domingo, 29 de marzo de 2009

El segundo viaje a Lima

Luego de casi 4 meses en Lima, es difícil referirse a la experiencia como un "viaje". Fue casi como regresar, porque volví un poco a las rutinas de antes, no tuve la sensación del viaje anterior de andar sobrecargada de actividades, lonches y visitas. En ese sentido, esta visita fue un poco más calma.

Pero no por eso menos intensa.


Se me viene a la mente la frase "el mejor verano de mi vida", pero lamentablemente el cine ha hecho que semejante cliché nos traiga a la mente playa, chicas en bikini, chicos con todos los músculos bien marcados, fiestas hasta la mañana siguiente y un final feliz. Mi verano en Lima tuvo muy poco que ver con esto. Cierto, hubo una que otra fiesta (ninguna hasta la mañana siguiente) y mucha playa... pero acá acaban las similitudes.



La intensidad del verano se dio en el conjunto de experiencias, la mayoría excelentes, una que otra espectacular y, por qué no, algunas malas.

Fue una estadía basada en salidas con amigos y conversaciones inteligentes e interesantes, con unas cuantas dosis de trabajo bien y mal remunerado, un adererezo de incertidumbres migratorias y colas infinitas al sol, la presencia y el apoyo constante de mi familia, salidas culturales, salidas simplemente por salir, buena música y cantidades casi-suficientes de pisco sour.


Tuve la oportunidad de reencontrarme con esa Lima idealizada que estuve acunando a lo largo del año, y pude descubrir que mi ciudad es aún mejor de lo que la recordaba. Me enfrenté con algunas crudas y tristes realidades que me hicieron renegar de los finales de cuentos de hadas a los que nos acostumbran desde chicos. Hubo momentos en los que creí que iba a explotar o levitar, o ambos, de lo fuerte y lindo de las emociones; hubo momentos en los que me hubiera gustado enterrar la cabeza en la arena.


Todo esto gracias a un maravilloso conjunto de personas con las que compartí tiempo y experiencias. Me encontré con los amigos de siempre, esos con los que llevamos años compartiendo vida; re-encontré algunos que no estaban exactamente olvidados, pero que se habían escondido entre bambalinas; re-descubrí otros, con sus matices y riquezas, y sus maneras novedosas de ver las cosas; finalmente conocí nuevas excelentes personas. Si bien muchos amigos continuaron ocupando el lugar de siempre, hubo otros que de pronto adquirieron protagonismo y se convirtieron en parte esencial de la experiencia.


Si no hubiera estado ya absolutamente convencida de que los amigos hacen que todo valga la pena, con estas eperiencias me hubiera terminado de convencer. Y yo tengo la suerte de tener los mejores amigos del mundo.

Los voy a extrañar, chicos, pero - como la peste - volveré pronto.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...