miércoles, 30 de enero de 2008

Que trata sobre lo indispensable de viajar y, de paso, se dirige a los escritores conservadores y les dice "¡no sean nenas!"

Disclaimer: Lamento que este post haya resultado un poco largo y aburrido. El contenido no tiene mucho que ver con el título.

Hace poco me topé con un libro que se llama "Architecturally Speaking", no voy a entrar en detalles, porque estoy a punto de rajar de uno de los artículos. En este se hablaba de los no-lugares. A modo de introducción, el autor empezaba con unas apreciaciones del panorama actual: la información nos bombardea día a día, el aquí y el ahora se dilatan y abarcan no sólo la casa y los espacios en los que nos desenvolvemos, sino el Internet, la televisión y lo que ocurre en este momento en Bangladesh, por poner un ejemplo. Este artículo es sólo uno en el mar de ensayos, capítulos y libros enteros que últimamente me he encontrado, en los que se aborda el tema de "nuestra coyuntura" desde el punto de vista de la sobrecarga de información e imágenes a los que estamos expuestos/sometidos/forzados.

Voy a regresar un poco en el tiempo: hace no muchos años, cuando llevé el primer curso de Historia de la Arquitectura en la universidad, recuerdo que a propósito de las imágenes bajadas de Internet, el profesor nos pidió que tuviéramos cuidado porque muchas veces éstas aparecían distorsionadas o con colores que no eran los reales.

Ese profesor, así como los que nos enseñaron los siguientes 4 o 5 cursos de H. de la A., usaba diapositivas (o diapositivos), esos cuadraditos de plástico que había que ordenar en un carrete con mucho cuidado y proyectar en la pared uno a uno. Si por casualidad, el carrete se caía, la clase se arruinaba o era dictada en desorden.

Para estudiar para los exámenes, como ya lo he puesto en alguna oportunidad, nos armábamos de toneladas de libros y veíamos las figuritas. A pesar de que ya existía el Internet.

Pero un día salimos de viaje y se nos abrió el mundo. De pronto pudimos ver, en vivo y en directo, La flagelación, de Piero della Francesca, Santa Croce, El éxtasis de Santa Teresa y La Tourette. Independientemente de la emoción que provoca ver algo "famoso", parecida a lo que ocurre frente a un cantante o un actor, el ver las cosas en vivo nos da una idea de su verdadera magnitud, del lugar que ocupan, del espacio que se configura alrededor, de lo que ocurre con la imagen si nos movemos y cambiamos de ángulo, de la relación que se establece entre el objeto y quienes lo vemos.

No hay diapositiva, ni libro, ni imagen de Internet que pueda dar esta sensación.

Si nos ponemos a hablar de arquitectura, la diferencia es mucho más dramática. No se trata de buscar la mejor perspectiva desde la que, en la foto, vemos la puerta, la columna, el árbol y el cielo; se trata de recorrer el espacio, fijarse en sus detalles y proporciones, establecer relaciones, moverse con él.

Para estudiar la arquitectura es indispensable ir hacia ella.

Actualmente las clases de H. de la A. se hacen en Power Point y creo que las pocas veces que he visto que algún profesor pide un proyector de diapositivas, los señores de mantenimiento se encuentran en problemas (¿Dónde lo dejamos?). Las imágenes se bajan de Google o cualquier otro buscador. Si el/la profesor/a es obsesivo, se va a preocupar de consignar la fuente de cada imagen colocada en sus diapositivas, pero si no lo hace, no es tan grave.

Al final de la clase, los alumnos desfilan por la computadora del profesor, USB en mano, y copian el PP para estudiar para el examen. Me pregunto qué pasaría si en dicho examen usáramos fotos de los edificios tomadas de distintos ángulos.

Probablemente ya no saquen de la biblioteca los libros que nosotros sacamos para buscar las figuritas. No sé si será mejor o no. Por un lado me da un poco de envidia que el estudiar así sea más sencillo. Por otro lado, me angustio frente a la inmensa cantidad de información disponible. Pero lo cierto es que las generaciones que vienen, son afortunadas. Como dijo muy jovialmente un profesor veterano: Ustedes van a vivir un momento formidable de la historia... va a ser de ustedes porque yo ya no voy a estar.

Las imagenes, ahora, están a disposición de todos y son, virtualmente, gratuitas. Los libros, aún los de arquitectura en papel couché y fotos a color, son cada vez más baratos.

Pero lo mejor de todo es que los pasajes aéreos, los tickets de tren y hasta los alquileres de auto tienen precios cada vez más accesibles.

Si es cierto, señores escritores (y profesores) conservadores, estamos expuestos a una avalancha de información, a una sobrecarga de imágenes, a una omnipresencia de todo, vivimos en el Aleph. Pero no se nos ha privado de la capacidad de elegir, de cerrar y abrir, de dejar entrar y, finalmente, de trasladarnos a las fuentes de donde proviene esa avalancha de información.

Felizmente.

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