sábado, 20 de julio de 2013

¿De dónde vienen las buenas ideas?

(chenected.aiche.org)
"Hay estos patrones recurrentes, que aparecen una y otra vez, y son cruciales para crear entornos que puedan ser innovadores. [...] Las ideas que generan cambios rara vez vienen en un momento de gran concentración, en un repentino golpe de inspiración. La mayoría de las buenas ideas necesitan de un largo tiempo para evolucionar, y pasan mucho tiempo durmientes en el fondo del cerebro."







miércoles, 26 de junio de 2013

10 libros de arquitectura

De manera provisional, e inspirada en este post, con el que no estoy del todo de acuerdo, he aquí mi top 10 de libros que considero son fundamentales al estudiar arquitectura. Este tipo de listas es que son, por fuerza, muy personales y subjetivas, y no pretenden ser más que una sugerencia personal.

De estos libros, todos me marcaron personalmente de una manera y otra. Y he preferido dejar de lado libros que, si bien me parecen fundamentales, no son exactamente de arquitectura. Quedan para una nueva lista. Los pongo a continuación, sin ningún orden en particular.
  

1. Kenneth Frampton, Historia crítica de la arquitectura moderna (2007 [1998])

Libro de cabecera que ayuda a entender un poco el siglo XX. A diferencia de la mayoría de libros de historia, este no es lineal (¿cómo podría serlo?) e incorpora tanto información teórica como proyectual. Es tanto un libro de consulta, a abrir en páginas al azar, como un discurso que puede leerse de principio a fin. La cantidad de nombres, lugares y corrientes puede resultar un poco confusa, pero los mismos capítulos ayudan a diferenciar el grado de importancia de los eventos mencionados.

Tres excelentes complementos, que incorporan información más reciente, Jean-Louis Cohen, The Future of Architecture, Since 1889; Allan Colquhoun, Modern Architecture y Leonardo Benevolo, Historia de la arquitectura moderna.


2. Rem Koolhaas, Bruce Mau, Hans Werlemann, S, M, L, XL (1995)

No es sólo un libro interesante y fuera de lo común desde el punto de vista de los contenidos. La gráfica del mismo inició una suerte de escuela en la que los libros de arquitectura son, en sí mismos, un objeto de diseño, casi de culto. Con un estilo un poco irreverente y combinando una serie de discursos gráficos y literarios, los autores no sólo presentan proyectos e ideas, sino una muestra de la situación multidireccional y a veces caótica de la arquitectura contemporánea. El único aparente criterio para ordenar la información es la escala de los proyectos o de las reflexiones, designada por las letras (tallas) del título.

Personalmente este modo de presentar la información me llamó la atención: las citas laterales (una especie de glosario-cacopedia), los distintos estilos narrativos, las gráficas que acompañan los textos... si bien Koolhaas tiene libros que tal vez sean más relevantes, este fue para mí, memorable.


3. Bernard Tschumi, Architecture and Disjunction (1996)

El primer libro de teoría de la arquitectura que leí. Me costó un poco entenderlo al inicio. Algunas partes son algo densas, enfocadas en teorías que cuestionan la función, la necesidad en la arquitectura, y los conflictos de ésta como disciplina.

Otras partes, escritas en un lenguaje algo más coloquial, parecen llevar al lector de la mano a través de una serie de afirmaciones o cuestionamientos que ameritan leerlo más de una vez. Tschumi, más que plantearnos una ideología, busca motivarnos a construir nuestras propias reflexiones, casi como lo hubiera hecho un filósofo de la antigüedad. ¿Lo qué mas me impresionó? Los conceptos de "evento" y "espacio in-between".


4. Charles Jencks, Karl Kropf, Theories and Manifestoes of Contemporary Architecture (2006)

Una manera breve y bastante completa de enterarse qué ha sucedido en la teoría de la arquitectura de los últimos años. Jencks y Kropf compilan breves extractos de textos teóricos obtenidos de entrevistas, manifiestos, libros y escritos varios. Dichos textos están agrupados dentro de distintas tendencias diferenciadas por los autores, y van acompañados de un breve comentario en cuanto a su relevancia.

Sirve como para empezar a enterarse de quién dijo qué y por qué, para luego pasar a leer los artículos originales. Otros libros similares, un poco más extensos y complejos, Kate Nesbitt, Theorizing a New Agenda for Architecture, Michael Hays, Architecture Theory since 1968, y A. Krista Sykes, Constructing a New Agenda. Architectural Theory 1993-2009.


5. Robert Venturi, Denise Scott-Brown, Steve Izenour, Aprendiendo de Las Vegas (1972)

De Venturi el texto más conocido es Complejidad y Contradicción. Sin embargo, personalmente pienso que hoy hay tanto o más que aprender de ... Las Vegas. Por un lado, se trata de un estudio interesante en su metodología y aproximación a un tema que pocos se habían dignado a considerar: la estética de lo cotidiano en un entorno que casi era anti-arquitectónico. Por otro lado, los resultados buscan ser una llamada de atención a los arquitectos con respecto a la brecha existente entre lo que se discute dentro del gremio y lo que la gente disfruta.  Los autores entienden a la arquitectura como un lenguaje, y tratan de aprender cómo es que este lenguaje debe hablar directamente a la gente.

Deformada por talleres iniciales que negaban todo esto, me costó un poco, y tuve que pasar un par de años dentro de la facultad para finalmente empezar a leer este libro... y fue todo un descubrimiento.


6. Jane Jacobs, The Death and Life of Great American Cities (1961)

Finalmente un poco de sentido común en el diseño urbano, y no viene de un arquitecto, sino de una periodista con mucho criterio. Este libro plantea, con mucho sentido común, las razones por las que las ideas modernas de cómo organizar una ciudad han fracasado en su mayoría, y da importancia a los procesos espontáneos de organización de los mismos habitantes de las ciudades.

Analiza veredas, vecindarios, comercios y parques, como si nos quisiera llevar de la mano por las unidades básicas que componen un ciudad, que poco tienen que ver con lo extraordinario, y sí mucho con lo cotidiano. De ese modo, pensar en ciudad ya no es pensar en un enorme artefacto artificial, creado por algunos para el uso de los demás, sino en un mecanismo que crece y decrece, a la par de la vida de sus individuos.


7. Christian Norberg-Schulz, Genius Loci (1980)

Si en Aprendiendo de Las Vegas la arquitectura es un lenguaje, en Norberg-Schulz la arquitectura es una experiencia sensorial. Su enfoque parte de entender el lugar como punto de partida para la arquitectura. Retoma ideas de la filosofía y las adecua a una lectura fenomenológica de la arquitectura. El objeto de estudio es, entonces, tanto el lugar geográfico como el entorno construido, y en los efectos que ambos producen sobre el usuario. A esto él llama genius loci o el espíritu del lugar.

Esta premisa no es sólo una clave de lectura para lo que ya existe: el autor sugiere que es, además una manera de afrontar la tarea de proyectar en arquitectura.


8. Le Corbusier, Hacia una arquitectura (1923)

Este libro supone ser un clásico. No estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dice y me horrorizan las consecuencias y el alto costo que éstas han implicado en la arquitectura de los últimos casi 100 años. Por otro lado, leído con detenimiento, no siempre es claro en sus explicaciones; muchas veces la poesía es más fuerte que la coherencia. Sin embargo, es cierto que también sintetiza ideas que no han perdido vigencia y que han significado un gran quiebre dentro del devenir de la arquitectura.

El lenguaje simple, lleno de imágenes evocadoras, fuertes y fáciles de entender hace de éste un libro popular entre los arquitectos. La modernidad es una época de slogans y "frases célebres", y aquí podemos encontrar más de una.



9. Yona Friedman, Pro Domo (2006)

El autor se pregunta, cuando aún era estudiante, el por qué las personas no pueden intervenir construyendo o adecuando sus viviendas a sus propias necesidades. Consciente de los aspectos poco prácticos de su premisa, desarrolla a lo largo de su carrera una serie de sistemas modulares que podrían hacer esto posible. Este libro es un conjunto de escritos, dibujos y reflexiones de todo este proceso.

Pero además de este ejemplo concreto, Friedman tiene una aproximación hacia la arquitectura que parte de reconocer al usuario como el principal agente, y a la obra arquitectónica como un proyecto no terminado. Una lección de humildad necesaria en la arquitectura contemporánea.



10. Se aceptan sugerencias.
No he podido decidir qué libro debería cerrar la lista. Es así que he optado por dejarla abierta. Se aceptan, se solicitan, se ruegan sugerencias.

martes, 25 de junio de 2013

Clásicos

Hace algunas semanas se planteó la siguiente pregunta en una conversación entre profesores de arquitectura: ¿Qué es un gran maestro? Se pide a los alumnos que aprendan de "los grandes maestros" pero, una vez planteada la pregunta, no queda tan claro qué es eso que debemos estudiar. 

En la misma disciplina no hay muchas respuestas. Evidentemente hay nombres que se repiten: Mies van der Rohe, Le Corbusier, Wright, pero ¿el sólo repetirlos hace de ellos grandes maestros o, más aún, dignos de seguir siendo repetidos a perpetuidad?

Me encontré hoy en la mañana con un artículo y dos propuestas que plantea la literatura para definir un clásico, el equivalente, creo yo, a una gran obra de un gran maestro en arquitectura. Los planteo aquí como reflexiones que, tal vez, puedan traslaparse a nuestra disciplina y darnos algunas ideas.

Richard J. Smith en The 'I Ching', a Biography, presenta cuatro características que hacen de una obra un clásico:

  • "El trabajo debe enfocarse en asuntos de gran importancia, identificar problemas humanos fundamentales y proporcionar algún tipo de guía para lidiar con ellos."
  • "Debe tocar estos temas de un modo 'hermoso, emocionante y memorable' con 'imágenes estimulantes y evocadoras'."
  • "Debe ser complejo, matizado, integral y profundo, y requerir un estudio cuidadoso y repetitivo, de modo que nos ceda sus más profundos secretos y su mayor sabiduría."
  • Por todas estas características, finalmente, "un clásico tiene el poder de permanecer a lo largo del tiempo y del espacio."

La definición siguiente es de Italo Calvino, y plantea catorce puntos para reconocer un clásico:

  • Libros que la gente no sólo lee: re-lee.
  • Son una gran experiencia para quien los lee y los disfruta, pero una experiencia aún mayor para quienes esperan leerlos en el momento correcto, cuando están listos.
  • "Ejercitan una influencia particular, cuando dejan una impronta en nuestra imaginación como inolvidables, y cuando se esconden bajo capas de nuestra memoria, disfrazados de inconsciente individual o colectivo."
  • El re-leerlo nos proporciona un sentido de descubrimiento tan fuerte como al leerlo la primera vez.
  • Cuando lo leemos por primera vez, nos da la sensación de estar re-leyendo algo que ya hemos leído antes.
  • Un clásico nunca agota las cosas que decir a quien lo lee.
  • Lleva el aura de las interpretaciones que otra gente ya ha hecho sobre él, y las huellas que ha dejado en otros tiempos y otras culturas.
  • Constantemente genera una nube de discursos críticos a su alrededor, pero siempre se sacude sus partículas.
  • Cuanto más pensamos en ellos, más "originales, inesperados e innovadores" nos parecen.
  • Representa a todo el universo, como una suerte de talisman.
  • "Tu clásico es un libro al que tú no puedes permanecer indiferente, que te ayuda a definirte a ti mismo en relación o incluso en oposición a él."
  • Un clásico siempre viene después de otros, pero al leerlo se reconoce su lugar dentro de la genealogía de las obras clásicas.
  • "Relega el ruido del presente a un murmullo de fondo, sin el cual, al mismo tiempo, los clásicos no pueden existir."
  • Persiste como ruido de fondo, aún si el presente le es completamente incompatible.
Hagamos el juego de traslapar estas definiciones a la arquitectura. A esas grandes obras (grandes clásicos) que nos llevan a "relegar el ruido del presente", o a (re)descubrirlas cada vez que estamos en ellas.

Una gran obra, un gran maestro, un clásico, no son lo que son porque lleven consigo el sello de la repetición. Son clásicos porque nos retan a cuestionarlos, y porque, finalmente, salen airosos de estos cuestionamientos. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

El instante de la arquitectura

En una conferencia, Andrea Jemolo, un conocido fotógrafo de arquitectura, contaba con bastante detalle lo complicado que puede ser fotografiar arquitectura. Hay que conocer bien el proyecto; hay que buscar los mejores ángulos, ya sea con el fin de mostrar el edificio de la manera más realista posible, o para tratar de acentuar sus aspectos más relevantes o poéticos; hay que esperar que el momento sea el indicado en términos de clima, luz y sombras. 

Andrea Jemolo (www.jemolo.com)
Como ejemplo, mostró esta foto de la Iglesia Dio Padre Misericordioso de Richard Meier (1995-2003) en Roma. Contaba cómo las sombras que se proyectan bajo cada una de las capas suceden sólo en un determinado momento del día, y que él estuvo esperando durante muchas horas hasta que llegara ese momento que le permitiera tomar esa foto en particular que sirve para realzar la volumetría del edificio.

Pasado el momento, por supuesto, las sombras se desplazan y es otro el efecto. Pero nos queda la foto, lista para ser la portada de algún libro.

Al hacer arquitectura, muchas veces nos ocurre lo de la fotografía ideal. Pensamos en los edificios como en el día de su inauguración: frecuentemente sin gente, limpios, nuevos, sin vidrios rotos o muros desgastados, sin modificaciones, como un par de zapatos recién comprados.

Esto, en realidad, es sólo un instante. Es ese momento efímero en el que los obreros han salido y el cliente aún no ha entrado. Nos apuramos a tomar las fotos respectivas antes que se ocupe, como si la ocupación fuera a hacer mal a la arquitectura y luego, meses o años después, evitamos volver a la obra para no ser conscientes de los cambios realizados en esta. Si queremos incluir esta obra en nuestro portafolio, serán ésas primeras fotos las que colocaremos.

Nos quedamos con un momento, un instante, fugaz y casi artificial, cuando en realidad ¿no sucede que la arquitectura es todo lo demás? 

Antes hay un largo proceso de diseño y ajustes, y sobre todo diálogos, con el cliente, con el lugar, con los materiales, con el reglamento. ¿Y después? Después hay vida. Habitantes que hacen propio el lugar, que crecen y se desarrollan en él y, por supuesto, lo modifican para que esto suceda. 

La arquitectura no es el instante. Tampoco el futuro. Es todo este proceso largo, en el que el arquitecto sólo está al inicio. Y es este inicio el que hace nuestro trabajo vital, porque nos plantea el reto de diseñar no para el instante, sino para el tiempo.

domingo, 5 de mayo de 2013

Enfoque/Approach (B. Tschumi)

"Mientras que una argumentación teórica rigurosa fue desarrollada durante un período de años, la teoría rara vez es el punto de partida de un proyecto. Es más bien el marco general. La práctica puede preceder a la teoría, tanto como la teoría puede preceder a la práctica. A continuación se muestra una aproximación de nuestro enfoque:

1. Rápidamente diagrame varias alternativas de conceptos, configuraciones espaciales o estrategias. Inmediatamente después, déjelos a un lado. Si alguno de ellas es válido, aparecerá de nuevo en una etapa posterior.
www.tschumi.com
2. Tome el programa. Asigne dimensiones, lugares y relaciones; distinga entre genéricos y específicos del programa, espacios temáticos alternativos de la prueba. Hágalo rápidamente, sea preciso, pero no necesariamente detallado.
3. Introduzca la circulación o los vectores de movimiento, establezca las prioridades en la forma del edificio va a ser utilizado y experimentado. Mejore las secuencias alternativas (de prueba). Establecer si la envoltura es unitaria o debe dividirse en dos o más sub- envolturas en relación con los resultados de los pasos 1 y 2. Mire las opciones de materiales.
4. Alternativas de prueba. En su caso, tome ventaja de las restricciones del sitio: zonificación, pendiente, limitaciones de altura, materiales potenciales por el clima o la industria local de la construcción, pero con un enfoque amplio.
5. Entonces, sólo entonces, comience el trabajo conceptual. No empiece con un formulario. Haga emerger un concepto, equilibrando los pasos 1 a 4. Ninguna forma, por favor (a menos que pueda convertirse en un concepto de generación). ¿Qué es un concepto? No hay una respuesta a esto. No puede haber ninguna restricción a lo que es un concepto o idea primordial. El concepto debe permitir la resolución de los pasos 1 a 4.
6. Entonces, sólo entonces, deje que la imagen o la arquitectura emerjan. Seleccione los materiales finales, la arquitectura es la materialización de los conceptos. La imagen saldrá con la energía y la evidencia. A veces, la imagen no es la imagen, si el concepto no requiere ninguna imagen.
7. A medida que el proyecto (concepto) se desarrolla, tejiendo en él todos los condicionantes técnicos y detalles de construcción, mantenga la mayor claridad en la mente. Nunca haga nada por el diseño, trabaje solo por el bien del concepto. (Permanezca en el camino del concepto sobre un mensaje:.. Repetir, repetir, repetir, Editar, editar) las restricciones o el presupuesto de construcción son una buena manera de aclarar las prioridades.
8. Usted puede romper las reglas, pero nunca a expensas de concepto."
Publicado por Tecne, el 14 de enero de 2013.

martes, 30 de abril de 2013

Entusiasmo en arquitectura ¿una especie en peligro de extinción?

El arquitecto es un personaje cínico y muchas veces quejoso. Nada le huele, todo le apesta. "La ciudad está mal, el gobierno está mal, la arquitectura está mal, sus colegas están mal, la enseñanza está mal ¿y yo? Yo no puedo hacer lo que quisiera porque el cliente no me deja".

Es un ser apático (o antipático), ojeroso, cansado, vestido de negro, o de vez en cuando blanco, mirando el mundo con una ceja levantada desde su copa de vino en algún bar de moda. Despreciando la alegría a su alrededor y sintiéndose superior porque él ha entendido que no hay nada de qué alegrarse. Un ente que existe, parece, para ese momento en el que alguien le pregunta su opinión y le da, finalmente, la oportunidad para derramar toda esa acidez que parece consumirlo por dentro.

Cuesta trabajo sacarle una sonrisa que no sea una mueca irónica o una risa burlona. Cuesta trabajo creer que es una persona soñadora, que imagina cosas, que transforma el mundo. Cuesta trabajo creer que algún día lo fue.

Hay quienes dicen que el entusiasmo en la arquitectura ha muerto. Cuando me junto con ciertos colegas, no puedo evitar pensar que es posible. Gente que, a pesar de no haber cumplido aún los 40 ya está pensando en jubilarse, que vive de lunes a viernes como si aguantara la respiración, esperando el sábado para poder vivir y ser feliz.

Pero luego, cuando me alejo de ellos y vuelvo a mi día a día, me es fácil reconocer que, definitivamente, el entusiasmo no se ha extinguido. Me niego a admitirlo, cuando veo gente que levanta la mano en clase y pregunta "sólo por curiosidad", cuando me encuentro con alguien en un pasillo que me cuenta que vio un cierto edificio le cambió la vida, cuando a alguien le brillan los ojos al explicar su proyecto de taller, a pesar de no haber dormido dos noches seguidas.

En realidad, el entusiasmo en las escuelas no es difícil de encontrar, a pesar de más de un profesor que parece tener como objetivo de vida el frustrarla. 

¿Dónde está el entusiasmo en la gente que ya está fuera de la escuela? ¿Por qué parece perderse tan fácilmente?

jueves, 25 de abril de 2013

¿La arquitectura no es una necesidad?


La arquitectura está llena de slogans más o menos creativos, sintéticos, que funcionan casi como gritos de guerra: form follows function, less is a bore, etc. Algunos bastante buenos, otros sumamente flexibles, otros simplemente sin sentido (¿yes is more? ¿qué se supone que significa eso?).

Luego hay las frases simples, esas que nos repetimos una y otra vez porque suenan bien y alguien reconocido las dijo. Como que dice que la arquitectura "es el juego sabio, correcto y magnífico de volúmenes bajo la luz".

Son buenas, ciertamente, y poéticas. El problema es que muchas veces son simplistas. Si nos ponemos a analizar esta o cualquier otra, posiblemente nos demos cuenta que dejan muchos aspectos de lado. La cita de Le Corbusier que acabo de colocar se refiere sólo a la forma - y tal vez al espacio - de la arquitectura. ¿Y la función? ¿Y el usuario?

No son teorías de la arquitectura, no están hechas para ser analizadas a fondo. Funcionan como frases motivadoras, listas para ser usadas en momentos de flaqueza, un poco como las frases de auto-ayuda que pueblan Internet.

Sin embargo, hoy me he encontrado con una cita con la que definitivamente no estoy de acuerdo. No porque sea incompleta, como la que coloqué arriba, sino porque creo que es fundamentalmente incorrecta.

"La arquitectura no es una necesidad, es el fruto de la exigencia humana. El ser humano inventó la arquitectura porque no quiere ser mediocre". E.C.

Si fuéramos a hacer un análisis responsable, sería útil definir arquitectura, exigencia humana y mediocridad. No me voy a sumergir tanto. Supongamos que arquitectura es el conjunto de construcciones del ser humano donde se pueden realizar actividades. Una cueva no lo es, una cabaña sí. Un palacio también. 

Desde ahí entendemos que la arquitectura sí es una necesidad, porque la cueva no puede darnos todo. Ciertamente, podríamos vivir de una forma "mediocre" dentro de una cueva, y es nuestro deseo de superación el que nos hace salir de ella.

Pero creo que la principal diferencia se encuentra en una de las necesidades fundamentales del ser humano: la belleza. La razón por la que la arquitectura aparece es porque las personas necesitan ver su entorno, ser parte de él, decorarlo, dimensionarlo, pintarlo, tallarlo. No por querer salir de la mediocridad, sino por una necesidad visceral e incuestionable, de interactuar con todo lo que lo rodea y convertirlo en una experiencia estética.

El ser humano inventó la arquitectura como una prolongación de sí mismo, como un colocarse y dominar el territorio, como la respuesta a una de las pulsiones más básicas de lo que somos, esa necesidad de belleza. La arquitectura es una necesidad, e inventarla fue seguir esos instintos que hacen al ser humano distinto a todos los demás.


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