Una esperanza, un huerto, un páramo
una migaja entre dos hambres
el amor es campo minado
un jubileo de la sangre
cáliz y musgo/ cruz y sésamo
pobre bisagra entre voraces
el amor es un sueño abierto
un centro con pocas filiales
un todo al borde de la nada
fogata que será ceniza
el amor es una palabra
un pedacito de utopía
es todo eso y mucho menos
y mucho más/ es una isla
una borrasca/ un lago quieto
sintetizando yo diría
que el amor es una alcachofa
que va perdiendo sus enigmas
hasta que queda una zozobra
una esperanza un fantasmita.
Mario Benedetti
martes, 26 de febrero de 2008
miércoles, 13 de febrero de 2008
¿Qué ha de ser la crítica (arquitectónica)?
"En el campo de la arquitectura, ha estado de moda algo que yo no comparto ni en la teoría ni en la práctica, que consistía en decir que la práctica de la crítica arquitectónica exigía apartarse de la práctica del oficio de arquitecto. Defiendo exactamente lo contrario. Con esto no quiero decir que el mejor crítico sea el mejor arquitecto, ni que el mejor arquitecto sea el mejor crítico. Pero, evidentemente, la práctica del oficio proporciona una capacidad de entender y profundizar que enriquece la crítica."
Solà-Morales, Ignasi. En: Montaner & Pérez: Teoría de la arquitectura. Edicions UPC, Barcelona, 2003; 83.
Solà-Morales, Ignasi. En: Montaner & Pérez: Teoría de la arquitectura. Edicions UPC, Barcelona, 2003; 83.
Personalmente diría que lo mismo vale para la teoría.
Sobre Internet, operarios y otras cosas que hacen que vivir acá sea una prueba de paciencia
Durante mucho tiempo, un amable y anónimo vecino me proveía Internet de manera gratuita y... bueno, inconciente. Pero de pronto este maravilloso personaje desapareció, y mi casera y yo decidimos que era hora de tener nuestro propio Internet.
Veamos un día común y corriente. Me conecto, se conecta alguien de mi familia, y arrancamos con el chat con web cam y justo, justo, cuando alguno dice: "No sabes lo que pasó, te cuento que..." Se cuelga la red y tenemos que volver a conectar. Luego: "Es importantísimo que..." Se cuelga la red. "¿Ya regresaste? ¿Alo? ¿Me escuchas?" "Si" ... "Lo central en este punto es..." Se cualga la red. En una conversación de 30 minutos, en promedio la maledetta cosa nostra se cuelga 4 veces. O más.
Otro ejemplo. Los operarios que vinieron a arreglar/remodelar la fechada. No me queda muy claro qué hicieron, porque yo la veo igual, pero se trepaban por el edificio y destrozaban los jardines. Mientras esos encantadores seres humanos estuvieron aquí, se las arreglaron para malograr la calefación (durante una semana y en pleno invierno), dejarnos sin agua (un día) y mover la antena de la tele de forma tal que ya no se ve nítido (hasta ahora no lo arreglan).
Y el ejemplo de oro: yo vine a Roma, en octubre, pensando empezar clases en noviembre. No es una idea que se me ocurrió de la nada. Me lo dijo el secretario de la maestría por teléfono y desde Lima. En noviembre me entero que no, las clases iban a empezar en enero. Ya teníamos fecha, incluso, pero no, no empezaron.
Hoy es 13 de febrero. Recibí un mail hace un par de días diciendo que mañana, a las 4 pm, tenemos nuestra primera clase. Mi scusi, pero no me la creo.
Veamos un día común y corriente. Me conecto, se conecta alguien de mi familia, y arrancamos con el chat con web cam y justo, justo, cuando alguno dice: "No sabes lo que pasó, te cuento que..." Se cuelga la red y tenemos que volver a conectar. Luego: "Es importantísimo que..." Se cuelga la red. "¿Ya regresaste? ¿Alo? ¿Me escuchas?" "Si" ... "Lo central en este punto es..." Se cualga la red. En una conversación de 30 minutos, en promedio la maledetta cosa nostra se cuelga 4 veces. O más.
Otro ejemplo. Los operarios que vinieron a arreglar/remodelar la fechada. No me queda muy claro qué hicieron, porque yo la veo igual, pero se trepaban por el edificio y destrozaban los jardines. Mientras esos encantadores seres humanos estuvieron aquí, se las arreglaron para malograr la calefación (durante una semana y en pleno invierno), dejarnos sin agua (un día) y mover la antena de la tele de forma tal que ya no se ve nítido (hasta ahora no lo arreglan).
Y el ejemplo de oro: yo vine a Roma, en octubre, pensando empezar clases en noviembre. No es una idea que se me ocurrió de la nada. Me lo dijo el secretario de la maestría por teléfono y desde Lima. En noviembre me entero que no, las clases iban a empezar en enero. Ya teníamos fecha, incluso, pero no, no empezaron.
Hoy es 13 de febrero. Recibí un mail hace un par de días diciendo que mañana, a las 4 pm, tenemos nuestra primera clase. Mi scusi, pero no me la creo.
martes, 12 de febrero de 2008
Que compila impresiones y expresiones traídas de Barcelona
Una de las mejores cosas de vivir en Europa, en general, es la cercanía a todos lados. Con sólo un par de horas, 20€ y un Ryanair se puede llegar casi a cualquier ciudad importante de Europa. El jueves pasado me fui en una de esas combis con alas a Barcelona.
Lo mejor del viaje, de lejos, ha sido la gente con la que me he encontrado. En BCN hay una colonia importante de peruanos, algunos de mis mejores amigos viven, trabajan, estudian, se juerguean allí. Ha sido lo máximo volver a ver a Carolina, Eduardo, Lorena y Rubén, Silvia y Gonzalo, hablar en buen perucho y comer arroz con pollo sin pollo. Pues que nos hemos liao con los sobres Provenzal y la olla arrocera.

Por otro lado, hostia, BCN es una ciudad con caracter. Ya sea que uno se pasee por l'eixample, las ramblas o la ronda del litoral, uno siente que está en Barcelona, tiene un "sabor" único. No conozco ningún otro lugar donde se junte con tanta frescura y naturalidad arquitectura contemporánea, modernista, medieval, barroca y tal. Los arquitectos de Barcelona pasan de los convencionalismos y, con un cierto respeto, hacen lo que les parece. Al pasear por las calles uno puede sentir que está en un pueblo, al llegar a las avenidas, uno está en una metrópolis.

A una distancia caminable (45 minutos caminando, pero caminable) de la casa donde vive Lorena, está la "Casa del Libro"... y cerquita, en Plaza Cataluña, "fnac". Me cago en la leche ¿qué más se puede pedir?

Me he dado el gusto de traerme 6 kilos de libros en castellano (no todos son para mí), he cheleado todos los días, hemos paseado por los Gaudís más importantes, me he divertdo tomando fotos chistosas y me he podido poner al día con las idas y venidas de mis queridos peruchos, con quienes me la he montado estupendo.

Y ahora, coño, con las energías renovadas, de vuelta a la tierra de la incertidumbre. ¿Vale?
miércoles, 6 de febrero de 2008
L'architettura e la gente
“Come spiegare il fatto che d’architettura parlano i soli architetti? Perché il pubblico, quale che sia il ceto sociale e il grado di cultura, discute di tutto, dalla televisione al cinema, dal teatro alla letteratura, dalla musica classica alle canzoni, dallo sport alla cronaca e persino dei vari «ismi» dell’arte contemporanea, mentre ignora completamente l’architettura?
Il primo motivo di questo disinteresse sta in ciò che, a differenza di altri prodotti accessibili quasi a tutti, quello architettonico risulta ancora privilegio di pochi, realizzabile in tempi lunghi e comunque non rispondente alle esigenze quantitative e di gusto del pubblico. Cosicché, l’architettura e le sue varie tipologie – la casa, la scuola, gli ospedali, i centri sociali, ecc. – sono viste nell’ambito della lotta quotidiana delle riforme che si attendono da sempre inutilmente, di quelle operazioni legate al mal governo, alla burocrazia, ai problemi dell’inefficienza, ovvero nel novero di quei fenomeni che la gente sopporta e subisce senza alcuna pertecipazione come alcuni aspetti della politica, il servizio militare, il fisco, il sistema pensionistico e quant’altro ci rende spiacevole la vita. Fino a quando la nostra disciplina dipenderà dai piani regolatori inesistenti o inattuati, da una politica oscillante fra il proibizionismo e l’abosivismo, dalla corruzione amministrativa e dalle tangenti, sarà impossibile guardare all’architettura come ad una cosa «amica» e sopratutto piacevole.”
DE FUSCO, Renato: “L’architettura e la gente”. En: Dentro e fuori l’Architettura. Scritti brevi (1960-1990) Jaca Book. Milano, 1992. pp 98-99.
domingo, 3 de febrero de 2008
Expo Pop'odrilos
Un poco de creatividad, pastrulada, tiempo ibre y un material onírico de aquellos.
Tanto el cocodrilo original como el material onírico que lo inspiró son cortesía de Lopo.
Tanto el cocodrilo original como el material onírico que lo inspiró son cortesía de Lopo.
Lopo

Kuri
sábado, 2 de febrero de 2008
Vivir en Roma: Manual de sobrevivencia (I)
Y que me perdonen la redundancia en el título.
Esta entrada debe leerse con "Muchacho provinciano", éxito de Chacalón, como música de fondo.
Roma es la ciudad eterna, la ciudad de las 7 colinas, caput mundi (cabeza del mundo), limen apostolorum (umbral de los apóstoles) y la capital de Italia. De cariño - o más bien producto del síndrome de Estocolmo - yo la llamo la capital del caos.
Cuando llegué, lo hice pisando fuerte, y no sólo porque me sentía incurablemente optimista y segura de mi misma, sino porque venía con más de 60 kilos de equipaje colgando de cada una de mis extremidades. Pisaba super fuerte.
Mi primera experiencia romana tiene que ver con un individuo al cual llamaré Chepén. La muchacha que pesaba bastante más de 100 kilos (yo) se dirige, arrastrando sus agotados huesos, al último de una fila de decenas de taxis. El individuo en cuestión le dice que se dirija al primer taxi de la fila, un par de cientos de metros más adelante. El primero dice que ya no es su turno y que no la va a llevar. Y el siguiente anuncia que no conoce la dirección, y el siguiente se burla de la muchacha de más de 100 kilos, porque tenía puesta una casaca de invierno y hacía más de 25 °C. Y el siguiente se hace el sordo.
Entonces apareció Chepén, que es un hombrecillo bajito y macizo, con una carretilla para llevar cajas, que incidentalmente estaba en la puerta de la estación. Me ofreció llevarme a mi hotel por 20€. Ahora sé que fue un robo, pero en ese momento, temiendo robos más serios que involucrarían mis más de 100 kilos y/o mi integridad física, acepté.
Chepén cargó mis maletas a la carretilla y caminamos a mi hotel que quedaba suficientemente cerca de la estación como para hacerlo de a dos y con carretilla, pero no como para que yo intente sola. En el camino yo iba pensando en las posibilidades que incluían que, en cualquier esquina podría aparecer la banda de Chepén y llevarse mis cosas, y otras alegres fantasías. Felizmente llegamos, pagué y recibí, adicional por mi compra, un par de besos, uno en cada cachete. Mi primer par de besos romanos, de parte de Chepén, que me dijo que me iba a ir muy bien.
Luego de esto, alea iacta est. Debí haberme dado cuenta.
Primeras sugerencias, entonces:
- No pretender nada de los taxistas, ni siquiera que hagan lo que se supone que deben hacer: llevar gente de un lugar a otro.
- Confiar en la suerte y en la bondad de los desconocidos, pero sólo como última opción.
- Aprender que los romanos dan dos besos y se empieza por el lado derecho (en Lima, no sé si se han fijado, solemos darlo por el lado izquierdo)
Nunca he vuelto a ver a Chepén en mis idas a Termini. No me decido si fue un producto de mi imaginación o un Apu protector que me traje del Perú.
Esta entrada debe leerse con "Muchacho provinciano", éxito de Chacalón, como música de fondo.
Roma es la ciudad eterna, la ciudad de las 7 colinas, caput mundi (cabeza del mundo), limen apostolorum (umbral de los apóstoles) y la capital de Italia. De cariño - o más bien producto del síndrome de Estocolmo - yo la llamo la capital del caos.
Cuando llegué, lo hice pisando fuerte, y no sólo porque me sentía incurablemente optimista y segura de mi misma, sino porque venía con más de 60 kilos de equipaje colgando de cada una de mis extremidades. Pisaba super fuerte.
Mi primera experiencia romana tiene que ver con un individuo al cual llamaré Chepén. La muchacha que pesaba bastante más de 100 kilos (yo) se dirige, arrastrando sus agotados huesos, al último de una fila de decenas de taxis. El individuo en cuestión le dice que se dirija al primer taxi de la fila, un par de cientos de metros más adelante. El primero dice que ya no es su turno y que no la va a llevar. Y el siguiente anuncia que no conoce la dirección, y el siguiente se burla de la muchacha de más de 100 kilos, porque tenía puesta una casaca de invierno y hacía más de 25 °C. Y el siguiente se hace el sordo.
Entonces apareció Chepén, que es un hombrecillo bajito y macizo, con una carretilla para llevar cajas, que incidentalmente estaba en la puerta de la estación. Me ofreció llevarme a mi hotel por 20€. Ahora sé que fue un robo, pero en ese momento, temiendo robos más serios que involucrarían mis más de 100 kilos y/o mi integridad física, acepté.
Chepén cargó mis maletas a la carretilla y caminamos a mi hotel que quedaba suficientemente cerca de la estación como para hacerlo de a dos y con carretilla, pero no como para que yo intente sola. En el camino yo iba pensando en las posibilidades que incluían que, en cualquier esquina podría aparecer la banda de Chepén y llevarse mis cosas, y otras alegres fantasías. Felizmente llegamos, pagué y recibí, adicional por mi compra, un par de besos, uno en cada cachete. Mi primer par de besos romanos, de parte de Chepén, que me dijo que me iba a ir muy bien.
Luego de esto, alea iacta est. Debí haberme dado cuenta.
Primeras sugerencias, entonces:
- No pretender nada de los taxistas, ni siquiera que hagan lo que se supone que deben hacer: llevar gente de un lugar a otro.
- Confiar en la suerte y en la bondad de los desconocidos, pero sólo como última opción.
- Aprender que los romanos dan dos besos y se empieza por el lado derecho (en Lima, no sé si se han fijado, solemos darlo por el lado izquierdo)
Nunca he vuelto a ver a Chepén en mis idas a Termini. No me decido si fue un producto de mi imaginación o un Apu protector que me traje del Perú.
Donde se relata una experiencia que nada tiene que ver con la arquitectura, desde un punto de vista sumamente personal y arbitrario
Puedo decir con toda franqueza, y mi hermano Arturo me puede respaldar, que un porcentaje importante de las sobremesas de mi vida familiar ha tratado sobre temas psi. Mi papá y mi mamá son psicólogos clínicos, psicoterapeutas y otras psi-cosas, entonces, un poco por osmosis, otro poco por curiosidad, hemos crecido sabiendo la diferencia entre transferencia y contratransferencia, pidiendo de vez en cuando holdings, haciendo insights y luchando contra el narcisismo (en mi caso, esa lucha suele terminar en fracaso).
Resulta que un grupo de colegas psi de Lima ha venido a ésta, la capital del caos, a un congrso sobre Bion (de quien no voy a decir nada). Valeria, la cabecilla del grupo, trajo además un paquetito de casa, que, por miles de razones siempre se recibe con emoción y alegría. Hoy, las tres "chicas" presentaban en el congreso el trabajo que las trajo hasta acá y yo fui a hacerles barra y, eventualmente, a ayudar un poco con el italiano.
No fue necesaria mi ayuda, las tres se defendieron muy bien y el trabajo fue muy interesante y bonito, sin esa frialdad con la que se presentan muchos de estos temas.
Pero personalmente lo gracioso comenzó después, cuando los pocos italianos del grupo iniciaron sus intervenciones. Hay que decir que 80% de la gente hablaba español y el resto, italiano. Pero entre ambos contingentes parecía no haber mucha comprensión, así es que empecé, "sin querer queriendo", a ayudarlos con algunas palabras que yo traducía en voz alta.
El último trabajo de la mesa era el único en italiano y relataba un par de viñetas en una terapia de grupo. Y he aquí que, a insistencia de una argentina con exceso de peróxido, que se quejaba de no entender nada, terminé haciendo traducción simultánea de un texto bioniano sobre terapia de grupo, y luego, enfrentandome con ideas mesiánicas, choques de carro y mucho accidentalismo. Y si nadie entiende esto, es normal, yo tampoco lo entendí.
No estoy segura de haber hecho un buen papel en esta, mi primera experiencia "formal" de traducción simultánea, pero al menos fue divertido. Y comprobé, de paso, la similitud entre argentinos e italianos, simulitud que empieza en los apellidos, pasa por el futbol y termina en una discusión "mesiánica".
Mis felicitaciones a nuestra delegación peruana que fue, de lejos, la mejor de la mesa. ¡¡Estuvo excelente, chicas!!
Resulta que un grupo de colegas psi de Lima ha venido a ésta, la capital del caos, a un congrso sobre Bion (de quien no voy a decir nada). Valeria, la cabecilla del grupo, trajo además un paquetito de casa, que, por miles de razones siempre se recibe con emoción y alegría. Hoy, las tres "chicas" presentaban en el congreso el trabajo que las trajo hasta acá y yo fui a hacerles barra y, eventualmente, a ayudar un poco con el italiano.
No fue necesaria mi ayuda, las tres se defendieron muy bien y el trabajo fue muy interesante y bonito, sin esa frialdad con la que se presentan muchos de estos temas.
Pero personalmente lo gracioso comenzó después, cuando los pocos italianos del grupo iniciaron sus intervenciones. Hay que decir que 80% de la gente hablaba español y el resto, italiano. Pero entre ambos contingentes parecía no haber mucha comprensión, así es que empecé, "sin querer queriendo", a ayudarlos con algunas palabras que yo traducía en voz alta.
El último trabajo de la mesa era el único en italiano y relataba un par de viñetas en una terapia de grupo. Y he aquí que, a insistencia de una argentina con exceso de peróxido, que se quejaba de no entender nada, terminé haciendo traducción simultánea de un texto bioniano sobre terapia de grupo, y luego, enfrentandome con ideas mesiánicas, choques de carro y mucho accidentalismo. Y si nadie entiende esto, es normal, yo tampoco lo entendí.
No estoy segura de haber hecho un buen papel en esta, mi primera experiencia "formal" de traducción simultánea, pero al menos fue divertido. Y comprobé, de paso, la similitud entre argentinos e italianos, simulitud que empieza en los apellidos, pasa por el futbol y termina en una discusión "mesiánica".
Mis felicitaciones a nuestra delegación peruana que fue, de lejos, la mejor de la mesa. ¡¡Estuvo excelente, chicas!!
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