jueves, 1 de noviembre de 2018

New Orleans: Piazza d'Italia (C. Moore + Perez Architects) I

"Es muy buena," dice una voz detrás de mí. Yo estoy colgada, precariamente, de las rejas del estacionamiento vecino, tratando de tomar una foto a esos capiteles delirantes.

"¿Le gusta?" pregunto, descolgándome de la reja.

"¡Mm-hm!" con dejo sureño, las manos metidas en el bolsillo de su mandil.

"A mí también."

La señora asiente, aprobando.

"Perdone, pero ¿qué es lo que más le gusta?" vuelvo a preguntar, antes de que se vaya.

"Bueno... que es como un escenario, ¿sabes? Puedes imaginarlo todo. Los romanos ('em Romans), entrando con sus caballos, sacando sus espadas y teniendo esas peleas. Sucedió en un sitio como este, ¿sabes? Y aquí me lo puedo imaginar muy bien. Es la atmósfera de esos lugares viejos, con historia. Me gusta."










Inaugurada en 1978, restaurada en 2004 y 2018. Ubicada en el límite del Warehouse District, en New Orleans, en el cruce de Lafayette y Commerce. 

En la actualidad permanece enrejada, pero el espacio puede alquilarse para eventos.

martes, 9 de octubre de 2018

10 razones para enamorarse de Roma (una y otra vez)

Ministero della Pubblica Istruzione
1. La luz. Visto en restrospectiva, creo que la mayoría de mis momentos de disfrute han tenido que ver con la luz. Pioggia e schiarite, el amanecer, el tramonto, el sol golpeando la parte alta de los edificios, las nubes coloreadas. Se me ocurre que es la luz la principal razón que, desde siempre atrajo e inspiró a artistas y arquitectos. Es un privilegio elaborar bajo la luz romana.

2. El transporte público. Lo sé. Actualmente los romanos no tienen muchas cosas positivas que decir de su transporte público. Y si uno ha tenido que esperar 45 minutos por un tranvía bajo el sol, lo entiende. Alguna vez yo escribí pestes sobre el tema. Pero para quien viene de la ciudad combi, poder sentarse cómodamente por media hora a leer, o ver el paisaje, o simplemente cabecear, el poderse transportar como en Roma es un lujo. De hecho, escribo esto mientras voy en tranvía por la línea 8, con una vista privilegiada de la Isola Tiberina.

3. La comida. Pasta Barilla con pesto genovese por 3 euros. 2 más si le agregamos un buen trozo de parmesano de verdad. No tengo nada más que decir.

4. La amabilidad inesperada. Será que estoy poniéndome vieja, será que ya me acostumbré, pero de pronto resulta que los romanos son amables, a su modo. Y ese modo es extraño, inesperado, ruidoso y, creo, de fuera se ve un poco agresivo. De todos modos, que la cuenta de la librería sea rebajada de 90 a 65 euros por pura amabilidad es notable. 

5. Las hojas de los árboles (y su olor) en otoño. Para quienes venimos de un mundo de dos estaciones (y una sutilísima primavera de una semana de duración), el otoño es un espectáculo. Las hojas crujientes en la vereda, el color entre verde y rojo, pasando por el dorado, el olor... el otoño es mi estación favorita y Roma sabe cómo hacerlo glorioso.

6. El tropezarse con edificios salidos de la clase de historia. Esta es la típica razón de los turistas aficionados a Roma, que van a propósito a ver los lugares más importantes. Pero el pasar casualmente al lado del coliseo cuando se toma el tranvía 3 es una sensación completamente distinta. No sé si los romanos se llegan a anestesiar y pierden la capacidad de asombrarse. Me costaría trabajo creer que es así.

7. El grito de "arrivedercigraziebuonagriornata" después del primer café en el bar. Ese café casi sólido, que se toma de un trago en la barra y resucita muertos. Y ese grito, porque si no es grito no tiene sentido, que es respondido del mismo modo. Educación matutina alla romana.

8. El lungotevere. Las hojas de los árboles casi tocando el río, el túnel sobre la vereda, el paisaje acompañando al agua, acompañando a la ciudad, acompañando al peatón. El lungotevere es divertido en carro, mágico a pie, intenso en bicicleta. Vale la pena caminar uno que otro kilómetro adicional si es que el camino que se toma es el del lungotevere.

9. Escuchar más de 5 idiomas en un mismo día... o en un mismo viaje en bus. Todos los caminos conducen a Roma: un ama de casa rusa hablando por teléfono, un par de monjas filipinas casi susurrando, dos niños discutiendo futbol en árabe, un turista francés que se equivocó de camino y el conductor romano que grita al colega algo que no entiende ni su madre. Eso, para empezar.

10. Los carteles antiguos de las tiendas. Esos que parecen salidos de una película de Fellini, con letras mayúsculas, nombres de mafioso y mala iluminación. Son parte del paisaje urbano de Roma y me alegro que la necesidad constante de renovar que muchas marcas del mundo parecen tener, haya evadido esta ciudad casi por completo. Si no, Castroni no sería Castroni.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Colorado Springs: USAFA, Cadet Chapel (SOM & W. Netsch) III

Capillas de cristianos, judíos y budistas.






"The Chapel is unarguably the most fascinating feature of the US Air Force Academy in Colorado Springs. It’s construction was completed back in 1962 and was designed by Walter Netsch. Netsch’s designs had received some criticism in previous years because some people thought the incredible complexity of his buildings made them difficult to navigate. However, the Chapel is now regarded as his masterpiece and an incredible example of modern architecture." (Denver Stained Glass)







viernes, 31 de agosto de 2018

Colorado Springs: USAFA, Cadet Chapel (SOM & W. Netsch) II

Diseñada por Walter Netsch, de SOM, terminada en 1962.

Contiene una capilla protestante (la más grande), y lugares de oración para católicos, judíos y budistas, cuyo tamaño fue calculado en proporción a la cantidad de cadetes que profesaban dichas religiones cuando se diseñó el proyecto.

Imágenes de la capilla protestante













viernes, 6 de julio de 2018

Que siempre haya uno (unito, aunque sea)

El cansancio de fin de ciclo nos coge a todos, alumnos y profesores por igual. La carga de trabajo nos aumenta a todos, también. Más entregas, más exigencia, más trabajos que corregir. Y, desde el punto de vista de los profes, esto parece venir acompañado de una mayor concentración de "esos" alumnos.

Esos que llegan al salón, se sientan en la última fila, y miran su celular durante toda la clase. Algunos, ni siquiera se toman la molestia de quitarse los audífonos.

Esos que, claramente, están avanzando trabajos de otros cursos.

Esos que se duermen. No una vez, porque ya no dan más (que tire la primera piedra quien nunca ha cabeceado cuando no debía), sino los que tienen narcolepsia crónica y usan la clase para recuperar horas de sueño, sistemáticamente.

Esos que reclaman. Porque la clase no empieza a tiempo, porque la clase empieza a tiempo, porque tienen demasiados trabajos que hacer, porque los calificamos muy bajo, porque no les ponemos presente cuando llegan media hora tarde, porque Fulanito sacó mejor nota que yo, porque no quiero dejarlos volver a entregar un trabajo jalado, porque hace sol, porque llueve, porque perdió Uruguay.

Esos que, a 13 semanas de empezado el ciclo, creen que no nos vamos a dar cuenta cuando hacen un "copy-paste".

Esos que reclaman indignados cuando los acosamos de plagio, aún cuando la evidencia está ahí, delante de sus narices.

Esos que publican en Facebook, con nombre y apellido, que están dispuestos a pagar porque alguien les haga el trabajo final de un curso.

Esos que ofrecen sus servicios para "ayudar", sabiendo que ayudar, en este caso, es sinónimo de hacer. Y sabiendo, también, que eso es un delito. 

Pero siempre hay uno, y si se es afortunado, dos o tres. Un estudiante que levanta la mano, espontáneamente, para hacer una pregunta interesante. Ese que, al final del ciclo, te agradece porque algo le gusto, o algo entendió, o algo "se le quedó". Ese que, tal vez, nunca abrió la boca durante el ciclo, pero siempre se interesó. Ese que, dos ciclos después, aún te saluda cuando te lo cruzas en el pasillo. Ese que, cinco años después, se acuerda de ti y te manda un meme.

Que siempre haya uno. O dos, o tres. Pero unito aunque sea. 

viernes, 11 de mayo de 2018

Congresos (I)

Desde que tengo uso de razón, se ha hablado de congresos en mi casa. Mis padres, incluso ahora, asisten a, por lo menos, dos congresos cada año, nacionales e internacionales. Y puede que me esté quedando corta. 

La primera vez que yo fui a uno, En el umbral del milenio, fue hace 20 años y estaba en el último año de colegio. Desde entonces, me hubiera gustado decir que tengo un record de asistencia y participación tan impecable como el de mis papás, pero no es cierto (intento que, al menos, sea un o al año). En temas relacionados con la arquitectura y el urbanismo, los congresos académicos son escasos. Escasísimos. Y en Lima la situación es triste.

Estos días tuvimos el raro privilegio de tener en casa la 7ma reunión mundial de cátedras UNESCO en Comunicación, con un congreso que se tituló Comunicación, ciudad y espacios públicos. Todo un lujo, con expositores de todo el mundo y sesiones plenarias de altísima calidad. 

Para muchos asistentes locales, este fue su primer congreso. Y pensando en ellos es que creo que vale la pena señalar algunas cosas sobre estos eventos. 

Empecemos por lo básico.

¿Qué es un congreso?

Es un tipo de evento académico, de más de un día de duración, donde se presentan especialistas en un tema determinado, agrupados en torno a mesas de temas más específicos. Estas presentaciones suelen acompañarse por sesiones plenarias, de mayor duración, dadas por una autoridad en la materia.

Sin embargo existe una serie de eventos académicos con características similares, y la gente de PhD Comics lo explica muy bien (aunque no incluyan la palabra "congreso"):

Cham, J., en http://phdcomics.com/comics.php?f=1704
¿Por qué son importantes estos eventos académicos?


- Congregan en un mismo espacio tiempo a especialistas de diferentes procedencias. Ya sea que se trate de un evento local, con participantes de diferentes universidades, o de un evento internacional como el arriba mencionado, los eventos académicos juntan en un mismo momento a personas que, en situaciones normales, podrían no encontrarse. Las mesas especializadas permiten confrontar experiencias y opiniones, las conversaciones entre ponencias amplían nuestra red de contactos y, finalmente, el conjunto nos pone en perspectiva con respecto a la posición que lo que hacemos ocupa en un mayor esquema de las cosas.

- Producen nuevo conocimiento. Cuando el congreso es preparado con la debida anticipación, es riguroso en la selección de ponencias, y ocupa un lugar importante dentro de la academia, quienes aspiran presentar sus trabajos se preparan con tiempo. En un evento académico pueden presentarse trabajos de investigación en progreso, nuevos resultados, nuevos enfoques metodológicos, o cruces interdisciplinarios que enriquecen la disciplina. 

- Permiten salir de la rutina. En los entornos académicos como universidades e institutos, o incluso dentro del mundo laboral, la rutina es una situación inescapable. Las clases se suceden una tras otra, los exámenes terminan siendo más importantes que el conocimiento en sí. Estos eventos nos obligan a hacer una pausa (idealmente, en lugar de las actividades académicas normales) y nos sumergen en jornadas de reflexión intensas, y en un intercambio de ideas y experiencias con pares y expertos. 

- Son una lección de humildad. Dentro de un entorno académico es fácil que se generen microcosmos con "especialistas" y "autoridades". Escuchar a pares o, mejor aún, a verdaderas autoridades en nuestra materia, nos da a los académicos un muy necesitado baldazo de humildad. 

¿Qué tipo de cosas voy a escuchar en un evento académico?

Esto depende del área del conocimiento en el que el evento se inscribe. Puede ser resultados de trabajos de investigación, revisión de literatura reciente, aplicación de teoría a proyectos concretos, presentación de nuevas tecnologías o patentes, debates sobre temas de actualidad, y un larguísimo etcétera.

Lo fundamental es recordar que el objetivo de un congreso es el diálogo. No el monólogo. Es así que quien va a lucirse y a tratar de demostrar que es mejor y/o sabe más que los demás, podría ahorrarse la molestia. El exponer lo que uno hace o ha hecho tiene el objetivo de colocarlo sobre la mesa de diálogo, exponerlo al análisis y a la crítica, y, por sobre todo, entrar en una conversación académica que apunta a enriquecer la experiencia, y el mismo trabajo del expositor.

Continuará.

martes, 10 de abril de 2018

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