

domingo, 28 de abril de 2019

Crítica a la Villa Panamericana de Lima (José Cepero)

Estamos a escasos meses de que la inauguración de uno de los eventos más importantes que se ha llevado a cabo en la ciudad de Lima. Los juegos panamericanos son “el evento multideportivo más importante del continente y el tercer más importante del mundo, solo superado por los Juegos Olímpicos y el Mundial de la FIFA” (Semino Voysest, 2019). Lima tendrá el honor y el deber de poner en alto su prestigio frente a la mirada de millones de espectadores que seguirán este evento.

Muchos han sido los comentarios sobre la pertinencia de su realización considerando la coyuntura de los últimos años. Aún así, el compromiso se adquirió cuatro años atrás cuando el, en ese entonces, alcalde Castañeda flameó la bandera olímpica en la ceremonia de clausura de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Debimos saber que, desde momento, algo no andaba bien.

Villa Panamericana (Publimetro)

Vuelvo al 2019 y entre las noticias de estos días encuentro una galería de fotos de la nuevísima Villa Panamericana de Lima. Al terminar de leer la noticia y ver la galería de fotos solo pienso en una cosa. ¡QUÉ MIERDA!, perdimos LA oportunidad del Siglo como ciudad. Pobre de los que vayan a comprar esos departamentos. Un buen amigo (que no es arquitecto) me preguntó por qué considero que este conjunto es tan malo y quise responderle de la manera más clara. De nada servirá la lección si quienes no son arquitectos, pero sí ciudadanos de esta parte del Perú, no son conscientes de la desgracia que se ha construido. Vamos por puntos. 

1. Hubo una gran discusión sobre dónde construir la Villa Panamericana desde que se recibió el encargo. La decisión final (motivada por la premura del tiempo) fue utilizar parte del terreno del parque biotecnológico de Villa el Salvador. Este era un terreno destinado a un parque zonal con mucha área y volumen verde acompañado de una planta de tratamiento de aguas. En una ciudad que carece de verde a niveles trágicos, cambiarle la zonificación a un terreno de este tipo para construir vivienda es un despropósito enorme. Existen otros terrenos donde pudo haberse construido. Por ejemplo, un sector de la base Las Palmas, teniendo en consideración que el ejercito peruano ha estado directamente involucrado en la ejecución de obras para los juegos (Andina, 2018).

2. La orientación de los edificios. En arquitectura siempre se trata de disponer los edificios de un conjunto de viviendas de tal manera que se aprovechen al máximo las condiciones climáticas y así asegurar iluminación y ventilación natural. 

“El conocimiento del movimiento solar es importante para poder realizar de forma adecuado (sic) el inicio del proceso de diseño en la arquitectura, con la elección de orientaciones, debido a que es el sol el que va a influir notablemente para las condiciones ambientales interiores de la edificación” (Gomez, 2017)
En un vistazo rápido de la orientación uno se da cuenta que, al amanecer, las zonas de los edificios más cercanas al oeste no recibirán nada o casi nada del sol de mañana. En los meses de invierno esos departamentos serán más oscuros que el alma de varios políticos peruanos. Seamos claros, luego de los juegos habrá limeños que vivirán en esos departamentos. Lo mínimo que merecen es despertarse con un ambiente bien iluminado.

3. Sobre la ventilación. En los meses de verano al ocultarse el sol, los edificios cuyas caras den hacia el sur recibirán directamente el sol de atardecer. La sensación dentro de estos ambientes será poco agradable, por no decir un pequeño infierno. Según lo que se puede ver por el tratamiento de las fachadas es difícil suponer que hay posibilidades de que el viento tenga un “hueco” (vano para los arquitectos) por donde entrar y otro por donde salir. Eso, en arquitectura, se llama ventilación cruzada. Asegura que los ambientes no se vuelvan espacios en los cuales el viento no circule. Se trata siempre de que el aire caliente acumulado salga de los espacios.

4. Sobre los interiores. Creo que lo más trágico de esta noticia (ver galería de fotos) es la segunda imagen donde se ve el interior de uno de los dormitorios. Esa forma alargada del espacio es la peor que se puede utilizar para un dormitorio cómodo. Por querer asegurar espacio para dos camas se han pegado a una pared y se ha dejado un pasillo al lado. Un caso extremo es la mesa de noche puesta a los pues de la segunda cama porque no alcanzó espacio para ponerla al lado de la cama como es lógico. Claro, si fuera así no se permitiría el paso al fondo del cuarto. Por otro lado, la ventana de ese “dormitorio” está a cuando menos 2 metros de la segunda cama. La luz natural no ingresará lo suficiente a ese espacio para que el pobre deportista se despierte y pueda llegar a tiempo a su prueba. La imagen se ve iluminada porque claramente se ven prendidas las luces artificiales. Imagínense el gasto energético de tener que encender la luz eléctrica durante el día porque la luz del día no entra lo suficiente. Todo esto por el mal diseño de la arquitectura.

Tema aparte son las cabeceras metálicas de esas camas que nos hacen recordar a la cama de la abuela (la verdad la de mi abuela era hermosa comparada con estas). Ni hablar del enchufe que se ve a la mitad de la cama. El pobre deportista que duerma en ese lugar no podrá dejar su |celular cargando en la mesa de noche, a menos que tenga un cable de dos metros, claro. Y si lo deja en la cama probablemente este aparezca luego en el piso. En resumidas cuentas, varias celdas de cárceles alrededor del mundo son más dignas que este dormitorio.

5. Sobre los pasillos. Se han construido pasillos extremadamente largos. De nuevo falta iluminación natural, tan importante para la vida humana. Estos serán oscuros durante el día a menos que se enciendan las luces. Es decir, gasto innecesario de energía eléctrica por, reitero, mal diseño arquitectónico.

6. Sobre los espacios públicos alrededor de los edificios. 1.       Se sabe que cuando los vientos pasan por calles con edificios altos aumentan su velocidad y eso agudiza la sensación de frío. Se aplica casi de manera perfecta el principio de Bernoulli que sostiene que un fluido aumenta su velocidad cuando el canal por el que se traslada reduce su sección. “Si varias torres están cerca las unas de las otras, se crea un efecto conocido como “canalización”, una aceleración del viento creada cuando el aire tiene que pasar por un espacio estrecho” (Parkinson, 2015)


Durante los meses de invierno esos túneles de viento que se han formado entre los edificios por su cercanía harán que sea bastante incómodo estar en esos jardines o posibles juegos para niños. Espacios que deberían estar diseñados para promover al aire libre de los futuros propietarios se ven afectados por malas decisiones en la etapa de diseño.

7. Sobre la estética de la Villa. Una comunidad sin identidad está destinada al fracaso. Usemos de ejemplo la Residencial San Felipe. Este conjunto tiene una identidad muy fuerte, quién podría negarlo. En gran parte, se lo debe al diseño y distribución de sus edificios, departamentos y espacios públicos. A pesar de ser edificios que se repiten, no se puede decir que son genéricos como en este caso. Por el contrario, en la Villa Panamericana, el diseño pobre de las fachadas con varios muros sin ventanas (ciegos para los arquitectos), patrones repetidos hasta el hartazgo, techitos (aleros) sobre las ventanas que no parecen tener ningún sentido más que la decoración solo hace referencia a cualquier condominio genérico de cualquier inmobiliaria del mercado. Se entienden las lógicas del negocio inmobiliario, pero, por la importancia de una Villa Panamericana, ¿no había que hacer un esfuerzo mayor por tener un proyecto emblemático de vivienda promovida por el estado? Sin comentarios con respecto a esas formas que intentan crear un “mural” que identifique a la villa.

Estoy seguro que los puntos considerados en este artículo son solo algunos temas críticos del diseño pobrísimo de este conjunto. Seamos honestos, cualquier alumno medianamente talentoso de alguna facultad de arquitectura peruana podría proponer un proyecto con muchas más virtudes que este.

Que no se diga que quienes hacemos crítica de arquitectura lo hacemos por joder sin proponer. Basta con echar un vistazo a la historia de la vivienda colectiva en el Perú para encontrar buenos ejemplos. Matute, Mirones, Torres de Limatambo, Torres de San Borja, Ciudad Satélite de Santa Rosa y siguen firmas. Hasta los años 80’s el Perú era uno de los países con más prestigio en el desarrollo de vivienda. Luego ya sabemos lo que pasó y se dejó de invertir en esto. Ahora es tan solo un facilitador de fondos y políticas públicas.

Finalmente, la Villa Panamericana de Lima representa lo que serán estos Juegos Panamericanos: otra oportunidad perdida. De invertir en puntos de la ciudad que lo necesitan, de usar un evento tan importante como impulso para cambiarle la cara a algunas partes de Lima, de desarrollar infraestructura deportiva en zonas en las cuales se pueda usar post juegos, de reordenar el sistema de transporte para no tener que movilizar a los deportistas en buses privados o en taxis. Así van las cosas.


Para referencias de cómo se puede aprovechar un evento de esta magnitud para cambiar las ciudades ver lo que se hizo en Barcelona para los juegos del 92. Ese fue un punto de quiebre para su desarrollo urbano.


Noticia base para la crítica

Referencias:

Andina. (7 de 04 de 2018). andina.pe. Obtenido de https://andina.pe/agencia/noticia-ministro-defensa-destaca-apoyo-del-ejercito-a-juegos-panamericanos-lima-2019-705788.aspx
Gomez, A. (2017). Repositorio URP. Obtenido de http://repositorio.urp.edu.pe/xmlui/bitstream/handle/urp/1118/Alejandro%20Gomez%20%282017%29%20Sol%20y%20Arqitectura.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Parkinson, J. (14 de 07 de 2015). BBC Mundo. Obtenido de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150713_rascacielos_base_viento_intenso_wbm
Semino Voysest, B. (1 de 18 de 2019). elperuano.pe. Obtenido de https://elperuano.pe/noticia-en-panamericanos-lima-jugamos-todos-74861.aspx 
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